EL GRAN VARGAS LLOSA

Habré visto a Mario Vargas Llosa cuatro o cinco veces, pero nunca me he atrevido a acercarme a decirle nada. Todas las veces han sido en el mismo sitio: una cafetería que hay junto al Círculo de Bellas Artes de Madrid. Alto, de pie y gesticulando acalorado junto a la barra, sin perder la sonrisa. Sé que es fácil encontrártelo cuando está en Madrid, que frecuenta muchos lugares del centro y siempre en hora punta, y eso ha terminado por convencerme de que este hombre padece un vitalismo furibundo que va a acabar con todos. Podría vivir encastillado en un chalet rodeado por sus cuadros y sus lameculos privados, pero le gusta la calle, el paseo, la caña en el bar. No sabe vivir sin sentir la ciudad.
Qué tipo. Aunque me molesta bastante su discurso político (no por derechoso, sino por simplón y por seguir la estela de individuos tan poco solventes como Carlos Rangel), literariamente no tiene rival. No queda más remedio que postrarse ante el Vargas Llosa escritor y el Vargas Llosa lector. Como autor, se atreve con todo, no se acomoda, fuerza sus límites, arriesga como si fuera un recién llegado y no tuviera una reputación que mantener. Como lector, lo devora todo, está al quite de lo último y anda siempre con el cedazo buscando las pepitas de la sorpresa. Es el literato completo. Es un tipo que respira literatura y que la entiende como una forma de vivir, no de morir encerrado entre volúmenes polvorientos. Se palpa, se respira en cada línea, desde La ciudad y los perros hasta Travesuras de una niña mala. Pocos autores me han hecho gozar tanto: recuerdo la primera vez que leí Los cachorros con la misma emoción íntima con la que he vivido mis mejores noches.
Pensé en el vitalismo arrollador del peruano cuando me enteré de que aceptó prologar la nueva edición de Cien años de soledad, pese a que ni olvida ni perdona a Gabo. Antes, prologó los cuentos de Cortázar en Alfaguara, y después, se prologó a sí mismo en la edición de sus Obras completas en Galaxia Gutenberg. Y en cada prólogo afina el tiro sin remilgos eruditos, como el lector de trinchera que es. Estés o no de acuerdo con sus juicios, es admirable cómo su mirada busca esa zona de sombra en la que el autor y su obra se confunden y se ensucian el uno de la otra (o la otra del uno).
No le darán el Nobel porque dárselo ahora sería reconocer que deberían habérselo dado antes, pero creo que es el escritor del "boom" que más lo merece. Os transcribo un párrafo del prólogo al primer volumen de sus Obras completas, cuya lectura funciona como una nana estas últimas noches en las que llego reventado a casa. Dice Vargas Llosa refiriéndose al virus formalista que infectó casi toda la literatura occidental en los años 60, y que él manifestó con La casa verde:
"Entre las muchas tentaciones que debe enfrentar un escritor acaso la de la 'forma' sea la más corruptora y, también, la más difícil de resisitr. Porque ella halaga el instinto más potente en quien dedica su vida a inventar historias: el amor por las palabras, ese medio que es también fin, placer en sí mismo, para quien escribe, alguien que, poco a poco, a medida que se hunde en el lenguaje y se deja llevar por esa sustancia sutil y sensual con la que entabla una relación entrañable y gozosa, erótica y mística, empieza inevitablemente a sentir esa ambición -esa utiopía- (...). A veces, algunos grandes creadores que sucumbieron a esta tentación de escribir un 'libro sobre nada', que fuera sólo estilo, forma pura, han producido obras maestras casi ilegibles, en las que, en efecto, la materia verbal ha sido artísticamente depurada hasta el extremo de que las palabras existen en ellos para no decir nada fuera de ellas, sólo para exhibirse a sí mismas en su originalidad (...). Hasta ahora, en su milenaria tradición, el lenguaje no ha sido todavía un personaje interesante, ni el orden narrativo un protagonista cuyas andanzas emocionen al lector".
Podrá decirse que es muy fácil decirlo y que la teoría literaria nos la sabemos todos, pero no habla un teórico, sino un escritor de pico y pala, un currante de las letras que ha sufrido mil insolaciones verbales. Qué grande es Mario.
Comentarios » Ir a formulario
Autor: anro
Fecha: 19/04/2007 19:08.
Autor: síl
acabo de estar en el Perú y durante el viaje decidí leer algo peruano... afortunadamente encontramos su último libro.. y, he de reconocer que me ha encantado! así que, ahora toca echar la vista atrás y recuperar las hojas perdidas...
y, para la próxima huida a madrid... ya sé donde me tomaré un cafecito...
saludos
Fecha: 27/04/2007 00:41.



