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Resumen

ZAPING LATINO

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Zapeo impagable por un rincón de mi operador de cable que nunca frecuento: los canales latinoamericanos, un mundo de sensaciones que nos confirma que hay muchas cosas que no son dignas de admiración en el continente de Cortázar y de Rulfo. En resumen, ésta es la fórmula para acercarse a la América hermana: literatura y comida, sí; tele y parásitos intestinales, no.

No recibo las mexicanas, lo cual es una pena, porque en México me hice fan del sensacional concurso Cien mexicanos dijeron, con el impagable presentador ¡Marco Antonioooooooooo Regilllllll!, que parece un calco (mejorado) de nuestro Larrodera. Tampoco veo Univisión, fastuoso canal de hispanos en Nueva York donde todos los anuncios son de: "Aprenda inglés en cinco días para mejorar en su empleo o acceder a una colocasión mejor". Una pena, pero tengo otras joyas un poco más aburridas.

Caracol TV, colombiana con participación del grupo Prisa de por medio, es la mejor en cuanto a calidad de las producciones. Hechas con dinero, lujo y colombianas cañón en el papel protagonista de las principales novelas. Con algunos desnudos parciales de espaldas y todo. ¿Lo malo? Que es muy aburrida la constante sucesión de culebrones didácticos con políticos incorruptibles y sus abnegadas esposas de pechos operados. Si yo fuera un sicario, no me iban a redimir con esas fábulas.

Si uno quisiera hacerse una idea de cómo es Venezuela viendo Venevisión, concluiría que Venezuela es ese país de mujeres morenas, esbeltas, de interminable y sedosa melena y piernas larguísimas que se pasan la vida platicando en enormes sofás con galansotes y estrellas emergentes del reggeaton. Ni Chávez, ni Aló presidente, ni villas miseria. Aquí todo es ideal, salvo los concursos de talentos, que dejan pequeño a nuestro histórico Semáforo en cuanto a frikismo y sordidez, con chillones imitadores de Cantinflas y niños que se tiran pedos con el sobaco.

De Ecuavisa y Ecua TV sólo decir que, tras echarles un vistazo, comprendo que los ecuatorianos salgan en estampida de su país. Si ésa es la televisión más presentable y exportable del país andino, es que verdaderamente las cosas están muy malitas allá. Canal 44 o cualquier tele evangelista de Móstoles le da mil vueltas en estética, en producción y en ambición a la tele ecuatoriana. Una pena, de verdad. Es tan triste que hasta da cosa reírse. La estrella de Ecuavisa es un señor con un grave problema de sobrepeso que todavía no ha comprendido que si grita mucho a un dedo del micrófono, se distorsiona la voz y no se le oye un carajo. Aunque, total, para lo que estará diciendo, lo mismo da que no le oigamos.

Un poquito mejor (pero sólo un poquito) es Chile TV, donde parecen querer decirnos que, pese a que el país se ha modernizado y su economía va de puta madre, ellos siguen vistiéndose con la ropa heredada de sus primos. ¿Para qué gastar en vestuario si con un jersey con coderas solucionamos la papeleta? Son informales, digámoslo así. Como de andar por casa. Menos mal que las tramas de las telenovelas están a la altura del atrezzo, que si no... El otro día pillé una en la que unos amigos hacían una sesión de espiritismo, y lo que más miedo daba era el bigotito de pederasta que gataba el prota.

Mi favorita, en cualquier caso, es Cubavisión, el canal donde nunca pasa nada y la felicidad socialista es eterna. Sus producciones de ficción más recientes datan de los años 70, y narran las hazañas de un coronel cubano en Angola o las heroicas incursiones guerrilleras de unos tíos barbudos en una selva llena de imperialistas. Reconozcámoslo: estas son tramas que podrían estar bien si las rodara Spielberg con una buena millonada de presupuesto, pero que cuando las coge el camarada Oswaldo con una cuenta de gastos de cinco pesos y un plato de arroz con pollo, la cosa queda un poco deslucida. Vamos, que se nota que la terrible explosión no es más que un petardo de los que venden en las papelerías y que el temible ejército imperialista no son más que cinco gansos con palos que simulan rifles.

Tengo también un canal argentino, pero ese no cuenta porque es temático. Se llama Utilísima y es como una revista femenina televisiva, con programas sobre decoración, belleza y cocina. Un coñazo con acento porteño, créanme.

En fin, señores del cable, que estas ya me las sé. Espero ansioso las novedades catódicas de Belice, Trinidad y Tobago y la Guayana holandesa. Así que, si me hacen el favor de incluírmelas en el pack, les quedaría muy agradecido.

Foto: el gran Marco Antonio Regil, un ídolo de masas en México y Estados Unidos.

01/03/2007 02:31 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión Hay 9 comentarios.

ESCRIBIR DE VERDAD

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El otro día, haciendo un reportaje, uno de los reportajeados era un chaval que estaba estudiando Filosofía. Nos caímos bien (siempre me caen bien los que estudian Filosofía: será algo freudiano de sueños frustrados que ves realizados en otros, qué sé yo) y estuvimos charlando un ratito al margen de la minientrevista. "Me gustaría estudiar Periodismo -me confiesa-, pero la matrícula de la San Jorge (Universidad privada de Zaragoza: hoy por hoy, única posibilidad de estudiar periodismo en Aragón) es tan tan tan cara...". Se me queda mirando, como aguardando consejo, y yo pongo cara de póquer. ¿Qué le voy a decir? Me incomodo mucho siempre que alguien acude a pedir consejos de este tipo. ¿Y qué sé yo en qué debe invertir su dinero y su tiempo la gente? Yo eludo, pero él sigue:

-Porque a mí, lo que me gusta es escribir, y quiero dedicarme a eso. ¿Cómo lo ves?

El tipo quiere tirarme de la lengua, y cualquiera que me conozca un poco sabe que mi peculiar opinión sobre el periodismo y los periodistas como yo no está recogida en los manuales de Santillana ni se puede ir soltando por ahí alegremente. En cualquier caso, avanzo tímidamente:

-Hombre, si te gusta escribir... El periodismo es una buena escuela de escritura. Te fogueas y te salen callos en los dedos. Tienes que resolver problemas de estilo complicados en muy poco tiempo, y tener el culo pelado es bueno para cualquier oficio.

-Ya, claro... Pero es que... Escribir en un periódico o en una revista... -dice poniendo cara de asco-. Yo me refiero a escribir de verdad.

Estoy tentado de hacerle ver la paradoja (al fin y al cabo, el chico estudia Filosofía y entiende de estas cosas) de que está pidiendo consejo a alguien a quien considera intelectualmente inferior, a un periodistilla incapaz de "escribir de verdad". Y los consejos sólo se piden a quien respetas y valoras. Pero paso. No estoy ofendido, sólo divertido, y todavía tengo muchas lineas que escribir en el submundo del periódico, así que no puedo perder el tiempo con discusiones tontas (con lo que a mí me gustan las discusiones tontas).

Una mujer a la que admiré mucho, y de la que algún día escribiré, tampoco entendía por qué perdía mi tiempo en algo tan instrumental y decadente como el periodismo, que ella situaba en lo más mísero de los submundos del intelecto. "Si es por comer, se puede comer con cualquier otra cosa", me decía. No entendía que alguien con quien podía hablar de cine expresionista alemán o de las corrientes del liberalismo se dedicara a hacer "gacetillas". Mi propio compañero M. me advierte machaconamente de que esta profesión asesinará cualquier destello de talento que todavía quede en mí, si es que queda alguno. Otros insinúan que pierdo el tiempo haciendo reportajes sobre chorradas y que debería abordar temas más serios. El caso es que la norma general es tomar a chirigota la profesión que uno ejerce con variable entusiasmo según los meses. Y cuando hablan dos segundos contigo y comprueban que no eres oligofrénico, que puedes pronunciar oraciones subordinadas con fluidez y que has leído algo más que la serie naranja del Barco de Vapor, no entienden nada. Se les cae la imagen del periodista débil mental que tienen en la cabeza.

Antes, aún entraba al trapo, pero ya paso. Es una de las ventajas de la experiencia -que tampoco tiene muchas más: los otros aportes de la experiencia son enfermedades profesionales y hábitos malsanos-. He visto ya a unos cuantos titanes del intelecto caer desmoronados ante una colaboración periodística. He rehecho demasiados textos de eminencias que creían que escribir "en los papeles" era pan comido, un pasatiempo menor, pero que han sido incapaces de hilvanar dos párrafos con un poco de chicha e interés. Ya lo dice un muy admirado compi (y amigo): "Nada es fácil". Sólo la presunción y la altivez lo son. Pero esas cosas, en la gente inteligente, se suelen curar.

Porque, a decir verdad, yo sólo me siento inútil cuando veo que no puedo aportar nada práctico a mi entorno. Mi cuñado es fontanero y nos arregla los grifos. Michel fue mecánico y sabe hacer cualquier cosa que requiera una herramienta. Mi hermano me saca de embrollos informáticos cuando mi ordenador se vuelve incomprensible. Los amigos economistas nos ayudan con la temida declaración de la renta. Pero yo, que sólo sé escribir, y ni siquiera sé escribir de verdad, ¿qué hago? ¿Redacto cartas de amor a un ágrafo desesperado? Cuando había analfabetismo, aún podía resultar útil, pero en estos tiempos...

En fin, que da mucho gusto sentirse inútil y que nadie entienda lo que haces en la vida ni te pida favores. Sólo aspiro a alcanzar mayores niveles de inutilidad, hasta llegar a la inutilidad absoluta, hasta que me sea completamente imposible explicarle a un funcionario en qué invierto mi tiempo.

EL ESCRITOR, ESE PRINGAO

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Me parece que algunos han tomado por lamentos lo que en el anterior post no eran más que comentarios cogidos al vuelo. Me habré expresado mal, qué se le va a hacer. Pero como veo que el tema de la inutilidad de la escritura -en general, cualquier escritura que no sea la jurídica- da de sí, avanzo algunos apuntes más. Pero, por favor, que no se lean como un memorial de agravios. Sólo quiero poner en evidencia algunas absurdeces del mundo en que vivimos, donde se da la paradoja de que los escritores son leídos y admirados, pero su oficio no se entiende.

Rafael Reig, en su libro Manual de literatura para caníbales, que ya fue reseñado en su día en este blog, anticipa un futuro en el que el "autor" literario será suprimido por una cadena de montaje altamente especializada (lo hace jocosamente, aclaro). Es el sueño de cualquier editor: suprimir al autor. Como el sueño de todo buen patrón es suprimir a los obreros.

Un reciente ensayo francés establece, con datos contrastados, que el escritor de libros es el más pringao de los pringaos: él está en la base de la pirámide. Sin escritor, no hay libro que valga. Ni industria editorial, claro. A veces se olvida que los lectores lo que quieren es leer lo que alguien ha escrito, y que rellenar esas hojas cuesta trabajo. Él está en la génesis y la base de un negocio que alimenta a editores, impresores, encuadernadores, agentes literarios, empresas de cátering, distribuidores y libreros. Todos esos profesionales viven del libro, y algunos viven muy holgadamente, pero el escritor rara vez puede vivir de su libro (a no ser que sea un megasuperventas) y tiene que mendigar su manutención escribiendo en periódicos o dando clases por ahí. Esta situación no la sufren ni los directores de cine ni los creadores de otras industrias culturales equivalentes: los músicos y los cineastas, por ejemplo, se ganan su parné holgadamente. Y eso que la música y el cine requieren una inversión previa en infraestructuras y materiales que no pide la literatura.

Según me contó un pajarito, la profesión de escritor en España está regulada con el culo. Es fácil ser un periodista autónomo, pero ser un escritor autónomo implica pelearte con todos los funcionarios de la Agencia Tributaria, que no saben qué régimen fiscal tienen que aplicar ni cómo se cobran los trabajos. Los escritores autónomos están encuadrados en el mismo apartado que los banderilleros, y algún lumbreras estableció que para solicitar ese régimen laboral, debes acreditar haber escrito al menos cinco libros. Ni más ni menos. Según esto, Juan Rulfo no podría ser escritor.

¿Y esos escritores que ni siquiera merecen el título de escritores? Al menos, en español, porque en inglés sí que se les llama "writers": los guionistas de cine. Estoy leyendo ahora las memorias de Budd Schulberg (De cine. Memorias de un príncipe de Hollywood, en la ya imprescindible editorial Acantilado), donde relata cómo nació el oficio de guionista, ya que lo creó su padre en los orígenes del cine. Pues bien, nadie entendía por qué alguien tenía que cobrar por hacer un guión de la peli, y por nadie me refiero a los productores. Les costó mucho trabajo hacerse valer, y todavía en los años 90 del siglo XX, Robert Altman ironizaba en El juego de Hollywood sobre un novedoso ejecutivo que pretende suprimir a los guionistas, porque "eso lo hace cualquiera". Es curioso, sin embargo, que uno de los grandes personajes del cine sea Joe Gillis, el guionista fracasado que interpretó William Holden en Sunset Boulevard.

Después de todo esto (y lo que no se cuenta), si tu hijo dice que quiere ser escritor, ¿qué le respondes?

-¡Le corto los güevos!

Pos eso.

LA LOLES CHOCHEA

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Cuando algo se pone de que no, es de que no. Lo tengo comprobado. Cuando Paul Auster sacó su último librito, Viajes por el Scriptorium, lo compré y lo puse en la pila de lecturas pendientes, pero creo que lo voy a retirar de allí y lo voy a poner en la biblioteca sin ni siquiera abrirlo. Primero fue un crítico amiguete que publicó en prensa una reseña muy poco complaciente. Le escribí un mail preguntándole qué le había hecho el pobre Paul para merecer ese trato, y la respuesta, que no podría publicarse en ningún suplemento literario, fue: "En serio, es malo de cojones".

Aunque me fío de su criterio, no desistí, y confié en que hubiera algo de animadversión hacia la literatura de Auster en esa reacción. Pero parece que no era así. Todas las reseñas que me encontraba, algunas firmadas por apesadumbrados fans, coincidían en el juicio de que "es malo de cojones". Lo expresaban con diverso grado de eufemismo, pero ningún crítico ha escondido el mensaje implícito de "Ya te vale, Pablito, que a estas alturas nos salgas con estas". Pero ni aún así lograron que retirara el librito de Anagrama de la pila de lecturas pendientes. Hasta que lo cogió Cristina -que es mucho más austeriana que yo-, que se lo merendó en una tarde y me confirmó lo que ya sabía: "Es una bazofia mayúscula. La nada absoluta, qué pérdida de tiempo". Pues nada, si os ponéis así todos, leeré otra cosa. Algo de porno japonés o el programa electoral de Familia y Vida.

Cuando un escritor maduro empieza a hablar de putas tristes o saca en procesión a los personajes de hace 20 años sin contar ninguna historia, sólo por el gusto de sacarlos a pasear como si fueran perros, me acuerdo siempre de una mítica portada de El Jueves de 1977, al poco de legalizarse el PCE. En ella sale la Pasionaria sobre un títular que dice: "Pánico en el PCE: la Loles chochea", y la señá Dolores gritando, bastón en ristre: "Carrillo, fachuzo".

Y hablando de escritores, más que maduros, revenidos. Al comandante García Márquez le va a subir el colesterol con tanta celebración y tanta efeméride de muerto en vida. 500.000 ejemplares de la edición conmemorativa de Cien años de soledad, un libro desconocido del que nunca se ha hablado y que ahora sale a la luz. Como nos sofronicen con el colombiano de la misma forma que nos dieron la matraca con el Quijote, vamos listos. Por cierto, ahora resulta que fue García Márquez el que se inventó el realismo mágico, según cuentan en todos las crónicas. A lo mejor también descubrió la electricidad y el ferrocarril, pero todavía no se han añadido a su lista de logros. El pobre Jorge Volpi ha salido diciendo, aprovechando que el Pisuerga pasa por Macondo, que el monopolio de García Márquez ha ensombrecido otras corrientes y otros autores que no se han descubierto hasta hace poco. Otros se llevan las manos a la cabeza preguntándose en qué momento un escritor correcto, con algún destello de brillantez, se convirtió en un genio universal. Yo no diría tanto, pero sí que es verdad que de los Cuatro Magníficos del boom (Cortázar, Fuentes, Vargas Llosa y García Márquez) es el que menos me interesa, el que menos emociones ha despertado en mí. Pero yo es que soy un poco rarito, no me hagáis caso. Quien sí me interesa mucho es su hijo, Rodrigo García, un director más que interesante que ha realizado un porrón de capítulos de Los Soprano.

07/03/2007 12:12 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Literatura Hay 13 comentarios.

GUIONISTAS LOBOTOMIZADOS

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Me gusta demasiado la tele como para perder el tiempo viendo Los Serrano, pero la muerte de Belén Rueda no me la quería perder. Llegué muy tarde (cosas de mi curro, que me tiene encadenado a deshoras) y sólo alcancé a ver los últimos 20 minutos del episodio. Suficientes. De sobra, de hecho. Podía haberme ahorrado 19 de esos 20 y habría saciado mi curiosidad igual. Me pertreché de un bol de Frosties de Kellogg's (poderosa energía) y, empuñando una cuchara, esperé con placer de sádico el fatal desenlace. Dios, dios, que la destripen con un cuchillo jamonero y que sirvan sus vísceras como tapitas en el bar. O que la degüellen con el filo de un CD del grupito que montaron los pequeños monstruos de la serie. O con un DVD de la primera temporada. O que caiga intoxicada por un esputo de Jiménez Losantos. ¡Venga, vamos, el pueblo pide sangre!, clamaba desde mi democrática poltrona, llenando la pantalla de copos de Frosties de Kellogg's (poderosa energía).

Mira que hay formas de matar. Y sin salir de España, que por aquí se mata mucho y con talento. Pues nada, los guionistas de Los Serrano no se enteran. ¿Cuánta pasta se levantarán al mes por no pensar? Después de tanta espera, Belén Rueda sale de plano y, acto seguido, se oye un frenazo y ¡crash! Los personajes se vuelven con una cara de susto con la que no hubieran aprobado primero de Interpretación en la escuela de teatro del Centro Cultural de Valderrobres y yatá. Luego se aparece en plan fantasma diciéndole a un Resines que huele a Oscar y a jamón rancio lo mucho que le ha querido y bla, bla, bla. Vamos, que mis diástoles y sístoles ni se inmutaron. ¡Que me devuelvan el dinero!, empecé a gritar. ¿Es que ni siquiera vamos a verla desmembrada en la cuneta?

Me imagino cómo fue el asunto. El guionista termina el episodio, lo imprime y se lo pasa al director, que hojea el final y dice:

-Oye, pero, ¿no era en este capítulo cuando matábamos a Belén Rueda? Es que no encuentro la secuencia por ningún sitio.
-Hostia... -diría el guionista-. Es verdad. Joder, es que ayer nos dieron las tantas con unas tordas en el Tropicana y se nos ha ido la perola mazo. Tengo una resaca... Joder, qué cabeza, ya no me acordaba de que la diñaba la piba esta.
-Pues habrá que reescribirlo.
-Uy, reescribirlo, dice. Con el embolao que tengo, que todavía tengo que terminar la secuela de Verano Azul. ¿Tienes un boli? Si esto te lo apaño yo en un momentico de na. Déjame la espalda pa' apoyarme, que te escribo la muerte de la tronca en este posavasos. ¿Atropellar es con "ll" o con "y"? Bah, qué más da, si es tele y no lo van a leer. Hala, ya lo tienes. Listo pa rodar. Me voy a echar unas cañas, ¿te vienes?

Y si no fue así, peor me lo ponen. En serio, ¿con cuántas lobotomías consigues ser guionista de Globomedia? O director general, vaya. Porque por el sueldazo que ganan, yo me hago una lobotomización frontal con el pico de la cama y echo el currículum mañana mismo.

PS: Chers amis, este blog va a estar irregularmente activo durante los próximos días. El sábado estaré volando a París, y puede que, cegado por su luz y por sus precios, me olvide algún día de actualizar este garito. En cualquier caso, y si las redes wifi lo permiten, mandaré algún parrafito con el portátil desde la Place de la Republique, mientras bebo un pozal de café au lait y me solazo con la mugre del Marais. Bonne chance, monsieurs et dames!

09/03/2007 01:14 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión Hay 12 comentarios.

LA CONQUISTA DE SAINT GERMAIN DES PRÉS

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Si hay algo que me saca de mis casillas es que los camareros y los dependientes se dirijan a mí en inglés cuando me oyen hablar castellano. ¿Presuponen que un extranjero no puede entender ni hablar la misma lengua que ellos? Mira que es grande Francia, pero esto sólo me pasa en París, justificando la fama de metepatas, presuntuosos y maleducados que los parisinos tienen en provinces. En fin, así son. Al fin y al cabo, como sucede con tantos otros lugares, París es maravilloso pese a estar lleno de sus propios nativos.

Aunque cada vez menos, también es cierto. La zona de los grandes bulevares, donde nos alojamos, es más que variopinta. Al margen de los guetos quemacoches de la periferia, los alrededores de la plaza de la República son territorio africano. Toda la francofonía subsahariana está representada con restaurantes, tiendas con frutas tropicales y apetitosas y peluquerías especiales. Muy cerca, el teatro Rex, donde anoche Paco de Lucía presidió un pequeño festival de flamenco que nos perdimos (y que me hubiera encantado ver). Finalmente, diseminados entre todo lo demás, pequeños cafés donde puedes sentarte a escuchar un poco de jazz en directo si no te duele pagar 10 euros por una caña.

Ver al trío de jazz desde la puerta me hizo acordarme de El perseguidor, de Rayuela y del Club de la Serpiente. Me subieron aromas de Cortázar y bajamos a Saint Germain des Prés, al Odeon y más abajo, a Montparnasse, siguiendo el bronco rastro de aquel París que era una fiesta. Una fiesta pedante, triste y reflexiva donde crecía un jazz suicida y sin salida. Nada queda de aquello, por suerte. Adiós, Charly Parker, adiós. 

Recorro el París de Cortázar, el París que ansiaba conquistar Cortázar cuando todavía no era Cortázar. Y descubro a un pobre hombre que cumplió su sueño: vivir en el cogollo de la ciudad que idolatraba. En los años 50, durante su primera estancia en la capital francesa, escribió los cuentos de Las armas secretas. Entre ellos, Las babas del diablo. Su aparente protagonista (porque la relación entre prota-narrador-escritor es uno de los temas de la pieza) vive en el número 10 de la calle Monsieur le Prince (fotografío el portal con diligencia de mitómano). Por aquel entonces, Cortázar vivía muy lejos de allí. Aurora y él compartían un minúsculo apartamento en el 13e arrondissement, en el extremo sur. Sin embargo, Julio describe con minuciosidad el trayecto que va de Monsieur le Prince a la isla de San Luis. Se nota que lo ha caminado mil veces. Se nota que ha perdido muchas tardes por esas aceras, parándose a fumar en los portales porque su sueldo de traductor no le permitía tomar muchos cafés, y buscando el lugar en el que la Maga y Horacio coincidirían en su Rayuela. Sólo alguien que aspira a conquistar y poseer una zona es capaz de conocerla tan bien. Pues ése era el propósito de Cortázar: en su segunda y definitiva estancia en París, tras volver una temporada a Buenos Aires, Julio -a punto de convertirse para siempre en el autor de Rayuela- se instaló con Aurora en un piso de la calle Mazarine, al lado de Monsieur le Prince. El argentino tímido y deslavazado que hacía pasar su frenillo por falso acento francés ya había conquistado Saint Germain des Prés. Bravo, Julio.

Como homenaje, entramos a cenar en uno de los últimos bistrots originales que han sobrevivido en el centro de París: Polidor, en el 41 de Monsieur le Prince. Barato (para lo que es París), sencillo y agradable. El salchichón de Lyon y el vino a granel que nos sirven nos reconcilia con el mundo y hasta con los parisinos. Es normal: en esa tasca no admiten tarjetas de crédito ni hooligans tocanarices que imitan a Hemingway sin saber de su existencia. Todo un detalle.

Foto: cine Le Racine, junto a la Sorbona, una de las salas de arte y ensayo más antiguas de la ciudad, muy ligada a la Nouvelle Vague y en cuyas butacas Cortázar echó más de una siesta.

13/03/2007 19:49 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Viajes Hay 7 comentarios.

CORTÁZAR, EL VIAJE INFINITO

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Siento ser tan pelma, pero me veo obligado a seguir hablando de Cortázar porque vengo de ver una exposición que creo que ya se exhibió en Madrid, pero que hasta el 30 de marzo puede verse en la Maison de l'Amerique Latine y en el Instituto Cervantes de París: Cortázar, le voyage infini (Cortázar, el viaje infinito). Una nueva vuelta de tuerca a la mitomanía que nos subyuga a algunos.

Lo que se expone en las salas es parte del legado que Aurora Bernárdez, viuda de Julio, cedió el año pasado a la Xunta de Galicia (ya que ella es hija de emigrantes gallegos) y que ahora se pasea por varias ciudades europeas antes de reposar en un centro que el gobierno gallego habilitará para ello. Son fotos, cartas, documentos, objetos personales y algunas películas locas y absurdas rodadas en Super 8 durante algunos de sus viajes. La reseña que ha hecho Le Monde de la exposición es muy poco complaciente (de hecho, la pone a parir en tres párrafos), pero se comprende la crítica, porque la verdad es que los comisarios no la han adaptado al público local: ninguna carta ni documento está traducido al francés, y los audiovisuales (entre ellos, una crucial entrevista que concedió a TVE en 1977) no están ni subtitulados ni doblados. Vamos, que si no sabes español, no te enteras de nada, porque las explicaciones en francés de los paneles son mínimas. Y es una pena, la verdad, porque, al fin y al cabo, Julio era también un parisino.

Es una muestra para fans muy fans (como es mi caso). Están las fotos que Carol Dunlop hizo para Los autonautas de la cosmopista. Están las gafas, la pipa y la máquina de escribir. Está la citadísima carta de agradecimiento (Cortázar siempre guardaba una copia de todas las cartas que enviaba, y eso ha permitido reconstruir todo su epistolario) que mandó a su editor, Francisco Porrúa, cuando recibió por correo desde Buenos Aires un ejemplar de la primera edición de Rayuela (que, por cierto, en el mercado anticuario se cotizan ya a 300 y 400 euros la unidad) en la que le reprocha elegantemente lo rácano que ha sido con el grosor del papel y en la que anuncia: "Pronto cumpliré 50 años. Será hora de que empiece a dedicarme a algo serio". Está la carta que envió a Luis Buñuel cuando éste se interesó por adaptar uno de sus cuentos. Están las primeras fotos que envió a su madre desde París, con unos párrafos llenos de entusiasmo. Otra carta donde confiesa su admiración por Alejandra Pizarnik. Está también su pasaporte y el visado consular de su madre. Hay también una serie de fotos absurda y cronopial en la que coloca a una muñeca en varias posturas pornográficas. Hay un vídeo en el que él y Octavio Paz aparecen bailando con unos niños en la India, en la época en la que Paz era diplomático allí e invitó a Julio y Aurora. Hay también muchos cronopios, pero ningún fama. También han puesto un rincón donde te puedes sentar a escuchar el jazz que le gustaba y del que tanto escribió. Hay tura, pura tura, y hay himperfecciones himportantes, habsurdas y hortográficas y esa-picazón-que-sientes-en-la-nuca-cuando-te-quedas-mirando-fijo-el-cielo-raso.

Podría parecer un panteón, pero es Julio. Es juego, es divertido. Aurora Bernárdez, que sigue como loba celosa el papel de guardiana de la memoria del que siempre fue su gran amor, lo está haciendo muy bien, dosificando con elegancia y manteniendo viva la versión que Cortázar quiso dar de sí mismo. Chapeau.

Foto: servidor, tras el cronopio que preside la tumba de Julio Cortázar y Carol Dunlop en el cementerio parisino de Montparnasse. Y ya vale de Julio por este viaje, que no quiero abusar.

16/03/2007 19:07 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Literatura Hay 5 comentarios.

GASTON LAGAFFE, 50 AÑOS

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Es bien conocida la pasión que los franceses tienen por las BD (bandes dessinées; tebeos, vaya), y no es extraño que los álbumes de cómic se cuelen en los puestos de arriba de las listas de libros más vendidos. Esta semana había dos de ellos, y uno -en el cuarto lugar según Libération- es el volumen que conmemora el 50 aniversario de Gaston, la obra cumbre del único belga que le ha hecho sombra a Hergé: Franquin. Estará en los best sellers por poco tiempo, porque sólo se va a vender una única edición de 100.000 ejemplares que se agotan como si fueran agua. Por suerte, llegué a tiempo y ya tengo el mío.

Curiosamente, ninguno de los dos grandes personajes de Franquin, Gaston y Spirou (este último, heredado de dos dibujantes anteriores), ha conseguido ganarse el corazón de los españoles. Y eso que en Francia está al mismo nivel que Tintin o Astérix, pero por los lares iberos no alcanza la categoría de fenómeno de masas. Pienso que el motivo es que Gaston tiene en España un hijo bastardo llamado Botones Sacarino que comparte con su alter ego francófono profesión, torpeza y algunos rasgos de dibujo. ¿He dicho que el Botones Sacarino es un plagio de Gaston? No, por dios, en algún sitio tenía que inspirarse Ibáñez en los difíciles y hambrientos años 60. Recuerdo de niño que lo leía en la ochentera revista Guay!, y las páginas traducidas de Spirou y de Gaston iban justo detrás de la historieta de Chicha, Tato y Clodoveo, de profesión, sin empleo, del maestro Ibáñez, que ocupaba siempre la portada del semanario. Desde entonces, Monsieur Gaston Lagaffe ha sido de mis favoritos.

Gaston Lagaffe nació en 1957 como una nueva tira de la revista Spirou, y poco a poco fue ganando autonomía. Vestido con unas alpargatas azules rotas y un jersey verde, es la pesadilla de la editorial donde trabaja como chico de los recados. Alocado, gandul, espontáneo, inconsciente, surrealistamente tierno, muy torpe e irritante a ratos. Nunca está en lo que se celebra. Los amigos le salvan de su propia inocencia y de la jeta que le echa a la vida, y los tejos que la secretaria Jeanne -loquita por sus enclenques huesos- le lanza constantemente, rebotan en su dura mollera sin que él perciba ni por asomo que le mola a la chica. La eterna facha del gracioso bufonesco que nos hace la vida más soportable y cuyo humor apunta al sistema límbico de la humanidad entera, sin distinción de edades, sexos, naciones ni credos políticos. Un monumento de la cultura europea, qué demonios.

Gaston tiene varias aficiones con las que sofroniza a su entorno. Tocar un arpa con forma de zapato de su propia invención es una de ellas, pero también lo son escuchar los discos de la tía Hortensia, cocinar soufflés que sus compañeros de piso confunden con cojines, escaquearse del trabajo, inflar globos y, sobre todo, disfrazarse de cosas absurdas que le impiden mover los brazos y ante las que siempre duda, a la hora de ir a la fiesta de disfraces, diciendo: "Pero, ¿y si bailamos?".

Me contaba un dibujante de la revista Malavida que anda impartiendo talleres de cómic a niños, que los chavales de hoy no leen cómics. Que justo les va para saber quién es Mortadelo, y que de Gaston ni les hables, que les suena a chino. Me dijo que se las veía y se las deseaba en los talleres para explicar cosas que no tendría que explicar si los chicos hubieran pasado alguna tarde con Tintin y Astérix. Y yo me pregunto: ¿con qué se inician entonces en el placer de la lectura y de la cultura impresa, que es un placer de resistencia, un vicio que se educa y se entrena? Gaston ha aguantado 50 años con buena salud, pero creo que lo mantenemos vivo los niños grandes que crecimos con él. No sé si se incorporan nuevas hordas de pequeños monstruos a la rueda. No sé si la estimulación electrónica deja sitio para una humilde viñeta. ¿Aguantará Gaston otros 50 años? Yo, por si acaso, voy a dejar los cómics en un estante al alcance de la mano de nuestra sobrina, por si algún día le pica la curiosidad y le apetece agarrar un Gaston para descubrir parte del placer de vivir mirando su tronchante cara redonda.

Porque a lo mejor ése es el problema, que hemos "dignificado" tanto los tebeos que los ponemos en los estantes de arriba, donde los niños no pueden cogerlos.

En cualquier caso, bonne anniversaire, M. Lagaffe!

18/03/2007 21:28 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Cómic Hay 6 comentarios.

LOS HILARANTES BUSTOS DE EVA

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Ya estoy de vuelta a la cruda realidad zaragozana y española, y lo primero que me encontré al aterrizar fue el avión de Zapatero en el aeropuerto, esperando con parte de la comitiva mientras el presidente hacía sus cositas en la capital aragonesa. Qué mazazo. Fue como un anticipo del rollo macabeo que me espera: a este lado de los Pirineos nada ha cambiado. He dejado de leer prensa española durante ocho días y parece como si no lo hubiera dejado de hacer ni uno solo. El PP dice que si chantaje tal, el Gobierno dice que si la derechona cual. Qué pesaos, qué hartazgo patrio, madre mía. Menos mal que mis obligaciones profesionales, que mañana retomaré con brío, me van a llevar por derroteros muy distintos, porque si no, pensaría muy seriamente en la posibilidad de exiliarme por unos añitos a Corea del Norte o a Swatzilandia, si es que se escribe así. Ver el avión de Zapatero en la pista, como un pájaro de mal agüero, me ha causado un bajón postvacacional.

-Fíjate en lo bien que funciona la aeronáutica -comenté-. Incluso con el país desmembrado, como dicen que está, los pilotos encuentran los aeropuertos sin problemas, y eso que España se resquebraja y se hace añicos, según dicen aquí. Ya nos veía dando vueltas en el aire sobre un país en llamas y apocalíptico, sin encontrar un huequito de paz donde aterrizar.
-Pero, ¿quieres dejar de leer eso? -me instó Cristina, quitándome de un manotazo el ejemplar de El Mundo que nos habían dado en el avión. Yo es que me meto enseguida en las historias y me creo todo lo que me cuentan.

Así que nada mejor que una panzada de humor para desengrasar el bolo, y lo haré con mi último hallazgo literario, el argentino Carlos Gamerro.

Gamerro es un escritor curtido en el mundo audiovisual (es guionista, además de profesor en la Universidad de Buenos Aires), y eso se nota. Ha escrito una novela muy fácil de encorsetar en un guión, que se adaptaría al cine sin mucho esfuerzo (pero a un cine de alto presupuesto, con explosiones, tiros y persecuciones, inasumible hoy por hoy por la industria argentina). Esto, al margen de que la haya hecho intencionadamente así pensando legítimamente en lo atractiva que va a quedar su cuenta corriente con los royalties de la versión fílmica, le da mucha fluidez y fuerza a la historia, que avanza sin retóricas y sin (aparentes) artificios. Pero lo que hace grande La aventura de los bustos de Eva (en Belacqua) es su atrevido humor, que pretende dar una palmada en el lomo de Argentina y decirle al país entero que ya está bien de tanta boludez, que se relajen un poco, que no hay nada sagrado excepto el derecho a una buena carcajada y que -salvo si somos monjes o eremitas- sólo del humor podemos sacar la fuerza suficiente para encararnos con nuestro pasado y nuestro futuro.

Buenos Aires, años 70. Agitación previa al terrible golpe de estado de 1976. Guerrilleros montoneros, sicarios de la triple A, milicos soliviantados y sindicalistas corruptos y mafiosos. Violencia y tensión al doblar cada esquina. La antesala de la debacle, el escenario de un drama. Pero a Gamerro le apetece montar una farsa sobre ese decorado (¡oh, cómo se atreve!). Ésta es la primera parte de una serie de novelas que continuará con una que, al parecer, se titulará Un yuppie en la columna del Che Guevara.

Ernesto Marroné es un prometedor y joven ejecutivo de la empresa constructora Tamerlán e Hijos, cuyo presidente, el señor Tamerlán, ha sido secuestrado por los montoneros. Para su liberación, los guerrilleros peronistas exigen que se coloquen 92 bustos de Evita Perón en cada uno de los 92 pisos del edificio de la sede de la empresa. Marroné, como jefe de compras, es el encargado de adquirir las piezas de escayola y de trasladarlas hasta la sede. El ambicioso ejecutivo ve entonces una oportunidad genial para medrar. Si triunfa en su misión, el señor Tamerlán no tendrá más remedio que ofrecerle la dirección de marketing, o tal vez, transido de gratitud, la misma vicepresidencia de la compañía.

Ése es el punto de partida de un delirante descenso a los infiernos de Dante en clave de farsa. Todo se le tuerce a Ernesto Marroné, que se maneja como puede entre revolucionarios, obreros en huelga, pistoleros fascistas y peronistas de todo pelaje en pie de guerra. Para sobrevivir y triunfar, Marroné emplea las enseñanzas que conoce de los libros de autoayuda y de consejos para triunfar en la empresa, como Don Quijote, el ejecutivo andante y otros por el estilo. No desvelaré nada de las aventuras que componen esta aventura de los bustos de Eva, pero algunas son realmente tronchantes y salvajes, y apuntan al centro de gravedad de la sensibilidad nacional argentina. Gamerro no se ha puesto frenos: da donde más duele. Supongo que si eres argentino y has sido educado en el credo peronista, la cosa será mucho más hilarante y tremenda, pero basta saber un poquito de historia para darse cuenta del calado de las burradas que se le ocurren a Gamerro. En otro tiempo, la integridad física del autor de algo así correría serio peligro.

El hecho de que Gamerro se atreva con desparpajo a meterse de lleno en ese cenagal indica que las heridas van cicatrizando en Argentina, aunque todavía queda mucho por hacer. Aquí, donde nos hemos hartado de memoria histórica, todavía no se permiten bromas de ese calibre (he de reconocerlo: yo, que me metí en estos asuntos de la recuperación de la memoria hace unos añitos, he acabado hasta las pelotas de las historias de la guerra, cuya superabundancia no ha ayudado en nada a avanzar en ese proceso. Seguimos como estábamos antes de que el Gobierno se metiera en el fregado, y ahora, encima, estamos empachados. Pero eso es tema para otro post). Hay poco humor sobre nuestra tragedia, y eso indica que todavía duele. Nadie se ríe del enfermo cuando está enfermo, sólo cuando ya se empieza a curar. Entonces, vienen las risas y las chanzas negras. Significativo, ¿no?

Elegante, concreta, antirretórica, despiadada. Para pasar un buen rato leyendo.

19/03/2007 13:25 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Literatura Hay 3 comentarios.

ES UN ESCÁNDALO

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No soy nada videojueguero, la verdad, por lo que me siento un poco fuera de la cultura de mi tiempo. El frenesí tecnológico del siglo XXI nos hace prematuramente viejos a los que no podemos seguir el ritmo. Sin embargo, aprovechando que tengo la Play Station desde hace unos meses, me he enganchado (en la medida en la que me es posible engancharme a algo, pues apenas encuentro tiempo ni para escribir este choricillo) a un juego muy violento y mafiosil, que haría las delicias de Scorsese si tuviera edad para jugar a estas cosas: Grand Theft Auto. Con él he comprobado que la única manifestación cultural capaz de provocar y escandalizar a una sociedad ahíta de cínicos es la de los videojuegos.

En serio, lo he probado en mis carnes. Conté en una cena en qué consistía el juego, y más de uno me miró como a un degenerado. Quizá lo soy, no digo yo que no, pero en fin. A ver qué opináis por aquí. Grand Theft Auto (GTA) tiene varias partes, cada una ambientada en una ciudad y en una época diferentes. La mía es San Andreas, trasunto de Los Ángeles, ciudad donde empieza la acción. El juego comienza cuando CJ, tu personaje (es decir, ése en el que te transformas o manejas, no me hagáis meterme con rollos semióticos, que he tenido un día de perros), llega a San Andreas para asistir al funeral de su madre. CJ es un pandillero negro que lleva unos años viviendo en Liberty City para alejarse del mundo de las bandas. Sus antiguos correligionarios le consideran un traidor y, para reintegrarse en su banda, la de Grove Street, debe ganarse el respeto de todos. Así, empezando desde la base del grupo delincuente, tu objetivo es llegar a dirigir toda la organización mafiosa. Y, para ello, la piedad y la bonhomía no sirven. Hay que disparar mucho y pisarle a fondo cuando viene la poli. El juego consiste en ir completando "misiones": atracos, tiroteos con otras bandas rivales, persecuciones, asesinatos, asaltos a comisarías de policía...

Al margen de que la ciudad, sus calles, sus tiendas y sus bares están reproducidas con precisión alucinante, la historia es como una peli de Cronenberg, pero bien hecha (dios, frikis de Cronenberg, perdonadme por lo que he escrito). Se explotan todos los tópicos del hampa como los explotaría un buen novelista, ya que la historia es obra de un equipo de guionistas que se toman su trabajo muy en serio. Guionistas y programadores informáticos trabajan juntos como los guionistas y los dibujantes de cómic. GTA es violento, salvaje, ruin, abyecto. Pero no lo es más que cualquier peli de Peckinpah o que cualquier novela de Raymond Chandler. La única diferencia -llamémosla moral- es que, en el juego, los personajes violentos, salvajes, ruines y abyectos los manejas tú, por lo que algún despistado puede atribuir todos esos adjetivos a tu persona. Eso es lo que hicieron los comensales de esa cena que me miraron horrorizados cuando desglosé el juego. Estoy cenando con el asesino del rol, debieron pensar. O con alguien peor, debería haber dicho yo.

¿Por qué ese rechazo? ¿No hemos jugado todos de niños? Y de no tan niños: ¿qué es el sexo si no un puro juego con roles y, si se quiere, juguetes? ¿No estamos todos de acuerdo en que la mente agradece mucho el juego, que estamos equipados para sentir placer con ello? Hasta hay toda una teoría que define a nuestra especie como "homo ludens". Vamos, que podemos sentir placer jugando a matar, pero que no lo sentiremos matando. Sólo un perturbado lo haría. Sólo una mente enferma es incapaz de discernir las fronteras entre el juego y la vida. ¿No es esto psicología basiquísima? Entonces, ¿por qué todos se llevan las manos a la cabeza con los videojuegos? ¿Por qué ese afán censor sobre ellos?

Hoy por hoy, los videojuegos son una industria cultural (en el sentido que Theodor Adorno dio a este término) más potente que el cine. En presupuestos y en ventas. Sin embargo, apenas salen en los medios de comunicación. Cuando se habla en ellos fuera de las minisecciones especializadas es porque la ministra cual o la Asociación de Padres Mojigatos Tal pide que se retire del mercado un título o han colocado una alambrada en el centro comercial para que los niños no accedan a los títulos que sean. Son el último reducto del escándalo. La última frontera de la censura.

Pues yo ya me he hecho con el respeto de mi banda, y ahora la policía se anda con ojo, pues soy un pez gordo. Soy un sujeto peligroso en busca y captura que tiene sobornados a todos los agentes corruptos. Me he cargado a un montón de tipos. Lo único malo es que todavía no sé ponerle la cara de la vecina de enfrente a mis víctimas. Cuando lo logre, la matanza será mucho más sangrienta.

MIS QUERIDOS QUITAPENAS

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"Nada de alcohol hasta que no se aclare el misterio", me dice la doctora mientras la miro legañoso a la terrible hora (para un noctámbulo como yo) de las ocho de la mañana. En la mano, la impoluta profesional sostiene un papelajo con numeritos que no entiendo, pero en los que, al parecer, hay un misterio, algo que no cuadra, que no debería estar ahí. Los detectives de bata blanca se van a poner manos a la obra para averiguarlo, pero, hasta entonces, ni una gota de alcohol.

Aunque tengo un amigo al que le hace ilusión decir que somos unos alcohólicos, la verdad es que puedo pasar sin el bebercio. En casa no hay cervezas ni vino y no las echo de menos. Puedo pasarme semanas enteras sin echarme al coleto una caña y acompañando las comidas con prístina agua Bezoya (que rima ingeniosamente con algo que no recuerdo). Claro que bebo vino en las cenas con los amigos. Y claro que bebo uno, dos o los cubatas que hagan falta cuando salimos por ahí, pero nunca con la sed del ansioso. Si soy un alcohólico lo soy social: bebo por el placer del brindis y de la patética exaltación de la amistad.

Total, que es un lujo del que muchas veces prescindo, pero basta con que te lo prohiban para que se convierta en tu obsesión. Desde que he oído la admonición de la doctora, sólo veo ricas jarras de cerveza coronadas por apetitosa espuma y con unas gotitas resbalando amorosamente por la cara exterior del vaso. Sólo pienso en el cognac que trae muchas veces Michel de una bodega del mismo Cognac que tiene como cliente. Sólo pienso en el mimo con el que Mateo prepara los gin-tonics en copa grande. Dios, ¡mi reino por una caña! Sé que no es adicción, nunca he tenido síndrome de abstinencia: es la tentación de lo prohibido. ¿Qué hay que hacer para que un niño lea un libro? Prohibírselo. Las puertas cerradas y los cajones con candado son lo que más nos atraen. Yo soy un niño al que le han dicho que no puede entrar en el desván. Mi parte infantil se esforzaría por aprovechar cualquier descuido para colarse en el lugar, pero mi parte adulta -qué putada descubrir que se tiene de eso- me mantiene lejos de la tentación.

También me viene a la cabeza una canción de Los Enemigos que dice:

Adiós, botellas
de vino, adiós, adiós.
Besad mis huellas
en vuestros vasos amigos
Ayayayayay, adiós.
Adiós, distraidas
mujeres...¡lerelelé!
Prendí mis días
en vuestros mil alfileres.
Ayayayaya, adiós,
tengo que hacer los deberes.
Adiós, verbenas
de fuego en mis venas.
Adiós, muy buenas,
adiós, castillos de arena.
Ayayayayay, adiós,
mis queridos quitapenas.
Adiós, venteros;
adiós, mármol grasiento.
Salud, caballeros:
yo les cedo mi asiento.

También me he acordado del primer capítulo de Futurama, cuando Fry conoce a Bender en la barra de un bar y le pregunta: "¿Para qué necesita beber un robot?". Y Bender le responde: "No lo necesito, puedo dejarlo cuando quiera". Una de las méjores réplicas de la historia de la tele.

Luego, desayunando un pincho para digerir la nueva situación, me he dicho que soy un exagerado. Que peor lo pasó mi abuelo en la batalla de Teruel con un tiro en la pierna, muerto de frío y sin comida. Que para sí quisieran estos problemas de niño rico los miles de millones de personas que están sufriendo calamidades ahora mismo en todo el mundo. Y me he abofeteado mi cara de occidental ombliguista y decadente. Total, esta restricción será cosa de uno o dos meses, hasta que desvelen el misterio médico. Qué tontería, qué imbécil soy y todas esas cosas. 

Pero no hay caso: la imagen de la jarrita de cerveza ha vuelto a mi cabeza, y sospecho que no se va a ir hasta que se vuelva a levantar la veda. Pero también sé que, para cuando pueda volver a acodarme en una barra, quizá no me apetezca ya beber. ¿No es ésa la condición humana? ¿De qué pasta caprichosa, incosistente e insatisfecha estamos fabricados?

EUROPA, EUROPA

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Parece que lo que hoy llamamos Unión Europea cumple 50 años. ¿Hay que celebrarlo? En lo que a Europa concierne, hay cosas que me gustan y cosas que me disgustan.

Me gusta entrar y salir de los países sin ni siquiera tener que dar los buenos días al aduanero.

No me gusta que haya millones de personas que tengan que dar algo más que los buenos días al aduanero para entrar en cualquiera de los países en los que yo podría vivir sin dar explicaciones a nadie.

Me gusta saber que puedo vivir en Nápoles, en París, en Lisboa, en Edimburgo, en Amsterdam, en Helsinki, en La Valetta, en Atenas, en Nicosia-Sur o en Viena sin enfrentarme a visados ni registros de orificios corporales.

No me gusta que A., nacida en la bella Transilvania, haya tenido que chuparse ocho horas en autobús y otras ocho de vuelta desde Bucarest a su ciudad para arreglar unos imprescindibles papeles que le permitirán seguir estudiando en la Universidad de Zaragoza. No me gusta que haya europeos de primera y de segunda.

Me gusta que haya una ciudad que centralice un poco todo y haga las veces de capital: Bruselas.

No me gusta que haya un porrón de burócratas y tecnócratas que no elige nadie. No me gusta que el Europarlamento no sirva para nada.

Me gusta no tener que cambiar de moneda cuando voy a Francia. Me gusta tener en mi bolsillo euros de Irlanda, de Alemania, de Francia y de Italia, todos juntos, mezclados.

No me gusta que, por compartir moneda, nos suban la hipoteca caprichosamente.

Me gusta que se consolide un sistema de protección social europeo.

No me gusta que ese sistema haya creado una cultura de la subvención que obvia los debates y problemas reales.

Me gusta ver mi ciudad llena de erasmus buscando orgasmus.

No me gustan los pesados que citan a Jean Monnet y tienen cátedras con su nombre (con excepciones).

Me gusta que no se desvanezca el sueño de unos Estados Unidos de Europa.

No me gusta que el sueño de unos Estados Unidos de Europa sirva de coartada para perpetuar un colonialismo infame sobre otros continentes.

Me gusta que no haya habido más guerras en este trocito de planeta desde 1945.

No me gusta la bandera, que parece el logotipo de una marca de electrodomésticos; ni el himno, por obvio. Tampoco me gusta Eurovisión.

Y más cosas, pero ahora no se me ocurren.

25/03/2007 23:18 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Actualidad Hay 9 comentarios.

SIN POLITIQUEOS, POR FAVOR

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Acaba de reeditarse lujosamente en Francia una joya comiquera que pronto va a cumplir 30 añitos: Ici Même, con guión de Jean-Claude Forest y dibujo del grandioso Jacques Tardi. Dos gigantes del tebeo europeo. En España, creo que Ici Même no se publicó hasta 2005 (en Norma Editorial), y no sé si hay prevista reedición alguna. Yo acabo de leerlo y me he encontrado con una de las más delirantes y desbocadas historias puestas en viñetas.

Arthur Même, con bombín y levita, vive en el País Cerrado, una olvidada comarca del centro de Francia junto a un lago. Tan olvidada, que, de hecho, es un Estado soberano del que se despreocuparon los revolucionarios de 1789. Arthur Même es el heredero del conde que fundó aquellas tierras, pero las maniobras familiares le han desposeido de sus propiedades y, por una absurda filigrana, él sólo es propietario de los muros. Por tanto, él decide quién pasa por ellos. Él abre y cierra las verjas a voluntad, y exige un pago por derecho de paso. A cambio, vive encima de las tapias, tramando con varios abogados un pleito con el que recuperará sus derechos sobre el País Cerrado.

Arthur no conoce nada del mundo exterior. Ni le importa. Sólo le preocupa recuperar las posesiones de su familia y no caer al suelo, donde sus enemigos han soltado perros dispuestos a despedazarle. En torno a él se agolpa una variopinta fauna personajil, absurda, delirante, caótica. Locos atrapados en el País Cerrado que no saben o no quieren salir de él. Pero son sobre todo dos personajes, Julie y el tendero, quienes entablan algo parecido a una amistad o un amor con Même. Ellos no le juzgan, ni se ríen, ni le llaman "portero". Con ellos se abre el abismo de la narración. La distancia que Même pone con el mundo y cómo estos dos personajes la sortean hasta tocarle el alma habla de lo que hablan las buenas historias: de la condición humana.

A Jean-Claude Forest (puntal del cómic erótico, autor de Barbarella) le horrorizaba que Ici Même se leyera como una sátira política de tintes ácratas sobre la propiedad privada. Aquello no era propaganda ni ideología metida con calzador: era una fantasía compleja y redonda que llevaba rumiando y trabajando mucho tiempo y, como dicen en Amanece, que no es poco: "No sería la primera obra que se jode porque la leen mal". Sus temores estaban más que fundados si se tiene en cuenta que el cómic empezó a publicarse en 1978 (en la revista À Suivre), coincidiendo con la eclosión punk, y los dos autores tenían sobrados antecedentes izquierdistas. Su temor era tan intenso que, cuando lo recopilaron en un único volumen, hizo algo que, a mi juicio, nunca debe hacer un autor: un prólogo donde explica al lector cómo no debe leerse su obra. Al menos, tuvo la elegancia de no decir cómo sí debía leerse. Es inevitable que un creador que se ha esforzado durante años por expresar algo quiera que ese algo llegue nítido y sin ruidos. Para eso están -o deberían estar- las entrevistas y las presentaciones. Pero es repelente darle al lector una guía de lectura.

Quizá Forest quería evitar lo que le pasó a Eugenio Sué en el siglo XIX, que escribió un folletín conservador titulado Los misterios de París que, contra todo pronóstico, encendió los ánimos revolucionarios de las masas. Umberto Eco lo cita como ejemplo clásico de "descodificación aberrante". Esto es, vulgarmente: "No tas enterau, que dice justo lo contrario de lo que tú piensas que dice, membrillo". Algo parecido, a otra escala, le ha pasado a cierta progresía hispana con algunas novelas de Cela, en especial con La familia de Pascual Duarte. Pero es un riesgo que hay que asumir. Uno escribe, dibuja, rueda, ladra o compone. Luego, si puede, lo lanza al aire. Y los demás entienden lo que sus ojos, oídos, traumas de infancia y fantasías eróticas le dejan entender. O lo contrario. Tampoco hay por qué dar las cosas subrayadas y con letreros. Además, creo que a Forest no le sirvió de nada su advertencia. La lectura satírica es una de las muchas posibles que tiene Ici Même, y eso significa que es una obra imponente. Sólo los grandes relatos admiten varias interpretaciones, que rebosan las intenciones de enunciado del autor.

En cualquier caso, Forest puede estar tranquilo: si Ici Même puede leerse a gusto casi 30 años después, es porque no es una simple sátira. La sátira, salvo excepciones, envejece muy rápido y muy mal.

27/03/2007 16:24 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Cómic Hay 3 comentarios.

24 HORAS

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Hablo desde la más absoluta ignorancia ciudadana, pero no me privo de rebuznar. No tengo un master en organización empresarial ni tengo la más repajolera idea de cómo se maximiza la productividad ni cómo se gestiona con eficiencia una plantilla. No sé ni descifrar los desgloses de mi propia nómina, y la expresión "convenio colectivo" me causa mareos y narcolepsia. Pero, cuanto más leo sobre las reivindicaciones de los médicos, los MIR y los enfermeros, más alucino: ¿Por qué diantres deben hacer guardias de 24 horas, tal y como, al parecer, realizan los MIR? ¿Cómo justifica alguien el diseño de un sistema que obliga a un profesional a currar un día y una noche enteras y verdaderas? En serio, no lo entiendo y me parece altamente perjudicial. Y no lo digo por solidaridad obrera.

Como paciente que soy -desgraciadamente, y parece que con mayor asiduidad conforme pasa el tiempo-, no quiero que me atienda un individuo que lleva 14 o 20 horas enfundado en una bata blanca, roto de cansancio y asqueado del mundo. No, señores del ministerio o de la consejería: creo que hablo por todos si digo que quiero ser atendido por un profesional fresco, lozano, bien dormido, mejor alimentado, despejado y bien remunerado. No quiero que rellenen mi historial de cualquier manera. No quiero que ni siquiera me miren a la cara.

¿Podría alguien explicarme por qué están montados de esta forma los turnos? ¿Hay algún médico en la sala? Es la pregunta que lanzo esta noche.

28/03/2007 02:26 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Actualidad Hay 4 comentarios.

JUAN AGUIRRE Y LAS DOS VAGINAS

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¿A que promete el título, eh? Cerdos, que sois unos cerdos sedientos de inmundicia ajena. Pues no os voy a dar el gusto. Con este rótulo sólo quiero resumir dos respuestas que ha recibido este blog. Parece que los artículos que se publican por aquí no tienen eco inmediato, pero, al cabo de los meses siempre hay respuestas. Ya he dicho que todos los aludidos, si saben castellano, acaban leyendo lo que pone aquí, así que cuidadín con los comentarios, que a veces nos creemos que estamos en el salón de nuestra casa y no en un sitio público por el que puede pasar cualquiera.

¿Recordáis que en octubre escribí un par de artículos sobre el gorro de Juan Aguirre, avistado por mí sin Eva Amaral en una sucia tasca zaragozana que frecuentamos un montón de gentuza? Aquello fue comentado y la gente se desmadró a costa del músico. Pues bien, hace un par de semanas, me encontré un mail con el asunto "Mola tu blog". Su remitente: Juan Aguirre. Copio algunos estractos, dado que me ha dado permiso para hacerlo:

"Hola Sergio !!!!

Soy Juan, sin cólera y sin Dios, y ahora mismo tirao en mi casa sin gorro ni na. jejejejejeje.
Solo quería felicitarte por el blog que acabo de incluir entre mis favoritos (...)

De poco tiene que venir el Samur a buscarme cuando he leído tus comentario sobre mi y mi gorro en la casa magnética...
jejejejejeje. Todavía me estoy partiendo.

Me encanta que nos metan cañita, ya que de un tiempo a esta parte nos hacen la pelota demasiado. Eva & yo somos los primeros en reírnos de nosotros y de esta bola que se nos vino encima".

La mitad misteriosa de Amaral demuestra tener mucho sentido del humor. Buen rollo, entonces. El feedback por esta parte va de puta madre.

Por la otra, no tanto, aunque tampoco lo hay malo. En noviembre pegué aquí un recorte curioso de Heraldo de Aragón de 1977 en el que se daba la noticia de que una mujer murciana había tenido dos hijos con menos de un mes de diferencia entre uno y otro. El texto decía que ello se debía a que la mujer tenía dos vaginas, cosa extraña. La cosa quedó ahí, se hicieron las bromas de camionero de rigor, que por mi parte incluyeron referencias a la endogamia rural, y chispún. La anécdota no daba más de sí.

Mirad, hijos míos: ¿quién iba a pensar que esto iba a caer en manos de los vástagos de esta mujer? Pues ha caído, y han escrito comentarios, aunque yo no he mantenido correspondencia con ellos. Os copio aquí sus textos:

Fuente Álamo escribió:

"eso no es verdad. eso del bivaginismo es un disparate, y además gordo. lo lógico sería preguntar en fuente álamo. esa familia es vecina mía y no tienen nada raro"
Y María José Muñoz, una de las dos niñas aludidas, escribió:
"Por suerte para mi, esta noticia me la envia mi hermano...que a su vez la recibe de un amigo... y por qué?.. porque el sale en la foto con mi madre.. y la peque parece mi hermana, la verdad es que no lo se ve muy bien y no me acuerdo de ese recorte de periódico... por cierto su cumpleaños es el lunes 2 de abril(felicidades por adelantado) y el mío, 35 día más tarde... no es nada extraño, son casualidades de la naturaleza que sin tanto avance médico frutiferaron... y nacimos nosotras.. sólo hermanas.. ni mellizas ni gemelas... pero no bichos raros"
Aclarado queda el misterio: la huerta murciana no produce monstruos. Está por ver si la especulación urbanística los produce.
PS: Aunque le da un poco de vergüenza, una amiga de este blog (y del que lo suscribe carnalmente) se ha tirado a la piscina cibernética y ha empezado el suyo esta semana. Todavía no le he podido dejar ningún comentario, pero lo he leído diligentemente, y ahora mismo lo incluyo en la sección de enlaces. Pasad y curiosead por Soy fans y me he hecho un blog. Sólo para fanses de los fanses.

SPANGLISH ES EL IDIOMA DE TONIGHT!

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Grandísimo concierto el de anoche en La Casa del Loco de Zaragoza. Enorme y cachondísima fiesta con el Gospel Show de El Vez, el Elvis mexicano, un showman completo de los que ya no hay. "¡Happy Semana Santa! ¡Zaragoza is holy!", empezó el concierto de este hijo de mexicanos que ha hecho de su herencia familiar el pie forzado de su desparramado cabaret, lleno de versiones de clásicos del rock a los que cambia la letra y spanglishiza. "Spanglish es el idioma de tonight", advirtió.

El concierto de anoche era religioso (paródicamente, claro), porque estamos en Semana Santa. Tocaba gospel y a él le tocaba ejercer de telepredicador. Por allí desfilaron capirotes de cofrades, dioses aztecas, Jesucristos Superstars, diablos y varias vírgenes de Guadalupe. Todo con ritmo, con frenesí, sin parar. "Come on, preciosa, come on", le decía a la encantadora Elvette, corista y asistente de El Vez y, by the way, hermana del artífice de este circo.

El Vez empezó en Los Ángeles, en los años 80, como uno más de los estrambóticos imitadores de Elvis. Imaginó cómo habría sido la historia si Elvis hubiese nacido mexicano, y así, llamó a su casa Graciasland. Pero muy pronto se separó de la cohorte de imitadores de casino de Las Vegas, se arropó por músicos sólidos, buscó un lugar para Elvette en el escenario y armó un espectáculo basado en el destripe inmisericorde del repertorio rockero de los últimos 40 años en clave chicana. Así empezó la fiesta total del showman total, y así la pudimos ver anoche, en un concierto en el que El Vez se cambió unas 14 veces de ropa, pero siempre con el cuello levantado, como Elvis.

Desde hace unos años, El Vez vive en Seattle, y cuesta imaginárselo en una ciudad tan norteña y fría. Su sitio natural tiene que ser Los Ángeles. O, en su defecto, los bajos de un casino de Las Vegas. Pero, al parecer, Seattle es una ciudad menos violenta, sin bandas callejeras, y puede vivir más tranquilo. En fin, sea como fuere, voto porque El Vez venga todos los años por aquí, a cargarnos de buen rollo y de marcha chicana. ¡Ayayayayayay, compadre, we love tu spanglish!

31/03/2007 14:06 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Música No hay comentarios. Comentar.

¿Y SI TU HIJO SE HACE CANTANTE DE ROCK?

Anécdota ocurrida en este duro secarral que estoy transitando sin alcohol (ver 6 artículos más abajo). Quedé el otro día a comer con un amigo... con agua mineral. Las cenas, los tapeos y las comidas, que yo concibo como la mejor forma de relacionarme con mis semejantes, están siendo duras estos últimos días. Frustrar el brindis en un bar o en un restaurante es como ponerle a tu pareja un cinturón de castidad. En fin, qué se le va a hacer.

Resignado, porque ya había padecido alguna cena sin vino, quedé a comer en un nuevo restaurante de nombre bukowskiano y de atmósfera aséptica, pero agradable. Llegué un poco antes de la cita, me senté en la barra y pedí una asquerosa coca-cola mientras me aburría leyendo el diario. Tanto me aburría y tanto rabiaba por las cañas que bebía la gente de alrededor, que no me quedó más remedio que cotillear las conversaciones ajenas. A mi derecha, tres amigas más o menos de mi edad, cargadas con bolsas de las carísimas tiendas de la zona, enjoyadas y vestidas como señoras de cincuenta. Más que hablar, cacareaban, y adiviné que una de ellas estaba recientemente embarazada y era el centro de atención de sus otras amigas. Puse oreja y no di crédito a lo que capté:

-Ay, chica, con esa actitud tuya, seguro que te sale hipi -apuntaba una de las amigas.
-O algo peor. Imagínate que te dice que se quiere hacer un piercing de esos -repone la otra.
-Pues lo querría igual -responde la preñada, muy digna.
-Ya, claro, eso dices ahora.
-Imagínate que no quiere estudiar y que se hace cantante de rock.
-Uy, o le da por ser artista de esos -dice una torciendo el morro.
-Pues mira -se defiende la futura mamá, poniéndose ya muy seria ante esos taimados ataques, disipándome la duda que tenía acerca de si la conversación iba en serio o en broma-. Lo importante es que sea buena persona. Lo demás, pues mira, lo aceptaré.

Esperaba con ansia el momento en el que una de las dos amigas pronunciara la inexorable "¿Y si te sale maricón?", pero mi amigo llegó antes de que se produjera. La buena conversación y la buena comida hicieron que me olvidara de los escalofríos que había sentido al comprobar cómo la burguesía de Europa occidental genera Mariantonietas posmodernas. Ahora lo he recordado, y así lo escribo, con la esperanza de que mi querida V., que en estos momentos intenta convencer -con la ayuda de los médicos- a su hija de que salga de su acogedor útero, no sufra por que su vástago se ponga un piercing.

31/03/2007 21:28 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Hay 11 comentarios.