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Resumen

MALCOLM IN THE MIDDLE

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La 2 de TVE fue pionera, como tantas otras veces. España fue el segundo país del mundo, después de Estados Unidos, donde empezó a emitirse Malcolm in the middle, en mayo de 2000. Programada por las tardes, duró poco en parrilla y fue comprada por Antena 3, que la ha encajado en los fines de semana a unas horas imposibles para los que nos gusta salir por la noche. Ahora, Fox la emite desde el principio sustituyendo a Los Simpson al mediodía, y a mí me alegran la hora de comer, qué queréis que os diga. Hoy por hoy, siete años después, Malcolm no ha terminado de cuajar en los gustos españoles (o las teles no han sabido estar a la altura de los productos que emiten, vaya usted a saber), pero se mantiene con un público fiel, aunque no masivo.

Malcolm es una de esas series que demuestran que cuando se quiere, se puede. No hacen falta presupuestos de escándalo ni 70 minutos de duración para hacer buena tele (¡70 minutos duran los infames capítulos de Los Serrano!). Ni siquiera hace falta tener un concepto "artístico" del negocio. Receta simple: guionistas ágiles, directores con oficio y actores que entiendan que su trabajo es algo más que recitar unas frases como gramófonos con patas. Con esos ingredientes basta y sobra para hacer una serie fuera de serie (ejem, también hacen falta guionistas que no se atrevan a escribir conatos de chiste como el que acabo de poner).

Malcolm in the middle es una sitcom familiar al uso que no le tiene miedo al absurdo y que no entiende el humor con medias tintas edulcoradas. En ella se cumple la regla de oro de toda sitcom: al final de cada capítulo, la situación debe quedar como al principio. Esta artimaña servía, además de para proporcionar continuidad y unidad al producto, para mantener el tono conservador y ejemplificante de las tramas. ¿Cómo consigue Malcolm in the middle seguir esa regla de oro sin ser conservadora ni ejemplificante? Estableciento un punto de partida desquiciado. Por tanto, al final de cada capítulo, todo debe volver al desquiciamiento original, y no al orden familiar clásico. Una vieja y sencilla artimaña que hace de Malcolm una de las mejores series de humor de la historia de la tele.

En un suburbio de una ciudad estadounidense desconocida vive una familia canadiense de clase media baja. Malcolm es el hijo superdotado, el prota que habla mirando a cámara y encogiéndose de hombros ante la locura ajena. Un chaval cenizo con unos amigos muy frikis entre los que destaca Stevie, un chaval paralítico y con asma. Con él vive Reese, su hermano inmediatamente mayor, un matón borderline, y Dewey, el inquietante pequeño que grita más que habla y se hace amigo de moscas y payasos imaginarios, rozando el autismo. Los padres, Lois y Hal, poli malo y poli bueno, sobrellevan como pueden el caos y viven presos de sus propias hormonas, que les mantienen en un estado de cachondez sexual constante. Con los niños, Lois es partidaria de la mano dura, de la zapatilla en el culo y de los castigos épicos, mientras que Hal es un pobre calzonazos que sólo quiere escuchar sus vinilos en el garaje, patinar y ocultar a su mujer las tropelías de sus hijos -o las suyas propias, comprando su silencio con un billete de 20 dólares-. El hijo mayor, Francis, está en una academia militar de Alabama, donde su madre le envió, harta de que se metiera en líos. Francis es un intelectual de la farra, un tipo extremadamente inteligente y persuasivo que vuelca todas sus energías en montar fiestas y travesuras de colegio mayor, y lo hace con minuciosidad, persiguiendo la gamberrada perfecta. Es un líder para sus compañeros de la academia.

Eso es lo que hay. Nada del otro jueves, ningún Mediterráneo descubierto, pero más que suficiente para enganchar y seducir al espectador. Con chistes buenos, diálogos desternillantes, una puesta en escena y una realización a la altura de las circunstancias y unos actores que saben lo que hacen y que no cruzan la pantalla como zombis monocordes, se puede bordar cualquier cosa. ¿Que hacer esto requiere esfuerzo y unas dosis de talento que los churros hispanos al uso no reclaman? Claro que sí, siempre será más cómodo hacer Los Serrano, pero que no nos vendan motos: la diferencia con las series americanas no es sólo presupuestaria. Ay, si sólo fuera un problema de cuartos...

¡Viva Malcom!

01/05/2007 01:26 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión Hay 8 comentarios.

LA SERPENTA CANTÓ

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Imaginaos que un melómano desquiciado con conocimientos avanzados de anatomía y bioquímica coge una pala y desentierra los cadáveres de Edith Piaf, Ella Fitzgerald, Maria Callas y Janis Joplin. Ya en su castillo, el melómano en cuestión une los trozos para crear una Frankenstein todopoderosa con un corazón que no late. El resultado sería un zombi muy parecido a Diamanda Galás. 

Lo que anoche pudimos ver en Zaragoza, en el periférico y desangelado Auditorio Eduardo del Pueyo, fue prodigioso. Diamanda Galás ofreció hora y media de recital con temas de su próximo disco, Guilty, Guilty, Guilty. Brutal. Tenía muchas ganas de ver a este fenómeno vocal en acción y a lo grande, dado que en casa sólo puedo escucharla con cascos, para que sus altísimos agudos no molesten a los vecinos (ni a Cristina, que le desquicia) ni rompan ningún cristal.

Creo que parte de la culpa de que el auditorio se llenara ayer la tuvo mi querido y admirado compi Pablo Ferrer, que escribió en su crónica previa de Heraldo que Diamanda es una cantante melódica. Un señuelo jugoso para un día festivo que atrajo a unos cuantos matrimonios ociosos y entrados en años que no sabían a lo que iban. Efectivamente, varios de ellos abandonaron la sala con cara de espanto a mitad de concierto. Diamanda puede ser demasiado para unos oídos conservadores. Peor para ellos, pues ocasiones como la de anoche no se prodigan mucho en esta ciudad. Y menos mal que el público que sí sabía a lo que iba -mayoritario- ovacionó a la gélida y siniestra estadounidense como yo creo que mereció. 

Un piano, cuatro botellas de agua mineral de litro y medio y ella. Retorciendo su voz por todas las escalas y tonos imaginables, enroscándose como una gárgola flexible por los versos de 15 o 20 poetas en varios idiomas que al final se fundían en uno solo, el Diamandesco, de palabras incomprensibles, forzadas y sangrantes que sólo tenían sentido para quien sabe dejarse emocionar por lo abstracto.

Se atrevió con todo y se lanzó en picado sobre versos de Pier Paolo Pasolini, de Jacques Brel y hasta de César Vallejo. Al final del concierto interpretó su versión del poema Si la muerte, del salvadoreño Miguel Huezo. Y aquí, la imperturbable Serpenta hizo una pausa para explicar en su castellano mexicanizado que cuando ella puso música a ese texto, creía que Miguel Huezo estaba muerto, hasta que un día recibió un e-mail "en el que decía cosas muy duras sobre mi trabajo. Han pasado tres años, y ahora creo que nos llevamos un poquito menos mal, pero para mí es más fácil trabajar con poetas muertos". Los muertos no se quejan. Puedes diseccionarlos, comértelos, quemarlos o envolverlos en notas imposibles de cantar para la mayoría de las voces del planeta, como hace ella. 

He leído a algún crítico que Diamanda inquietaría al propio Darth Vader, cuya respiración sonaría a una nana al lado de su voz. Y un poco de razón tiene. Sólo alguien realmente poseído por el lado oscuro de la música puede desasosegar tanto con tan poco artificio.

Foto: este raro disco es uno de los dos que Diamanda grabó en los 90 con el que fuera teclista de Led Zeppelin, John Paul Jones, uno de los músicos de la escena más o menos convencional que más enganchados están a la voz de esta californiana de origen griego. Fue mi primer contacto con Diamanda, cuando todavía sus discos eran inencontrables en España. Más tarde escuché sus trabajos de los 80, como Masque Of The Red Death o The Divine Punishment o Plague Mass. Pero son sus tres últimos discos los que me hipnotizan de verdad: La Serpenta Canta, Malediction And Prayer y Defixiones, Will And Testament. Espero ansioso que se edite ya Guilty, Guilty, Guilty, y pondré un par de velas negras e invocaré a Satán para que vuelva pronto a Zaragoza. Y eso que mi pasión por la música de Diamanda no sólo no es compartida con mi pareja, sino que es fuente de conflictos. Creo que ella piensa que un tipo al que le gustan esas cosas tan raras no puede ser trigo limpio, pero qué le vamos a hacer.

02/05/2007 12:33 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Música Hay 4 comentarios.

A LA CÁRCEL, COMO EN EL MONOPOLY

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¡A ver si en este país ya no se va a poder robar a gusto!
Y yo me pregunto: ¿cómo se colará Jorge Javier Vázquez en el trullo?
Es más: ¿por qué El Fary no ha ido a verla en estos momentos tan duros? 
03/05/2007 12:07 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Actualidad Hay 6 comentarios.

MY GENERATION

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Cada vez tengo más claro que las anomalías de este país dejadas en herencia por la generación de mis padres y mis abuelos no son eternas. Cada vez estoy más convencido de que mi generación, la que asoma la patita ahora, va a ser capaz de sacudirse los fantasmas. Y lo va a hacer sin instalar guillotinas eléctricas en la Puerta del Sol, como quería Valle-Inclán. Lo va a hacer sin poner nada patas arriba, con el relativismo como arma y el sentido del humor como escudo. Sin ismos a los que agarrarse ni banderas que quemar o venerar y con la convicción enunciada por Aristarain -director puente entre ambas generaciones- en Martín (Hache): "Uno no echa de menos un país. A lo sumo, un barrio, una calle y cinco o seis personas. La patria son los amigos". Y no hay lealtades que resistan un círculo más amplio, por eso al Ejército va Rita la Cantaora. O la Pantoja, si viviera en Francia y ganara no sé quién que propone que los delincuentes se rediman una temporadita en la milicia.

Ejemplo. Esta semana, en El Informal II -es decir, Sé lo que hicisteis..., presentado por Patricia Conde, Requetepatri-, Ángel Martín, ante el nacimiento de la nueva elefanta*: "Jo, qué panorama se nos ha puesto con este tema. A ver si se pasa esto y hablamos de gente de la que sí que nos podamos reír y hacer chistes". A veces, la parodia sobra. Con enunciar lo evidente basta para hacer sentir al otro su condición ridícula y fuera de tiempo y lugar. Por más que las revistas del corazón se agoten y por más que las masas se agolpen en la puerta de la clínica, frases como ésta hacen visible a una parte muy importante de mi generación que vive el asunto monárquico, en el mejor de los casos, como algo ajeno, incómodo y trasnochado. Creo que cualquier persona o institución puede soportar la parodia y el sarcasmo, pero muy pocas aguantan que les pongan un espejo delante que les diga los ridículas que resultan. No hay afán rupturista en ello, pero es mucho más rompedor que una manifestación republicana en la puerta de la Zarzuela.

Para estas elecciones autonómicas se vaticina mucha participación debido a la cacareada crispación. Yo no creo que vaya a ser así -aunque lo de la primera vuelta de Francia me ha sorprendido mucho-. Creo que vivo en una sociedad más pasota y madura que lo que nos venden (vendemos) los medios de comunicación. Creo que vivo en una sociedad cada vez más ligada a sus pequeñas lealtades. Algunos definen esto como el resultado de la quiebra de valores propia de un mundo sin referentes religiosos ni indeológicos. Yo lo llamo normalidad e inteligencia individual. Es inteligente, dado el poco tiempo que vivimos, valorar más una caña en un bar con nuestros amigos que los trotes del Cid Campeador o el fracaso del Socialismo Realmente Existente.

Ayer escuché a un tertuliano: "Es interesante la campaña francesa, porque se está debatiendo sobre ideas, algo raro en Europa". Al margen de que me parece discutible eso de que se debaten ideas -porque ni Ségo es Rousseau ni Sarko, Voltaire-, a mí no me parece interesante, sino un paso atrás. Joder, si hemos sufrido las de Caín en el pasado para dotarnos de sistemas democráticos fuertes fue para ahorrarnos debatir sobre ideas y estar refundando los cimientos de nuestra convivencia cada dos por tres. Si ya nos partimos la cara para crear unas instituciones sólidas que no fueran cuestionadas por cada partido nuevo fue para poder dedicarnos a las cosas que realmente nos importan: nuestras vidas, nuestros amores, las tonterías de nuestros amigos, la última peli de Scorsese o el próximo disco de Ryan Adams o de la Pantoja.

Hace poco, un compi del periódico escribió una columna lamentando que el nivel de debate político de Aragón se refiera a cuándo se terminará el AVE, a los pasos pirenaicos con Francia o a la expansión urbanística de Zaragoza. Echaba de menos, ahora que se ha aprobado el nuevo Estatuto, abordar los temas de identidad y de configuración histórica y política, como se hace en Cataluña o en otros lugares. "A los ciudadanos les preocupa algo más que las farolas fundidas de su calle", venía a decir. Pues a lo mejor no. Y me parece que es una de las cosas que hacen que vivir aquí sea una maravilla. Sinceramente, no me apetece recuperar el legado de Alfonso I el Batallador, si es que dejó algún legado. Por eso, desde hace tiempo, empiezo a leer los periódicos por detrás, que es la única parte realmente interesante, donde está la gente que mola, la que escribe, pinta, rueda o salva vidas con sus investigaciones sin preocuparse del cacareo ensordecedor de la portada.

Los pesimistas dirán que este estado de cosas crea una ciudadanía adormecida y mangoneable fácilmente. Es un riesgo que hay que asumir, pero no creo que los mangoneadores pasen desapercibidos ni que lo tengan más fácil que con un clima de debate intenso. Creo que mi generación va a ahondar en ese ambiente de balsa de aceite laica. Un ideal que, visto lo que se avecina, con el integrismo religioso campando a sus anchas por medio mundo, quizá sea nuestra mejor defensa.

*Elefanta: no es una ocurrencia ofensiva mía. En Londres hay un barrio llamado Elephant and Castle que proviene de la ingeniosa corrupción inglesa de Infanta de Castilla.

Foto: Requetepatri.

ASOCIAL

Como estoy perezoso en este domingo laborable (¿y creiais que vuestro curro era chungo? Pues probad a pasar una noche de domingo de guardia rodeados por la sección de Deportes en pleno -que comparte planta en la redacción con mi sección- cantando los goles del Real Zaragoza), he rescatado un viejo texto publicado como columna de opinión en el fastuoso suplemento MVT que coordina la simpar Ana Usieto, donde sigo dejando mis detritos mentales cada quince días, alternándome con el omnisciente e inagotable Pablo Ferrer. Esta chorrez salió publicada el 20 de mayo de 2005, hace ya casi dos añetes.

Al principio me gustaba. Me iba el rollo de tirarme el pegote. Presumía incluso y me regodeaba en mi propia asocialidad. No estaba enamorado de la moda juvenil y no soportaba las películas de Almodóvar. Así de crueles son algunos pasados. Entre el amplio surtido de tendencias que la posmodernidad abría ante mí, no me decidía por ninguna y las despreciaba todas.

Y las había probado, no se crean que uno habla por hablar. Empecé con unas rastas y un poquito de drogas blandas, pero acabé con carraspera y, qué quieren, a mí estas cosas me ponen mal cuerpo. Así que cambié las rastas por unos rizos y me lancé a encandilar a oficinistas de ojos tristes a ritmo de Bisbal en el Casco. Nada, acabé con agujetas, calabazas y bastante vergüenza. En un arrebato resacoso, me alisé el pelo, me compré cuarto y mitad de camisetas negras y me puse al día en death metal y rock gótico, pero los elásticos oprimieron en tal grado mis testículos, que a punto estuvieron de convertirlos en granitos de uva. No podía soportar aquella tortura jíbara, por lo que me corté definitivamente el pelo, me compré una gorra reversible, pantalones anchos contra la claustrofobia y monté mi propio trío de hip hop, pero me costaba horrores rimar una simple estrofa. El resultado final se acercaba más a una égloga que a una agresiva denuncia urbana. Huyendo de mi mediocridad letrística, me refugié en el minimalismo de la electrónica, pero mi sueldo era demasiado exiguo para los disparatados precios de su ropa de diseño. Al borde de la depresión, busqué la alegría en la frescura y el desenfado del pop, pero me disloqué un hombro al ensayar una pose lánguida en la barra de un bar.

Mientras me recuperaba en el hospital, decidí convertirme en el anticristo de la moda juvenil y vivir en una moderada felicidad con mi consecuente amargura. Me vestí con lo primero que pillé y aprendí a tocar de oído en los teclados todas las composiciones de Mike Oldfield. Tras eso, hasta mi madre dejó de hablarme. Logré mi objetivo y me convertí en un asocial. Y, hasta ahora, me iba bien en mi buscada soledad. Pero hace unos días empecé a recibir cartas de solidaridad y visitas de informáticos vestidos de Darth Vader. “Eres de los nuestros”, me decían. Horrorizado, me he comprado todas las revistas de tendencias y me estoy poniendo al día antes de que me secuestren. ¿Lograré salir del lado oscuro?

CHINGLISH

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Si Luis Carandell viviera e hiciera un viaje a China, haría un suplemento de su Celtiberia Show sobre el "chinglish", que no tiene nada que ver con el "spanglish" y de cuya existencia me entero por La Vanguardia. Por lo visto, el chinglish se ha convertido en una lacra para el Gobierno de la República Popular. Se acercan los Juegos Olímpicos y se han puesto tiquismiquis. No quieren hacer el ridículo.

El chinglish se compone de traducciones al inglés de carteles en chino hechas de aquellas maneras. Me imagino que en el Torremolinos de los años 70 se verían aberraciones parecidas (y todavía hoy en mucho chiringuito playero, seguro. Y hay que ver las muchas "cartas in español" de infinidad de restaurantes extranjeros en los que he tenido que leer el menú en inglés o en francés para enterarme de lo que iba a comer). A los turistas les parecen graciosas, pero el Gobierno cree que dan una imagen demasiado pachanguera del país, y se va a dedicar este año a poner todas las frases en chinglish en correcto inglés. De momento, mientras dure, he encontrado por ahí algunas cosas que el angloparlante puede encontrarse escritas en Pekín, traducidas a su vez al castellano:

  • En un cartel de prohibido pisar el césped: "No molestar a la pequeña hierba en descanso" (en la foto), y también, "Tenga compasión de la escasa hierba".
  • Spaguetis, en la carta de un restaurante: "Polvo de ideas" (traducción literal del chino).
  • Refiriéndose a un plato de pollo en un restaurante: "Pollo sin sexo".
  • Tallarines japoneses: "Freír el invierno oscuro a la manera del sol".
  • Lavabo para minusválidos: "Lavabo para deformados".
  • La exposición está cerrada: "La exposición son nubes".
  • Sopa de cangrejo: "Sopa de mierda" (confusión de crab, cangrejo, por crap, mierda).
  • Arroz salteado con huevo: "Arroz con sombrero de huevo".
  • Hospital de proctología: "Hospital para las enfermedades del ano e intestino".
  • Cuidado, suelo mojado: "Tenga en cuenta lo seguro: lo resbaladizo es muy astuto".
  • En un lago, en vez de "peligro de caída": "Atención al agua que cae".
  • Salida de taxis: "La entrada de tomar un taxi".
  • Lema de una papelera que dice protege el entorno usándome: "Protege la circunstancia empezando conmigo".
  • En una carta de un restaurante: "Rebanadas de pulmón de hombre y esposa". 

LA MIRADA DE ORWELL

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Me costó meterme en George Orwell. Curioso, ¿no? No es una de mis lecturas tempranas, y no lo fue por simples ganas de llevar la contraria. Si profesores y bienpensantes varios insistían en loar los alegatos que había detrás de 1984 o de Rebelión en la granja, la cosa no era de fiar. ¿Alguien realmente sensato hace caso a sus mayores? Si te ahorras los errores, te pierdes lo mejor de la vida. Así que los leí con anteojeras, sin dejarme emocionar por su Apocalipsis (al fin y al cabo, hablaba de dictaduras y situaciones que me eran completamente ajenas) y, por llevar la contraria, me declaré fan de Aldous Huxley. Un mundo feliz era aceptable, porque se metía con el capitalismo. 1984 sólo escondía prejuicios. 

Tuve que llegar a Homenaje a Cataluña para que las anteojeras se desprendieran de mi coco y poder admirar de frente a George Orwell. Qué mirada más triste y más dolorosamente sincera. Ojalá pudiera yo mirar el mundo algún día como él miró la maldita guerra y la destrucción totalitaria y dejar esa mirada impresa en un reportaje. No me extraña que el pobre Orwell las pasara putas. Aunque desde hoy le miremos con cariño y admiración, creo que lo pasaría igual de mal en la actualidad, porque lo importante de Orwell no es lo que dice, sino su actitud y su coraje. Atreverse a contar lo que se ve comprometiéndose tan sólo con la propia mirada siempre se paga, aunque al final es lo único que nos queda, ese núcleo genuinamente humano.

Ahora hay una exposición sobre Orwell en el Centro de Historia de Zaragoza. Es una muestra que funciona como apéndice de la Ruta Orwell que la comarca de Los Monegros ha organizado en los lugares de Aragón donde combatió en 1936 y 1937, en los que fue herido, antes de presenciar los hechos de Barcelona de mayo de 1937 de los que ahora se cumplen 70 años y que son el núcleo de Homenaje a Cataluña. Hace dos años compré una primera edición española de este reportaje fuera de serie y me gusta hojearla de cuando en cuando, deteniéndome en sus descripciones, admirando cómo incrusta el paisaje de la guerra en el relato. En el periódico donde echo las tardes habré publicado tres o cuatro grandes reportajes sobre aspectos de la vida en Los Monegros (que ahora, en mayo, aparecen extrañamente verdes, gracias a los cultivos), y siempre que recorro la Sierra de Alcubierre, Monegrillo, Lanaja, Sariñena, Tardienta y el resto de pueblos despanzurrados sobre la estepa, me acuerdo de Orwell y de sus descripciones. Podría imitarlas en los reportajes, pero es imposible, porque Orwell habla de otros pueblos muy distintos. Sí, son Alcubierre, Sariñena y Siétamo, con sus nombres y sus mismas calles, pero vemos mundos distintos. Él veía la miseria y la peste de la guerra en unos villorrios miserables que no habían salido de la Edad Media. Yo veo pequeñas poblaciones llenas de ancianos que quizá vieron a Orwell de niños, pero que ahora sestean a la sombra de unas calles limpias y apacibles, donde se puede beber vino fresco y comer una carne que no le tiene nada que envidiar a la de cualquier sitio de Europa. Viajamos por mundos distintos, pero yo no me quito de la cabeza sus descripciones:

"Alcubierre nunca había sido bombardeado y su estado era mejor que el de la mayor parte de las poblaciones que estaban casi pegadas a la línea de fuego. Sin embargo, me parece que incluso en tiempos de paz no hubiese sido posible recorrer esa parte de España sin quedar impresionado por la peculiar y extremada miseria de los pueblos aragoneses. Son como fortalezas, un amontonamiento de casuchas de barro y piedra apiñadas en torno a la iglesia, y ni siquiera en primavera es fácil ver una flor por aquellos alrededores. Las casas no tienen jardines, sólo corrales en la parte trasera, donde unas escuálidas gallinas patinan sobre una alfombra de estiercol de mula. El tiempo era muy malo, con alternativas de viento y lluvia (...). No tenía, ni nunca había tenido, nada semejante a un retrete o un albañal de la clase que fuera (...). No puedo recordar mis dos primeros meses de guerra sin pensar en aquellas rastrojeras en invierno con los márgenes cubiertos por una corteza de estiércol".  

PS: No tiene nada que ver con esto, pero el periódico donde echo las tardes me ha encargado una crónica diaria sobre cómo se vive la campaña electoral en los blogs, en una sección llamada El buscador. Así que si algún bloguero se ve citado y glosado en el periódico estos días, que no se extrañe. 

12/05/2007 19:55 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Memoria Hay 3 comentarios.

REVENTONES

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Nos han dejado sin agua por cuarta vez en una semana. Siempre de noche y siempre por culpa de varios reventones de tubería en el mismo tramo de avenida. Esta noche ha sido ya el colmo, y ni me he molestado en llamar al ayuntamiento, harto de escuchar a un señor con voz aburrida, bastante borde y que siempre me dice, antes de comprobar la dirección que le doy (para qué me voy a molestar, pensará mientras se lleva la mano libre a los genitales), que el problema es mío, que no le constan incidencias en ese sitio. Le replico que cómo es posible entonces que baje más agua por mi calle que por el Ebro. El hombre suspira, parece teclear algo y, con un tono más borde todavía, me responde que efectivamente ha habido un reventón en esa zona y que no sabe cuánto tiempo van a tardar en repararlo. Y así, tres veces. No aguanto enfrentarme una cuarta con Mister Eficiencia Municipal.

¿Cómo puede romperse cuatro veces el mismo tramo de tubería? ¿La reparan con esparadrapo o con pegotes de cartel electoral? Esta noche he ido a beber agua y el grifo ha dicho que fuera a buscarla al pozo si tenía huevos. Juro que he creído escuchar una carcajada por el desagüe y que las dos gotas que han salido tenían forma de corte de mangas. Nos hemos asomado a la avenida y ahí estaba otra vez el reventón, con el agua saliendo en torrente y dos policías municipales colocando vallas y rascándose la cabeza como diciendo: "La madre del cordero, yo me largo de aquí y no he visto nada". Y se han largado tan panchos, sin que nadie se acercara a frenar el estropicio. Supongo que el del teléfono les habrá dicho que no se molesten, que lo dejen para mañana. "Total, ahí sólo viven pringaos y gentuza. ¿Quién da?", habrá rematado, sosteniendo la baraja, poniendo los pies sobre la mesa y calculando cómo se le va a quedar el sueldito el próximo trienio. Igual le llega ya para comprarse un chalecito. Sólo espero que su suministro de agua provenga de una alcantarilla. La justicia poética es lo que nos queda.

Así que aquí estoy, bebiendo leche para saciar mi sed y sin saber si voy a poder ducharme por la mañana. Basta un pequeño inconveniente para que el mal humor te ofusque por completo. Con que se caiga un naipe del complicado sistema ciudadano que te rodea, se desmorona el castillo. ¿Hasta qué punto vivimos a merced de señores bordes pendientes de sus trienios, de obreros que tapan las fugas con plastilina y de policías que dejan correr el agua tan panchos? ¿Con qué fuerza nos tienen cogidos de los huevos y de cuántas formas pueden incomodar nuestra vida con sus miserias y perezas? Y lo que es peor, ¿hasta qué punto somos culpables los que, por educación y talante sosegado, renunciamos a armar la marimorena, nos aseamos malamente con una botella de agua mineral, nos guardamos el cabreo dentro del pecho y salimos a la calle a hacer lo que la sociedad espera de nosotros -si es que espera algo-?

A todo esto, ¿de qué iba la maldita Expo del año que viene? ¿De agua que corre por tuberías del siglo XIX que el fastuoso ayuntamiento es incapaz de reparar? Bravo, señor Belloch, bravo. Felicite a su concejal de mi parte, y preséntele al récord Guinness de reventones de tuberías en una ciudad occidental. En los últimos meses habré visto y sufrido unos siete u ocho. No está mal, no está mal. Si lo que quieren es que los ciudadanos experimentemos lo mal que vive la gente sin suministro de agua potable, en plan performance pre Expo, estupendo, pero ya hemos captado la idea, no hace falta que sigan. ¿Podemos volver a tener un servicio público de gran ciudad europea, por favor?

RALENTÍ BLOGUERO

Queridos amiguitos:

No he abandonado el blog, pero es que no ha pasado nada reseñable en mi vida, salvo las muchas horas que paso metido en la redacción. Ni he leído libros nuevos, ni he visto nuevas pelis ni he descubierto nuevas series ni me he indignado por nada de la actualidad. Espero volver a la vida pronto (concretamente, esta noche). Gracias.

16/05/2007 12:44 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

MADEROS CHUNGOS

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Sé que dije hace no mucho que prefería a los desastrados detectives de gabardina mugrienta antes que a los policías impolutos de las series de ahora. Entre ellos, hice una alusión muy velada a la subjefa Brenda Johnson, la prota de The Closer, genialmente interpretada por Kyra Sedgwick, una actriz prácticamente desconocida por estos lares, pero muy popular en Estados Unidos por sus trabajos en televisión (es una cara habitual de los late nights de Jay Leno y Conan O'Brien). Con su interpretación en The Closer se llevó un Globo de Oro en la última edición. Cuatro emitió parte de la primera temporada, pero creo que la audiencia no acompañó y no sé si seguirán emitiéndola. Se puede ver en Calle 13 y, por supuesto, con un poco de paciencia, se puede descargar de "la mula".

Para los que no la hayan visto. La acción transcurre en Los Ángeles, en un departamento de Policía cuestionado por sus pasotes racistas y violentos y sometido a un férreo control gubernamental. En el proceso de limpieza del departamento, se ficha a una brillante investigadora procedente de Atlanta que se pone al frente del grupo especial de homicidios, la élite del cuerpo. La vieja guardia la recibe de uñas, y ella tiene que ganarse su confianza demostrándoles que es la mejor en su trabajo. Su currículum incluye una formación en la CIA como interrogadora, y ése es su punto fuerte y el que da nombre a la serie: the closer es el cuarto donde los policías interrogan a los sospechosos y consiguen su confesión. Y la subjefa Brenda sabe cómo hacer que un asesino se derrumbe.

Siguiendo un recurso muy explotado en las últimas series de éxito, la gracia de The Closer está en el contraste entre la brillantez y precisión del personaje en su trabajo, y su dispersión, inmadurez y desequilibrio en la vida privada. Brenda tiene una relación casi enfermiza con su madre; se echa un novio que la quiere un montón, pero con el que rehuye comprometerse demasiado; su jefe, el que le ha fichado para el puesto, es un antiguo amante que sigue perdidamente enamorado de ella, y ella deja siempre abierta una falsa puerta porque es incapaz de enfrentarse a una conversación emocional seria con él. Pero su rasgo distintivo más poderoso es su adicción (de nuevo, la debilidad de Sherlock Holmes). Una adicción que la consume y se apodera de sus energías: la bollería industrial. Brenda no puede ver un donuts, porque se pone enferma. El azúcar es su kriptonita.

The Closer es excelente, con una música (rockera) y un ritmo dignos de las grandes series policíacas de la historia de la tele; los guiones, ágiles y tan enrevesados como una novela de Raymond Chandler (parece mentira que todavía se puedan escribir crímenes orginales y complejos), y la interpretación, brillante, aunque a veces se nota que Sedgwick, acostumbrada a otros registros, se esfuerza por contener al histrión que lleva dentro.

Y The Closer es Los Ángeles, cuna de muchas historias policíacas contemporáneas. La ciudad está retratada, es visible, se hace notar como un personaje más, y eso siempre me gusta. Cómo no pensar en las novelas de James Ellroy (de digestión más dura que un cocido del Boñar de León, local madrileño responsable de muchas malas siestas mías. Un lugar donde se comprometen a no cobrarte la cuenta si consigues terminarte lo que te ponen en la mesa; he de decir que yo siempre he tenido que pagar) y en una película de Curtis Hanson, el director que se atrevió a adaptar a Ellroy y nos regaló L. A. Confidential.

Otra recomendación para los amantes de las tramas policíacas: Hollywood Station, la última novela del maestro -y ex poli de Los Ángeles, qué miedo- Joseph Wambaugh, recién publicada en España por Belacqua. La estoy rematando estos días y espero daros un veredicto más amplio dentro de poco.

Una advertencia: por motivos de próximos viajes, mis lecturas e intereses de las semanas siguientes van a tener mucho que ver con la cultura norteamericana. Si me pongo muy pesadito con el tema, no dudéis en gritarme Yankee go home!, que yo no mido mis obsesiones.

Foto: Kyra Sedgwick.

17/05/2007 01:32 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión Hay 7 comentarios.

LOS GENIOS EXISTEN

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Veo en un documental (ya ni digo que leo en un libro: mi bagaje cultural está pasando de "soft" a "ultrasoft") que muchos de los llamados genios no son más que cerebros con fallos de fábrica. El neurólogo de la Universidad de Sidney Allan Snyder hizo unos experimentos en los que demostraba esto. Creo que se llama la "teoría de la tiranía del lóbulo izquierdo", porque los genios tienen el lóbulo derecho desatado, sin control por el izquierdo (como lo tenemos el resto de los mortales), y ésa es la causa de su genialidad y de todo su sufrimiento.

El experimento de Snyder consistía en estimular con descargas eléctricas no sé qué parte del cerebro y darles a leer unos textos muy breves antes y después de las descargas. Los textos contenían reiteraciones, erratas, letras cambiadas de orden... Antes de la descarga, la gente leía los textos corrigiendo automáticamente los errores, como hacemos todos cuando encontramos un fallo al leer algo. Es decir, si el texto decía "La casa es es amarilla", la persona leía "La casa es amarilla". Sin embargo, después de estimular el cerebro, todos leían el texto tal cual, y decían en voz alta "La casa es es amarilla". Se estaban comportando como genios, con el hemisferio izquierdo desinhibido. 

Porque, al parecer, lo que caracteriza a un genio es que no discrimina entre lo que es importante y lo que no. Ellos perciben el mundo tal y como es, sin abstracciones ni generalidades. Nosotros vemos un edificio con ventanas. Ellos ven un edificio de ocho pisos con diez ventanas en cada uno, siendo la del centro más alargada que las otras y sin persiana, con un portal de puerta negra marcado con el número 8 y la puerta de un comercio amarilla y naranja donde venden 43 variedades de frutos secos, etc. 

Otras investigaciones dicen que los genios, debido a este fallo en el filtro de la percepción, sienten constantemente vértigo, porque no pueden asimilar toda esa información. Por eso la canalizan de alguna forma que les resulte asimilable. Se convierten en genios por pura supervivencia, para ordenar el caos de estímulos que les rodea y traducirlo en sinfonías, cuadros o fórmulas matemáticas comprensibles para ellos. 

O sea, que las neurociencias dicen que los genios no sólo existen, sino que son unos mártires de su genialidad y no deberíamos envidiarlos. Qué cosas, ¿no? 

LA GRAN DAYNA KURTZ

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Estuvo el mes pasado en Zaragoza, en uno de los mejores conciertos del año en La Casa del Loco, pero yo no había encontrado tiempo para escribir ni de ella ni de aquella noche. Hoy, en esta sobremesa de sábado pegajoso, escucho sus discos y me dejo arrastrar por su voz, por esa voz grave, llena de oquedades profundas, que camina sin prisa por los medios tiempos de un territorio que a veces es jazz, a veces, blues, y a veces, rock furioso y adrenalítico. Es Dayna Kurtz, y si te perdiste su concierto en Zaragoza (cosa probable, porque cabe muy poquita gente en ese local), hiciste muy mal.

Conocida al principio por ser amiga de Norah Jones, Dayna Kurtz ha demostrado lo que es capaz de hacer una artista cuando el éxito y la opinión de los demás le resultan superfluas. Escucho su último disco, Another Black Feather, un canto a Nueva Orleans, y me siento como si me acabaran de hacer una transfusión de sangre. Lo de Kurtz no es una carrera musical, es un paseo. Ella llega con su guitarra y explora formas populares centenarias, puliéndolas con intensa poesía urbana, pero no se preocupa de la pose, ni de qué pierna cruzará o qué perfil dará a cámara. Es una neoyorquina hastiada de Nueva York, que para componer canciones necesita aislarse hasta de su marido en una casa perdida del desierto de Arizona. 

Se dio a conocer en Europa en 2003 con Postcards From Downtown, un disco muy neoyorquino que arranca con una evocación de Fred Astaire con aromas vintage. Desde entonces, vende más en este lado del charco que en el suyo, aunque en ninguno de los dos sitios llega a superventas ni es capaz de llenar garitos de mucho más allá de 500 personas. En directo, necesita intimidad y sosiego, porque sólo lleva su guitarra y su voz como armas. En disco, se arropa de más parafernalia, aunque cada vez prescinde más de ella, consciente de que un exceso de arreglos ahogan la emoción primigenia de sus canciones.

Dayna también sufre esa contradicción de cualquier ciudadano americano sensible: ama la cultura de su país, especialmente la lírica popular y la literatura. Y aman todo aquello que la ha hecho posible, pero no soportan la idea de que esa cultura dé soporte a supervillanos de cómic. Pertenece a esa sosegada clase media que vivía despolitizada, vagamente encuadrada en la etiqueta de "liberals", hasta la llegada de Bush. Por eso, en su último disco, incluye un tema furioso que resume el sentir de parte de su generación hacia su gobierno, el 11-S, las religiones y la guerra de Irak. La transcribo:

IT'S THE DAY OF ATONEMENT, 2001

It's the day of atonement, 2001
and I'm sorry for anything I might have done.
I'm sorry for everything we've left to do.
I'm sorry we're still so confused.

Well, I never had faith - So, we'll never be safe,
we never were safe anyway.
It's just that the veil was ripped from our face
on such a beautiful day.

Mohammed is pacing
when he isn't kneeling.
Jesus can't talk,
he's too busy weeping.
Yahweh's a mother
who sighs at the ceiling.
If only they know how good it could've been

It's the day of atonement 2004.
Would Jesus be happy we evened the score
you hypocrities, bullies who profit from war
may your gods all spit on your graves.

I say all of you, gods,
tell your squabbling children
whatever the color or call,
they can all go to hell
(if there is such a thing)
Go to hell!
Have it out!
Have a ball!

19/05/2007 12:30 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Música No hay comentarios. Comentar.

TOMELLOSO 1 - SGAE O

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A veces, la Justicia es justa. A veces, alguien con la energía y el tesón que nos faltan a la mayoría logra poner las cosas en su sitio. Aunque sólo sea por un momento y en un ámbito tan pequeñito que sólo puede interpretarse en clave de supervivencia de la dignidad humana.

¿Cómo llamaríais a una organización que fiscaliza a pequeños comerciantes, que mantiene una estrecha connivencia con el poder y que exige a esos comerciantes pagos regulares si no quieren enfrentarse a las consecuencias? Si habéis visto El Padrino, está claro el nombre que tiene eso. Pero aquí, en España, la organización que hace esas cosas no sólo es legal, sino que sus extorsiones al ciudadano (llamadas "canon" y no sé cuántas cosas más) son alentadas y jaleadas desde el Ministerio de Cultura. Pues bien, según cuenta El País, esta organización no siempre se sale con la suya. De vez en cuando, como en las historias de la Mafia, un comerciante se niega a bajar la cerviz y consigue que el capo recule. El dueño de un bar de Tomelloso, Ricardo Alameda, acaba de ganarle un juicio a la todopoderosa SGAE. El juez dice que Ricardo no tiene por qué pagarle un duro a la SGAE y que dejen ya de tocarle las narices. El argumento de Ricardo y del juez es contundente: los discos que pincha Ricardo en su bar son de artistas extranjeros y de circulación minoritaria cuyos derechos de autor no están gestionados por la SGAE. Por tanto, los 120 euros mensuales que la SGAE le reclamaba no iban a ir al bolsillo de esos músicos. ¡Bravo, Ricardo! Espero que otros sigan su ejemplo y le den un corte de mangas al cobrador del frac de turno que la organización les envíe.

Por supuesto, la organización dirigida por el "Don" Teddy Bautista ha dicho que las cosas no van a quedar ahí, y va a presentar un recurso. En él argumentan, textualmente: "Si existe un aparato reproductor de música o televisión en el establecimiento y se prueba que se utiliza estando abierto al público éste, se devengan derechos de autor". Y añaden: "El repertorio de obras gestionadas por la SGAE es irrelevante" (!). Según esta peculiar jurisprudencia, si la posesión del aparato implica pagar derechos de autor, el hecho de que yo compre unos cuchillos debería implicar que pasara unos años en la cárcel preventivamente, porque, aunque yo diga que los quiero para cocinar, siempre me puede dar por usarlos para cargarme al vecino, y ante eso, más vale prevenir y pagar mi deuda penitenciaria por adelantado.

Espero que en 2008 cambie el Ministerio de Cultura y el Gobierno se replantee esta enfermiza relación que tiene con la SGAE, porque algunos ciudadanos estamos francamente hartos de su prepotencia y chulería.

PS: Ahora, también espero pacientemente recibir la carta-tipo de sus servicios jurídicos con la que amedrentan a casi todos los blogueros que osan meterse con ellos.

20/05/2007 07:05 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Música Hay 5 comentarios.

UN OBJETO DE PODER

Severiano comentó hace unos posts una noticia sobre la última estadística sobre los misteriosos billetes de 500 euros. Pues he de decir que, más allá de la duda, existen. El otro día me transmuté en presunto atracador de banco y descubrí que, haberlos, haylos.

La cuestión es que debía pagar en efectivo una historia y, desesperado -pues me estaban esperando-, entré en la sucursal del banco más cercana al lugar en el que tenía que pagar -que era la mía, casualmente-. Como iba con prisas y apurado, entré cual torbellino enarbolando la cartilla y, sin resuello, le dije al cajero: "Rápido, me están esperando: necesito sacar 700 euros". Como nunca me dejo caer por el banco, nadie me conoce en la sucursal, y el pobre hombre, con voz temblorosa, me pidió el DNI. Creo que no ayudó mucho el hecho de que casi no me parezco al retrato de mi carné. Muy bajito, como suplicándole que no le hiciera sufrir al degollarle, me preguntó si no me importaba llevarme el importe en un billete de 500 y dos de 100. Aunque puse la mejor y más empática de mis sonrisas y le dije que no me importaba en absoluto, el hombre no se quedó del todo tranquilo, porque lanzaba miradas por el rabillo del ojo a su compañera. El caso es que, después del sofocón, salí de allí con un billetazo de 500 euros que -lo juro- no cabía en la cartera. Apenas duró diez minutos en mis manos, porque pagué con él rápidamente, pero sentí algo extraño. Sentí que había tocado un objeto de poder, como el anillo de Frodo Bolsón. La única diferencia es que el poder del billete de 500 funciona a la inversa del anillo: si el MacGuffin de Tolkien volvía invisible a su portador, el billetazo de 500 te hace tremendamente visible. Hasta creo que me llamaron "señor" a secas, sin añadir "está molestando a la señorita" o "debería dejar de beber e irse a casa a dormir".

En fin, que fue divertido sentirme como un imputado de la Operación Malaya durante 10 minutos. Quién sabe cuándo volveré a ver otra sábana de esas.  

PASTORAL, DE ÁNGEL GRACIA

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"Escribir sobre mi familia es escribirme a mí mismo una larga carta que me cuenta o me explica de dónde vengo, quiénes me hicieron posible, una carta que voy leyendo mientras escribo". Y escribiéndose a sí mismo, como él dice en este pasaje del libro, Ángel Gracia nos ha escrito a los demás una preciosa novela de iniciación. Preciosa, no preciosista, como algún prejuicioso puede pensar si conoce los antecedentes poéticos del autor. "Pastoral" está hecha de una prosa tan austera y comedida como los paisajes en los que transcurre. A veces, son los poetas, que conocen el poder estético de la palabra mejor que nadie, quienes dan una lección de sencillez y contención a los escritores obsesionados por "escribir bonito".

"Pastoral" (Premio de Narrativa de la Universidad de Zaragoza 2006, editada ahora por Prames) es la primera incursión del poeta zaragozano Ángel Gracia (1970) en la prosa, después de publicar cuatro poemarios en los que los vientos y las ruinas de la estepa aragonesa están tan presentes como en este libro.

Esta vez, en las poco más de cien páginas que componen "Pastoral", su narrador, un yo autobiográfico -con los límites y licencias que sólo los íntimos del autor descubrirán- se sumerge en el paisaje de sus antepasados, pastores de las tierras de Cariñena, tratando de asimilar su legado y toda su vida anterior, e intentando aplazar al mismo tiempo la inevitable toma de decisión sobre el rumbo que va a seguir su vida cuando el paréntesis del verano se cierre.

El protagonista acaba de terminar sus estudios universitarios en Jena (Alemania), donde ha disfrutado de una beca Erasmus y se ha dejado fascinar por el espíritu del poeta Hölderlin, cuya locura y soledad generan una fuerte corriente de empatía en el narrador. Al regresar a Zaragoza, se encuentra con que su abuelo acaba de fallecer. Así, lejos de la acogedora tutela de la universidad y roto el eslabón que le encadenaba con más fuerza a su infancia y a sus raíces, el protagonista se encuentra -quizá por primera vez en su vida- solo.

Por eso, y siguiendo las enseñanzas confucionistas que ha aprendido en Alemania, decide recorrer en bicicleta Longares, Muel, Cariñena y el resto de pueblos en los que reposa la memoria de su familia. Sin concesiones a una nostalgia ñoña que podría brotar como la mala hierba en los sembrados, Gracia se asoma a los abismos del yo mostrando sólo el borde, dejando que el lector se impregne por todo lo que no se dice, y complete un relato que rara vez pasa del nivel descriptivo y que apenas sí se permite alguna que otra disertación ensayística. Los huevos con chorizo que sirven unas rusas en un bar, la broma socarrona de un ciclista en una cafetería de Muel, la mirada de una prima soltera en una vieja casona de pueblo o la comilona pantagruélica que celebra el protagonista con su mejor amigo en un mesón son destellos que indican al lector dónde debe buscar el filón.

En ese sentido, la brevedad es una baza técnica imbatible que sitúa el libro en una zona híbrida. "Pastoral" puede ser una novela corta lo mismo que un cuento largo, pero no creo que acotar el género influya en la lectura, que transcurre ante los ojos placentera y, a ratos, reveladora, como un aforismo de Confucio.

**Reseña publicada en el suplemento Artes y Letras de Heraldo de Aragón. Ángel Gracia, además de escribir, lleva la programación del Fórum de la Fnac de Zaragoza, y desde su cargo cometió el error de proponerme un par de veces presentar unos libros. Obviamente, los actos constituyeron un fracaso de público que podría haberse calificado de bochornoso si servidor supiera lo que es la vergüenza. Así que -muy sabiamente, visto lo visto- Ángel siempre opta por presentadores con más gancho.

22/05/2007 06:13 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Literatura Hay 34 comentarios.

RALENTÍ BLOGUERO (VERSIÓN "EL RESPLANDOR")

Mucho trabajar y no jugar hacen de Sergio un aburrido. Mucho trabajar y no jugar hacen de Sergio un aburrido. Mucho trabajar y no jugar hacen de Sergio un aburrido. Mucho trabajar y no jugar hacen de Sergio un aburrido. Mucho trabajar y no jugar hacen de Sergio un aburrido. Mucho trabajar y no jugar hacen de Sergio un aburrido. Mucho trabajar y no jugar hacen de Sergio un aburrido. Mucho trabajar y no jugar hacen de Sergio un aburrido. Mucho trabajar y no jugar hacen de Sergio un aburrido. Mucho trabajar y no jugar hacen de Sergio un aburrido. Mucho trabajar y no jugar hacen de Sergio un aburrido. Mucho trabajar y no jugar hacen de Sergio un aburrido. Mucho trabajar y no jugar hacen de Sergio un aburrido. Mucho trabajar y no jugar hacen de Sergio un aburrido. Mucho trabajar y no jugar hacen de Sergio un aburrido. Mucho trabajar y no jugar hacen de Sergio un aburrido. Mucho trabajar y no jugar hacen de Sergio un aburrido. Mucho trabajar y no jugar hacen de Sergio un aburrido. Mucho trabajar y no jugar hacen de Sergio un aburrido. Mucho trabajar y no jugar hacen de Sergio un aburrido.

25/05/2007 05:22 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Hay 7 comentarios.

OTRA SOFRONIZANTE LEGISLATURA

Lo confesaré: ayer fui a votar. No pensaba hacerlo, marché a la urna remolón y sentí que estaba haciendo algo vergonzoso, como si me pillaran con pornografía. Los abstencionistas vocacionales -que querríamos más listas abiertas y menos leyes d'Hont, por ejemplo- somos así de estúpidos. Al poco de llegar a casa, me arrepentí. En el Telediario pasaron el típico reportajillo (¿merece el nombre de reportaje una pieza que apenas dura un minuto?) sobre votantes primerizos de 18 años, y uno de sus granulados y acneicos protas soltó esa resobada perla del pensamiento occidental: "Pues voto porque es una obligación, porque si no votas, luego no te puedes quejar". Recordé cuánto me fastidia que me digan esa tontería y hasta qué punto se puede confundir un derecho con una obligación, y me arrepentí, porque nada me gusta más que quejarme delante de los que no me reconocen el derecho a la queja.

Voté por la misma razón por la que te acuestas con una ex novia: no esperas nada, pero es agradable fingir ingenuidad durante un rato. Al dejar la cama o la urna te quedas como estabas y, al pasear por la calle, compruebas que nada ha cambiado, que tu vida sigue dependiendo de tí y que ni tu ex novia ni la aséptica y torpe escenificación electoral tienen la culpa de tus males o tus alegrías.

Después llegaron los resultados electorales, y en ellos vi que sólo me quedaba el consuelo de saber que, en Zaragoza, el gran cacique bicéfalo Biel se ha quedado con dos míseros concejales y ha sido votado por menos gente que en 2003, a pesar de todos los millones que ha dilapidado en colocar su sonrisa gaznápira en todas las calles. El PAR seguirá dominando el desierto -como lo hacían los carlistas en el siglo XIX-, pero agrada saber que no tiene nada que hacer en la siempre liberal Zaragoza. Quizá algún día los aragoneses dejarán que Zaragoza sea su capital, y la admiren y la mimen como merece, y no la traten como si fuera una isla aislada rodeada de un mar casi hostil. Magro consuelo el del fiasco de Biel, la verdad. Lo demás, todo igual. Más o menos. Las mismas caras sorbiendo el mismo pecho proverbial de la administración, rumbo a la Expo 2008. Sólo espero que el PSOE no cumpla su amenaza de crear un segundo canal de televisión autonómica y que se dediquen a mejorar el existente. Podrían hacer elecciones a presentadores de la tele. Igual en esas votaba con verdadera convicción.

Pues nada, bienvenidos a otra sofronizante legislatura.

28/05/2007 13:17 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Actualidad Hay 20 comentarios.

HA MUERTO ALFONSO ZAPATER

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Hoy ha muerto Alfonso Zapater, el gran periodista aragonés, y yo estoy junto a su mesa vacía en la redacción. Cada vez que paso junto a ella veo la correspondencia que nunca abrirá. Cartas de agradecimiento, probablemente. Invitaciones para cenas en las que ya no brindará. Cartas de los miles de amigos que acumuló durante los años, trotando por los pueblos secos y desarrapados de Huesca, de Zaragoza y de Teruel 

Esta semana no tendré que corregir el capítulo de las memorias que iba escribiendo en Heraldo Domingo y no tendré que custodiar la foto que rescataba de dios sabe qué desvanes para ilustrar el relato de las copas que compartió con Cela en el Café Gijón, o de la noche que estrenó su primera obra de teatro en el Madrid de los años 50, o de la primera vez que se vistió de luces y se puso delante de un toro. Fue buena idea proponerle escribir sus memorias, pero siento que se ha guardado lo mejor de su vida para sí. No contó, como siempre recuerda mi compañero M., que fue él el único periodista que, en pleno franquismo, se atrevió a preguntar y poner en un brete a todo un gobernador civil. De su vida periodística, la faceta que le hizo famoso en su tierra -desmintiendo aquello de que no se puede ser profeta en el solar de nacimiento-, no soltó prenda. Ya hablaba bastante de ella de viva voz y en su serie "Historias de un reportero".

Estaba jubilado, pero venía todas las tardes a escribir su columna y a pasearse un rato por la redacción, como un padre que arrastra los pies por una casa que sólo le pertenece nominalmente, porque está llena de muebles y recuerdos de sus hijos, que no le dicen nada. Hace dos o tres años, cuando nos veía colgados del teléfono y mandando mil mails para cerrar un reportaje, siempre decía: "Qué barbaridad, cuánta tontería. En mis tiempos, hacíamos el periódico sin tanta leche, con un solo teléfono para toda la redacción. Y el periódico tenía más chicha y contaba más cosas que ahora, que salimos con cada tontada...". Y se trabajaba menos, añadía yo malévolamente, dándole pie para que contara alguna historia de las vedettes del Oasis y del Plata, cuyos camerinos fueron su segundo hogar. Siempre que escarbaba en la microhistoria de la ciudad y me perdía en un recodo de los años 40 o 50, alguien me conminaba: "Pregúntale a Alfonso, que seguro que lo sabe". Y era verdad: siempre lo sabía.

Pero Alfonso no vivía en el pasado. Se llevaba con la informática mucho mejor que personas de 40 y de 50 años. Cuando nos instalaban un nuevo programa de edición, a Alfonso sólo habia que decirle una vez cómo utilizarlo: "Tú dime cómo entro a escribir y ya está". Y ya estaba, en efecto. Era un tipo despierto que estaba en el mundo, acostumbrado a la calle, a los chistes y a los bares. Por eso ha muerto con las botas puestas, escribiendo hasta el final, sin resignarse a quedar olvidado en una mecedora polvorienta. Cuando vuelva a buscar fotos de los años 30 y 40, ¿quién me pondrá nombres a esas caras? (Nombres que solían ir acompañados de una anécdota subida de tono). Conocía a todos y todos le conocían, y ha sido un honor compartir durante unos años la misma habitación que él.

Descanse en paz, maestro.

30/05/2007 17:28 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Memoria Hay 6 comentarios.

VALHALA (O COMO SE ESCRIBA)

Queridos amiguitos:

Me voy unos días a Arhus, en Dinamarca, la tierra de los Vikingos. Me han invitado a un festival de rock nórdico que organiza el Gobierno danés (qué envidia, ¿eh?: un Gobierno que organiza festivales) y no sé si podré escribir unas líneas desde allí. Si no es así, a la vuelta os contaré mis andanzas por aquellas tierras del dios Thor.

31/05/2007 00:44 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Hay 5 comentarios.