COTILLEO LITERARIO

Uno de los géneros periodísticos más curiosos es el del cotilleo literario. O la crónica social literaria, si quieren ponerlo en fino. En realidad, es un género antiperiodístico, porque si el periodismo tiende a la explicación y a la divulgación, el cotilleo literario es reconcentrado, críptico y viene redactado en clave. Sólo unos pocos elegidos manejan el código para descifrar los artículos y saber de qué demonios están hablando.
Algunos cotillas literarios oficiales de esta España nuestra actual: Juan Palomo en su sección La Papelera de El Cultural de El Mundo y Juancho Armas Marcelo en su paginita de los sábados en ABC Cultural son los profesionales más especializados del género, dedicados en cuerpo y alma a él. Lo cultivan con muchísima frecuencia, hasta el punto de haber creado escuela, Javier Rioyo y Juan Cruz. Y Elvira Lindo hace incursiones guerrilleras en él. En Aragón, maestros hay que podrían ejercer, pero son bastante discretos y no cultivan el cotilleo en la prensa de aquí (sospecho que se debe, además de a una escasa predisposición a los bulos y chascarrillos, a que las cuatro capillitas literarias que hormiguean en redacciones, universidades y diputaciones oregonesas no dan para grandes chismes). Favor que nos hacen.
La verdad es que es un lujazo el cotilleo literario: no se exige rigor ni contraste de las afirmaciones. Vale con un "me ha dicho un pajarito que...". Despachas filias y fobias a gusto, aparentas saber más de lo que sabes y lanzas pullazos que sólo entiende el agredido y cuatro tipos más. No hay profano que se aclare. Si no has estado en tal presentación de tal libro y no has escuchado a un tal Fulano decir tal cosa de Zutano, el artículo es un galimatías.
Armas Marcelo, por ejemplo, amenazaba este sábado con tirar de la manta y largar miserias de "cierta escritora catalana" que, a su vez, había amenazado con escribir un libro en el que iba a contar miserias de Armas Marcelo y de amigos suyos (o eso creí entender) y en el que iba a poner de vuelta y media a los literatos y editores de Madrid. Pim-pam-pum. Hostia va, hostia viene. A mí no me importa que se peleen. Soy humano, tengo un sano y afinado mecanismo del morbo siempre alerta, y me gusta ver a dos ególatras zurrarse en la plaza pública como el que más, pero sin nombres propios, la cosa pierde toda su gracia.
Porque lo que distingue este cotilleo literario del cotilleo a secas es que en aquel se omiten los nombres. Todo son referencias vagas, todo son "distinguidos editores barceloneses", "ese narrador que organiza fiestas en la Sierra" o "aquella chica que bebió ginebra de un zapato la noche que le dieron el Planeta". Son mensajitos privados, puñaladas muy poco elegantes y escritas con mucha menos elegancia si cabe. Menos mal que yo tengo mis topos en ese mundillo de víboras, y cuando veo que empiezan a repartir estopa, les pregunto de quién cojones están hablando, quién es el infortunado que recibe los mandobles. Ellos me dan enseguida los nombres, y me aportan dos o tres detallitos más, pero lo tienen fácil porque están en el ajo. Los demás, mejor que pasemos página.
Yo reclamo combates a cara descubierta, que hagan crónicas con todas las de la ley, con sus nombres propios escritos con todas sus letras, sin iniciales ni seudónimos ni motes. Queremos ver cómo se arrojan premios Cervantes unos a otros, cómo instalan piezas artilleras que disparan tochos de Javier Marías como munición, cómo se retan a duelo al amanecer y con público. Y si no, que se ahorren los articulillos, o que se los envíen por mail a los interesados.
Ah, y si triunfa la costumbre de que los escritores se calienten la cara, abro una web de apuestas y pongo mil euros a favor de Elvira Lindo, que aunque ahora sea una señorita de Sexo en Nueva York, se crió en Carabanchel y sabrá clavarle a su oponente en los ojos los tacones de sus manolos. Por Pérez-Reverte, en cambio, no daría un duro. Perro ladrador, poco mordedor. Seguro que se cae al suelo al primer hostiazo.
Foto: este señor es Rafael Cansinos Assens, pionero del cotilleo literario en España en los años 20, hasta el punto de que su mejor libro es la biblia del cotilleo literario: La novela de un literato, uno de los tochos de memorias más amenos que me he echado a mis maltrechos ojos.
UN LUGAR EN LA CUMBRE

Echo un ojo a las novedades literarias que vienen después de la vorágine navideña y me encuentro con que Impedimenta, esa editorial indie entre las indies, acaba de editar la novela de John Braine Un lugar en la cumbre. Qué noticia tan estupenda, ya se me hacen los dedos huéspedes esperando tenerla en mis manos y revivir las sensaciones que disfruté cuando vi la peli en la que está basada.
Un lugar en la cumbre (la peli) es una de las mejores obras de Jack Clayton, un director inglés que sólo firmó como realizador diez películas entre 1944 y 1992, pero entre ellas estaban, además de Un lugar en la cumbre, El gran Gatsby y una adaptación de Otra vuelta de tuerca, de Henry James, que él tituló The Innocents. Las tres, adaptaciones literarias. ¿Casualidad?
Le tengo cariño a esa peli porque la primera vez que la vi, en Madrid, sólo entendí un 75 por ciento o así. La pasaban en la filmoteca, en la sala grande del cine Doré, que tenía un sistema de subtitulado electrónico horroroso. Ese día tenía un poco de conjuntivitis y no pude ponerme las lentillas (sí, soy medio ciego, un cuatro ojos salvado por la tecnología de las lentes de contacto, alabada sea), y como la amiga que me acompañaba llegó tarde, no pudimos pillar asiento delante y nos tuvimos que meter en la última fila. Vamos, que no veía una mierda. Los personajes y lo esencial de las escenas sí, sin problemas, pero de los subtítulos, ni hostias, ni media letra. Así que puse oído, me concentré mucho y descubrí que lo entendía todo mucho mejor de lo que pensaba. Supongo que la vocalización high class de los personajes burgueses ayudó lo suyo, pero mi ego salió muy reforzado, no sabía que comprendía el inglés tan bien, fue un descubrimiento. Volví a ver la peli a la semana siguiente en otro pase y comprobé que no me había perdido nada sustancial.
Anécdotas estúpidas al margen, el caso es que Un lugar en la cumbre me enseñó el gusto por lo inglés, por su elegancia cínica cuando se ponen a narrar, por su capacidad de pasar de la melancolía a la carcajada sin transición, por la forma en la que tensan la cuerda, por cómo saben moverse por los barrancos sinuosos del melodrama sin caer casi nunca en lo cursi. Por lo bien que cuentan lo que cuentan.
Al resto de naciones no nos sale igual. Hay dos clases de escritores: los ingleses y el resto. Algunos americanos que han recibido una educación protobritánica en la Costa Este se parecen, pero no del todo, no terminan de cogerle el tono. Sí, Henry James y Poe podrían pasar por británicos, pero siempre les acaba saliendo una debilidad honesta o de integridad moral que un inglés no dejaría que asomase. Para ser un escritor inglés hay que haber nacido, al menos, en la Commonwealth.
No basta con empaparse de Oscar Wilde, Evelyn Waugh, Charles Dickens, Robert Louis Stevenson y Somerset Maughan (sí, ya sé que en esta lista hay también irlandeses y escoceses, pero como están muertos no pueden impedirme que les ponga la etiqueta de inglés, gentilicio que me introducirían por el recto si me leyeran). Puedes esforzarte mucho, ver miles de obras de teatro en Londres, salir de caza con el Príncipe de Gales, practicar el idioma hasta tener el acento de un docorando de Oxford, coger una cirrosis rebañando pintas en los pubs de Westminster y tragarte un período de sesiones entero en la Cámara de los Lores, y aun así, aunque tú creas que ya le has cogido el punto, no escribirás como un escritor inglés.
Supongo que tiene que ver con la falta de melanina, con una dieta de gachas pobre en vitaminas y rica en... ¿mierda? Habrá que respirar esa atmósfera húmeda desde niño, habrá que crecer con un fantasma en el ático, tendrás que haber sido educado en el desprecio hacia el sistema métrico decimal y en la glorificación de un rey que decapitaba a sus esposas. Son tantas cosas que lo hacen inimitable: para escribir como un inglés hay que ser un inglés. No hace falta haber nacido en Francia para ser un escritor francés (miren a Cortázar), ni haber nacido en Estados Unidos para ser un escritor norteamericano (miren a Carlos Fuentes), ni haber nacido en Argentina para ser un escritor argentino (miren a Vila-Matas), pero no hay escritores ingleses que no hayan nacido en las islas.
Bueno, quizá haya uno, la excepción que confirma la regla: Jorge Luis Borges.
Pero él lo tenía fácil, pues era medio inglés y fue educado como tal en un país que estuvo a punto de ser colonia inglesa.
Un lugar en la cumbre me abrió las puertas al universo cínico, amoral, contradictorio y clasista de la literatura inglesa contemporánea. Me ayudó a comprender las claves de ese mundo y me enseñó a quererlo.
En Malas influencias, el libro que saco en febrero, intento escribir como un escritor inglés en un par de relatos. Por supuesto, no me sale, pero me divertí mucho fingiendo ser lo que no soy. Para eso está la literatura, ¿no?
Y ahora, si me disculpan, me voy a preparar un dry martini al estilo de Winston Churchill.
Foto: Jack Clayton.
COMENTARIOS DE 2008
Acaba el año, amiguitos. De entre los comentarios que ha recibido este blog en estos doce meses he escogido una brevísima y mínima selección de algunos de los que más cariño hacia mi persona destilaban, aunque otros los he elegido porque me han parecido tiernos, graciosos o, directamente, porque no he entendido una sola palabra de lo que me decían (el LSD fluye a gusto por la blogosfera, queridos). De estos últimos, mi favorito es el que firma Kabilio Cubilio. Puede que a Poe le diera buen resultado escribir beodo, pero por lo general, escritura y alcohol no hacen buenas migas. Téngalo en cuenta, señor Cubilio. Unos pocos comentarios son de los habituales (no os menciono para no dejarme ninguno: gracias mil por animar este lugar con vuestra chispa casi diaria), pero la mayoría son de gente que no suele estar al quite en cada entrada y que ha aparecido esporádicamente. Feliz 2009 a todos y cuidado con las uvas.
El nick va en negrita y sigue el comentario cortipegado tal cual, sin retoques. Para reclamaciones sobre ortografía, gramática o dislexia, diríjanse a los interesados.
Oye tu cabrón
AQUI COMO SIEMPRE, TODOS INTENTANDO NINGUNEAR A LOS HEROES DEL SILENCIO!!! BUNBURY ES DIOS Y LOS DEMAS UNA PUTA MIERDA!!!!
Disconforme
Estimado Sergio: No querría pecar de insistente, pero comentarios como los tuyos son los que me reafirman en la convicción de que muchos ciudadanos de este país que se identifican con posiciones políticas de izquierdas merecerían sufrir permanentemente un gobierno de derechas, dada la simplicidad e ingenuidad de sus posiciones políticas. Me asombra que, tras vivir los ocho años terribles de gobierno de Aznar, todavía consideres que no hay diferencias reales entre PSOE y PP. Y todavía más que afirmes que, aunque Zapatero sacó las tropas españolas de Iraq (la decisión difícil y comprometida), no está del todo claro que no las hubiera llevado allí si hubiera estado en el poder (la decisión fácil y sencilla, como hicieron por ejemplo Francia y Alemania). Y también me asombra que olvides que en el último año de Aznar se trató de instaurar la asignatura de Religión como valorable para el currículo escolar (el gran deseo de la Iglesia y una manera de perpetuar su poder educativo), y que fue el gobierno de Zapatero quien anuló esta disposición y creo la Educación para la Ciudadanía (que no soluciona los problemas de la educación en España –aunque detesto usar la palabra “solución”– pero que al menos pone un granito de arena, ofreciendo un conjunto de herramientas para el razonamiento y análisis con las que los alumnos puedan formarse sus opiniones morales y cívicas, que no es poco). Y, para colmo, dices que, a lo mejor en otro momento, el Gobierno del PP sí hubiera aprobado la ley de matrimonio homosexual... Bueno, esto mejor no comentarlo, se descalifica por sí solo. Yo, por el contrario, me voy a ceñir a hechos concretos. Por ejemplo: ha sido el PSOE quien ha aprobado la Ley de Igualdad, no el PP (quien, por cierto, la impugnó ante el Tribunal Constitucional, no se nos olvide); ha sido el PSOE quien ha aprobado la Ley de la Memoria Histórica, no el PP (que también se opuso con virulencia); ha sido el PSOE quien ha aprobado la Ley de Dependencia, no el PP; ha sido el PSOE quien ha derogado el trasvase del Ebro, no el PP (que sigue amenazando con retomarlo), y así hasta un largo etcétera, por no hablar de las maneras y los modos ejercidos por los líderes de ambos partidos durante estos 4 años, incluyendo el apoyo de varios miembros del PP a la paranoica Teoría de la Conspiración, que pone a las claras la catadura moral de estos (y su caradura, añado también). Y por si faltaran más pruebas de las diferencias entre ambos partidos, tomemos por ejemplo la última propuesta de Rajoy sobre el llamado “contrato para inmigrantes”: no me digas que no es para echarse a temblar. Y, de postre, otro pequeño ejemplo de con quien nos la estamos jugando; te pongo a continuación, por si las desconocías, las declaraciones de Filip Dewinter, líder del Vlaams Belang, partido de ultraderecha belga: "Hoy no hay verdaderos partidos de derechas en Europa. La mayoría se están convirtiendo en socialdemócratas que abusan de la corrección política y no hablan de las preocupaciones reales de la gente como la inmigración. Tal vez la excepción sea el Partido Popular español, un verdadero partido de derechas, pero los demás...". Creo que con esto está todo dicho.
Cuando Labordeta dijo que Zapatero era el primer presidente de izquierdas de la democracia no lo decía por hacer una gracia. Y me sabe muy mal la ingratitud de algunos ciudadanos de izquierdas (me refiero a la izquierda democrática, no estalinista, que conste) que ahora quieren volverle la espalda a un buen presidente de gobierno que no ha dudado en apostar por políticas sociales de fuerte impacto y cierto riesgo. Eso es lo que personalmente más me duele.
Saludos.
Cerdito
Qué fácil es apelar a Extremoduro para enternecer a los adoslescentes noventeros, ahora mileuristas. Qué recurso más fácil, que pocas ganas de escribir del presente en todo este blog.
Quítate las gafas de ciego y mira de verdad cuando salgas a la calle y dime qué ves. Porque si ves a rockeros trasnochados, drogatos metasídicos y peludos sin fronteras es que no vives en 2008, sino en la caverna de Platón.
Kabilio Cubilio
La MaRSELLESA ES DE UN GERMANO EN CONCRETO LOREDANO ASLACIANO
Pero esa bandera sabras que la diseño un uhp que el rojo por la rev. el blanco por la monarquia y el azul por francia ytambien por...
Dado de alta
un musico analfabeto de esta roma de los siglos 21,que vive entre sus poesias y muere entre sus preguntas improbisando con palabras sin destino o se podria desir sin la cara del receptor pregunta...¿como puedo luchar por lo que quiero,si soy un pobre loco que labura dia y noche y no tiene nada ni tiempo para escribir un miserable renglon?...¿como puedo soñar sin siquiera dormir en paz?...¿como un ser de barrio como vos pensando que su realesa nacio de la umildad se miente asi mismo?...¿como yo por momentos paso ambre por la realidad que me toco y no tengo posibilidad de nada?...¿por que tengo el presentimiento de que ni siquiera vas a cansar tu mirada con estas perdidas palabras?...en fin es la primera ves que visito esta pagina soy de uruguay mdeo tengo 21 años y nada dejo mi telefono por si algun buen humano tiene una propuesta venenosa...
Un día amanecieron pintadas todas las papeleras de mi querido barrio rural. Unas mejor y otras peor. Pero todas pintadas. Un color bonito de fondo y decoradas como buzones, filas de hormigas, otras como si llevaran corbata... El efecto fue el deseado: sorpresa. El que todos los vecin@s al día siguiente, cuando fueran a trabajar o a comprar el pan, se tropezaran con algo nuevo. "El cacharro verde ese... hostia..." Supongo que alguien pensaría eso. Las papeleras parecían decir: "Eh, mírame... estoy guapa, ¿no?. Pues méteme tu mierda hasta el fondo..."
La cosa es que, como suele pasar en los núcleos pequeños, durante varios días hubo tema de conversación en la panadería y la peluquería. Había quien decía que habían sido los niños de la ludoteca... Otros que unos gamberros de Fuentes de Ebro (no sé por qué de Fuentes). Había a quien le gustaban y había a quien le daba igual. Pero para la alcaldía era un acto vandálico inadmisible. Aun más, hizo público un escrito donde decía que la "reparación de los daños" (que en realidad es volverlas a pintar de verde) alcanza la cifra de 6.000€. Así se criminalizó esa sorpresa. Tras el repintado, hubo quejas de algun@s vecin@s a los que les habían gustado las papeleras de colores.
Pero la cosa no acaba aquí. Mes y medio o dos meses después del crimen de las papeleras, el Ayto. de Zaragoza emprende la genial campaña de decorar sus papeleras con pegatinas y lemas. Más sosas que para qué. Pero bueno, se buscada el recordar a la gente con algo nuevo el uso de esas tristes papeleras que nos ven llegar a casa borrach@s por las noches o mañañas y nunca dicen nada. Lo de mi barrio, papeleras coloreadas por la gente, fue algo muy malo que hace la gente mala. Lo de Zaragoza, las pegatinas esas del Ayto. fue una idea genial y sorprendente. Pues eso.
Todo esto es para acabar diciendo que parece ser que el derecho de sorpresa está en manos de las autoridades.
Marmota
Hace años, mi exnovio guardaba un cartón de leche en el que, si no recuerdo mal, aparecía una vaca vestida de Supermán. Creo que se llamaba "Supervaca", o algo así (o igual lo pienso porque sería lo más lógico). Todo un mundo por descubrir.
Sólo me queda añadir que no esperaba esa frase final de un periodista tan fino como usted...
:)
ACRey
Puede que sea humor lo que has escrito o puede que no. Es posible que sea crítica sin matiz hacia la creación del "manifiesto" en defensa del Castellano o puede que en realidad no alcance al concepto de crítica. Pero algo parece ser cierto: no es humor crítico ni crítica humorística. No porque lo diga yo, sino porque no dices qué tiene exactamente de bueno las patatas bravas. ¿Mayonesa?
María
Idolatrado Sergio:
He dejado pasar un tiempo para ver si entrabas en razón, pero ya veo que no. Tú andas por ahí emborrachándote con los comunes y a mí me dejas los especiales: sabes que tienes un hijo
y ni el apellido le vienes a dar. Llorando junto a la cuna me dan las claras del día, mi niño no tiene padre, qué pena la suerte mia.
Así no podemos seguir, amor mío. Reconoce a tu Sergito, dale tu apellido, para que pueda ir por el mundo con la frente bien alta.
Si no te avienes, soy capaz de cometer una locura. Que lo sepas.
Eternamente tuya,
María
A la manera de Pérez Reverte (por alusiones)
El señor Del Molino patina. No se trata de una serie de televisión, sino de épica, con dos cojones: Gerona, Bailén o Zaragoza; incluidos otros lugares donde los franceses, pese a su motivación patriótica indiscutible y a su brillante cultura nacional anterior al siglo XX, se llevaron una enorme mano de hostias. Y en lo que a glorificación se refiere, precisemos que en las historias de Alatriste no se trata de eso, sino de todo lo contrario. A lo mejor es que el artista habla de oídas, pues lo desafío a demostrar que su España es más sórdida o descarnada que la que ven los ojos de Diego Alatriste. La palabra gloria no cuadra a esta nación, no por antigua menos infeliz, ingrata y miserable, ni a tanta bandera manipulada por tenderos sin escrúpulos e historiadores a sueldo. Sólo un imbécil puede confundir glorificación pomposa o patriotería barata con el acto de narrar desde la Historia y la memoria, como si en las bibliotecas españolas sólo figurase la colección del Guerrero del Antifaz. El señor Del Molino no es un imbécil, pero vive en España –él diría en el Estado español– de dar coba a los que sí lo son. Por eso no huele a honrado el pan que come. Decir que España que no sejugó su existencia el 2 de mayo de 1808 (tengo un libro al respecto) y que no existe como nación secular ni como cultura nacional es imitar a Jacques de Thou, quien el mismo año en que se publicaba la segunda parte delQuijote, negaba que en España hubiese cultura, fuera de Nebrija y el Pinciano. Así, negar lo innegable es ignorar, por la cara, la Ispania de Estrabón, la Spania de Artemidoro y la Hispania de Tito Livio; y más allá del simple –o no tanto– concepto geográfico, también es negar la monarquía hispano-visigoda, el concilio de Toledo, el «Yo són I chomte d’Espanya que apela hom lo chomte de Barcelona» de la Crónica de Bernat Desclot, los «Quatre reis que ell nomená d’Espanya, qui son una carn e una sang» de Ramón Muntaner, los privilegios otorgados a «la nación española» en Brujas, la Pragmática de Guadalupe, las referencias a España en los textos hostiles de Guicciardini y Maquiavelo, el Salón de Reinos del Buen Retiro de Madrid, la pugna del tomismo con el luteranismo, el padre Mariana, la Pepa del año 12, los cuernos del toro de Osborne y cuanto colguemos en ellos por delante y por detrás.
Otra cosa es que España sea un putiferio lleno de envidia, incompetencia y mala fe, donde en vez de Estado tenemos un infame bebedero de patos. Pero eso lo sabemos de sobra. No hace falta que nos lo diga un pendolista mil leches, instalado bajo ubérrima sombra mientras sus agradecidos patrocinadores le trastean con entusiasmo la entrepierna. Y viceversa.
Luis
Disculpe Sergio, pero de la misma manera que, según usted, se malinterpreta la palabra inhóspito (que por cierto, el resto de seres humanos de este planeta en seguida entendió a qué se refería el reportaje con lo de "inhóspito"), usted está malinterpretando al Madrileño. Que me acusen de paleto por ser de Madrid es lo que me faltaba por oir. Y si de lo que se trata es de corregir a los de Televisión Española, resulta ridículo hacerlo con tamañas barbaridades.
Javivi
Javier Rodrigo? Me suena ese nombre
ITALIA EN PROHIBIDO FIJAR CARTELES

No le hago apenas caso, pero por petición popular he añadido diez nuevas pintadas y carteles a la colección de Prohibido fijar carteles, el blog paralelo donde, muy de cuando en cuando, cuelgo una selección de mi colección de chorreces. Quizá vosotros, en vuestros viajes, hacéis fotos del acueducto de Segovia, de la estatua de la Libertad y del Big Ben. Yo, sin embargo, me fijo en las paredes y retrato los carteles y los grafitis que me hacen gracia. Un vicio como otro cualquiera.
En esta nueva tanda he colgado pintadas y carteles vistos en Argentina, Italia y Francia. El especial dedicado al amor en las paredes de las ciudades italianas ha sido posible gracias a la colaboración de A. y S., que me han pasado algunas fotos de su último viaje romano. Aprovecho para decir que Prohibido fijar carteles admite colaboraciones espontáneas. Las podéis mandar al mail que aparece en la barra de la derecha. Todas serán bien recibidas.
CORONAR ROLLOS CON BOMBOS
Según Natonal Geographic, las dos características básicas que definen a la especie de los ministros es que están dotados de un umbral de sorpresa bajísimo, de una mano especialmente floja a la hora de estampar rúbricas en cheques millonarios y que reaccionan de forma lúbrica y entusiasta ante neologismos polisilábicos que suenen a jerga especializada. Tú vas a un ministro, pongamos el de Sanidad, y le dices que tienes un lipograma vocálico que va a frenar la proliferación de las enfermedades de transmisión sexual entre la población joven, y el ministro se corre de gusto ahí mismo (sin condón ni nada) y te firma un cheque de 2.200.000 euros (sí, 2.200.000 euros, lo que no ganaremos en toda una vida de sufrido machaque lumbar) para que desarrolles ese proyecto magnífico que le has presentado en PowerPoint.
Luego tú coges la panoja, te vas a un bar de Moncloa y preguntas en voz alta: "¿Cuántos camareros de este local son actores a la espera de ser descubiertos por Almodóvar?". De entre las veinte manos que se levantarán ansiosas ante tí, escoges a dos propios, un tordo y una torda, les sueltas sendos billetes de diez euros y un catering de bocata calamares y te los llevas a rodar. "Vais a interpretar un lipograma vocálico", les dices. "Ah, no, yo no me desnudo por menos de 15 euros", te responderán. "No hay que despelotarse, que es un anuncio del ministerio", y zanjas la cuestión.
En el interín, has contratado también a un mandril apestado por la manada que presenta severas deficiencias cognitivas causadas por una coprofagia compulsiva combinada con tres siglos de endogamia. Le das un portátil Apple y le ordenas que escriba el lipograma vocálico a cambio de dos cáscaras de cacahuete. El mandril con severas deficiencias cognitivas escribe: "Yo no corono rollos con bombos". Bravo, se ha ganado una cáscara de cacahuete extra.
Así que ya tienes tu anuncio. Explicas a los legos que eso del lipograma vocálico no es una afección del páncreas, sino una figura retórica consistente en componer un texto usando una sola vocal. La o en este caso. Y ya está. Descuenta a tu minuta de 2.200.000 euros los 20 euros y los dos bocatas de calamares de los honorarios de los actores y las tres cáscaras de cacahuete del mandril (porque el ordenador Apple en realidad era uno de Fischer Price de cuando eras pequeño al que le habías puesto una pegatina de la manzana) y listo. Te lo has llevado crudo.
Te ha salido redondo: "Señor ministro -le dices en el cóctel de presentación, a cargo del ministerio, claro-, con este lipograma vocálico los jóvenes no sólo van a follar con condón y se van a reducir al mínimo los embarazos y las enfermedades, sino que el consumo de condones aumentará a niveles estratosféricos, lo que provocará un aumento desaforado de la producción, que repercutirá en una merma más que considerable de las listas del paro. El lipograma vocálico es la solución a la crisis".
Todo es perfecto. Por eso te jode tanto que aparezca un gañán con pintas de no gustarle el jabón que dice que le has plagiado, que lo del lipograma vocálico ya lo había hecho antes, que él es un rapero de pura cepa y que os vais a enterar, co. La pregunta es, como dice David Torres: ¿se puede plagiar la mierda? En teoría, todas las mierdas son bastante parecidas, pero, ¿puedo denunciar a mi vecino por deposicionar zurullos que se parecen sospechosamente a los míos? El gañán, que responde al nombre de Nach, cree que sí, aunque los que han salido defendiendo su honor y llevando a los tribunales han sido los de la agencia de publicidad. Normal, el pringao del Nach ese seguro que no tiene 2.200.000 euros en su cuenta corriente para pagar abogados.
¿A vosotros no os recorre un escalofrío por el espinazo cuando veis este anuncio?
¿JUSTICIA POPULAR?
Me alegra ver que hay voces que empiezan a llamar la atención sobre algo que me preocupa mucho desde hace unos años y que a todo el mundo parece darle igual. El otro día, en El País, la magistrada María Sanahuja escribía un valiente alegato contra la ley de violencia de género de 2004, sólidamente argumentado, y hoy, en Público, Rafa Reig se salía de la corriente "correcta" sobre la sentencia del juez Tirado y recordaba de paso algunos de los fundamentos del Estado de Derecho. Espero que estos islotes sean los primeros mojones de un debate amplio del que estamos muy necesitados antes de que sea demasiado tarde y los vengadores nos dominen.
Desde unos años a esta parte parece que hay un clamor que pide más severidad en las leyes y en los castigos penales. Las víctimas piden mano dura, y eso entra dentro de lo normal: en el dolor se clama venganza. Lo grave es que toda la sociedad empieza a secundar ese clamor y pide venganza a unos gobiernos que echan cuentas electorales, suman votos, y se apresuran a acallar al gentío vociferante.
La última reforma del Código Penal da miedo. Se ha legislado atendiendo el amarillismo de los medios de comunicación y las demandas histéricas de los exaltados. ¿Qué será lo siguiente? ¿La cadena perpetua, los trabajos forzados, la pena de muerte? Tenemos una cárceles saturadísimas incapaces de cumplir su propósito de reinserción social. Si ahora, además, la sociedad les exige que renuncien a ese propósito de reinserción y se centren en el ojo por ojo, diente por diente, vamos dados.
¿Qué justicia queremos? ¿Una que siga basada en leyes que tengan como objetivo garantizar la convivencia y solucionar los problemas para todos -y en ese todos van incluidos los delincuentes también-? ¿O una que vengue satisfactoriamente a las víctimas, que aplique algo parecido al ojo por ojo, que haga sufrir de verdad a los reos para satisfacción del gentío? ¿Queremos cadalsos públicos, escarmientos ejemplares? Digan abiertamente si es eso lo que quieren, porque yo me bajo en la siguiente parada y pido asilo al norte de Dinamarca.
Creía que habíamos llegado al convencimiento racional y justo de que la víctima no está capacitada para dictar el castigo de su verdugo. Creía que habíamos aprendido lo que significaba la presunción de inocencia y que habíamos desterrado los capirotes y las ejecuciones públicas con aplausos y vítores. Pero cada vez veo más pasos atrás: listas públicas de pederastas que ya han cumplido su condena (y, por tanto, no deben dar explicaciones a nadie de nada, están en paz), pero que la ven prolongada a perpetuidad, con una invitación constante de sus vecinos al ostracismo y a la vigilancia desconfiada -cuando no a la denuncia falsa o a la agresión jaleada por el barrio-; presunciones de inocencia pasadas por el forro de los fiscales en casos de presunto maltrato; denunciantes que pueden acusar alegremente a cualquiera sin aportar pruebas y sin sufrir consecuencia alguna por su falsa denuncia; ministros que dicen que se asegurarán de que un etarra que ha cumplido su condena no podrá vivir al lado de una víctima, como si alguien que ya ha pasado por la cárcel, y me da igual la circunstancia que le haya llevado allí, no pudiera vivir donde quiera o pueda, como cualquier otro ciudadano; jueces presionados hasta el punto de meter en la cárcel a quien la opinión pública señala... Cada nuevo episodio nos aleja del modelo democrático ilustrado y nos acerca a las tinieblas de la Edad Media, con sus inquisiciones y sus Torquemadas.
El caso de Dolores Vázquez, que pasó por la cárcel sólo porque un grupo de periodistas se ensañó con ella, debería habernos hecho reflexionar muy seriamente hacia dónde estamos yendo. La seguridad jurídica, uno de los pilares básicos que deben regir el ordenamiento jurídico de una democracia, como cualquier estudiante de derecho que lleve una semana en la facultad sabe bien, se está resquebrajando delante de nuestros ojos.
¿Tan excepcional es el caos que nos rodea como para que haya un clamor que pida mano de hierro para restaurar el orden? ¿Vivimos en un estado de emergencia y no me he dado cuenta? ¿Hay tiroteos en las calles, las mafias controlan los barrios, la policía se ve desbordada por las bandas criminales, no se puede pasear tranquilamente sin que los pederastas/violadores/agresores de género/terroristas de ETA nos apuñalen, la corrupción ha colapsado la administración? ¿De qué tenemos miedo hoy, en este país, a 25 de diciembre de 2008, qué nos asusta tanto? ¿Acaso entran constantemente en nuestras casas, acaso tirotean a nuestras madres cuando van a hacer la compra o secuestran a nuestros vecinos de camino al trabajo?
¿Qué paranoia de mierda es esta? Porque yo veo un país casi aburrido de puro tranquilo, con bares y restaurantes llenos; con un sistema sanitario que, con todos los peros del mundo, funciona de puta madre; con unos ciudadanos que saben algo más que leer y escribir gracias a una educación pública universal y saben buscarse las castañas del fuego, y con una administración que, a grandes rasgos, funciona bastante bien: la basura se recoge a diario, la luz llega a las casas, el agua es potable, las carreteras están practicables y bien conservadas y las cartas no se pierden en el camino. También veo un país donde el grado de violencia es muy bajo en comparación con otras épocas o con otros países. Si la población española envejece es porque en este país se puede llegar a viejo. ¿No ven que en los países dominados por la violencia y la miseria la población es muy joven, pues en cuanto los ciudadanos crecen un poco, o mueren en algún rollo chungo o emigran? Miren Marruecos, miren Argelia, miren Colombia, países todos ellos llenos de chavales. Si en un sitio domina la senectud, es porque es próspero y tranquilo. ¿Tan ciego estoy? ¿Tan alejado de la realidad vivo?
La España de los años 70 era mil veces más chunga e insegura que esta y, sin embargo, estaba poblada por gente que supo valorar la seguridad jurídica por encima de su seguridad personal. ¿Qué quiere decir esto? Que para vivir en libertad necesitamos un sistema legal que nos proteja contra vengadores, denunciantes falsos y policías con la porra floja. Que el protocolo de los procesos judiciales no es un folclore accesorio, sino un complejo mecanismo que pretende evitar ensañamientos, torturas y linchamientos. No es perfecto, claro que no, pero yo prefiero saber que las reformas de ese sistema imperfecto se encaminan a reforzar la seguridad jurídica de los ciudadanos y no a reforzar los deseos de venganza de la turba.
¿Queréis venganzas y mano dura? Muy bien, pues yo me apeo. No cuenten conmigo, que no voy a encender mi antorcha para unirme al gentío que exige al sheriff que le entregue el forajido para colgarlo en la plaza del pueblo. Yo no quiero eso, y seguro que hay más personas como yo. Si las hay, deberíamos hablar antes de que la turba consiga sacar al reo y lo linche.
FELICES FIESTAS
Aquí os dejo el mejor villancico de mi repertorio para estos días entrañables. Que lo disfrutéis y cuidado con los polvorones.
MELILLA

Hace unas semanas vi un Callejeros dedicado a la gente que trapichea en la frontera de Melilla con Marruecos, y esta mañana he leído un post en el blog de David Torres donde cuenta un paseo por los alrededores de Melilla. Las dos cosas me han recordado los días que pasé allí en 2005. En el momento no fui consciente, ha tenido que pasar el tiempo, pero ahora estoy convencido de que me afectaron muy hondamente, y esta noche de niebla y hielo me apetece escribir sobre ellos.
Muchos lo recordaréis: en el otoño de 2005 se produjeron varios asaltos de inmigrantes a la verja de Melilla que colapsaron la ciudad. La gendarmería marroquí abrió fuego varias veces y hubo muertos, pero por lo visto la Guardia Civil no se quedó corta, y una cámara grabó una paliza a un chaval en la misma verja. Para controlar la crisis, el Gobierno desplegó a la Legión en toda la línea de la frontera y mandó destacamentos de la Guardia Civil desde la Península. Una fotógrafa y yo viajamos allí para hacer una serie de reportajes. De esos días intensos en los que apenas dormí un par de horas seguidas quiero hablar.
Aterrizamos en Melilla a primera hora de la tarde, con la cabeza zumbona porque viajamos en un pequeño avión de hélices que hacía un ruido espantoso. En el aeropuerto nos esperaba Pepe Marqués, nuestro contacto en la ciudad, que nos ayudó muchísimo a movernos y a manejarnos por el terreno. Nos presentó a gente que nos facilitó el trabajo y nos ayudó a cambiar euros por dirhams en una tienducha del barrio del Real.
Tras un encontronazo con un guardia civil en la verja, que quería requisarnos la tarjeta de la cámara de fotos, fui a protestar a la Delegación del Gobierno, donde me atendió un jefe de prensa desbordado, que en su vida había tenido que tratar con tanto periodista y que intentaba disuadirnos de acercarnos a la verja. Nos denegaba los permisos para hacer cualquier cosa. No querían que viéramos el CETI por dentro (Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes, un pequeño campo de concentración donde se retenía y se hacinaban los inmigrantes que alcanzaban la ciudad), no podíamos cruzar la frontera, no podíamos acercarnos a la verja... Así que nos saltamos a la torera todas las proscripciones y echamos a andar. Melilla me pareció una ciudad antipática, hostil y miserable, y mi opinión no cambió en toda la estancia.
De entre todas las sensaciones de aquellos días, pasar a Marruecos fue lo más intenso, y de ese día en concreto quiero escribir.
Sin apenas dormir, para aprovechar el día, nos plantamos al punto de la mañana en el puesto fronterizo de Beni Enzar, para vehículos y peatones. En teoría, para informar desde Marruecos necesitábamos un visado temporal de periodista, pero el gobernador de Nador los denegaba todos, así que decidimos pasar como turistas, confiando en que el equipo de fotos profesional no despertase sospechas.
El paso de Beni Enzar es repugnante. Centenares de personas se apelotonan junto a la garita de la Guardia Civil cargados con mantas, petates y paquetes, a pie y en bici. En el lado español no hacen muchas preguntas a quien sale, y menos si eres español, así que enfilamos con nuestros pasaportes al puesto marroquí. Mientras andábamos por ese callejón lleno de mugre y polvo, un gendarme detuvo a un chaval que iba en bici a mi lado. Le empezó a gritar en árabe, muy violento, y el chaval se bajó de la bici y se protegió la cara con las manos. El gendarme le dio un par de guantazos y unas patadas en la cadera mientras seguía gritándole. Nadie se sobresaltó, a nadie le llamó la atención. Yo temía por la cámara de María, que se haría añicos con un par de zurriagazos como esos.
Aturdidos, llegamos a la ventanilla de la aduana marroquí, rellenamos los impresos, respondimos en francés a cuatro preguntas de protocolo y obtuvimos el permiso para entrar. Todavía quedaban unos 50 metros de pasadizo por delante, y los pasamos presurosos, sin mirar atrás.
Estábamos en la parte marroquí de Melilla: un barrio separado por la verja, con las calles sin asfaltar, sin aceras, sin luz. Un foco de miseria con unos locales miserables donde se trapicheaba con el contrabando de la frontera, la principal fuente de ingresos de la gente de esta zona del Rif. Andábamos a la búsqueda de campamentos de negros que esperaban a la noche para asaltar la verja. El ejército marroquí se había desplegado por los alrededores y había dispersado a la mayoría, pero nos habían dicho de buena tinta que en el Gurugú encontraríamos algunos.
El Gurugú es una montaña que se alza a los pies de Melilla. En los años 20, las tropas rebeldes de Abd el Krim instalaron allí una modesta artillería y bombardearon con ella la ciudad. A los españoles les costó mucho desalojarlas, y después de conocerlo entiendo muy bien por qué: el Gurugú tiene mil recovecos y desfiladeros. Es muy fácil esconderse y disparar sin ser visto contra todo aquel que venga a por tí. Los inmigrantes lo descubrieron enseguida también, y lo utilizaron como refugio. Creo que todavía lo hacen. Además, desde él se ve toda Melilla y se puede estudiar cómo bajar hasta ella y alcanzarla por el lado más seguro.
A las puertas de Beni Enzar había una hilera de taxis esperando. Pactamos un precio con el que parecía el jefe y le dijimos que queríamos ir al Gurugú. Se rascó la cabeza: "¡En Gurugú sólo negros, no hay nada!". Al final, le convencimos. Supongo que nos estafó a base de bien, pero le pagamos los dirhams que nos pidió y nos montamos en el taxi de un conductor suicida que enfiló a toda leche la carretera a Nador... hasta llegar al centro de Nador, muy lejos de donde queríamos ir.
El chófer no sabía hablar castellano ni francés -esto último indicaba que no había ido a la escuela y que probablemente era analfabeto-, y nosotros no sabíamos árabe, así que no podíamos hacerle entender que queríamos subir al monte. Perdimos mucho tiempo hasta que encontramos en la medina de Nador a un hombre que chapurreaba español y le explicó lo que queríamos. El chófer empezó a jurar en árabe, supongo que maldiciendo nuestra excentricidad: ¿para qué cojones queríamos ir a ese sitio dejado de la mano de Alá, si en Nador había de todo? Por unos dirhams más entró en razón y nos dejó junto a un campamento del ejército marroquí, casi en lo más alto del Gurugú.
Allí nos quedamos. Efectivamente, en medio de la nada. Nuestro plan era pasear sin rumbo y, si teníamos suerte, toparnos con uno de esos campamentos. O con sus restos, al menos. La suerte se nos alió.
Después de andar unos metros carretera abajo, se paró otro taxi junto a nosotros y bajó una chica con una cámara de fotos al hombro. Se acercó sonriente y nos dijo en inglés que nos había visto en el hotel de Melilla, que ella también era periodista y que andaba buscando lo mismo que nosotros. Pero jugaba con ventaja, porque ella sabía un poco de árabe. Era una chica francesa encantadora que trabajaba en Tánger como corresponsal freelance de varios periódicos. Nos caímos bien y echamos a andar los tres. Si no encontrábamos nada, por lo menos charlaríamos unas horas en agradable compañía.
Al rato, la chica francesa nos llamó la atención y señaló a un grupo de pinos ladera abajo. Nos acercamos en silencio y, efectivamente, vimos lo que parecía la manga de un chándal. Al otro lado del tronco había un chaval negro sudoroso y muy asustado. Estaba solo, hambriento y hecho mierda. Por señas, le dijimos que no hiciera ruido, que el ejército marroquí estaba acampado dos curvas más abajo y que si le veían le arrestarían y le enviarían a Oujda, en la frontera con Argelia, o al desierto, donde estaban abandonando a algunos grupos. Le llevamos ladera abajo y allí charlamos e hicimos fotos, cruzando los dedos por que ningún soldado de patrulla nos pillara.
Nos contó su historia en un francés atropellado, pero con ese acento africano que se entiende tan bien. Era la de tantos, pero escuchada allí me impresionó mucho más. Creo que era mecánico y había llegado andando desde Mali. Ya no le quedaba dinero y llevaba unos días sin comer. La última vez que se había llevado algo a la boca fue por la caridad de un tendero en un pueblo (aunque los marroquíes tenían fama de ser muy cabrones con los afrikans, como los llamaban, de estafarlos, extorsionarlos y torturarlos, también descubrí que muchos rifeños más pobres que las ratas, conmovidos ante el drama de los inmigrantes, les daban lo poco que tenían sin pedir nada a cambio). Se señalaba las zapatillas deportivas destrozadas y decía que había ido a pie con ellas desde su casa. Llevaba una gorra roja muy llamativa y no hacía nada por esconderse. Viajaba en un grupo del que se había descolgado y parecía muy desvalido. Era milagroso que ni los gendarmes ni los militares le hubiesen echado el guante, y no tenía ni idea de cómo entrar en Melilla.
Mientras hablábamos se acercó un niño pastor con su rebaño de cabras y tuvimos que esconder a nuestro amigo, llevándonoslo unos metros pinar adentro. Le dimos un poco de dinero para que comprara comida cuando pudiera y le señalamos con el dedo dónde estaba el campamento de Médicos sin Fronteras instalado a este lado de la frontera. Allí le atenderían y podría descansar, pero no le dimos muchas esperanzas para cruzar la valla, pues hacía dos noches que nadie conseguía saltarla. Le deseamos suerte y nos separamos. Espero de corazón que le fuera bien y que ahora esté trabajando en algún lugar de Europa, llevando una vida tranquila.
Con las fotos y la charla que tuvimos escribí un reportaje que titulé El último del Gurugú, que fue bastante bien acogido. No lo presenté a ningún premio, aunque me insistieron en ello. De hecho, en su momento no le di mucha importancia, casi me pareció un trabajo más. Pero hoy sé que aquel día significó mucho para mí.
He querido escribir algún cuento sobre Melilla, sobre el último del Gurugú y sobre la harira y el té con menta que tomábamos en los bares morunos cuando terminábamos el trabajo del día. He querido fabular sobre la noche que pasamos en vela junto a la verja, helados de frío, acosados por patrullas de la Guardia Civil que expulsaban a todo el que se acercaba por allí y sobrecogidos por el canto de los muecines de las mezquitas de uno y otro lado de la frontera cuando llamaron a la primera oración del día. He intentado inspirarme en las sombras que acechaban en los pinares de Rostrogordo a la espera de saltar la verja, y en las caras resignadas que hacían cola en la puerta de la comisaría. He querido construir personajes tan mezquinos y racistas como muchos de los melillenses que tuve el disgusto de tratar. Pero nada. No hay forma. Quizá la experiencia no ha sedimentado todavía. Quizá aún necesite sacarla de forma explícita y lineal para terminar de desbastarla.
PA TAPAR AGUJEROS

Si por lo menos me hubiera tocado algo, llevaría con humor el monstruoso desfile de gente borracha a las 12 del mediodía empapando a su pueblo de champán barato (estírense con un Moët & Chandon, que se note que le ha tocado el gordo, coño), pero como sigo siendo tan pobre como ayer, me toca las narices tanta felicidad lotera ajena y suburbana. Así que si queréis tapar agujeros, empezad por este de la foto.
EL HORROR Y LA CONTENCIÓN

Hasta que mi vecina maquinera ha decidido ambientar a todo el bloque con los grandes éxitos de los politonos y de Cadena Dial, obligándonos a todos a abandonar nuestros pensamientos y actividades, estaba embebidísimo en el tocho de Diario de Berlín, de William Shirer, que acaba de editar Debate.
¿Cómo ha estado tanto tiempo este libro sin publicarse en España? ¿Cómo no se había fijado antes ningún editor en él? Qué laguna más grande. Subsanada, por suerte.
William Shirer fue corresponsal en Berlín de la CBS entre 1937 y 1941, y se hizo famosísimo por sus crónicas radiofónicas de la Segunda Guerra Mundial desde el corazón del nazismo. Heredero de la generación perdida, Shirer fue un tipo sutil, inteligente y un periodista fuera de serie, de los que no sólo entienden lo que pasa, sino que lo saben contar. Estos diarios los escribió en secreto, consignando en ellos lo que la censura nazi no le dejaba meter en sus crónicas. Los pasó de contrabando, camuflados cuando regresó a Nueva York en 1941, y ese mismo año los publicó.
No hay retórica ni presunción en sus páginas: como buen periodista americano, va al meollo del relato, sin circunloquios ni preámbulos. Cuando retrata a un personaje, lo hace de dos brochazos precisos, apuntando lo esencial. No pierde el tiempo en espesuras líricas, y eso hace que su relato sea especialmente intenso, porque las emociones están en el contenido, no en el continente.
Shirer evita especular sobre los significados profundos de los sucesos que está contemplando en primera línea. Y no por falta de recursos ni bagaje intelectual, pues pertenece a ese grupo de estadounidenses que, como Hemingway, se quedaron varados en París mientras buscaban las esencias de su legado europeo, mientras se emborrachaban de la vital y añeja cultura del viejo continente de la que su país -creían ellos- andaba tan falto. Shirer era uno de esos escritores aventureros y pasionales para los que no había separación entre la vida vivida y la vida leída, que lo mismo se entusiasmaban con un pasaje del Decamerón o un cuadro del Greco que con la tienda nómada de un campesino pakistaní o las nieves del Kilimanjaro con las que flipaba Hemingway. Por eso, ver y dejar constancia de lo visto era más importante e imperioso que elucubrar a oscuras sobre ello.
Pero Shirer era humano. Un humano sensible y afectado profundamente por todo lo que estaba viendo, así que hay ratos en los que no puede evitar usar sus diarios clandestinos como desahogo. A los dos meses de estallar la guerra, febril, después de haber recorrido los campos quemados de la Polonia dominada por el Tercer Reich, después de semanas sin dormir apenas nada, emitiendo tres y cuatro horas diarias con el censor nazi pegado a la chepa, Shirer se para un instante, se mira en el espejo y escribe:
¡Qué borroso está en mi memoria aquel tiempo en que reinaba la paz! Aquel mundo se acabó y, para mí, en conjunto, a pesar de sus fallos, injusticias y desigualdades, fue una buena época. Me hice mayor en ella, y la vida que me dio era libre, civilizada, intensa, llena de pequeñas tragedias y alegrías, de trabajo y de diversión, con nuevos lugares, nuevas caras; rara vez vulgar y nunca falta de esperanza.
Y ahora ha llegado la oscuridad. Un nuevo mundo. Oscurecimiento, bombas, matanzas, nazismo. Ahora nos han caído encima la noche, los alaridos, la barbarie.
En entradas escuetas y breves cuenta cómo algunos judíos acuden a él en busca de ayuda y las cartas que recibe de madres que le piden que averigüe en los medios diplomáticos que él frecuenta el paradero de sus hijos. Va a ser verdad una vieja máxima del periodismo que aprendí hace mucho que dice que la barbarie y el terror no necesitan adjetivos ni adornos estilísticos: el horror no admite figuras retóricas, y la única manera de transmitirlo en una crónica es siendo conciso y escueto en la descripción. El efecto de esta austeridad suele ser demoledor en quien lo lee, pero se lo he visto hacer a muy poca gente. Por lo general, las crónicas de guerras y de grandes crisis están llenas de adjetivos banales y abstractos que redundan en tópicos resobados. Lees que "el campo devino un infierno" o que -¡horror, horror!- el espectáculo era "dantesco" (deberían cortar las manos de cada periodista que utilizara "dantesco" o "kafkiano" en su trabajo). Nada nos dicen esas frases vacías. Sin embargo, cuando Shirer nos cuenta que al avanzar por los bosques de Pomerania sentía "el olor dulzón de los cadáveres recientes en descomposición" no necesita echar mano del diccionario de sinónimos ni agredirnos con metáforas insulsas para que nos dé una punzada en el estómago.
Muchos juntaletras deberían fijarse en Shirer y en su magistral contención descriptiva, en especial en estos tiempos de yoísmo donde las pelusas de los ombligos devienen destellos épicos que refulgen en la noche de la egolatría.
En fin, parece que mi vecina se ha ido con los politonos revientacráneos a otra parte. A lo mejor puedo seguir leyendo en esta primera tarde de invierno. Ya os contaré.
PS: veo que hay una peli de 1990 titulada The Nightmare Years basada en este Diario de Berlín. No está en español.
VISTAS DE ZARAGOZA

Nos paseamos por la exposición Vistas de Zaragoza: pinturas de la modernidad (en el Centro de Historia). Interesante, pero bastante incompleta. Echo de menos más Gárate, más obras de finales del XIX y de la primera mitad del XX. Hay un excedente de cuadros actuales de interés más que dudoso, y la disposición es algo apelotonada, echo de menos una propuesta museográfica más ambiciosa. Pero si conoces la ciudad y te gusta, es una ocasión maravillosa para pensar sobre ella, para enfocar tu mirada a través de la de los artistas. Absténganse quienes no hayan pateado Zaragoza con fruición durante años.
Lo mejor, con diferencia -y perdónenme los demás-, los lienzos de Pepe Cerdá, que creo que se ha convertido en el pintor aragonés más sólido, coherente y ambicioso. Un artistazo que ofrece unas visiones de Zaragoza atrevidas y sin complejos. Me encanta un cuadro nocturno donde Zaragoza es una franja de luces amarillas en el horizonte. Cuántas veces, volviendo de Madrid o de cualquier sitio a las mil de la madrugada, tras pasar los cerros de La Muela, ha aparecido ante mí esa franja horizontal. Un brochazo iridiscente sobre la oscuridad inmensa del valle, como un ovni recién aterrizado. Esa horizontalidad luminosa tan potente es tan icónica y tan característica que no me explico cómo no ha inspirado a más artistas.
Me gusta mucho la parte de la exposición dedicada a los barrios y al cinturón industrial. Quizá para el turista sea el frontal del Ebro con la monstruosidad barroca del Pilar la estampa que resume la ciudad, pero creo que somos pocos los que nos identificamos con ella. Mi Zaragoza no es de iglesias ni de torres ni de puentes. Mi Zaragoza son edificios de sindicatos franquistas, arquitectura del desarrollismo y fábricas abandonadas donde juegan los chavales del barrio. Mi Zaragoza se parece más a Bilbao, con su herrumbre y su chatarra, que a una postal provinciana de cigüeñas y curas cruzando el Arco del Deán.
Es un gusto adquirido de una ciudad dura y esteparia. Sus habitantes -a la vista está, con los solares llenos de basura y los palacios en ruinas- han vivido de espaldas a su legado histórico de retablos y catedrales. La vida ha crecido en barrios industriales que conservan en su callejero la memoria de un pasado rural, con avenidas que siguen llamándose caminos, y serpentean entre edificios como antes lo hacían entre huertas. La vida ha crecido alrededor de la fábrica de cervezas de San José, en torno a la fundición Averly o la Tudor en La Almozara y Delicias, en torno a las azucareras y harineras en el Rabal, o alrededor del matadero de Las Fuentes. Edificios oscuros, de estética monstruosa emparentada directamente con la estética estalinista (este verano, viajando por lo que fue la RDA, vimos lo parecidos que son los barrios comunistas a Zaragoza), han marcado el paisaje en el que han arraigado los zaragozanos de hoy.
Ahora son herrumbe. Sólo unas pocas fábricas persisten en el casco urbano. El cinturón industrial se ha desplazado y ha dejado unos barrios que han ido reinventándose. Hay algunos artistas que son capaces de ver la fuerza que tiene ese paisaje urbano decadente y gris. Podría ser el primer paso para reivindicarlo y hacerlo nuestro, para adaptarlo a la vida que queremos vivir, de la misma forma que los artistas neoyorquinos ocuparon Tribeca y el Soho o de la misma forma que los jóvenes berlineses ocupan y transforman en arte y cultura los monstruosos bloques y barrios de Berlín Oriental.
¿Seremos capaces? Creo que talento e imaginación hay de sobra en esta ciudad. Quizá falten las ganas.
Foto: no la vi en la exposición, pero esta Vista de Zaragoza de Gárate, pintada en 1908, es muy famosa.
SILVIA SOLA: UNA MIRADA A LO PRIMIGENIO

Aviso para navegantes: he publicado esta pieza en el MVT de hoy, como previa al concierto que Silvia Sola dará en la Oasis esta noche, pero Silvia no es una desconocida para mí. La conozco desde que los dos éramos unos adolescentes tontacos que descubrían el rock con The Black Crowes y Pearl Jam. Nos hemos seguido las vidas de reojo y a intermitencias, ella peleándose con los pentagramas y yo con las letras, y creo que es de las pocas personas a las que conozco de antiguo que es razonablemente feliz y vive como quiere vivir. Cuando la ves no sientes esa frustración y esa ansiedad que aprecias en otros a los que la vida va derrotando. Siempre me da gusto reencontrármela y tomar una cerveza con ella. Obviamente, puse un cariño especial en este artículo. Espero poder pasarme esta noche por el concierto.
Silvia Sola es uno de los secretos mejor guardados de Zaragoza. Su voz, tímida y cálida como ella, ha ambientado suavemente muchas noches en muchos garitos zaragozanos. También en El Páramo, que es una de sus casas en la ciudad, donde anima muchas veladas pinchando ese rock puro, guitarrero y desnudo que tanto le gusta. La historia de Silvia es la historia de una desnudez. De una desnudez musical, que de las otras ya se ven muchas en El Plata. Empezó apasionándose con el rock bronco que salía del sueño grunge en los 90; llenó de emoción el repertorio pop de Sola, su primer grupo de verdad, y exploró la vanguardia sonora de la mano del ex Héroe del Silencio Alan Bugoslavsky, de cuyo elenco formó parte. Tocó muchos palos del pop y del rock, se vistió de muchas formas, pero la eclosión esperada -ese despegue, ese empujón definitivo que todo artista necesita para saber hacia dónde tirar- no llegó, y se quedó en punto muerto. "Hubo un momento en el que dejé de componer y me planteé dejar de cantar -confiesa-. No había nada en Zaragoza que me motivara. Estaba vacía, no me salía nada". Así que hizo la mochila y se largó a Inglaterra con lo puesto, haciendo honor a su apellido artístico: totalmente sola. "En Oxford me encontré de frente con el folk -cuenta-. Conocí a un montón de músicos muy jóvenes que exploraban formas musicales muy viejas, y hacían con ellas lo que les daba la gana. Me enamoró la simplicidad de esas canciones, su espíritu primario, y volví a componer y a tocar". Allí grabó un disco y hace un año regresó a Zaragoza, donde ha ido volviendo a los escenarios (teloneó hace poco a The Jayhawks en La Casa del Loco). Con José Javier Gracia a la guitarra, Guillermo Mata al bajo, Jaime Lapeña al violín y Nines Cárceles en los coros, prepara un segundo asalto musical, esta vez desde el lado del country y del folk. Sin las fanfarrias rockeras ni alternativas de antaño: desnuda. "E imperfecta", añade. Para 2009 anuncia disco, pero el lujo de su voz se disfruta más en directo. PS: el concierto se ha suspendido. El Ayuntamiento ha cerrado la Oasis. Pintan bastos en la noche, amigos. Próximamente, un post sobre el cierre y sobre la Oasis.
JOYAS DE PADRE DE FAMILIA (2)

Esto es como cuando torturaron a Meg haciéndole ver los peores sketches de los Monty Python.
(Flashback donde sale Meg llorando frente a un televisor)
Meg: ¡No! ¡Soy una chica! ¡Ni siquiera me gustan los sketches buenos de los Monty Python!
MADOFF, HÉROE DEL PROLETARIADO
Por la mañana, Don Batracio de la Minga Tiesa Wartington del Rocío abrió su ejemplar de Expansión y se enteró de que un pájaro de Wall Street le había estafado. Estafa piramidal, lo llamaban. Sin terminar el desayuno, cogió el móvil y llamó a su agente de Bolsa, pero estaba apagado o fuera de cobertura. Maldición. Buscó en la agenda al director de la sucursal de Banif con el que estuvo jugando unos hoyos el miércoles pasado, pero una voz le dijo que ese número tenía restringidas las llamadas entrantes. Doble maldición.
-Esto es intolerable, y exige una respuesta inmediata -dijo levantándose-. ¡Walter, venga aquí ipso facto!
-¿Qué desa, señor De la Minga Tiesa?
-Walter, he sido objeto de una estafa. Una estafa manifiesta, diría yo, y esta afrenta exige una respuesta inmediata.
-Cómo no, señor. ¿Llamo a los Miami por el procedimiento habitual? ¿A quién deben dar el aviso, señor?
-No, nada de violencia. Esto hay que resolverlo con dignidad, que sepan que no somos de su calaña. Walter, vamos a manifestarnos ante la sede del banco para exigir que nos devuelvan lo que es nuestro.
-Sí, señor. ¿Cómo desea ir a la manifestación el señor?
-En el Ferrari, que es más rápido.
-Lo cogió su hijo anoche y aún no ha regresado.
-Triple maldición. Tendremos que ir en el Rolls. Prepare pancartas.
-¿Pancartas, señor?
-Sí, Walter, pancartas.
-¿Y qué escribo en ellas, señor?
-Pues... No sé, Walter, usted es un subordinado, se supone que sabe de estas cosas. Lo que se suele escribir en las pancartas de las manifestaciones. ¿Es que lo tengo que pensar yo todo? Algo sutil, pero enérgico. Algo como "Non fuyades, malandrines" o "La bolsa o la vida". Ya sabe, esas cosas que gritan los operarios cuando montan huelgas.
-Así se hará, señor. ¿Quiere que inscriba yo mismo las leyendas sobre la tela?
-No, llame a la agencia que lleva la imagen corporativa de la empresa, que hagan algo vistoso. En media hora quiero una presentación en la sala de juntas y en otra media quiero que estemos manifestándonos frente al banco.
-De acuerdo, señor.
¿A que da mucho placer comprobar que los ricos no sólo también lloran sino que se la pueden meter doblada como a cualquier pringadete? Toma Madoff.
MAINSTREAM LUXURY
Este domingo hemos estado ayudando a unos amigos en su mudanza de piso. Luego nos han invitado a comer, hemos bebido mucho vino y me he ido a trabajar unas cuantas horas al periódico, donde me he escrito una paginita entera bastante fatigosa de redactar. Así que no sólo no he respetado el descanso del día del señor (del señor que sea, yo me imagino a un notario con papada), sino que me he deslomado literalmente. Tengo el 90 por ciento de mi ser en modo off, y el 10 por ciento que sigue vivo se siente incapaz de bloguear nada. Así que permitidme que rescate una columnita de opinión que publiqué hace dos viernes en el suplemento MVT. Mañana más.
Uno de mis ídolos es Angus Fontaine, presentador de ’Viajero cinco estrellas’, una serie de reportajes sobre los hoteles y resorts más insultantemente caros del planeta. Fontaine, que tiene una de esas caras pánfilas que no te cansarías de abofetear, se da unos soberanos homenajes en sitios donde te cobran 5.000 euros solo por darte los buenos días, y siempre termina cada capítulo con una reflexión sobre la hospitalidad y lo amigable del servicio. Solo le falta decir, poniendo cara de ingenuo entrañable: "Qué curioso, cuando saco la Visa Platino, me salen amigos por todas partes". Yo rabio por ver lo que nos hurta el programa: la satisfacción que debe sentir el camarero que escupe en un cóctel de 20.000 euros.
Que yo sepa, Angus Fontaine no ha venido a España, y no parece que vaya a hacerlo. No lo hará si lee el estudio ’Country Brand Index 2008’, que coloca a este país que habitamos -junto a Japón- a la cabeza del ’mainstream luxury’. Lo traducen como "lujo para mayorías". En otras palabras, que según este índice, en España el turista puede gozar como un sátrapa a precios de mendigo. El socialismo turístico, amigos. ¿Entrará el arroz con ojos -llamado así porque de las gambas solo aparecen las cabezas, sin que nadie dé razón del resto del cuerpo- que los guiris degluten con pasión y sangría en la categoría de ’mainstream luxury’? Es más, ¿no es el concepto de ’mainstream luxury’ una paradoja o una contradicción en los términos? Si el lujo se hace masivo, ¿en qué se diferenciará de la vulgaridad? Para que los guapos se sientan guapos y los listos, listos, tiene que haber una mayoría de feos y tontos. Y para que Angus Fontaine se sienta "viajero cinco estrellas" tiene que haber una masa de mochileros apiñados en un tren con olor a pies.
Perdónenme, pero yo quiero que el lujo siga siendo lujo, incluso en estos tiempos de ERES. Yo quiero que Angus siga teniendo sitios donde beber coñacs de la bodega privada de Napoleón mientras siete vestales le hacen la pedicura. Quiero que la envidia y el escándalo sigan vigentes. Quiero jeques yemeníes y lords ingleses. Quiero decadencia y derroche. Quiero seguir teniendo personajes crueles y refinados para escribir sobre ellos.

