AMSTERDAM

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Ahora que las vacaciones asoman su tímido hocico y llega la hora de discutir destinos y planes viajeros en largas cenas con la brisa soplando entre los platos, también es tiempo de recordar otros viajes. Las noticias, poco aireadas, de la pérdida de la nacionalidad holandesa de Ayaan Hirsi Ali -la diputada de origen somalí que guionizó y protagonizó el corto Sumisión, que le costó la vida a su director, Theo Van Gogh- ha despertado recuerdos de Amsterdam.

Londres y París distan unos 400 kilómetros, aproximadamente la misma distancia que separa Madrid de Valencia. Ambas ciudades forman un triángulo con Bruselas-Amsterdam, cuyos lados vienen a medir más o menos lo mismo. Es decir, que, en muy poco espacio, se concentra la esencia de lo que es Europa, si es que Europa es algo más que una palabra. Berlín, Madrid y Roma quedan lejos, al otro lado de cordilleras y ríos difíciles de salvar, pero este triángulo es pequeño y tiene sus vértices bien conectados. Tanto París como Londres sufren desde hace décadas una enorme presión demográfica. París es la capital de Argelia y Londres lo es de Pakistán. París ha ardido en mil coches y el metro de Londres ha estallado por dentro. En ambos casos, han sido franceses y británicos que no se sienten ni franceses ni británicos quienes han activado los detonadores o las mechas. En Amsterdam no ha pasado nada parecido, y, sin embargo, la muerte de Theo Van Gogh parece haber horadado más conciencias que la revuelta parisina o los atentados de Londres. Creo que la razón es que, si Amsterdam se rompe, algo mucho más grande se hará pedazos en nuestro mundo europeo. Porque Amsterdam es un símbolo, y ningún símbolo desaparece sin consecuencias.

Amsterdam es la babel europea. Apenas 700.000 habitantes censados, una ciudad de la población de Zaragoza, pero con una vida que resuena en los cinco continentes y un aura de fascinación que atrae multitudes. Paseas por Amsterdam y, sin dejar de ver a las altísimas y rubias jóvenes indígenas ni a sus rollizos y cerveceros padres, que parecen escapados de La Ronda de Noche de Rembrandt, lo que despierta los sentidos son los asiáticos con sus poco apetecibles patos laqueados en los escaparates de los restaurantes, las mujeres morenas con pañuelo en la cabeza, los miles de africanos ociosos por las esquinas. Y, sobre todo, las miles de lenguas que se escuchan por las calles y que, a la hora de la verdad, se reducen a un inglés práctico y coloquial que sólo atiende a lo urgente. Un inglés que utilizan incluso los camareros de los llamativos restaurantes españoles, regentados por gallegos emigrantes y llenos de evocaciones de Joselito y de esa España que -por suerte- dejó de existir hace mucho y que sólo pervive en los bares de los emigrantes repartidos por el mundo.

Amsterdam es una marca que vende mestizaje, que vende convivencia. Dicen algunos que ese modelo de sociedad plural se debe al protestantismo, que invita a no meterte en la vida de los demás y hace a cada cual responsable de sus actos. Cada uno, a lo suyo, a su negocio. No juzguéis si no queréis ser juzgados. Y algo de eso debe haber. Hay algo de indiferencia que se traduce en comodidad para el inmigrante. Con una larga tradición de dar cobijo al refugiado, Holanda es un buen sitio para quien quiere empezar de cero sin que le toquen las narices. Es un buen sitio, pero creo que no es un sitio acogedor.

Yo viajé a Amsterdam esperando encontrar esa parte amable, ese buen rollo multiculor, pero me encontré con una ciudad fría, con una forma de entender la juerga más destructiva que festiva, y, sobre todo, con una indiferencia real y un mal asimilado papel de metrópolis de un imperio que ya no existe. Me decepcionó, no me pareció un buen sitio para vivir. Pasaría muy a gusto una temporada en Londres o en París, pero evitaría Amsterdam.

Recordé estas impresiones al pensar en Hirsi Ali. No creo que en el País Vasco los vecinos de un amenazado por ETA hayan tenido nunca el cuajo de pedir públicamente que el pobre diablo abandonara el edificio por miedo a sufrir un atentado. En Holanda, sin embargo, los vecinos de Hirsi Ali solicitaron su traslado para que no les pongan una bomba. ¿Por qué? Porque Hirsi Ali ha trasgredido el precepto que cimentaba la "convivencia" holandesa: Aayan ha emitido una opinión. En una sociedad y en una ciudad donde todo está bien, donde nadie recoge al yonki que se cae de la silla en un coffee shop a las 10 de la mañana, Hirsi Ali se atevió a hacer pública su visión -acertada o no, pero respetable- sobre una serie de problemas para motivar un debate sobre ellos. No entendió que en Amsterdam no hay lugar para el debate, que en sus calles no puedes opinar sobre lo que hace el vecino. Cuando nada importa, nada tiene importancia.

Este verano no vamos a volver a Amsterdam. Nos iremos a Portugal y a la vieja Inglaterra, a ver a mujeres con bigote y a escuchar tristes y trasnochados fados en Lisboa. A veces, uno echa de menos cierto sentimentalismo añejo que el mestizaje que considera una transgresión mirarse a los ojos no puede proporcionar.

Además, los holandeses hacen un café de asco y tienen una de las peores gastronomías del mundo. Peor que la inglesa. Dicho lo cual: visitad Amsterdam, que os lo pasaréis bien.

Foto: abrumador párking de bicicletas junto a Centraal Station, en Amsterdam.

10/06/2006 00:50 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Viajes.

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Autor: Cide

En Londres estuve en una "Sunday Roast Dinner" y vi que en el resto de las mesas el huevo frito (casi a la plancha) lo comían con cuchillo y tenedor. Como mi religión me prohibe hacer eso, con toda mi inocencia pregunté, por no parecer maleducado, si allí estaba bien visto comerse el huevo frito con pan y dedos. Mis amigos se rieron:

- Esto es Londres, a nadie le importa cómo te comes un huevo frito. Si te lo metieras por la nariz, nadie se volvería para mirarte. Y si ves que alguien te mira, ten por seguro que es español.

Tuve el complejo de pertenecer a una nación cateta y acomplejada.
Por lo que leo en este artículo, estas cosas pasan también en Amsterdam. Cuánto nos puede aportar aún Europa.

Fecha: 10/06/2006 09:22.



Autor: S. del Molino

En Amsterdam no es que a nadie le importe como te comes la bazofia que ellos se permiten el lujo de llamar comida: es que no sabes directamente cómo comértela. Son muy aficionados a unos cucuruchos de patatas fritas con unas salsas infames, densas e insípidas, que según te las vas comiendo, notas cómo un montón de presas de Assuan crecen en tus arterias. Si arrojas esa inmundicia a una papelera cagándote en racial castellano en la pérfida mente que concibió semejante engendro, nadie te mirará mal tampoco. Nadie sentirá su orgullo nacional herido. Les parecerá una opinión respetable. Si un gabacho hiciera eso con una tortilla de patatas en España sería apedreado y desnudado ante el asombrado gentío.

Fecha: 10/06/2006 12:49.



Autor: Anakrix

Hace mucho que no pensaba en Amsterdam. Y creo que es porque no me dejó un recuerdo demasiado especial. Pasamos allí una semana hace un par de veranos. La ciudad me pareció muy bonita, el museo Van Gogh, impresionante, y me encantó esto de que todo el mundo vaya en bici por las calles. Pero poco más. Yo no encontré el supuesto ambientazo nocturno de Amsterdam. Hay megadiscotecas, eso sí, pero no me mola mucho ese rollo. Y nunca falta gente ni en el Barrio Rojo, con sus putas de escaparate, ni en los miles de sex shops y coffe shops de la ciudad. Pero no me parecieron divertidos. Son sitios curiosos, y hay que verlos, pero se han convertido en una especie de 'parque temático' de lo que se supone que es la juerga en Amsterdam. Y resulta -o al menos a mí me resultó- muy artificial. No sé, eché de menos un bareto normal con buena música que no estuviera lleno de ingleses de despedida de soltero. Igual es que no supe buscar, pero yo, para irme de juerga, no volvería a Amsterdam.

Fecha: 11/06/2006 18:15.


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Autor: Laura

No teneis ni idea de lo que es Amsterdam, lo cual no es estraño puesto que sois turistas españoles en Amsterdam. Osea, buscadores de coffeshop, curiosos del barrio rojo y de las trabajadoras públicas, que alguno a osado a llamar "putas de escaparate". Yo te diré que Amsterdam es mucho más. Y que los holandeses no son fríos, son respetuosos, que te lebantarán si te caes con una de esas bicis que los españoles no saben conducir en esta ciudad; que su gastronomia es algo más que patatas fritas. Que tu vecino te saludará sin meterse en tu vida porque te respeta. Que tus amigos te quieren sin juzgarte. Una ciudad que apenas pide nada al imigrante y le da todo. Una ciudad donde viven cientos de imigrantes españoles, de los cuales muchísimos no hablan una palabra de holandes, aun teniendo derecho, como cualquier imigrante, a clases gratuitas.
Quizás no son fáciles de encontrar para el turista pero hay muy buenos bares y muy buena música.
Podria contaros muchas más cosas de esta ciudad en la que vivo desde hace tres años. Ciudad de la que sigo totalmente enamorada.
La ignorancia es atrevida. Si quereis hacer cierto tipo de juicios sobre un Pais, Ciudad, o nacionalidad, aseguraros de ser algo más que simples turistas cuando lo visiteis.

Fecha: 25/11/2006 14:48.


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Autor: pedro paez

ñiñiñi , hay que ir a Amsterdam hombre, que es eso de ir a visitar portuguesas con sus bigotazos jeje. Bueno dejo esto que andamos haciendo comunidad para ver si le interesa a alguien http://www.foroamsterdam.com

Fecha: 29/01/2008 19:57.


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Autor: Vivoaali

Fecha: 18/09/2008 19:55.


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