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Resumen

DEMAGOGOS Y SIMPLES

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El otro día alguien me llamó demagogo por decir algo sobre el París-Dakar (o el Lisboa-Dakar o el Bollullos del Condado-Dakar). Creo que era algo así como que si yo fuera un miserable pastor del Atlas, nada me alegraría más que ver pasar esos bólidos espantándome las ovejas y llevándose por delante a mis hijos. Reconozco que soy un demagogo interesado, pero lo peor es que mi interlocutora no estaba en desacuerdo con lo que yo decía sino con cómo lo decía. Le sucedía lo que le pasa a mucha gente con algunos grupos punk: les gusta lo que dicen, pero no lo pueden aprobar porque lo dicen berreando y con unas distorsiones muy feas.

Son curiosos los matices del debate y del discurso. Es algo que me divierte mucho, siempre que el interlocutor sea inteligente -y, en este caso, lo era-, porque si el discutidor tiende a la besuguez, la cosa es muy monótona y desustanciada. Me gustan los protocolos, siempre que los ejerza otro. Me gustan esos ardides diplomáticos que buscan la trampa retórica para que un fulano asienta y trague con algo que no aceptaría jamás si se enunciara de una forma cruda y diáfana. Me gustan por la doblez ambigua que encierran: por un lado, son estrategias para derrotar al adversario y, por otro, son mecanismos que expresan respeto hacia la otra persona, ya que la perífrasis suele tener como único objetivo no cabrear innecesariamente a tu vecino. Tienen las dos caras, y nunca sabes con cual quedarte.

Me gustan, pero para los demás. Yo no sirvo para diplomático, no aguantaría una profesión que consiste en cogérsela con papel de fumar constantemente. Nunca pierdo mucho tiempo tratando de convencer a alguien de nada, aunque hay quen ha perdido años enteros de su vida tratando de convencer a mi dura mollera de cualquier pelotudez. Y me jode cuando intentan hacerme comulgar con ruedas de mi apellido, y busco argumentos para no ceder, aunque no esté convencido de ellos, sólo lo hago por no darle el gusto al pesado de turno. Pero cuando me toca a mí discutir, paso. No soy nada persuasivo, prefiero cambiar de tema.

Pero me gusta forzar la demagogia, me gusta la frase fácil y contundente que dinamita los argumentos y hace exclamar al contrario "Hombre, es que, si nos ponemos así...". ¿Y cómo quieres que nos pongamos? Acepta o rechaza el órdago, por dios, pero no te quedes en un bienpensante medio camino. En la discusión, cuando ésta es deportiva y no trae sobre el tapete ninguna apuesta trascendental, me gustan los púgiles despiertos e incisivos, que me busquen las cosquillas.

Por eso detesto lo burdo, detesto el insulto institucionalizado. Al día siguiente de la discusión sobre el repugnante rally de los aguerridos aventureros, salió por la tele Carlos Sainz, un tío al que profeso una antipatía casi fisiológica, hablando de accidentes de tráfico y de prevención de qué me sé yo. Al lado, algún ministro o director general o consejero o paniaguado similar batía palmas y encomiaba su entrega a la noble causa de la educación vial. ¿Por qué no estaba Fernando Fernán-Gómez enfrente de esos mamarrachos para escupirles un sonoro "váyanse a la mierda"? ¿Por qué nunca está cuando se le necesita? A estupideces tan grandes sólo caben respuestas secas.

Como este post, escrito a las dos de la mañana, con los párpados a punto de desprenderse de mis ojos por el cansancio. Seguro que cuando lo relea mañana no entenderé nada.

PS: Este domingo en Heraldo Domingo, publico un enorme reportaje (por cantidad de páginas, de fotos y de letra, básicamente) sobre un tema que apareció en este blog hace meses ya y del que no se sabía nada. Lo he investigado a fondo y creo que, para los que vivan y conozcan Zaragoza, será una pequeña y agradable sorpresa. Espero que os guste.

MENA SUVARI, LA BESTIA RUBIA

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Iba a escribir sobre la nueva serie de la emigración española a Latinoamérica que va a estrenar TVE, pero estoy un poco harto de penalidades y de nostalgias y he preferido dejarlo para otra ocasión. En lugar de eso, voy a incorporar un nuevo nombre a la galería erótico-fílmica del blog, que la tengo un poco abandonada. Retomo este mitómano hábito con una chica de mi misma edad -aunque le den papeles de adolescente y de aniñada-. Con ustedes, Mena Suvari.

Mena Suvari. Con ese nombre, ese cuerpo y esa cara tenía ya casi todo el camino recorrido hacia el estrellato. Pero resulta que la jodía, además, sabe interpretar. Sin técnicas, sin trucos de ilusionista del Actors Studio o de decadentes veladas en el off-off Broadway. Mena es una bestia, un talento nato que a duras penas se deja pulir.

Empezó su carrera con mal pie, y parecía que iba a ser una más de la nómina de chicas tontas wasp de high school. Darse a conocer con American Pie dice muy poco de un actor -o dice demasiado, aunque nada bueno-, pero, por suerte, hay directores que saben ver más allá y encuentran el destello del oro donde parece que sólo hay estiercol. Sam Mendes la fichó para American Beauty, donde se convirtió en la desesperada tentación de Kevin Spacey. Y, con muy poco esfuerzo, muchos entendimos la babeante fascinación de Spacey, gracias a la actuación de esa bestia rubia.

Me encantan esos actores que transpiran talento, absolutamente desintelectualizados, naturales, despiadados, que trazan una seducción sin técnicas, totalmente salvaje. Así es Mena Suvari, que conoce su cuerpo y su cara y sabe sacar la sonrisa oportuna, el entrecerrado de ojos apropiado y la caricia que el otro personaje necesita en ese momento y con esa cadencia. Acabo de ver los capítulos de A dos metros bajo tierra en los que interpreta a una lesbiana que confunde a Claire y acaba escaldada (y, para resarcirse, canta una canción que dice algo así: "Tuve una novia que quiso ser lesbiana, pero, al meternos en la cama, mi coño le dio asco"). De verdad, no sé qué tiene esta Suvari, aparte de un apellido y una cabellera bálticas y una sonrisa endiabladamente sugerente.

Su mejor papel sigue siendo, sin duda, American Beauty (cuyo guión lo firma, nunca está de más recordarlo, el certero, cínico y contradictoriamente tierno Allan Ball, creador de A dos metros...), y creo que, en cierta forma, es una película que la ha etiquetado y que no tardará mucho en devenir un lastre. Será una lástima, porque de verdad creo que Suvari comparte con Marylin algo más que el color del pelo, y deberían permitir que ese algo misterioso que tienen en común salga a la luz. Personalmente -y me da igual que me llamen exagerado- la veo como una Marylin con la actitud frescachona de una Sofia Loren.

Una última curiosidad. Según cuentan, Mena Suvari creció en una casa victoriana de Rhode Island, y ella está convencida de que está encantada. Nunca se ha cortado en decir que, de niña, vio apariciones y sufrió fenómenos extraños en esa mansión, y sus padres no lo han negado. Quizá algo fantasmal se le metió en el cuerpo y le dio el talento que ahora disfrutamos.

03/02/2007 01:58 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Cine Hay 10 comentarios.

NO PIDA UN CÓMIC, PIDA UNA NOVELA GRÁFICA

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El cómic ya no es freak ni excéntrico ni para iniciados. Está de moda en este país nuestro y los prebostes de la cultura oficial apuestan duro por él. Dos ejemplos: la agenda de la FNAC, dedicada este año al mundo del tebeo, y el suplemento Babelia de este sábado, que dedica cuatro páginas a lo que pudorosamente llama "novela gráfica", un término que se extiende y persevera, como los malos olores.

A muchos gafapastas y bufandistas les joderá el nuevo pedigrí del cómic, especialmente a todos aquellos que dejan de leer, ver o escuchar algo que les fascina cuando ese algo aparece en un periódico que leen más de 1.000 personas. Entonces, todos lo sabemos, se convierte en mainstream, vulgar y decadente. Odio citar a Sabina, pero me viene a la sesera esa canción que decía: "El joven aprendiz de pintor que ayer mismo / juraba que mis cuadros eran su catecismo. / Hoy, como ve que el público empieza a hacerme caso, / ya no dice que pinto tan bien como Picasso". Algo de eso está pasando ya con dibujantes y guionistas a los que los falsos puristas no les van a perdonar la fama ni el reconocimiento de un público más amplio.

No seré yo quien niegue el pan y la sal a los estajanovistas de la viñeta que se queman las pestañas sobre sus tableros de trabajo para hacernos pasar un buen rato al resto de los vagos, pero hay algo que me asquea en esta estrategia, y es la campaña a favor de la denominación de "novela gráfica", que pretende al tiempo vencer los prejuicios de unos editores cortos de miras y tratar a los lectores como mojigatas escolares que leen con guantes. La nueva etiqueta surgió a mediados de los 80 en Nueva York, y goza de mucha aceptación, aunque, a la hora de la verdad, nadie sepa cuál es la diferencia entre eso y un cómic de toda la vida. En la práctica, el término sólo es útil para diferenciar los álbumes que cuentan una historia contínua dividida en capítulos que conforman una unidad narrativa que debe ser leída en orden, de aquellas otras compilaciones de historietas autónomas o independientes. Pero los tiros del márketing editorial no van por ahí precisamente.

Fue Art Spiegelman quien sufrió a su pesar el azote de la nueva denominación. Su obra cumbre, Maus, no se editó como cómic, sino como "novela gráfica", e inmediatamente cautivó a un público altanero que la disfrutaba como un producto de alta cultura. Ellos no estaban leyendo un vulgar cómic, sino una "novela gráfica". "No, no, yo no leo cómics, que no soy un adolescente pajero: yo exploro nuevas formas narrativas". Pos bueno, pos fale, pos malegro.

Por suerte, los dibujantes estuvieron avispados y vieron el filón. Por eso, cuando Paul Karasik y David Mazzucchelli se presentaron en el despacho de un editor neoyorquino con su proyecto de adaptar en viñetas la Ciudad de cristal de Paul Auster, en ningún momento usaron el término maldito y se limitaron a hablar de "novela gráfica". Y como tal se vendió, aunque sólo aquellos profesores de teoría de la literatura con ganas de justificar su sueldo han encontrado argumentos que expliquen porqué eso es una novela gráfica y no un cómic mondo y lirondo. Pero como yo soy un zote, no los termino de entender.

Así que ya sabéis cómo debéis pedirlos en la tienda si no queréis quedar como unos incultos. Tampoco pidáis en un bar un pa amb tomaquet, sino una creación de harina convenientemente horneada con una fina capa de emulsión de tomate con aceite de oliva. No echéis unas cervezas con los amigos, alternad en lounges. No veais series de televisión, sino fragmentos fílmicos de periodicidad determinada. Y, sobre todo, no os la sacudáis después de mear: desprendeos enfáticamente de residuos incómodos.

Mojigatos de todos los países, uníos. El eufemista no tiene nada que perder, salvo sus palabras; tiene, en cambio, un mundo de estulticia por ganar.

PS: Hablando de novelas gráficas. Corren serios rumores de que HBO, la cadenita de la que hablaba el otro día, está pensando en producir una serie basada en la saga de Predicador, uno de los mejores cómics de los últimos veinte años. ¿Cómo será el reverendo Custer y su hiperviolento mundo en pantalla? Si alguien de HBO leyera esto, que sé que los altos ejecutivos yanquis están muy pendientes de lo que escribo, les recomiendo que encarguen este trabajito al que considero el director ideal para esa saga, y no sólo porque sea un gran erudito del cómic, que también: Álex de la Iglesia. No imagino a nadie haciéndolo mejor que él.

Foto: el reverendo Jesse Custer, Predicador.

05/02/2007 01:58 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Cómic Hay 7 comentarios.

LOS ALEMANES DEL CAMERÚN

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Aquí cuelgo el reportaje que he publicado este domingo en Heraldo. Es la primera publicación de una investigación bastante larga, con la que llevo varios meses trabajando. Es un poco extenso, pero a los aragoneses que se pasen por aquí les hará gracia. Varios descendientes de alemanes del Camerún que no pude localizar ya se han puesto en contacto conmigo a raíz de su publicación. La investigación va a seguir, por lo que pido a todos los zaragozanos que tengan familia alemana y sospechen que pueden descender de los alemanes del Camerún, que dejen un comentario o que me escriban a sdelmolino@heraldo.es. También me pueden llamar a la redacción del periódico. El teléfono de centralita es 976 765 000.  

Durante la Primera Guerra Mundial, un grupo de militares y civiles alemanes procedente de Camerún encontró asilo en la capital aragonesa. Muchos de ellos se instalaron definitivamente, convirtiéndose en el germen de una influyente colonia germana

¿Se ha parado a pensar por qué hay en Zaragoza una cadena de tintorerías llamada Tinte de los Alemanes? ¿Se ha preguntado alguna vez cómo es posible que la marca de salchichas Kurtz tenga su origen en la capital aragonesa pese a que el nombre tiene sonoridad germana? Durante alguna visita a Torrero, ¿le ha intrigado ese pequeño aparte rotulado "Deutscher Friedhof" lleno de tumbas antiguas con inscripciones en alemán? ¿Sabía que la cerveza Ámbar debe su receta original a un hombre apellidado Schneider? ¿Y por qué uno de los mejores y más veteranos colegios privados de la ciudad se llama Colegio Alemán? Si tiene edad suficiente, quizá hasta alguna vez poseyó unos guantes de marca Schoeman fabricados en Zaragoza o degustó el azúcar de la Azucarera Zaragozana, que se producía siguiendo los métodos de un ingeniero alemán.

Si nunca ha reparado en estas cuestiones, quizá acabe de darse cuenta, con cierta sorpresa, de que la influencia germana sobre el paisaje y el paisanaje zaragozanos es considerable y afecta a multitud de detalles de la vida cotidiana. La colonia alemana en la capital aragonesa ha sido poderosa y ha dejado una gran huella en la ciudad a lo largo del siglo XX. Pero mucho más sorprendente que esta constatación es el desconocido germen de esa colonia, que debe mucho a un grupo conocido a principios del siglo pasado como "los alemanes del Camerún".

Hay que remontarse a la primavera de 1916, en plena Primera Guerra Mundial. Camerún era entonces un territorio bajo dominio germano, una de las muchas colonias que Alemania tenía en África. Entre marzo y abril de ese año, en el curso de una victoriosa ofensiva, los ejércitos francés y británico conquistaron todo Camerún y obligaron a varios miles de alemanes residentes allí a buscar refugio en la Guinea Española (hoy, Guinea Ecuatorial).

Apelando al estatuto de neutralidad de España, pidieron asilo al Gobierno de Madrid, que se lo concedió a finales de abril. Así, la primera semana de mayo, desembarcaron en Cádiz un par de miles de refugiados germanos, tanto militares como civiles, que se repartieron por varias ciudades del país. En una primera fase, 347 de ellos escogieron Zaragoza como punto de destino. La noche del 5 de mayo de 1916 llegaron a la capital aragonesa en un tren especial, causando un gran revuelo en las calles y convirtiéndose de inmediato en la comidilla de todas las tertulias.

En principio, estos 347 alemanes sólo iban a permanecer en la ciudad el tiempo que durase la guerra. Sin embargo, al quedar su país derrotado y sumido en la ruina, muchos de ellos se negaron a regresar a Alemania. Además, para entonces algunos ya se habían casado con mujeres aragonesas y habían echado raíces. Estos populares alemanes del Camerún crearon así la base y la infraestructura necesarias para el desarrollo y la perpetuación de una colonia germana firme y arraigada en la ciudad, con múltiples intereses industriales y financieros. Aunque, actualmente, sólo los más viejos de sus miembros recuerdan muy vagamente la peripecia aventurera de estos pioneros.

De hecho, este episodio es tan desconocido que apenas hay referencias escritas sobre los alemanes del Camerún. Un par de párrafos aislados en algunos libros de historia local, parte de una tesis doctoral presentada hace décadas en la Universidad de Zaragoza y una muy digna mención en la famosa novela de Ramón J. Sender "La Quinta Julieta" resumen prácticamente todo lo que se ha publicado sobre ellos en Aragón. Y eso, teniendo en cuenta que es muy probable que fueran los culpables de la popularización en Zaragoza de un nuevo deporte que, hasta su llegada, era minoritario y elitista: el "football", que practicaban con pasión, llegando a construir para ello un campo en la calle Bilbao.

El barón

Este desconocimiento ha dejado inédita hasta hoy, entre otras, la peripecia vital del barón Gerhard Von Wichmann, valeroso teniente-coronel poseedor de la Cruz de Hierro (máxima distinción militar alemana) por su actuación en la Primera Guerra Mundial. Refinado, melómano y culto, además de un exquisito gourmet y cocinero, cautivó a quienes le conocieron y animó con su charla y su aristocrático y sutil sentido del humor la vida social zaragozana de los años 20, 30 y 40, una época marcada por dos guerras -la española y la segunda mundial- de las que, por edad, quedó al margen. Él es uno de los poquísimos alemanes del Camerún cuyo rastro se puede seguir hoy con cierto rigor. Cuando recaló en Zaragoza en compañía de sus otros 346 compatriotas, al barón Von Wichmann ya sólo le quedaba, como eco de la pasada gloria de su familia, un título aristocrático y un puñado de recuerdos de sus años africanos. Ya no tenía ni posesiones ni fortuna, sino sólo un extraordinario don de gentes que le permitió enamorar y enamorarse de una bella joven de Ejea de los Caballeros llamada Carmen de Miguel y Ventura.

De su matrimonio con ella, celebrado en 1921, nacieron seis hijos, dos varones y cuatro mujeres, de los cuales hoy sólo viven tres hijas, y solamente una de ellas, Elisabeth, de 80 años de edad, sigue residiendo en Zaragoza, acompañada por decenas de fotos y recuerdos de su padre, de entre los que destaca un mapa del Camerún colonial impreso en Berlín en 1910, donde el barón marcó con pluma los lugares en los que estuvo destinado.

"Recuerdo que, de niños, nos encantaba la colección de flechas que todavía se conserva en la casa familiar de Ejea -rememora Enrique de la Figuera Von Wichmann, uno de los nietos del barón, que es médico de atención primaria en un centro de salud de Zaragoza-. Para que los nietos no jugáramos con ellas, nos decía que eran de los nativos y que tenían la punta envenenada". Pieles de leopardo, armas nativas, trofeos de caza y grandes panoplias componían el grueso del legado africano del barón, del que siempre se sintió orgulloso.

"¡Ah, las fiestas en la casa del barón, qué recuerdos!", dice Juan Kurtz, que evoca con emoción las veladas pasadas junto a las hijas de Von Wichmann -"que eran altísimas"- en su domicilio de la calle Ponzano. Juan es uno de los hijos de Alfonso Kurtz, un alemán que se instaló en Zaragoza durante la Guerra Civil y trabó una intensa relación con sus compatriotas procedentes de Camerún, que ya llevaban 20 años residiendo en Zaragoza. Kurtz, charcutero de profesión, hizo fortuna en la capital aragonesa con su fábrica de salchichas, que llegó a emplear a 255 obreros y, durante muchos años, hizo famosa a la ciudad por elaborar unas salchichas que competían sin rubor con las fabricadas en la misma Alemania.

Relevo generacional

Alfonso Kurtz protagonizó el relevo generacional de la colonia alemana, que cuando él llegó se había asentado firmemente en la ciudad. Entonces, gracias al trabajo de los alemanes del Camerún ya funcionaba el primer Colegio Alemán, el primer centro bilingüe que se creó en Aragón, con sede en la calle Cervantes; la Casa de los Alemanes, en Moncasi, actuaba como un dinámico centro de reunión de la colonia; se habían fundado algunas empresas, como el Tinte de los Alemanes, y algunos otros habían emprendido pequeños negocios, como el fotógrafo Carlos Skogler que, en los años 20, abrió un estudio en el Coso. Por último, se habían iniciado los trámites para crear un cementerio para alemanes, dividido en dos mitades, una católica y otra, protestante.

Pero todo eso sucedía en los años 30 y, pese a que la colonia prosperaba bien integrada en la ciudad, no podían sustraerse a la deriva de su país, gobernado desde 1933 por Adolf Hitler. Una parte de la colonia, de origen militar y autoritario, simpatizaba abiertamente con los nazis, y su ideología impregnó buena parte de la infraestructura social y empresarial creada por ellos. No era el caso ni de Von Wichmann ni de Kurtz, pero sí el del cónsul de la época, que cuidó demasiado diligentemente de los intereses del Tercer Reich en la capital aragonesa. Entre otras cosas, "nazificó" el Colegio Alemán.

Tanto la Guerra Civil como la Segunda Guerra Mundial fueron tiempos duros para la colonia alemana -y para todos los españoles y europeos, obviamente-. El cónsul no sólo se preocupó por crear una sección de las Juventudes Hitlerianas en el Colegio Alemán, sino que se empeñó en que todos los hombres menores de 50 años marcharan al frente cumpliendo el mandato del Tercer Reich. Alfonso Kurtz, con varios hijos y un negocio que atender, tuvo que ir a la guerra. No así Von Wichmann, que pese a ser oficial del Ejército, se encontraba ya en la reserva a la altura del año 1939. Ni el mismísimo director del colegio se libró de vestir el uniforme nazi y enrolarse en una compañía.

Como consecuencia de la guerra, el Colegio Alemán cerró sus puertas y sólo volvió a abrirlas, ya en su ubicación actual de la urbanización Torres de San Lamberto, en 1956. El empeño de los Kurtz, los Schneider (de La Zaragozana), los Schoeman y otras familias vinculadas a la industria zaragozana reflotó el viejo proyecto, debidamente purgado -como el resto de la colonia- de elementos nazis.

Esa fecha (1956) puede considerarse la inaugyral de la moderna colonia alemana de Zaragoza, heredera de la que empezaron los alemanes del Camerún que, a la vista de los últimos datos, tuvo mucha prisa por instalarse en la ciudad, como si hubieran rehusado de antemano a ser repatriados. Anneliese Wingenbach, delegada del Instituto Goethe en Aragón y residente en Zaragoza desde los años 60, ha estudiado la historia del Colegio Alemán y ha encontrado indicios que sitúan sus orígenes en 1917 o 1918, una fecha bastante más temprana de la que se manejaba hasta hoy y que indicaría que los alemanes del Camerún, al año de llegar a Zaragoza, ya preveían una estancia larga.

En esos años existía ya un "kindergarten" (jardín de infancia) en la calle Cervantes, junto al paseo de Sagasta, que sería el germen de la futura escuela. Buscando en el archivo municipal, la profesora Wingenbach ha descubierto que, entre 1918 y 1919, en el tramo final de la calle, que da al río Huerva, residían al menos seis familias alemanas, una de ellas encabezada por un prusiano llamado Carl Tiede que tenía un criado negro de 17 años procedente de Camerún. Este hallazgo permite deducir que la mencionada calle era algo así como la "Pequeña Alemania" de Zaragoza, y probablemente en ella habría comercios y servicios germanos. De hecho, una de las tiendas de El Tinte de los Alemanes está situada en Sagasta, a la altura de Cervantes.

En el descuidado cementerio alemán de Torrero hay tres tumbas de tres alemanes que fallecieron los días 15, 23 y 30 de mayo de 1916, muy poco después de llegar a Zaragoza. Eran dos militares, el sargento Alexander Torgany y el subteniente Wilhelm Albat, y un civil, el comerciante austriaco Josef Wenig. Probablemente pertenecieran al grupo que llegó con heridas o enfermo y fue ingresado en el hospital, pero no deja de ser curioso que Ramón J. Sender, en "La Quinta Julieta", hable de un alemán del Camerún que murió en el bar Los Espumosos cuando una camarera le golpeó en la cabeza con un sifón porque, al parecer, se había propasado por ella. Podría tratarse de Josef Wenig o podría ser una leyenda urbana que corrió con la ciudad aquellos días. En este asunto, realidad y mito, todavía hoy, se confunden con demasiada facilidad.

Foto: el barón Von Wichmann, en 1940.

05/02/2007 19:14 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Memoria Hay 18 comentarios.

MÁS EXTRAÑO QUE LA FICCIÓN

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Madrid, domingo por la tarde. No hay mejor sitio donde meterse que uno de esos cines en versión original que tanto echo de menos en Zaragoza. En los Golem, antiguos Alphaville -donde he gastado muchas de las horas que se suponía que debía haber pasado en un aula-, ponen Más extraño que la ficción. Entramos con cierta displicencia dictada por varias razones: a) El prota es Will Ferrell, insoportable histrión surgido de la factoría televisiva neoyorquina de Saturday Night Live. b) El título anuncia metadiscursos resobados y pretenciosos con resonancias unamunianas y nivolescas. c) El guionista, nuevo en el puesto, ha sido alabado por el papanatismo gafapástico y bufandista. d) ¿He dicho ya que el prota es Will Ferrell?

A su favor tenía otras cosas: a) Emma Thompson y Dustin Hoffman. b) Su director, Marc Foster, ha firmado Monster's Ball y Descubriendo Nunca Jamás. c) Las alternativas, en esa hora sesteante y atontada, eran la María Antonieta de Coppola Jr. y una iraní tópica y simplona que seguro que se va a llevar todos los premios europeos que le dé la gana. Así que nos arriesgamos, con ciertos prejuicios, pero con algunos motivos de esperanza.

Menos mal que nuestros prejuicios demostraron ser sólo eso, prejuicios, porque la peli está muy, pero que muy bien. Las pretensiones semiotizantes y metadiscursivas quedan elegantemente diluidas en una sucesión de gags muy buenos, narrados con un ritmo impecable que provoca alguna que otra carcajada. El asunto es tan simple como esto: Harold Crick es un inspector de Hacienda que no sabe que su aburrida y rutinaria vida va a dar un giro inesperado que le conducirá, probablemente, a la muerte. Nosotros sí lo sabemos porque lo narra Kay Eiffel, una desquiciada novelista británica con bloqueo creativo que está escribiendo un libro que tiene como protagonista a Harold Crick, que ella cree que es una invención suya, aunque resulta que es real. A partir de ahí, la madeja se lía provocando una serie de enredos muy divertidos en los que intenta poner orden el personaje de Dustin Hoffman, un profesor de teoría de la literatura que trata de averiguar en qué tipo de obra (tragedia, drama, comedia...) está metido Crick para descubrir cómo sacarle del entuerto.

En mi modestísima opinión, éste es el tipo de peli que podrían haber hecho los nouvellistas vagueros y los neovanguardistas de esa Edad Media llamada años 60-70 si su dotación genética hubiera incorporado unos pocos gramos de sentido del humor. Más extraño que la ficción cuenta una historia cómica y tierna, que se desborda un poquito por el lado cursi, pero no por el intelectual, con golpes muy buenos y un sentido del ritmo extraordinario. Las reflexiones sobre el Autor, el Narrador, el Lector y los Significantes-Significados quedan para los semiólogos. Los demás, gozamos con una buena historia muy bien contada. No será la película del año, pero es una muy buena pieza. Chapeau.

Ah, ¿he dicho que Will Ferrell está contenido y correcto en su papel, sin hacer el payaso? No sé cómo se le habrá quedado la próstata después de aguantarse durante todo el rodaje.

Foto: Will Ferrell.

07/02/2007 00:45 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Cine Hay 12 comentarios.

NECESITO UN PELUQUERO

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Vuelvo a Madrid por segunda vez en menos de una semana. La primera fui por placer (el placer del reencuentro, de comprobar que sigues compartiendo ese territorio de implícitos con los amigos, de cerciorarte de que las cosas siguen en su sitio aunque tú no estés ahí para cuidarlas con la mirada). La segunda, por trabajo. En esta, cojo un cercanías, uno de esos trenes tristes que bajan a un sur que antes era polvoriento y que ahora sólo tiene bloques de ladrillo rojo que desafian la aridez. Demografía elemental: al menos un cuarto de las personas del vagón no han nacido en España. Voy cansado, agotado por un trabajo ingrato que no creí que tuviera que repetir. Voy cansado y me fijo en la gente, incapaz de seguir con la lectura de una novela de una fascinante autora francesa que me está poniendo de mal humor. Frente a mí, un señor con bigote. De Centroamérica, con más blanco que indígena en su pigmentación. Podría dar el tipo de capataz en una peli sobre hacendados cafeteros. Me lo imagino tirando de su burro, bajando la colina y llegando al porche de la plantación, donde el señor Saimaza, vestido de blanco impoluto, aprobará o desaprobará su mercancía con un leve gesto sin réplica posible. Me digo que veo demasiada tele y que no voy a comprar café Saimaza, mi café. No me gusta el racismo del criollo.

El señor saca un móvil y marca un número. Escucho la conversación. Su voz tiene un soniquete mexicano muy reconocible:

"Oye, estuve dos horas tratando de hablar contigo y comunicabas. ¡Dos horas! Bueno, no pasa nada. Mira, ¿tú le cortaste el pelo a Carlitos, verdad? Sí, quedó muy guapo, me gustó mucho. Esto... Yo... Yo te quería pedir un favor. Un favor muy grande. ¿Tú podrías venir mañana por la tarde y cortarme el pelo? Pagándote, por supuesto. Sí, sí, te pagaría, te pagaría. Es que me gustó mucho cómo se lo dejaste a Carlitos. ¿Podrías venir a las seis a mi casa? ¿No? Es que antes... Bueno, ¿a las cinco te iría bien? ¿Y a las cuatro? No, mi amor, no, es que por la mañana trabajo y... Bueno, pues escucha una cosa: ¿a la una? ¿Te va bien a la una? Te vienes allí y me cortas el pelo en la garita. Sí, sí, no pasa nada, ahí en la garita no nos ve nadie. Bien, entonces a la una. Hasta mañana, hasta mañana".

Diré en mi descargo que estaba agotado por el reportaje que había ido a hacer, y que, en ese estado, uno se enternece por cualquier cosa, pero me encantó la dulzura de aquella llamada. Me imaginé a esa desconocida mujer cortándole el pelo en la garita, escondidos del jefe y de los compañeros de la empresa, riéndose y gozando. Más tarde, al volver a la novela de la fascinante autora francesa, me pareció más insípida todavía. Entre la novela y la llamada del corte de pelo, me quedo con la segunda.

Por cierto, a mí también me hace falta un buen corte de pelo, y la peluquería a la que iba ha cerrado (si todos los clientes eran como yo, no me extraña). Tengo que buscar una nueva peluquería con un buen peluquero gay que me dé conversación, pero no la encuentro. Si conocéis alguna, me lo decís.

Foto: Llongueras, el que te lo corta y ni te enteras.

UN FANTASMA VINTAGE

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Llevo todo el día tarareando mentalmente un tango que canta Cristóbal Repetto y, ¡oh, casualidad!, buscando en el archivo de Heraldo documentación para un reportaje me he topado con esta columnita que publiqué en el suplemento MVT de Heraldo en noviembre de 2005 (joder, cómo pasa el tiempo sin que te enteres) y que titulé "Un fantasma vintage". Como hace poco colgué los disparates bolivianos del amigo Roberti y aquí no sólo aparece Repetto, sino Buenos Aires y aquel viaje estupendo lleno de tantas cosas geniales, la cuelgo aquí como emotivo souvenir. Quienes hayan escuchado los tangos de Repetto entenderán de que hablo. Pero también, como dijo el poeta Hamilton: "No sabrán de qué hablamos quienes no sientan dolorosamente esta versión de la historia".

Pocas, muy pocas cosas me sacan del letargo y del vaivén diario. Lo nuevo me sabe a viejo apenas empiezo a mascarlo y la tensión arterial se me desploma con tanto moderno y tanto descubridor del Mediterráneo. Pero, de vez en cuando, una pequeña chispa asoma entre lo amorfo y gris y me despierta. Entra por mis ojos y mis oídos, se mete por mi sistema circulatorio, se mezcla con mi densa sangre, se desliza por todas y cada una de mis vísceras y acaba pinchándome en ese rincón cercano al páncreas donde se esconde en mí esa cosa que algunos llaman alma.

Me pasó hace casi un año en Buenos Aires y lo provocó una voz que viene a Zaragoza este domingo y que -puerca miseria- no voy a poder escuchar. Me conformaré, por tanto, con evocar a Cristóbal Repetto.

Era noviembre, la primavera había sacado a los porteños a la calle y yo andaba como drogado -para diversión de mis amigos- por los rincones de los cuentos de Cortázar y de los delirios de Sábato. Hasta que, una noche, nos llevaron a un concierto de tango electrónico. El grupo se llamaba Bajofondo, y Gustavo Santolalla, gigante del pop y del rock latinoamericanos, era su artífice.

El concierto iba bien y la cerveza sabía fresca y ligera. Lo que se dice una buena velada. Hasta que el runrún de proyecciones y de samplers enmudeció y, en su lugar, apareció un fantasma de los años 20. Plantado ante el micro, con una guitarra y un bandoneón detrás, el espectro vintage se marcó sin despeinarse media docena de tangos viejos que parecían salir arañados de un gramófono.

Hasta el amigo que me acompañaba, poco dado a efusividades, se quedó en el sitio. “Es Gardel resucitado”, me gritó. Era más que eso. Era el amor por la música, la voz trabajada pero surgida de las tripas y, por encima de todo, la capacidad de hipnotizar y de tocar la fibra de los cínicos y pasotas de hoy con sentimientos de ayer.

Habré escuchado los tangos que canta Repetto miles de veces desde entonces y no me canso de ellos. “De tardecita”, “La que murió en París”... Los versos entran sin horma en su garganta. Sus cuerdas tensan la emoción de los viejos poemas sin ahogarla en lo cursi del bolero. Repetto canta el tango como un canalla despechado de facón, gomina y saco. Uno de esos lujos que escasean.

10/02/2007 21:32 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Música Hay 2 comentarios.

ENRIQUE SÁNCHEZ ABULÍ

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Breve y agradable encuentro matinal con un maestro del cómic en las jornadas "Aragón, tierra del cómic". Con la excusa, hice una paginita para Heraldo. A veces, trabajar es divertido.

 

 

 

 

 

"Escribo historias al borde del abismo, pero yo vivo muy tranquilo en mi pisito"

 

Ya tengo asumido que lo que yo hago no le interesa a nadie. Tengo mucho prestigio en Francia y se me valora en la profesión, pero mis historias no interesan a los editores. Dicen que ya no venden. Y tienen razón". A Enrique Sánchez Abulí (Francia, 1945) no le hacen caso los editores, según dice él. Sin embargo, los aficionados al cómic de toda Europa se rinden ante el guionista que concibió en 1982 al personaje de Luca Torelli, alias "Torpedo".

Durante más de 20 años, Sánchez Abulí escribió las aventuras de este "canalla" italoamericano que dibujaba Jordi Bernet y que se ha convertido en uno de los personajes fundamentales del cómic europeo de finales del siglo XX. Ayer, el autor de "Torpedo" estuvo en Zaragoza y dio una clase magistral sobre el oficio de guionista de cómic en el marco de las jornadas "Aragón, tierra de tebeos", que se desarrollan en el centro Joaquín Roncal.

Con "Torpedo" paralizado desde hace seis años por un litigio judicial con el dibujante por la propiedad de los derechos sobre la serie, Sánchez Abulí es un escritor sin editor que sobrevive traduciendo buena parte de los cómics extranjeros que se venden en España y colocando algunos álbumes en Francia redactados en francés, pero que no llegan a traducirse al español. Escéptico y desengañado, asegura que el cómic "está manga por hombro", ya que "el manga y los superhéroes han acabado con las historias que yo hago".

Son historias de piratas, de "outsiders", de canallas. Sánchez Abulí cuenta que "Torpedo" nació cuando un editor le pidió un guión de seis páginas "donde tenían que salir un gángster y una rubia". Así empezó el mito.

"Cuando me piden un guión, me piden que mate a alguien. Así que siempre respondo: 'De acuerdo, ¿a cuántos hay que cargarse?". Por eso, este veterano escritor no soporta las medias tintas y exige respeto para sus creaciones: "El primer dibujante de 'Torpedo' fue Alex Toth (un autor de culto en el cómic francés), pero no se sentía cómodo con un personaje tan violento y desaprobaba su lenguaje. Me dijo que él no podía poner en una viñeta un insulto más fuerte que 'bastarde'. Así que lo dejamos, porque no entendía que Torpedo era un canalla sin sentimientos, un tipo miserable capaz de cargarse a cualquiera sin ninguna razón, y eso hay que respetárselo".

Dinero

Por suerte, Jordi Bernet sí supo respetar la despiadada y arrogante violencia gangsteril que ha fascinado a varias generaciones de lectores, como demuestran los 15 álbumes que han firmado juntos (recogidos en una edición de lujo por la editorial Glénat y calificados de "magistrales" por la crítica). Es una lástima que su relación profesional se haya roto: "En cuanto entra el asunto del dinero, todo se fastidia", se lamenta.

Sánchez Abulí es una "rara avis" en el mundo del cómic español, dominado por dibujantes que redactan sus propias historias. ¿Cómo se convierte alguien en guionista de cómic? "Todo viene por mi padre, a él se lo debo todo", responde orgulloso mientras saca de su cartera un montón de viejas novelas de kiosco del oeste y de ciencia-ficción editadas en los años 50 y 60. Su autor es Alex Simmons, pseudónimo de Enrique Sánchez Pascual, padre del guionista, que fue uno de los más importantes autores españoles de "pulp fiction". "Mi padre escribía una novela en dos días, y el guión de un tebeo, en una mañana", relata. Por eso, añade: "La técnica de esto es sencilla. Sólo hace falta tener buenas historias".

Buenas historias que a punto han estado de acabar en el cine, y no se descarta que el productor Vicente Gómez ("Isi/Disi") lleve próximamente a la pantalla al turbio Torelli. "He tenido muchas novias, pero ninguna me ha convencido", dice, aludiendo a las varias ofertas que ha recibido.

Así que Sánchez Abulí sigue con lo suyo, aunque no le hagan caso, sin cambiar de vida. "Escribo historias al borde del abismo, pero yo vivo muy tranquilo en mi pisito. Como Julio Verne, que no viajó nunca", se ríe.

12/02/2007 19:46 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Cómic Hay 9 comentarios.

ESPAÑA NO EXISTE

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Dice Julio Llamazares en El País que España no existe, pero no por los motivos que ciertos constructores de pluralidades nacionales pudieran sospechar, sino por una cuestión de reparto demográfico que afecta también a Portugal: al margen de Madrid y la estrecha franja del litoral, la Península está despoblada. Un interior hueco en cuya mitad norte sólo brilla Zaragoza como descompensado monstruo en medio del desierto aragonés. Llamazares hace unas reflexiones muy interesantes sobre las verdaderas "dos Españas" (la rica y la pobre, la macrourbana y la de las casas rurales, la del apelotonamiento costero y la del eco sombrío en el valle). No podía ser de otra forma viniendo del autor de La lluvia amarilla.

Me gusta que el escritor leonés ponga el dedo en esta llaga. Es un debate que debería ocupar el espacio público si éste no estuviera saturado de sandeces y ácidos bóricos, y es un debate en el que hay mucha tela que cortar. Hasta ahora, la reflexión se había circunscrito a las demandas de los movimientos que en Teruel, Soria y Zamora piden unos servicios e infraestructuras del mismo nivel y calidad que las de las regiones pobladas, pero la cosa no se puede quedar ahí. Eso está bien como toque de alerta y como invitación a la reflexión, pero no como reflexión en sí misma.

Desde Aragón, el asunto se contempla desde una perspectiva privilegiada. Vivo en una ciudad que aspira al millón de habitantes (sí, lo logrará con Expos y metros, no me cabe duda: después de 2008, Zaragoza va a perder muchos atractivos para mí), pero está rodeada de nada. La segunda ciudad más poblada, Huesca, no tiene ni 50.000 habitantes. Aragón, más grande que algunos países europeos, está apretujado en el centro (más de la mitad de sus ciudadanos concentrados en Zaragoza), pero vacío en el resto del territorio, y nadie puede entender nada de lo que pasa en esta tierra si no tiene en cuenta ese monstruoso desequilibrio (quizá por eso son muy pocos los que logran entender lo que pasa en esta tierra).

A escala peninsular, el problema es mucho más grave. Portugal está prácticamente desierto al margen de la franja costera. En las dos Castillas (sin contar Madrid) vive menos gente hoy que en la Edad Media. La idea de una Castilla opresora de la periferia es carcajeante si se compara cualquier villorrio mesetario con el desparrame de Marina d'Or Ciudad de Vacaciones. Sólo un ciego puede negarse a ver quién corta el bacalao en este país y quienes están a verlas venir esperando una subvención colega de Bruselas. Y, sin embargo, los tópicos persisten.

También es cierto que quienes resisten en el desierto demográfico gozan de ciertas ventajas. Para empezar, la ley electoral les es muy favorable. El voto de un soriano equivale a 4 o 6 votos de un zaragozano o 10-12 de un madrileño. También viven en lugares con muy poca conflictividad social, con precios más asequibles y una calidad de vida muy alta, pese a la falta de carreteras y a que el hospital más cercano esté a 100 kilómetros. Pero eso no basta para retener a los culos inquietos. Y por culos, me refiero a mentes y manos capaces de sacar adelante proyectos e ideas.

Cuando hojeo revistas literarias y de pensamiento francesas (que las hay a porrón, porque les va mucho el rollo magacín), me doy cuenta de que, a pesar del jacobinismo intelectual y político que domina por allí, hay muchas firmas de gente de Biarritz, de Nimes, de Toulouse, de Burdeos, de Lille, de Nantes, de Lyon, de Tours... Hay mucha más presencia de los intelectuales "periféricos" en París que de los intelectuales "autonómicos" en Madrid. El jacobinismo es mucho más excluyente en el país de las autonomías de taifas que parece que se desmembra cada semana entre fanfarrias apocalípticas. En España, salvo rarísimas excepciones, para ser escuchado/leído en Madrid, tienes que estar en Madrid, cuando ese requisito ha perdido validez en el resto de países que han descubierto las bondades de internet.

Hay dos Españas que no se miran. Bueno, hay una que no mira a la otra, que se empeña en construir aves, autovías y puentes aéreos para no tener que pisar ni ver ni oler esa meseta o esos valles que le son tan ajenos y de los que sólo atisba tres tópicos cogidos al vuelo. La península lleva mucho tiempo invertebrada y, aunque creo que el proceso es irreversible, no escapa al debate, que podría poner coto a algunas de sus consecuencias.

Y, si no, como propongo siempre que tengo ocasión, que se despueblen completamente por decreto todos los núcleos de menos de 20.000 habitantes y que las villas medievales y los pueblos serranos se queden como museos y eventuales gulags de reeducación, que nunca se sabe cuando se necesitará echar mano de uno.

14/02/2007 01:30 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Actualidad Hay 3 comentarios.

EL FALSO PRÍNCIPE DE WATTENBERG

20070216175053-london.jpgAhondando en mis carpetovetonismos he encontrado una historia curiosa, casi tragicómica, charlotesca incluso. Es la historia del falso príncipe de Wattenberg. La resumiré muy a grandes rasgos, casi de memoria y atendiendo sólo a una de las muchas versiones que tiene.

Érase que se era, en algún puerto gallego, un oficial de la Marina que tuvo un hijo. El hijo creció y decidió seguir los pasos de su padre, aunque era algo díscolo y no encajaba bien en la disciplina militar. Tan poco encajaba y tantas ganas tenía de andar liando gresca, que encandiló a una muchachita de provincias que, oh, estaba prometida (o casada o qué sé yo). El novio-marido, como no podía ser de otra forma, era también un cadete, y no se cortó un pelo en retar a un lance al mancillador de su honra. Como los duelos estaban prohibidos en el ejército, y el chaval había protagonizado varias grescas de aúpa, le expulsaron de tan insigne institución. El papá del muchacho se llevó un enorme disgusto y dijo que no quería saber nada de semejante balarrasa, por lo que el impetuoso joven marchó por estos mundos de dios sin oficio ni beneficio.

Alboreaba el siglo XX cuando el pillastre, de perrería en perrería, acabó en Gibraltar, y allí, en una taberna del puerto, conoció a un inglesito que también había sido expulsado de la Marina británica y andaba necesitado de parné. Sin pensárselo dos veces, decidieron asociarse como dos vulgares hampones, y convinieron que, con su cultura y su ingenio, no les iría mal en un país lleno de primos y pichones.

El muchacho hablaba inglés casi a la perfección, y aprovechó esto para hacerse pasar por noble extranjero, después de viajar a Londres y dar unos cuantos palos allí. En Inglaterra contactaron con la Embajada española, y no se sabe cómo, lograron que el embajador remitiese un cable a Madrid anunciando la inminente visita a España del príncipe de Wattenberg, ordenando que todo fuera dispuesto para tan honorable huésped.

El muchacho y su amigo inglés, convertido en el "personal assistant" del príncipe de Wattenberg desembarcaron en Santander recibiendo honores de Estado, con presencia de los gobernadores civil y militar de la provincia y besamanos de todas las fuerzas vivas. De tal guisa, allá por 1906, empezaron una gira por varias ciudades españolas, y en todas comieron, bebieron y durmieron por la filosa en los mejores hoteles y restaurantes, siendo agasajados por todos y recibiendo regalos y atenciones extraordinarias. Pero el lujo no les distrajo de su verdadero objetivo: timar a todos los primos posibles. Así que se las ingenieron para fingir que estaban detrás de un negocio multimillonario y se dedicaron a captar inversores entre los más ricos y avaros del reino. Un arzobispo cayó en la trampa, y empeñó varios miles de pesetazas de la época (y de la Iglesia, claro) en complacer al falso príncipe de Wattenberg, que era un tipo divertidísimo y muy ameno.

El falso príncipe y su asistente llegaron a Zaragoza en su peculiar gira, y también aquí engatusaron a todo quisqui. Durante un par de años, fueron los reyes del mambo, los protas de las notas de sociedad, el no va más del glamour. Hasta que un descuido les hizo caer y tuvieron que salir de najas, sujetándose el falso bigote. Desde entonces, el falso príncipe de Wattenberg alternó periodos de prisión con fugas e imposturas varias, hasta que el dueño de una pensión de Zaragoza le denunció por impago y fue a dar con sus huesos en la cárcel por veinte años. Escribió unas memorias cínicas e, incluso en la cárcel, era objeto de reportajes y entrevistas con las que se ganaba la simpatía del vulgo, que le trataba de héroe pícaro.

Estoy rescatando la historia del falso príncipe de Wattenberg, y espero una excusa para escribirla en condiciones. Es más, me gustaría contactar con algún descendiente suyo, que sé que los tuvo. A ver si hay suerte.

PS: En este empacho de prensa de principios de siglo que me estoy llevando, he corroborado una idea que siempre me ha rondado: lo que los jerifaltes de los medios consideran accesorio es donde reside el espíritu de una época. De un periódico antiguo sólo reconocemos las páginas de atrás, los estrenos de cine, el fox trot y el debate sobre la última novedad literaria, pero lo de la primera página amarillea enseguida. Los debates políticos son incomprensibles pocos años después de haberse producido, y las pasiones que despertaron en su momento mueren con mucha rapidez. Sin embargo, lo que se consideró accesorio y segundón sigue ahí de alguna forma. No realmente, pero sí en nuestra memoria, en la imagen que tenemos de una época. Para mí es todo un alivio saber que dentro de un siglo lo que interesará al husmeador de hemerotecas será el reportaje equivalente al del falso príncipe de Wattenberg y que ese husmeador torcerá el morro cuando lea titulares sobre ácido bórico y pensará, como Obelix: "Estaban locos estos romanos".
16/02/2007 17:50 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Memoria Hay 1 comentario.

DEPREDADORES

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Renfeld es mi personaje favorito de Drácula. Encerrado en el manicomio que el doctor Seward dirige al sur de Londres, es un pobre loco que ejerce de Casandra diabólica. Si le hubieran escuchado, habrían sabido quién era ese terrible Conde y qué se proponía hacer, pero no le hacen caso porque, aunque parezca lúcido y sereno a veces, es un lunático al que no hay que tomar en serio.

Pero Renfeld, además, visto desde un punto de vista ecologista, es la perfecta metáfora de la depredación humana. Su locura consiste en capturar moscas, atrayéndolas con azúcar. Con esas moscas, alimenta a arañas, que a su vez sirven de comida a ratoncitos que, finalmente, son devorados por un gato. Su objetivo, lógicamente, es comerse el gato. Renfeld anota en un cuaderno todas las vidas que contiene cada animal, y su aspiración es quedarse con todas ellas. Si el gato ha comido diez ratones que han comido diez arañas que han comido diez moscas, Renfeld se está comiendo 10.000 vidas de una sola vez. ¿No es eso lo que hacemos todos los días, a mucha mayor escala, cuando pedimos un filete?

A veces parecemos olvidar que el homo sapiens es el más brutal y salvaje depredador que ha existido nunca, y que no puede ser de otra forma. Además, como Renfeld, nos hemos valido de nuestra inteligencia, no de nuestra fuerza -de la que carecemos: somos unos mamíferos enclenques, lentos, torpes y sin cuernos ni zarpas ni colmillos-, para saquear el planeta. Y de nuestro pulgar oponible, que nos pone en una situación de superioridad mayor que la de nuestro hipertrofiado cerebro. Ha sido la propia naturaleza, con su inexorable y casual evolución, la que nos ha armado para servirnos del planeta a placer, acabando con todo lo que no nos interesa y saciándonos de lo que nos gusta. Ha sido la propia naturaleza también la que nos ha dotado de la conciencia necesaria para deplorar nuestra propia condición y, a diferencia del resto de depredadores, sobreponernos al instinto destructor que nos ha mantenido como reyes del planeta todo este tiempo.

¿Podemos cambiar? El movimiento ecologista cree que sí y argumenta que es posible un "desarrollo sostenible" que no agreda al resto de seres vivos que todavía -¿por cuánto tiempo?- comparten planeta con nosotros. Yo no tengo claro que un depredador pueda dejar de depredar por voluntad propia sin que esa decisión equivalga al suicidio. Creo que había una serie muy mala de televisión que fantaseaba con el hecho de que un vampiro renunciaba a asesinar y organizaba de tal forma su vida para obtener sangre de animales y comportarse de forma civilizada y empática con los humanos que le rodean. Hasta Francis Ford Coppola convirtió al despiadado monstruo transilvano de Bram Stocker en un pobre enamorado que puede redimirse mediante ese amor. Paparruchas, como diría Mr. Scrooge.

No niego que la conciencia implica una toma de decisión obligatoria. Lo contrario es hipocresía. Pero me pone malo ver hasta qué punto se banaliza esta cuestión y se erige en torno a ella un circo bienpensante que no sólo no sirve para cambiar nuestra depredación industrial, sino que anula por completo el debate. ¿Cuántas voces se atreven a decir que el protocolo de Kyoto es un cachondeo padre que no sirve absolutamente para nada y que ha creado un mercado de malos humos? ¿A cuánta gente le duele la barriga al ver a un ex vicepresidente de Estados Unidos, que no movió un dedo cuando pudo hacerlo, pavoneándose por medio mundo con una demagogia insultante? ¿Qué nos asusta realmente del cambio climático: las consecuencias para el planeta o para nosotros? Porque si las cosas son como parece que van a ser, los verdaderos afectados por la debacle seremos nosotros, que desapareceremos como especie. Pero el planeta se regenerará. Es aberrantemente antropocéntrico creer que el planeta no puede seguir sin nosotros. Lo hará. Han caído muchas especies antes, y muchas otras lo harán después. Nosotros sólo somos un diminuto eslabón que apenas dejará un mísero rastro de extraños fósiles.

¿Por qué me habré levantado yo así de apocalíptico este domingo? Será el CO2 que he respirado esta noche.

EL LABERINTO

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No había visto hasta anoche El laberinto del fauno (plas, plas, me abofeteo a mí mismo), pero tras haberlo hecho, me reafirmo en mi deseo de que se lleve todos los premios que le dé la gana y reparta sopas con honda a Volver. No por nada, sino por la infame matraca que nos están dando con ese señor manchego perdonavidas y su actriz fetiche (que no recuerdo que me haya emocionado ni transmitido nada en ninguna de sus interpretaciones, dicho sea de paso).

El laberinto del fauno es una película imperfecta, con muchos agujeros, pero que tiene el mérito (enorme) de haber sido realizada sin complejos. No hay en ella reflexión política, histórica ni social. No hay personajes profundos y redondos. Hay indios y vaqueros. Hay tiranos y heroínas. Y hay una niña que se inventa un mundo fantástico, aunque yo hubiera preferido que Guillermo del Toro se hubiera ahorrado aclararme ese punto y me hubiera dejado con una agradable (y esperanzadora) sensación de ambigüedad, con la puerta abierta a la existencia real del mundo del fauno, pero bueno.

Me gusta su aire goyesco, con unas formas que bien podrían haber estado inspiradas en las pinturas negras. Me gusta que la historia transcurra en un pueblo de Aragón y que se haya tenido cuidado en reflejar el dialecto local. Me gusta la fotografía y sus colores apastelados. Me gusta la niña, Ivana Baquero, y Ariadna Gil, y Maribel Verdú, que está sorprendentemente bien para un papel que parecía no irle en absoluto. Me gusta la historia, bien equilibrada entre sus partes real y fantástica, y comedida y poco ambiciosa en su recorrido, sin salirse de los márgenes del cuento (es más difícil contenerse que desbordarse). No me gusta, sin embargo, Sergi López, actor que no soporto y que goza de un prestigio que no me explico, pues caricaturiza a sus personajes o, directamente, no los interpreta. Es más plano que una tabla de planchar, pero en fin, qué se le va a hacer. Tampoco me gusta -y esto ya es manía personal- que Federico Luppi, para una sola frase que tiene en toda la película, sea incapaz de pronunciarla sin acento argentino, cuando todos los demás intérpretes se han esforzado por adaptar su habla a las exigencias del guión. Pero bueno, qué se le va a hacer. Al parecer, el emperador de las profundidades nació en la Boca y su dios es el Pelusa. ¿No se habrá metido la niña en el corralito, en lugar de en el laberinto del fauno?

Pues eso, que espero que este hermoso, inocente y cándido cuento (que no renuncia a un atributo fundamental de los relatos de hadas: la crueldad) le dé un repaso a Almodóvar en ese peculiar Madrid-Barça que van a disputar en los Oscar. Y, si empatan, yo propongo que diriman el resultado en un combate de sumo panza contra panza. Del Toro, con máscara de luchador mexicano, y Almodóvar, con un cántaro de Versace sobre su cabeza.

19/02/2007 12:11 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Cine Hay 5 comentarios.

CAMINO A CASA

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Ha tardado mucho tiempo TVE en abordar el asunto de la emigración española en el siglo XX, y ahora que lo ha hecho no sé si el resultado me termina de convencer. Camino a casa (los lunes, por La 2) es una serie de seis documentales (anoche se emitió el tercero) sobre los españoles que fueron a buscarse las castañas a Argentina, Venezuela, Australia, Bélgica, Brasil, Argelia, Francia y Suiza. La semana pasada devoré el capítulo dedicado a Venezuela, esperando ilusamente encontrar el testimonio de alguno de mis familiares, pero nada. Sólo salieron canarios y gallegos. Madrileños republicanos con alma pícara, ninguno. Aunque a lo mejor sí que entrevistaron a mi tía o a mis primas, pero soltaron tales barbaridades que tuvieron que cortarlas en el montaje. No sería extraño.

En el periódico donde echo las tardes, ha habido varios proyectos para realizar una serie de reportajes similares sobre los emigrantes aragoneses, pero ninguno ha cuajado. Alfonso Zapater realizó algunos trabajos sueltos hace décadas, y matiene contacto con las comunidades aragonesas en Cuba, Venezuela y Argentina. Esos textos sirvieron de base para que Eloy Fernández Clemente y Vicente Pinilla se largaran a principios de esta década por Cuba, Argentina y Venezuela para confeccionar su monumental y fundamental obra Los aragoneses en América (siglos XIX y XX), en dos tomos editados por el Gobierno de Aragón. Hasta la fecha, es la obra de referencia sobre el tema y el punto de partida inexcusable para cualquier buen reportaje sobre la emigración americana.

Me encanta la odisea migratoria. En Nueva York, me quedé pasmado en la impresionante isla de Ellis, hediondo y grandilocuente recibidor de las hordas de italianos, irlandeses, polacos y judíos que construyeron Estados Unidos. En Buenos Aires, la imaginación se me desbocó en los muelles del viejo puerto donde se producían idénticas escenas. En Mérida, en el Yucatán mexicano, coincidimos por casualidad en un café con un anciano que dijo ser el presidente de la Casa de España, y conocía a la pequeña colonia española de la ciudad, dividida todavía entre franquistas y republicanos. Me gusta el argentino Juan Filloy cuando habla de crueles estancieros de rancio abolengo británico con braceros que hablan italiano y se emborrachan en polaco. ¿Y cómo no emocionarse ante la estampa del niño Vito Corleone, sentado junto a la ventana de su habitación en la isla de Ellis, con la estatua de la Libertad al fondo, y cantando una canción siciliana? Creo que las oleadas migratorias a América son la gran epopeya de la época moderna, mayor incluso que la de las grandes batallas y los grandes muertos.

Pero en España apenas le hemos sacado provecho al asunto, pese a haber sido un rico exportador de almas y de manos dispuestas a currar hasta la extenuación. En Cataluña, Euskadi y Galicia sí que han explotado ese material a placer. TV3 hace tiempo que produce una excelente serie llamada Afers exteriors, sobre los catalanes instalados en los lugares más lejanos del planeta. ETB tiene un canal, el Canal Vasco, en castellano y euskera, que emite para las comunidades vascas en América. Y TVG ha hecho infinidad de guiños y programas sobre los millones de gallegos que hay por el mundo, casi tantos como los que hay en Galicia. Pero TVE se había quedado en Juanito Valderrama y en Lo verde empieza en los Pirineos. La serie Camino a casa salda una vieja deuda, pero lo hace de forma un tanto precipitada. Echo de menos un narrador que vertebre cada episodio y una mayor profundización en las historias que se cuentan. Se ha planteado como una sucesión de testimonios bien escogidos y bien montados, pero que dan la sensación de que no terminan de relatar las cosas bien.

Supongo que el (pretendidamente) contenido presupuesto de Aragón Televisión no permitirá estos desmanes, pero si yo tuviera una productora, ya habría registrado la idea y estaría acosando al director general de la Corporación Aragonesa de Radio y Televisión para que soltara la guita necesaria para llevarse un par de cámaras y dos redactores por aquel querido continente. ¿Cogen la indirecta? El tiempo apremia, si quieren grabar los testimonios de los que quedan vivos.

PS: Sé que últimamente sólo respondo esporádicamente a vuestros comentarios. Mil perdones, pero mi ritmo de frenesí actual no me permite estar muy participativo, aunque os puedo garantizar que leo todos y cada uno de ellos, aunque sea un desagradable y no incentive el debate. Espero que las cosas cambien pronto. Gracias.

Foto: inmigrantes en la isla de Ellis.

20/02/2007 01:54 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Memoria Hay 4 comentarios.

MARCHA FÚNEBRE

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Columna publicada el viernes 9 de febrero en el suplemento MVT de Heraldo. 

Hay dos matracas que uno está condenado a escuchar a lo largo de su vida. Una, en las bodas y fiestas familiares, es la letanía constante de la abuela, con distintas variantes según se trate de un bautizo ("a ver si vivo lo bastante como para ver su comunión"), una comunión ("a ver si vivo lo bastante como para ver su boda") o una boda ("a ver si vivo lo bastante como para ver el bautizo de su hijo"). La segunda matraca, tan machacona como ésta, se lee y se escucha en la pluma y la boca de los más sagaces y reiterativos "coolhunters": "El rock ha muerto". A lo que siempre responde alguien: "¡Viva el rock!".

A mí, esta muerte me sonaba tan increíble como la que machaconamente profetiza la abuela en los saraos familiares. Y, así como la abuela, lejos de morirse, va enterrando a sus hermanos, hijos y sobrinos ("a ver si vivo lo bastante como para asistir al funeral de Fulanito"), el rock ya ha visto desfilar por el cementerio de las tendencias a algún que otro vástago. Aunque no hay que engañarse: llegará el día en que la abuela fenecerá, y los herederos descubrirán con horror que toda su herencia son deudas. También al rock le llegará un día su verdadero San Martín. Quizá, de hecho, le ha alcanzado ya el filo de la guadaña, porque la noticia que acabo de leer me suena a marcha fúnebre.

Las autoridades de Reino Unidos quieren convertir el rock en leitmotiv turístico, con rutas, guías, azafatas y touroperadores especializados. Lo han lanzado en la página web institucional "visitbritain.com", donde ofrecen viajes y excursiones a The Cavern de Liverpool o a los estudios de Abbey Road.

No descubren el Mediterráneo, claro. Yo soy uno de esos millones de flipados transeúntes que ha viajado a Londres y a Nueva York con el solo objetivo de retratarse en ese hotel donde Jimi holgaba, o en ese bar donde Bob emborronaba partituras, o en ese edificio que aparece en la portada de aquel disco. Es lógico que busquen sacar tajada financiera de nuestras peregrinaciones laicas, pero el hecho de que hayan decidido ponerse a ello indica que el rock ha muerto, ya que lo tratan con honores turísticos de finado ilustre.

Alégrense, "coolhunters": sus plegarias han sido escuchadas al fin.

21/02/2007 12:44 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Música Hay 4 comentarios.

NADIE ME QUITA MIS VACACIONES EN CASTELLÓN

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Olé sus huevos. Los de Aguilé y los de la Diputación Provincial de Castellón. Y los de la provincia entera, ¿por qué no? La mare que els ha parit. La verdad es que me han dejado sin palabras, y eso que creía haber visto de todo en Castellón, pero lo de Luis Aguilé cantando "Yo con mi chica que es un amor / me voy corriendo a Marina d'Or. / Nadie me quita mis vacaciones en Castellón" bate una nueva marca. Olé, olé y olé.

Viví un año allí y no lo pasé del todo mal. Viví con gente estupenda, trabajé (como un berraco) con alguna gente muy estupenda y engordé a gusto con los mejores arroces a banda que me he enfundado en la vida. Pero chicos, aunque Zaragoza no tenga mar y haya que llevar bufanda y gorro contra el cierzo, a mí Luis Aguilé no me lleva al huerto, que me conozco el percal.

Así que, con permiso del capo Fabra, presidente "corruptus in extremis" de la Diputación Provincial de Castellón, voy a hacer la anticampaña de Aguilé.

Sólo un detalle. Cuando trabajaba allí, hacía poco que acababan de retirar el estatuto de espacio natural protegido a un paraje cercano al Desert de les Palmes. El objetivo de cargarse ese estatuto era poder construir una simpática autovía de nosecuantos carriles para que los veraneantes de Marina d'Or no tengan que esperar en incómodas retenciones sobre pintorescas carreteras. Daba la casualidad de que el paraje en cuestión era de los pocos lugares semivírgenes de la zona, con una especie de caracol (creo que era un caracol, ahora no recuerdo bien) autóctona y única en el mundo. La especie probablemente se habrá extinguido ya a estas alturas. Bueno, a lo que íbamos. El asunto es que unos pocos locos decidieron que ya estaba bien de autopistas y rascacielos y se plantaron en el lugar con el objetivo de parar las obras. Lógicamente, allá que me fui a hacerles el reportaje de rigor. Compartí con ellos su vivencia, el mal trago y el acoso infame que estaban sufriendo. Redacté el reportaje, lo publiqué en el suplemento dominical y, ese mismo lunes por la mañana: ¡tachán! La Guardia Civil, sin que mediara disposición judicial de por medio (estaban pendientes de una sentencia), les desalojó a hostia limpia y las obras empezaron esa misma tarde. Así, por las buenas. Así las gasta la mafia de esa provincia, que se pasa por el forro las disposiciones judiciales y todo lo que se le ponga por delante.

La amargura y la impotencia fueron sentimientos muy comunes en el tiempo que viví allí. Esto es sólo un mínimo ejemplo, porque me cansé de repetir el gesto de llevarme las manos a la cabeza. Sólo en Nápoles he vuelto a ver una mafia tan insolente, tan segura de sí misma y tan metida en el sistema vital de la sociedad. Ha caído Marbella, pero Castellón aguanta -pese a que los sumarios judiciales se acumulan en los estantes de los juzgados- porque está mucho más podrido. Hay más estómagos agradecidos.

Así que nada, a bailotear en Marina d'Or con Luis Aguilé, chavales.

24/02/2007 13:51 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Actualidad Hay 1 comentario.

PARIS, JE T'AIME / I LOVE YOU, PARIS

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Será que quedan menos de dos semanas para que callejee embobado por el Marais y arrastre mis pies por el Museé d'Orsai en una inminente y ansiada escapada a París, pero hoy he visto Paris, je t'aime y me he reconciliado con el mundo. 20 pequeños cuentos dirigidos por otros tantos directores y con unos actores impresionantes. Es un regalito para cinéfilos y pariséfilos. 20 historias de amor y desamor. 20 historias ambientadas cada una en un barrio distinto. Ya digo que lo mismo estoy sugestionado porque dentro de unos días estaré aterrizando en el aeropuerto Charles de Gaulle y todo lo que huele a París me toca la fibra. Será que el espíritu de Cortázar vuelve a poseerme después de haberme abandonado como un mal desodorante. Será lo que sea, pero la peli me ha molado un huevo.

Como en todas las obras colectivas, lo que menos importa es que el conjunto sea homogéneo. En esos 20 cuentos los hay sublimes, brillantes, buenos, correctillos, flojos, malos, muy malos, pésimos y aborrecibles. Todas las escalas del gusto y de la sensibilidad cinematográficas están representadas en Paris, je t'aime, donde cada director ha querido dejar bien marcada su huella, para que los espectadores reconozcamos en cada pieza esa maravilla inaprensible llamada estilo, que es algo así como el sabor del cocido de tu madre o la caída de ojos de esa chica que se te mete en el tuétano.

Menudo reparto, por cierto: Natalie Portman, Nick Nolte, Steve Buscemi, Juliette Binoche, Willem Dafoe, Elijah Wood, Leonor Watling... Un buen porrón de caras amadas en apariciones fugaces, como si fueran encuentros de una noche que se desvanecen sin dejar siquiera un aroma. De las 20 historias, hay tres o cuatro horribles, pero mencionaré las que más cerca se han quedado del espíritu cortazariano que entra por la Galerie Vivienne y sale por el pasaje Güemes de la calle Florida de Buenos Aires.

Muy divertido el segmento que dirigen los hermanos Coen con Steve Buscemi en la estación de metro de Tuileries. Decadentemente teatral el diálogo entre Gena Rowlands y Ben Gazarra dirigido por Gérard Depardieu. Vinzenzo Natali narra sin palabras un bello cuento de vampiros gótico-poético, muy Poe, con Elijah Wood de prota. Wes Craven e Isabel Coixet están muy flojos en sus dos turnos, y hay dos directores, Christopher Doyle y Sylvain Chormet, que directamente merecerían ser abofeteados por hacernos perder el tiempo con sus moderneces pretenciosas de anuncio de colonia, pero hay dos historias sencillitas, pequeñitas y poderosísimas, que me han tocado la fibra. Una es la realizada por Walter Salles (Diarios de motocicleta) e interpretada por una sublime y dulce colombiana llamada Catalina Sandino (la admirada prota de María llena eres de gracia). La otra historia la firma Alexander Payne y la protagoniza Margo Martindale, que hace de una turista yanqui despistada en París que experimenta una epifanía y no sabe cómo describir su sentimiento. Sólo por esos dos trocitos, ya merece la pena ir a ver Paris, je t'aime, pero de verdad que hay muchas otras razones. Es un regalito maravilloso que quizá sólo peca de ofrecer una visión excesivamente estadounidense de París, redundando en los tópicos fácilmente asimilables por una audiencia cursi de centro comercial. Quizá por eso le iría mejor el título I love you, Paris. Pero es un pecadillo menor.

PS: He dicho que Paris, je t'aime me ha reconciliado con el mundo, y eso que he vivido un episodio en la sala que bien podría haber alimentado mi misantropía. Las primeras historias avanzaban y dos matrimonios de septuagenarios sentados detrás de nosotros no paraban de hablar en voz alta, como si estuviesen en un bar. Les he chistado varias veces sin éxito, y en una de estas, una de las señoras se ha indignado y ha exclamado: "A ver si no vamos a poder ni hablar". Me ha descolocado por completo y he estado a punto de decirle que a mí, si me chistan en el cine, me muero de la vergüenza y me callo, pero no me pongo gallito encima. Quizá hubiera añadido que, ya que yo cotizo y ellos no, y por tanto estoy pagando mi entrada y la suya, podían callarse en nombre de la Seguridad Social, pero no dije nada de eso, claro. Yo creía que ya se había zanjado el asunto, pero los niños de 70 años que tenía detrás no estaban dispuestos a que yo quedara por encima, así que me han llamado cabezón y me han empezado a hacer pedorretas. He flipado tanto que no sabía si reírme, liarme a guantazos con ellos o hacer campaña pro eutanasia para la tercera edad. Bueno, pues Paris, je t'aime es tan buena, que ni ese pequeño incidente me ha amargado la noche ni me ha quitado la sonrisa que llevo puesta mientras escribo esto. Pero hay que ver cómo está el mundo geriátrico, chavales. Intratables, oigan, intratables. Les sueltas una semana con el Imserso en Benidorm y se te suben a la chepa.

Foto: Natalie Portman. Próximamente, engrosará la galería de mitos eróticos del blog.

26/02/2007 00:11 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Cine Hay 7 comentarios.

LA RETAGUARDIA DE LA VANGUARDIA

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Gran hallazgo el de Oti Rodríguez Marchante en la "tercera" del ABC (inciso: qué tiempos estos que vivimos, en los que ya no te dice nada eso de la "tercera del ABC". Creo que pertenezco a la última generación de periodistas que ha sido educada en el temor de Dios y en el temor a la "tercera del ABC", el último carpetovetonismo patrio. Se imaginaba uno que quien escribía en semejante podio lo hacía en cuartillas, vestido con frac y con un cóctel de Chicote y una foto de Celia Gámez sobre el escritorio). Bueno, pues Rodríguez Marchante, uno de los tipos que más sabe de cine en este país, hablaba del triunfo de Scorsese en los Oscar y de esa cosa tan subjetiva llamada reconocimiento, que no suele prodigarse al gusto de nadie. Para gustos, los colores, viene a decir Rodríguez Marchante, pero si se debate tanto sobre la validez o la invalidez de Scorsese y de otros gigantes como Eastwood es porque son creadores que pertenecen a "la retaguardia de la vanguardia". Un gran hallazgo conceptual que puede explicar muchas cosas.

Qué bonito es ser la retaguardia de la vanguardia. Ése es el puesto de los grandes generales, de los estrategas que planifican la batalla escuchando de lejos las explosiones y mirando la trinchera con prismáticos. Estar en la retaguardia de la vanguardia significa que tu presencia causa admiración e irritación al tiempo. Significa que tu obra ya tiene discípulos, pero todavía está a medio hacer, y los discípulos quisieran ir más allá, pero no pueden porque el maestro sigue pergeñando cosas y ellos no pueden quitar los ojos de las novedades.

Me gusta ver a estos hombres canosos, curtidos en mil refriegas, que no se resignan, que siguen ahí, contando historias sin atisbar el final ni la plenitud de su trabajo. Que siguen equivocándose, que siguen tropezándose con torpeza de principiante y se meten en berenjenales homéricos donde pueden perder un prestigio de décadas. Hace tiempo que dejaron de tener que demostrar nada, pero ellos siguen erre que erre, probándose a sí mismos, retorciendo y forzando sus estilos y sus mundos. ¿Quién ha obligado a Clint Eastwood a embarcarse en esos dos peliculones titánicos? ¿Por qué Scorsese anda siempre detrás de una nueva vuelta de tuerca a sus bajos fondos, a la traición de los solitarios? Ni el ego ni el dinero ni la fama explican que vuelvan a la carga una y otra vez en lugar de quedarse en casa a cuidar de los nietos. Están intoxicados por el veneno de los verdaderos creadores.

Un amigo lamentaba siempre que, a diferencia de los compositores de música culta, los de la música popular, salvo casos muy muy muy raros, se agotan enseguida. Ningún grupo aguanta fresco más de diez años. O mueres joven, o te conviertes en tu propia caricatura. Agotarse y no saber que te has agotado es un drama espantoso. A nadie le gusta ser una Norma Desmond cualquiera paseando por los pasillos polvorientos de una mansión donde una vez bailó Rodolfo Valentino. Sin embargo, quienes no se agotan y siguen ahí, molestan a los que vienen por detrás, que perciben el desparrame creativo de los mayores como un lastre que va a retrasar su florecimiento. O a marchitarlo. A nadie le gusta que el abuelo siga ligando y vuelva a casa a las tantas, ¿no? Si los abuelos deben contar batallitas junto al fuego y dejarse de vivir el día a día, los maestros deben enseñar lo que saben en amenas conferencias y dejar de seguir asumiendo retos. A todos nos chirrían los ancianos que viven en presente y no en pretérito, pero yo los prefiero a los que manifiestan su senilidad volviendo a la guardería y haciendo pedorretas en el cine.

La retaguardia de la vanguardia. Gran hallazgo, sí señor.

28/02/2007 00:03 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Cine Hay 5 comentarios.