Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2007.
Resumen
- 03/11/2007 13:37 - SELF MADE MAN
- 06/11/2007 01:48 - PONETE EN BOLAS, LA PUTA QUE TE PARIÓ
- 07/11/2007 01:57 - EL COBARDE EINSTEIN
- 09/11/2007 02:49 - CINE ABSTRACTO
- 10/11/2007 13:38 - CONSTATO INDIGNADO
- 11/11/2007 13:15 - TONO O POLITONO
- 12/11/2007 13:25 - MALOS TIEMPOS PARA EL MATIZ
- 13/11/2007 14:17 - DEXTER
- 14/11/2007 23:04 - LA GENTE DE VICENTE
- 18/11/2007 13:33 - LAS VEGAS MONEGROS
- 18/11/2007 14:16 - ESE TORITO
- 21/11/2007 01:42 - AMERICANOS, OS RECIBIMOS CON ALEGRÍA
- 22/11/2007 00:56 - FERNANDO FERNÁN-GÓMEZ
- 24/11/2007 13:54 - ALMUERZO CON EL PAÍS
- 26/11/2007 01:02 - ¿QUÉ COÑO HACES TÚ?
- 29/11/2007 01:39 - QUISTES GEOGRÁFICOS
- 30/11/2007 03:10 - LA MUGRE DE LA HISTORIA
SELF MADE MAN
He estado ausente del blog y de casi todas mis rutinas porque la muerte ha pasado por aquí cerca y se ha llevado de sopetón a Rafa. Casi había superado una enfermedad terrible, pero unas imprevistas complicaciones lo han echado todo a perder y hemos tenido que decirle adiós.
Rafa fue un niño de posguerra en un país duro, cuando los inviernos eran inviernos y el hambre no era apetito. Su infancia no fue muy distinta a la de Paracuellos, el personaje de mi querido Carlos Giménez. Nació con todo en contra en una época en la que nadie sabía lo que era la integración ni lo políticamente correcto, cuando los cojos estaban muy lejos de ser disminuidos físicos y eran muy pocos los que hacían un esfuerzo por escuchar. Solo, con el único apoyo de su tesón sobrehumano, superó una tras otra sus aparentes limitaciones. Si le decían que tuviera cuidado y que no andara mucho, él se pateaba de arriba abajo el pueblo y la comarca entera. Luego se empeñó en aprender a ir en bici, y los mil tortazos que se dio no le desanimaron, hasta que se compró una moto y un perro, y se paseaba orgulloso con los dos por las calles. A la gente no le quedó más remedio que quitarse el sombrero y cederle el paso. Fue en aquel entonces cuando hizo los amigos incondicionales que todavía hoy no se creen que no vayan a escuchar más chistes socarrones suyos.
Pero él no se quedó en la bici ni en la moto. Currante deslomado como yo no he visto en ningún sitio (y prometo que he visto muchos currantes deslomados), partió de la nada y sin desayunar, recorriéndose en camiones destartalados todas las carreteras de España. Jornadas que empezaban a las cinco de la mañana en Barcelona y terminaban a las once de la noche en Sevilla. O donde fuera. En todos los puertos conocía a alguien, en todas las ciudades había una persona agradecida por un favor suyo y dispuesta a llenarle con generosidad un vaso de vino en cualquier mesón. Su carácter le abría las puertas de todas las casas. En unos tiempos en los que España languidecía aprisionada entre ministros franquistas y diáconos furiosos, Rafa se abrió hueco con su incansable capacidad de trabajo y su ojo para los números, hasta que se convirtió en uno de los comerciantes y pequeños empresarios más avispados del lugar. Un self made man, a escala del Moncayo, eso sí, pero en todos los sentidos.
Se sentía orgulloso de lo que había hecho. Mientras los demás tenían escalerillas para ir subiendo, a él le dieron una liana andrajosa y escurridiza. Y, sin embargo, trepó más rápido y mejor que los demás. Era para sentirse orgulloso, pero no era lo que le hacía sentirse más orgulloso. Como buen patriarca fundador, su criptonita eran sus dos hijas. Lo sé muy bien, porque una de ellas es la que me quiere y me soporta a diario desde hace unos años. Verlas crecer y convertirse en dos mujeres brillantes, independientes y vitales que se echan al hombro lo que haga falta fue el alegrón de su vida.
Algo cascarrabias de un tiempo a esta parte, aunque siempre con sorna y campechana socarronería, se le llevaban los demonios cuando veía a Rajoy o a Acebes en la tele, y cada 14 de abril me mandaba un mail para desearme un feliz día republicano. Porque le encantaba la historia y pasamos unas cuantas sobremesas charlando sobre si Azaña era tan tonto como se le pintaba o si Raquel Meller era tan promiscua como cuenta la leyenda.
A su hija, la mujer que me soporta cuando me pongo insoportable, le quedan ahora los recuerdos. Sólo hay que esperar a que el dolor se diluya en nostalgia, porque a Rafa no le gustaba ver a sus chiquillas tristes.
PONETE EN BOLAS, LA PUTA QUE TE PARIÓ

Mi abuelo, que tenía un sentido del humor negro como el carbón -y que sus descendientes hemos seguido cultivando- solía bromear en los velatorios, y decía que las conversaciones de funeral son una cumbre absurda de la cultura española. Desde luego, en mi familia hemos sido muy fellinianos en ese sentido. Sí, es verdad, hay mucho de tragicómico en el ritual ibérico de la muerte, pero maldita la gracia que hace aguantarlo. Es agotador, un convencionalismo social estúpido, un ritual que no sé si sirve de algo a la familia del difunto, aparte de para anularla y noquearla. Por eso, una vez calmado el vendaval, necesito dos cosas. Primero, agradecer a todos los amigos las palmadas de apoyo, los abrazos, los besos, la discreción (qué malo es atosigar en estos momentos), las bromas, los brindis y las presencias. Necesito expresar ese agradecimiento tanto como cambiar de tema y empezar a recobrar la normalidad. Por eso escribo este post.
Y para recobrar la normalidad, un sucedido bien ameno e instructivo que pasó en agosto y que muchos conoceréis. La modelaza argentina Nicole Neumann, tía buena de profesión y ecologista de afición, quería protestar contra el comercio de pieles de animales. Por ello, anunció que se desnudaría en la esquina de Corrientes con Florida (que viene a ser algo así como la Puerta del Sol en Madrid o la Plaza de Cataluña en Barcelona, el mogollón más céntrico de Buenos Aires). Quizá Neumann pasa demasiado tiempo en París y New York y se ha olvidado de cómo se las gastan sus compatriotas. Si bebiera más mate y menos dry martini no se habría llevado la sorpresa que se llevó. El caso es que a la hora fijada para el despelote-protesta, media Argentina (masculina) se había amontonado en la esquina, con cámaras de televisión y todo, como se ve en la foto, y una multitud enfervorizada cantaba a gritos: "Ponete en bolas, la puta que te parió; ponete en bolas, la puta que te parió". Ante tal panorama, la modelo decidió que la lucha pro amnistía animal no era tan importante, y mandó a aquellos dopados de testosterona a la concha de su madre. No hubo despelote, pero Buenos Aires fue una juerga (sesuar).
EL COBARDE EINSTEIN

Qué tontos somos los de letras, de verdad. Si no hubiera que hacer números, habría estudiado algo de ciencia. Me mola el trasfondo filosófico de la ciencia, pero soy un vago redomado, me asusto ante las operaciones matemáticas y por eso me hice periodista. Ni siquiera me llegaron las fuerzas para enfrentarme a una filología o a algún estudio serio de jincar codos. Lo mío es diletar, trasnochar y tomarle el pelo a la gente.
"¿Sabes algo de física?", me preguntó un científico en su laboratorio mientras le entrevistaba para un reportaje reciente, cuando el hombre veía que empezaba a perderme en peligrosas nubes. "No, lo que me enseñaron en el instituto", respondí. "Pues entonces, no sabes nada". Claro que no, no tengo ni zorra, pero me encanta escuchar las digresiones de los científicos. Por eso me quedé la otra noche alucinado con un documental de la BBC que pasaron por el Canal de Historia. En dos capítulos, se repasaban todas las concepciones y teorías que el ser humano ha formulado sobre el universo, desde los chamanes del neolítico hasta las últimas especulaciones sobre la materia oscura. Como todo lo que hace la BBC, era más que claro, brillante. Condensó miles de años de conocimiento humano en dos horas y pico de televisión. No digo yo que el espectador saliera con un doctorado, pero era lo bastante denso y ameno a la vez como para dar una idea general de qué saben los científicos sobre el universo.
Lo que más me sorprendió fue la cobardía de Einstein. Como buen científico racionalista educado en el positivismo del XIX, a Einstein sólo le cabía en la cabeza que el universo era eterno e infinito. Admitir que podía tener principio y fin en el tiempo era asumir la teoría bíblica de la creación y caer en una superchería indigna de un hombre ilustrado. Por lo que tengo entendido, el físico alemán sólo aspiraba a ofrecer una teoría de Newton 2.0, desarrollándola y mejorándola en un sentido muy concreto. Newton había definido la gravedad, de acuerdo, pero se había olvidado de explicar por qué se producía. Lo de la atracción entre dos masas es una descripción que no explica la causa, y esa causa estaba, según Einstein en el contínuo espacio-tiempo, que es como un tejido. Los cuerpos, al situarse sobre ese contínuo, lo curvan, y la interacción de los cuerpos en esa curva del contínuo espacio-tiempo es lo que provoca la gravedad. Seguro que todo esto es mentira y la teoría de la relatividad es otra cosa, pero yo creo entender algo parecido a esto.
El caso es que Einstein descubrió gracias a esto que el universo no es estático, sino que se expande. Y la idea, al parecer, le aterró. Le aterró tanto que no se atrevió a desarrollarla lógicamente. Se vio inmerso en una paradoja: para no perder su fe en la ciencia, tenía que renunciar a actuar como un científico. ¿Por qué? Porque si -como sí hicieron sus discípulos- aceptaba que el universo se expande y no está en equilibrio estático, quiere decir que no es infinito, sino que tiene límites. Y que si se expande, alguna vez fue mucho más pequeño. Tan pequeño que puede que hubiera un momento en el pasado en el que ni siquiera existía. Luego el universo tuvo una fecha de nacimiento, luego fue "creado", luego a la mierda la razón y las ideas ilustradas. ¡Horror!
Tanto esfuerzo, para acabar dándole la razón a la Biblia, debió pensar el pobre Einstein, atrapado en su paradoja positivista. Por lo visto, no aceptó (conscientemente, aunque una voz en su cabecita le tocaba los cojones con el asunto todos los días) que el universo tenía principio y fin tanto en el espacio como en el tiempo. Más tarde, llegó la teoría del Big Bang que desarrolla el pensamiento de Einstein, pero él no soportó la idea y se cerró en banda. Me enternece. Me conmueve mucho saber que incluso las mentes que más admiramos y que más luz han dado a la humanidad tienen sus limitaciones humanas. Einstein fue educado en una concepción laica y positivista en la que una de las principales misiones de la razón era refutar la fe, barrer los jirones de oscurantismo escolástico que permanecían en la vieja Europa. Aceptar que el universo no es infinito era como darle la razón al Papa y traicionar a la ciencia. Y toda su fuerza creativa, el descomunal genio que demostró al formular su revolucionaria teoría, no fue suficiente para vencer el sistema de valores en el que había sido educado. Son gestos de humanidad que le reconcilian a uno con los genios.
Qué duro debe de ser que tu mente te lleve a concebir certezas que no estás preparado para asumir. Eso es lo que se llama adelantarse a su tiempo.
CINE ABSTRACTO
La broma-comentario de Einstein de la entrada anterior me ha recordado uno de los golpes más brillantes que le recuerdo a una persona muy querida. Los dos estábamos perdidos en una facultad absurda, sin entender un pijo de lo que nos estaba pasando. Nos habíamos matriculado en Periodismo y ahí no había periodistas ni periodismo por ningún lado. Teníamos una asignatura titulada "Teoría de la imagen", y la impartía un señor muy pedante discípulo de Roland Barthes o asín. Sus clases consistían en: a) expresar su frustación por impartir lecciones a plumillas aspirantes a redactores del Marca y no a doctorandos en filosofía, como mandaban los cánones, y b) la humillación constante de los seres intelectual y humanamente inferiores que tenía que soportar como alumnos.
En una de estas, al gachó le dio por hablar del cine abstracto, y pidió a la concurrencia: "A ver, ¿alguien de vosotros podría ponerme un ejemplo de cine abstracto?".
Y mi amigo (conocido en este blog como Ex Compañero) levantó la mano y soltó:
-Sí, yo sé uno: El conde Mor.
Al pedante barthesco se le notó un rictus de disgusto, pero no se despeinó ante las carcajadas vengativas.
El otro día vi un trozo de esa peaso película llena de fistros y me acordé de él.
CONSTATO INDIGNADO

Una de las leyes del Mundodisco de Terry Pratchet -cuyos libros intensamente carcajeantes recomiendo en grandes dosis para los estados anímicos carenciales- es que las cartas al director enviadas a los periódicos sufren una mutación en el transcurso de su envío. No importa cómo sea su encabezado ni si su tono es elogioso o crítico, el caso es que, al percibir la propia carta que es una carta al director de un periódico, inmediatamente transforma su encabezado por un "Señor director: constato indignado...".
Algo de lo que describe Terry Pratchet debe de haber, porque las secciones de cartas al director rezuman una indignación tan tremenda que tendrían que venderse con una compresa. Las gotitas de sangre de las úlceras que tienen los autores emborronan los textos hasta casi hacerlos ilegibles. Yo soy un fan de estas secciones. Sólo me disgustan cuando un lector "constata indignado" algo de algún artículo mío y me pone de vuelta y media como si le fuera la vida en ello. Me causa entre dolor y risa cuando su indignación les encumbra y confunden un error de denominación, una omisión accidental o una simple errata con conspiraciones en las que yo participo malévolamente. Una vez, me llegaron a decir, como escupiéndome: "Ya sabe usted cómo escribir para contentar a quien le paga". ¡Y se refería a un artículo estrictamente musical sobre un grupo heavy! Como si el heavy metal o el pop melódico entraran dentro de los planes editoriales y estratégicos de una empresa de comunicación. Me encantan las ideas de bombero de algunas personas, y me va en el sueldo aguantarlas con una sonrisa, claro.
Cuando no hablan de mí -que viene a ser la inmensa mayoría de los días, por suerte- lo disfruto. Las leo todas en todos los periódicos, y me recreo cuando hay sangrecilla. Me gustó el duelo a primera sangre entre Savater y el difunto Haro-Tecglen en El País. Si se cruzan por la calle, se dan de bofetadas, pero de bofetaditas ridículas, como de opereta, porque seguro que Savater pega como una chica y Haro-Tecglen nunca aprendió a usar la garrota. Si los pilla Gene Sacks hace con ellos un remake de La extraña pareja.
A Savater le leí una de las cartas de ataque personal más geniales que han pasado por mis retinas. Refiriéndose a Máximo, el cesado dibujante de El País: "Dice Máximo que sus dibujos son, más que chistes, pensamientos. Pues bien, si como chistes no hacen ninguna gracia, como pensamientos dan bastante risa". Era una carta digna de las que publican The Times y otros diarios ingleses, inventores del género de las "letters to the editor". Es un gusto leer esas pequeñas piezas de ingenio, con ese sarcasmo de caballero británico tan esnob y tan pasado de moda.
En La Vanguardia tenían hasta no hace tanto una costumbre muy fea. Las cartas que les llegaban en catalán, las traducían al castellano. Como mucha gente protestó, al final cedieron, y hace unos años que la sección es bilingüe. Pero no es esa muestra de supuesto seny lo que me gusta del periódico barcelonés, sino que los suscriptores se empeñen en proclamar a los cuatro vientos su condición. Firman: "Josep Maria de Montestruc i Fill de la Molt Gloriosa Mare que el va Parir fa un Grapat Llarg d'Anys. Suscriptor". Pa que lo sepáis, que esta opinión no la expresa un cualquiera, sino todo un suscriptor de La Vanguardia. ¡Que se pare el Palau de la Generalitat, que un suscriptor ha hablado!
Pero lo que me gusta de verdad es que Rafael Reig, jefe de opinión de Público y admirado novelista, conteste todos los días una carta al director. Sin complacencias, a su antojo, libre. Y entra al trapo de mojigatos y cantamañanas sin cortarse un pelo. Creo que es sano. Se habla mucho del feedback y de la dictadura uniderccional de los medios, pero no está mal que quien decide hacer públicas sus opiniones sepa que por muy indignado y muy lector-desde-hace-treinta-años que se crea, no son incontestables, y que todo lo que se vierte a la esfera pública (este blog incluido) puede ser discutido y refutado por otro ser pensante dispuesto a participar en el debate. Insultos y fobias maleducadas al margen. Hay muchas cartas que vociferan indignadas y exigen, con muy poca cortesía, cosas tales como que las señoritas se cubran los pechos al hablar con un niño o que cuelguen en el árbol de la Plaza Mayor al creador del último videojuego de la Play Station. No está mal que se oigan una voz discordante, ya que parecen muy acostumbrados a monologar.
No servirá de mucho, pero está bien que alguien dé voz a quienes pensamos, por ejemplo, que la juventud no solo no es más corrupta que hace 30 años, sino que es más lista, más viajada y con unas miras más abiertas que las de sus padres. O que la pornografía, siempre que sea legal, con contratos de trabajo y condiciones sanitarias dignas y, por supuesto, entre mayores de edad libres y conscientes, no tiene nada de malo. Quien no la quiera ver, que no la vea. Y quien sí, que le dejen disfrutar. O que el hecho de que un chaval juegue a atracar bancos en un videojuego no implica que vaya a atracarlos de verdad, y que el que tiene un problema serio es quien no distingue las fronteras entre el juego y la realidad (algo que mi sobrina, que tiene dos años, asume a la perfección, por otro lado, y no ha leído a Roland Barthes). O que los verdaderos problemas de alcoholismo no están en el botellón, sino en los señores que se toman el sol y sombra a las ocho de la mañana (mientras despotrican de los jóvenes que sólo saben emborracharse) y luego le atizan un par de sopapos a su santa esposa. En fin, esas opiniones que rara vez suelta alguien en una carta al director, pero que muchos pensamos que convendría que aparecieran, para no dar la impresión de que el mundo está poblado de furiosos amargados y reformadores puritanos de las costumbres.
Foto: La tortuga A'Tuin, que sostiene el Mundodisco sobre su caparazón.
TONO O POLITONO

¿Quieres que el rey diga "¿Por qué no te callas?" en tu móvil? Envía CALLAS al 6666 y bájatelo.
Sólo diré una cosa: me parece fatal lo que ha hecho el rey. Paco Umbral ("He venido a hablar de mi libro"), Camilo José Cela ("Absorbo un litro de agua por el culo") y Fernando Fernán-Gómez ("¡No necesito su admiración, váyase a la mierda!") se lo curraron un montón para marcar un estilo en el exabrupto catódico. Y ahora llega el rey y con una frase mucho menos original, les quita el puesto de macarras a todos. Pos vaya. Yo quiero romper una lanza por los maestros de la bordería catódica. Un abrazo a todos ellos, aunque sólo uno siga vivo.
Por cierto, me encanta la puntilla de Chávez: "Yo soy tan jefe de Estado como el rey, con la diferencia de que yo he sido elegido democráticamente tres veces". Razón no le falta.
MALOS TIEMPOS PARA EL MATIZ
La que se lía por nada. Como muchos no saben debatir sin berrear, se ha introducido un troll revienta-debates en los comentarios del anterior post y algún bloguero habitual ha entrado a su trapo (seguro que alguno más entrará). Sin embargo, se apuntan algunas cosillas interesantes.
Nunca he compartido el vicio tan extendido de utilizar el término fascista como comodín. Los mayores que vivieron la guerra se insultaban llamándose "facista", sin ese, y los aludidos les replicaban llamándoles "rojos". Por cierto, el término rojo tuvo una connotación denigrante durante mucho tiempo, hasta que las izquierdas lo asumieron como un orgullo, usando la misma estrategia que utilizaron los homosexuales al llamarse entre ellos "maricón", desactivando la carga peyorativa de la palabra.
Lógicamente, Aznar no es fascista, como tampoco lo es el nacionalismo vasco, ni el catalán, ni el PP, ni nuestro vecino del cuarto (bueno, a lo mejor, ese sí). Es un escupitajo fácil para descalificar al contrario, situándolo en otro plano discursivo y eludiendo, así, cualquier debate con él. De hecho, y paradójicamente, es una estrategia que te sitúa a su mismo nivel de inanidad intelectual. Precisamente este fin de semana se han cargado a un chaval de 16 años en el metro de Madrid. Las crónicas dicen que ha sido en un enfrentamiento entre nazis y antifascistas. ¿En serio? ¿Estamos hablando de un asunto político, como los tiroteos en las calles de los años 30? Quizá me equivoque, pero creo que esta violencia tiene más que ver con fracasos sociales y familiares que con Hitler y con Lenin. Por dios, que el chaval tenía 16 años, no puede haber muerto como mártir político, como Durruti o Calvo Sotelo. Considerarlo así supone desviar la mirada del verdadero problema y alimentar la posibilidad de que vuelva a suceder algo parecido el próximo fin de semana. A lo mejor resulta más cómodo reducirlo todo a categorías simples, pero no resuelve nada. Probablemente el matiz y el análisis sesudo tampoco resuelvan nada, pero nadie puede acusar a quien lo emprende de no intentar buscar una solución.
Tendemos a simplificarlo todo, a poner etiquetas sin grises. A mí me han llamado rojo cabrón y fascista en un mismo día y prácticamente por los mismos motivos. Corren malos tiempos para el matiz, para la indecisión, para el déjame verlo de otra forma. Y puedo soportarlo, no me importa mucho siempre que no me pongan un esparadrapo en la boca o intenten atizarme una colleja. No quiero su amistad. Ni siquiera quiero discutir con ellos, sólo que me dejen tranquilo. Lo que ya no consiento es la mentira al servicio del prietas las filas.
Si dices que crees que en el PP hay gente muy inteligente y brillante con la que se puede hablar sin berrear de cualquier tema y que se siente incómoda con la estrategia actual de su partido, te llaman pepero y, si se tercia, fascista. Si defiendes que no crees que Zapatero sea un oligofrénico y que muchas de las iniciativas que ha promovido te parecen dignas y bien enfocadas, eres un paniaguado del gobierno o un rojo mentecato. Cuando aclaras que no militas ni simpatizas ni eres votante de ninguno de esos dos partidos, te tachan de irresponsable, de no saber comprometerte con la democracia y de desperdiciar tu voto. Y son ejemplos diarios de gente que te espeta estas cosas sin ningún rubor, y sin conocerte apenas, sin saber nada de tus ideas políticas, de tus lecturas, de tus filias y de tus fobias. Una sola frase sirve para enviarte al cielo o al infierno.
Yo sólo escucho la Cope cuando cojo un taxi, y hay días en que mi trabajo me obliga a saltar de taxi en taxi toda una mañana o una tarde. Al principio, me hacía gracia. Lo percibía con distancia: esos tipos tan desgañitados, tan anacrónicos, diciendo esas sandeces tan supinas. Pasaba de ellos y no les atribuía la influencia que le otorgaban otros. Pero he de reconocer que el método Goebbels funciona. A fuerza de repetir y machacar, se acaba reclutando un ejército. El programa de la tarde de Cristina López Schlichting (conversa del marxismo-leninismo, como Losantos y algún otro) pone los pelos de punta. En un trayecto de un cuarto de hora en taxi una vez llegué a contabilizar tres mentiras gordas y alguna más de menor entidad. Pero las gordas eran gordas, de las que suenan a mentira infantil nada más decirlas. Contaban, por ejemplo, que hay un clamor en Europa y en la prensa europea contra el Gobierno español y que los grandes periódicos del continente se refieren a Zapatero como un dictador bananero. Pues no sé qué periódicos ni qué gobiernos serán esos. Quizá suceda en Montecarlo, San Marino y Andorra, porque lo que es París y Londres... Y un montón de barbaridades sin el menor fundamento, coreadas por un grupo de gritones exaltados con muchas ganas de bronca. Entonces pensé: claro, yo sé que lo que cuenta esta señora es mentira, porque estoy en el mundo, leo mucha prensa variada, viajo y estoy acostumbrado, en mi trabajo, a no publicar cosas de cuya veracidad dudo, pero este señor taxista, que llevará no sé cuántas horas con la oreja comida por esta gentuza (sí, gentuza: se dirán periodistas, pero yo no considero colegas míos a propagandistas burdos y mentirosos. De hecho, consideraría colega incluso a un fascista, siempre que ejerciera el periodismo con profesionalidad, pero nunca a estos mamarrachos), ¿qué posibilidades de contraste tiene? ¿Cambiará el dial alguna vez para que le cuenten otras cosas? Ocho horas diarias de masque de oreja de la Cope tienen que convertir a cualquier persona en zombi por fuerza. Porque son muy machacones, no paran ni un minuto de darle al mazo con lo mismo.
Algunos se van del mundo y pierden perspectiva. Muchos taxistas, no sé si influidos por el talante de la Cope, han perdido ya las habilidades sociales más básicas. Una vez, iba en un taxi con un amigo a un concierto del ciclo Muévete en Directo. El taxista empezó a despotricar con muy mal genio de esa "chorrada" del Muévete en Directo, que si patatín, que si patatán. No se cortó un pelo. Lo que no sabía era que mi amigo era el principal promotor del ciclo Muévete en Directo, que no le mandó a la mierda porque tenía la educación que a él le faltaba. A mi me han puesto a parir a Heraldo y a los periodistillas tontolabas a través del retrovisor un montón de veces. No tienen la más mínima prudencia ni educación (ojo, estoy hablando de unos cuantos). ¿Tan difícil es imaginar que en el asiento de atrás se puede sentar cualquiera y que a nadie le apetece oír simplezas ni insultos sobre su trabajo o su condición? Pero yo no sé si esto es influencia de la verborrea copera o va en el carácter estalentao de algunas piezas que circulan por ahí.
En fin, lo dicho: que yo no usaré arbitrariamente el término fascista, pero que ese remilgo terminológico no se traduzca en complacencia hacia lo que detesto. No sólo el fascismo resulta repugnante a una sensibilidad democrática. Tienen derecho a expresar sus puntos de vista y a promover sus discursos siempre que sus discursos no me obliguen a llevar cilicio ni a procesionar en Semana Santa. Yo también tengo el derecho de no escucharles (aunque los taxistas me lo nieguen: ya no te obligan a fumar el humo de los cigarros ajenos, pero sigue estando a la orden del día que te llenen la oreja de basurilla no solicitada). Lo que ya no debería consentirles nadie es que usen la mentira como herramienta.
DEXTER

Tenía que pasar. Tenía que venir una serie que me desilusionase: no siempre van a ser brillantes. Dexter, una de las promesas de la temporada, me ha parecido un bodrio, y lo lamento mucho, porque yo quería que me gustase.
Dexter es una secuela (comercial, no argumental) de A dos metros bajo tierra. Aprovechando el tirón de la serie de Allan Ball, han cogido a uno de sus protas, el interesantísimo actor Michael C. Hall (David Fisher en A dos metros...) y han montado un producto donde él es la estrella y el principal reclamo. Hasta ahí, estupendo. Yo soy el primero en picar en el anzuelo de Michael C. Hall, me interesa mucho su trabajo, pero podían habérselo currado un poco.
El argumento de partida ya es delirante, pero unos buenos guionistas le podían haber dado consistencia: Dexter es forense de la policía de día y asesino psicópata de noche. Pero, ojo, que sólo mata a los malos que se lo merecen y que el sistema judicial, ese fiasco en el que los ciudadanos no pueden confiar, no condena. Es un justiciero que recupera el espíritu fachoso de Harry el Sucio. Pero si Harry el Sucio era un personaje interesante, Dexter es más plano que una tabla de planchar. Monologa interiormente (!) y sus anodinas reflexiones son un lastre machacón que no te deja meterte en la historia. Subraya una y otra vez que él es un monstruo, un tipo especial que ve el mundo con otros ojos y bla, bla, bla. El problema es que luego no lo demuestra. Tú puedes decir que eres especial y enigmático, pero si tus actos dicen que eres más aburrido y lerdo que un antenista en paro, te puedes ahorrar los monólogos.
Los guiones están cogidos con alfiler, y el buen trabajo de unos actores que no están nada mal no basta para salvar unas tramas que hacen agua por todas partes. No hay intriga, las víctimas no inspiran sentimiento de empatía o antipatía ninguno, y los crímenes del asesino en serie al que persiguen, y que reta a Dexter en un jueguecito que todos hemos visto en pelis como Seven, no logran despertar el más mínimo morbo o interés. Y, para colmo, cometen un error mojigato que anula absolutamente el planteamiento: si se supone que nos tiene que dar repelús la faceta asesina del prota, ¿por qué no muestran sus crímenes? Sólo se enseña el comienzo, cuando los apresa y los ata a la mesa, pero nunca vemos cómo los mata y descuartiza. Hay una pudorosa elipsis incomprensible. Te pasas todo el capítulo esperando a que mate a alguien, y cuando lo mata, viene el tío Paco con las tijeras del horario de protección infantil y pasa a la siguiente secuencia. Pos vaya. ¿Os imagináis que nunca vemos cómo Los Soprano se cargan o dan una paliza a alguien? ¿O que en Doctor en Alaska nos estuvieran diciendo todo el rato que viven en un pueblo perdido, pero las escenas se rodaran siempre en decorados y nunca viéramos cómo es el pueblo? Pues eso hacen en Dexter. Eso sí, con mucho monólogo trascendente. Michael C. Hall está muy bien, no es culpa suya que no le den material bueno para trabajar.
Por supuesto, la fotografía y la música mu rebonicas. Cada plano es perfecto, con el encuadre y la luz embriagadores y misteriosos. Tan perfectos, que cansan: el capítulo es una sucesión de Caravaggios insoportables. Además, al contrastar con la pobreza del guión, este alarde técnico todavía subraya más la inanidad de la serie.
Lo dicho, una decepción. Me quedo con el Michael C. Hall de A dos metros..., donde los guionistas le dieron la posibilidad de demostrarnos a todos que es un actorazo. Mejor suerte otra vez.
LA GENTE DE VICENTE

Cincuenta años de Mortadelo y Filemón , patrimonio de por lo menos tres generaciones españolas. ¡Felicidades!
Qué grande es Ibáñez. Desde 1957, uno o dos álbumes al año y ni se sabe la cantidad de porrazos y barbaridades que ha dibujado. Bravo, Mortadelo, bravo, Filemón. Pero también bravo por el Superintendente Vicente, el Profesor Bacterio, Ofelia y el resto de agentes de la T.I.A. La gente de Vicente, como se titulaba un álbum. Y, de paso, un recuerdo para el resto de la troupe, para Chicha, Tato y Clodoveo, para Pepe Gotera y Otilio, para Tete Cohete, para Rompetechos, para el Botones Sacarino y para todos los que me estoy olvidando ahora mismo.
¿Hay que analizar Mortadelo y Filemón? ¿Hay que decir que son dos monumentos de la cultura española del siglo XX? ¿Hay que señalar que Ibáñez ha hecho de lo soez algo sublime, y de la ironía fina, una burrada irrepetible? ¿Tengo que subrayar lo ya sabido, que Mortadelo y Filemón han crecido con su público, y que su humor ha evolucionado en registros y referencias sin renunciar a la gracia burda y maravillosa del estacazo en el colodrilo? Por cierto, ¿hay alguien que use mejor la palabra colodrilo que Ibáñez? ¿Y escarabajo pelotero? ¿Y sulfato?
Mis tres favoritos de Mortadelo y Filemón: En Alemania, El sulfato atómico y el especial de Barcelona 92.
El sulfato atómico tiene algunas viñetas cumbre del tebeo en español, y En Alemania debería regalarse con las guías turísticas para ese país. El de Barcelona 92, sencillamente, roza lo tragicómico.
Y ahora, que levante la mano quien no se haya sentido alguna vez como Mortadelo. Y no hablo sólo de su capacidad para disfrazarse de cualquier cosa, sino de su mala pata al hacer chistes en los momentos menos indicados, de su capacidad para escaquearse de los marrones que le endilga su despreciable y vago jefe, y del ingenio que gasta en las réplicas (aunque siempre le cuesten un mamporro). ¿No somos todos un poco ese desgraciado puteado que utiliza el humor como defensa y kit de supervivencia a la vez?
Si este país fuera un país en condiciones, todas las ciudades y pueblos tendrían su plaza Ibáñez con su correspondiente monumento a Mortadelo y Filemón en el centro.
¡Felicidades, Ibáñez y criaturillas!
LAS VEGAS MONEGROS

Es el fin y el principio de Aragón al mismo tiempo, la culminación absurda de una región llena de absurdos: se va a construir una versión europea de Las Vegas en los Monegros, como contaba el viernes en exclusiva el periódico donde echo las tardes. Más de 30 hotelazos, parques temáticos y una ciudad surgida de la nada llena de luces de neón y horteradas sin fin. Se va a modificar la ley aragonesa del juego para liberalizar los casinos y, de paso, recaudar la mayor cantidad de dinero posible. Las previsiones más pesimistas hablan de 12 millones de visitantes al año. Las optimistas dicen que 24. El desmadre puede ser brutal. Este verano ya comenté que el desierto de Nevada es un paisaje muy parecido a los Monegros. Pues no soy el único que lo piensa.
Es el fin y el principio de Aragón. Una tierra que tiene por emblema a un pintor sordo que despreciaba Zaragoza; que guarda los esqueletos de sus viejos reyes en cajas de cartón de un depósito de la universidad y deja vacíos los mausoleos; que ha parido un artista serrablés, Ángel Orensanz, dueño de una sinagoga en Manhattan; que alimentó y formó los delirios de Luis Buñuel; que tiene curas que bajan en navata por el río Cinca, y que permite a Marianico el Corto perpetrar una obra de teatro al año, tenía que terminar así, en una orgía hortera de neón.
Es el fin y el principio de Aragón. Ríase usted de la Expo. Aragón va a ser el estado de Nevada en Europa. Verás cuando aterricen los aviones procedentes de Moscú llenos de empresarios rusos borrachos dispuestos a jugar toda la noche a la ruleta. O los que vengan de Yemen. Pero lo mejor vendrá cuando empiecen a rodar C.S.I. Bujaraloz.
Es el fin y el principio de Aragón. Y no me decido: no sé si me horroriza o me mola. Me divierte, en todo caso.
ESE TORITO

En 1862, Hans Christian Andersen tenía casi 60 años y era un tipo muy famoso (bueno, más que famoso, reputado) dentro y fuera de su querida Dinamarca. Por eso podía dedicarse al ocio y a viajar a gusto. Eso sí, su fama no era extensiva a España, donde muy pocos habían leído sus cuentos, así que pudo pasar desapercibido como un caballero norteño en tierras salvajes. Entró en septiembre montado en una diligencia por La Junquera. Recorrió Barcelona, Valencia, Alicante, Murcia, Cartagena, Málaga, Granada, Cádiz, Sevilla, Córdoba, Toledo, Madrid y Burgos, de donde se dirigió al norte para salir por Irún. A la vuelta, escribió Viaje por España, que fue inmediatamente traducido al inglés, al francés y al alemán, con una popular edición estadounidense. El libro tuvo mucho éxito en Europa y América, por lo que puede decirse que fijó la imagen que las élites cultas de la época tenían de nuestro país.
Andersen venía con una visión de España formada por sus lecturas románticas, las de los viajeros de su generación y la inmediatamente anterior (con la ayuda de algún colaboracionista español, como Zorrilla o el Duque de Rivas, que confirmaban los tópicos en su obra). Es la imagen de un sur caribeño, lleno de gitanos con la navaja suelta y de andaluzas lascivas. Pasión y fuego, vaya. Rosas y espadas. Sin embargo, la primera gran ciudad con la que tropieza le hace cambiar de idea. De Barcelona dice que tiene unos cafés más suntuosos, agradables y concurridos que los de París. Por supuesto, encuentra escenas típicas, pero ningún bandolero le asalta en un camino (como parecía estar deseando) y la comida, lejos de destrozarle el estómago y el paladar (como esperaba: la gastronomía española tenía muy mala fama en Europa hasta hace 30 años), le parece deliciosa. Andersen se encuentra con un país más europeo de lo que pensaba, donde el progreso progresaba despacio, pero existía una voluntad de aparcar marasmos y una burguesía que empezaba a tener algo de capital para avanzar.
El libro tiene muchos pasajes interesantes, pero hoy me quedo con esta descripción de una corrida de toros de la época, el espectáculo más horrible al que la refinada sensibilidad de Andersen se había enfrentado. Los antitaurinos pueden (podemos) usarlo como alegato a su (nuestro) favor. Es sólo un pequeñísimo extracto, que es muy larga. Luego, si tenéis ganas, lo comparáis con Fiesta de Hemingway:
"Vi cómo el cuarto toro, vomitando sangre, saltó la barrera (...). Recibió un par de estocadas mal dadas; la sangre le salía a borbotones por la boca (...). Diez caballos y cinco toros habían sido sacrificados. Aún quedaban siete por lidiar. Yo ya tenía bastante por esa vez. Tan impresionado y harto quedé, que abandoné la plaza donde -según me dijeron luego- la corrida había llegado a ser mucho más sangrienta y emocionante; fue muerto hasta el último toro.
¡Es una diversión popular sangrienta y cruel! En esto coincidían muchos españoles. Aseguraban que no sobreviviría muchos años y que recientemente se había dirigido una petición a las Cortes solicitando su abolición".
Pues estamos como en 1862.
PD: sello de 8 € de la portada del libro no es una pegatina. Los muy cutres lo han impreso en la portada. Se ve que a Andersen hay que ponerlo de oferta o no le hacemos caso.
AMERICANOS, OS RECIBIMOS CON ALEGRÍA

Conforme se van sabiendo más cosas del proyecto de Las Vegas monegrinas, más ganas dan de hacerse croupier. He de decir que en realidad mi verdadera vocación es la de gánster, pero a las familias mafiosas se accede desde lo más bajo hasta llegar a capitán o consigliere, y yo ya estoy algo mayor para empezar a dar palizas a raterillos de barrios chungos. No, si me meto en ese negocio es para extorsionar directamente a millonarios y para llevar a casa a la chica del padrino cuando se pase con la ginebra y se ponga pesada. Si me ofrecieran directamente un negocio de prostitución en la trastienda de un casino, aceptaría, claro, pero he de ser realista. Así que probaré suerte de croupier, esperando caerle bien a un capo en racha para que me coja bajo su protección.
Lo dicho: un sensacional delirio. ¡Va a tener hipódromo, canódromo y plaza de toros! Olé. ¡Y dos huevos duros! ¿Cómo serán esas reuniones? Supongo que se juntarán los ricachos megamalvados en una cúpula geodésica, que siempre queda bien como lugar de reunión, y se pondrán farrucos, como ciervos en berrea. "Pues yo pondré un hipódromo", saltará el flemático inglés mientras llena su pipa. "Un hipódromo, menuda mierda: yo voy con un canódromo", responderá un saudí con turbante. "Señores, por favor, que lo vamos a hacer en España: no olvidemos la plaza de toros", dirá el pragmático judío neoyorquino. "Veo tu plaza, pero que sea de mil millones de metros cuadrados y sirva para torear mamuts y camiones con forma de brontosaurio", gritará el petrolero texano mientras se come un chuletón de seis kilos criado en uno de sus ranchos relaxos. En una esquina de la cúpula geodésica, una escotada secretaria del Un, dos, tres apuntará todo taquigráficamente mientras una escotada camarera -vestida como Miss Rabbit, por ejemplo- rellena los vasos y practica felaciones alternas. Así se toman las grandes decisiones, sin duda.
Pero, como siempre, el mejor de todos los personajes de ficción de esta historia ha sido el vicepresidente de Aragón, José Ángel Biel, que ha dicho que el consorcio (el cha-cha-cha del tren, qué gusto da viajar con el cha-cha-cha del tren) se ha decidido por los Monegros para montar este tinglado frente a Francia y Dubai "por la disponibilidad de agua". Sí, ese agua monegrina que que da color a su paso a las tupidas praderas del lugar. Pero usted no se preocupe, señor Biel, que los de la cúpula geodésica traerán agua de Marte si hace falta. Eso no es nada que no solucione una buena millonada.
Los que de verdad lo van a flipar son los del festival Monegros Desert. Creerán que no se les ha pasado el efecto de las pastillas. En fin, a mí lo de los canódromos me parecen muy bien, pero por favor pido que se acuerden de La Maña y le monten un buen casino que le asegure una jubilación digna. En el bufet libre, migas y ternasco, y en el escenario, la revista de Luis Pardos presentando a Manolito Royo.
Como dirían los del destape: "Un pelotazo de la leche. Si con esta no nos forramos, ya no pillamos otra, Pepe. ¡Anda y vamos a celebrarlo con unas señoritas a-le-ma-nas!".
FERNANDO FERNÁN-GÓMEZ

Estaba intentando decir algo interesante sobre Fernando Fernán-Gómez, ahora que ha muerto, pero hay tanta gente que ha dicho ya tantas cosas que no sé qué puedo aportar, la verdad. Creo que la frase que mejor le define no se escribió pensando en él ni para que la dijera él. La escribió un argentino, Adolfo Aristarain, y la puso en boca del histrión Eusebio Poncela en Martín (Hache): "No es un genio, sino un buen artesano. Y no lo digo como desdoro: son muy pocos los que han llegado hasta allí, son muy pocos los que respetan el oficio que han escogido". Y lo respetó como actor, pero, sobre todo, como director.
Los datos apabullan: como actor trabajó en 212 pelis y dirigió 30, 29 de las cuales también las escribió. Fue un stajanovista con la maldición de todos los hijos de Stajanov: lo bueno y lo malo se mezclan y se ensucian. Su carrera es, más que irregular, de altibajos sísmicos, con bodrios infectos alternados con sublimes apariciones. Eso, como actor. Como director mantuvo un tono más constante y, aunque no firmó ninguna obra maestra, demostró oficio y cierta maestría en algunos momentos. Yo me quedo con Mi hija Hildegart y El extraño viaje. Como actor, me voy a sus últimos años y me quedo con una secuencia de la extrañamente hermosa (y por momentos muy sobrada de pirotecnia) La ciudad sin límites: cuando le sacan del hospital y va en el coche mirando alucinado su querido París a través de la ventanilla. Todos los actoruchos de este país deberían ver ese plano en bucle para bajarse el pavo y comprobar cuánto les queda por aprender de los mayores. En el terreno cómico, nunca olvidaré que el turrón, por encima de todo -y, sobre todo, en la empresa Plachadell y Calabuch de Moros y cristianos- tiene que llevar almendra, ¡al-men-dra!
De su faceta teatral, con Las bicicletas son para el verano, no sé qué pensar, pero tiene el mimo artesano de sus pelis, y eso ya la hace digna de respeto.
No fue un genio, pero tampoco un mediocre. Hay muchas gradaciones de gris entre esas dos puntas, y colocarse en cualquiera de ellas supone pertenecer a ese 1 por ciento de la humanidad situado por encima de las miserias de lo vulgar. Lo que me parece triste es que, con la de cosas que se pueden decir de alguien tan importante para la cultura española del siglo XX, para muchas abuelas se haya quedado como aquel galán (?) de Balarrasa, y para muchos jóvenes sólo será el autor de "¡A la mierda!". Ahí está La silla de Fernando, de David Trueba y Luis Alegre, testamento oportunísimo. El tiempo hará una criba (una gran y demoledora criba) en su filmografía, y entonces veremos de verdad qué queda (qué nos queda) de Fernando Fernán-Gómez.
ALMUERZO CON EL PAÍS
¿QUÉ COÑO HACES TÚ?
En los últimos tiempos he recibido dos convocatorias en el mismo tono. Convocatorias colectivas, claro, de las que se mandan a mogollón por e-mail. Una era para participar en un apagón simbólico contra el cambio climático, y la otra, para sumarse a una concentración contra la violencia doméstica. El tono de ambas era el mismo y decían algo así como: "¿Qué pasa, tí@? Seguro que prefieres quedarte calentito en tu casa sin hacer nada, gastando mucho dinero y no participando en nuestra lucha, ¿no, burguesito de mierda? No me digas que tienes algo mejor que hacer, pringao tontolaba. ¿Qué tienes que hacer: ir al cine, consumir con tu tarjeta de crédito? Mamón/mamon@. Si no participas es que eres un hijoputa que mereces todo nuestro desprecio. Tú serás el culpable de todo. Si no vienes, tú también serás un asesino de mujeres y un ecologicida". Fíjate tú, y yo con el café mañanero a medio beber.
Guau, me apabulla esta original forma de provocar al stablishment. Muy lograda, sí señor. Si Marcel Duchamp viviera les contrataba fijo. Y si Botín recibe uno de esos mails se va a ir a la cama sin cenar del bajón que le va a entrar en el cuerpo. Noto en el ambiente las conciencias doloridas de un millón de oficinistas pequeño-burgueses. Qué intervención, qué oratoria, qué forma de hurgar en el núcleo esencial de nuestras míseras contradicciones. Es materialismo dialéctico a la enésima potencia. Hegel puesto del revés, Nietzsche hiperbólico. Más que brillante, esplendoroso.
Sólo para que conste: lo del cambio climático lo dejaré estar porque es un debate más chungo y nos llevaría por derroteros muy pantanosos, pero ni yo ni muchos otros millones de pacientes ciudadanos somos culpables de que cada día un energúmeno acuchille a una pobre mujer indefensa. El culpable primero y principal es el energúmeno, y los culpables secundarios (pero muy secundarios con respecto a quien empuña el arma, por supuesto) son los gestores de un Estado que no ha sido capaz de dotar a esa persona de una seguridad física y jurídica eficaces y completas para que nadie viole sus derechos. Por supuesto que como ciudadanos podemos hacer más. Por supuesto que hay mil formas de aportar algo para acabar con esta plaga de energúmenos prehistóricos, pero no tenemos la culpa de lo que les pasa a esas pobres mujeres. Es más: ni siquiera los espectadores del Diario de Patricia tienen la culpa, aunque a los responsables de ese bodrio infecto catódico no les vendría mal un poco de vergüenza, ya que demostraron hace mucho que dignidad no tenían. Y voy más allá: no sólo no tenemos la culpa de esas desgracias, sino que estamos en nuestro derecho de mandar a la mierda a quien nos importune tachándonos de cómplices. ¿Cómplices de qué? ¿De vivir, de trabajar como mastuerzos sin perder los arrestos, de intentar ser algo felices con las personas que queremos? Guárdense la provocación, que esas adolescentadas están ya muy vistas.
Y, por supuesto, aun sintiendo como siento toda la rabia, el dolor y la impotencia que me inundan al ver cómo un congénere muere a manos de la estulticia y la barbarie más gratuitas, no creo que concentrarme en la calle con quien me obliga a elegir entre estar con ellos o ser cómplice de los bárbaros vaya a traer solución alguna, ni tan siquiera consuelo. Así que sí, probablemente pasaré de la concentración y me iré al cine o a comprar algo caro e inútil con mi tarjeta de crédito. Y quizá al día siguiente busque una forma de echar una mano a esas mujeres en un lugar donde no me señalen con el dedo. Desde mi libertad. O a lo mejor no hago nada, pero en mi conciencia no hay ninguna mujer muerta, y que nadie juegue con eso echándolas al hombro de la gente intentando esbozar una provocación pueril.
Si quieren provocar, me parece estupendo, pero hay que ser muy bueno y muy listo para hacerlo bien, porque la historia de la provocación es larga y tiene muchos maestros, desde Rabelais hasta Johnny Rotten. A estas alturas, está casi todo visto, así que, ofrézcannos material bueno o déjennos en paz, que tenemos muchas cosas que hacer.
QUISTES GEOGRÁFICOS

Hace un par de semanas, mientras leía un fantástico reportaje en El Mundo sobre las absurdas posesiones españolas en el norte de Marruecos (el famoso Perejil, Alhucemas, las Chafarinas...) recordé lo mucho que me fascinan esos sitios demenciales, esas bromas de la historia a las que no escapan ni Ceuta ni Melilla. Residuos coloniales y detritus geográficos. Geniales maravillas. La lástima es que visitar esos lugares es muy difícil: en el caso de que se puedan conseguir con facilidad los visados y permisos oportunos (que no siempre es así), llegar hasta ellos requiere grandes dosis de paciencia y dinero, sobre todo dinero. Además, son tan absurdos que no suelen tener casi atractivos: la única gracia del viaje es llegar al destino y saber que estás allí. Pero a mí me basta. Así que a ver si instalan pronto Las Vegas monegrinas, me uno al hampa, saco unos milloncejos y me cojo un año sabático para visitarlos.
Estoy pensando, por ejemplo, en las Malvinas-Falkland. Un conjunto de preantárticos peñascos con un estatuto muy parecido al de Gibraltar. Son ingleses, hablan inglés y vivieron una infausta guerra en 1982 con Argentina. Allí, a unos 600 kilómetros de la costa patagónica, viven unos 3.000 súbditos de Su Majestad, 2.000 de ellos en la capital, Stanley, y el resto repartidos por "country farms" con sus argentinísimas ovejas de la Patagonia. Dicen que viven de la pesca y de prestar servicio a la guarnición militar. Todo esto ya lo convierte en un sitio raro de narices, pero lo que a mí me gusta es que fueron descubiertas en 1592 por unos desquiciados, crueles y borrachos marineros ingleses que iban a bordo de una gloriosa bañera llamada Desire. Por eso el escudo de las Malvinas tiene la leyenda "Desire the right". Alentados por el capitán, la tripulación perpetró una tremenda matanza contra los pingüinos del lugar, y parece que ese episodio inspiró parte de la Rima del viejo marino de Samuel T. Coleridge, aunque éste cambió a los pingüinos por un majestuoso albatros. ¿No merecen una visita sólo por eso? Claro que sí, pero los únicos vuelos regulares a Stanley los opera LAN desde Chile, no hay ninguna otra conexión posible.
Muy cerquita de Aragón tenemos otro detritus de la historia mucho más accesible. Hay un pueblo de Gerona que está completamente rodeado de territorio francés: Llivia. Tras la Paz de los Pirineos, en el siglo XVII, la monarquía hispánica tuvo que ceder los condados catalanes del Rosellón y la Cerdaña a Francia (hoy conocidos como la Cataluña francesa o la Catalunya Nord, según los catalanes). Sin embargo, los soldados franceses que iban pueblo por pueblo leyendo el bando de anexión de las localidades al Estado francés se olvidaron de pasar por Llivia. Un olvido que mantuvo a este pueblecito vecino de Puigcerdà ligado a España hasta hoy. Ahora, con la UE a tutiplén, no hay problema ninguno, pero imaginaos el drama que les suponía antaño a los vecinos de ese sitio cruzar dos puestos fronterizos para hacer cualquier gestión en Gerona, y lo jodido que debía de resultar en la posguerra más negra, cuando no había relaciones diplomáticas con Francia. Hoy, por suerte, es sólo un pintoresco anacronismo. Como Andorra, pero sin ventajas fiscales ni DVDs baratos.
Más arriba están las islas del Canal de la Mancha: Jersey y Gernsey. Avanzadillas británicas frente a las estiradas costas de Francia, la única porción de suelo inglés que fue ocupada por los nazis (y bien que les jode recordarlo). Son despojos del feudalismo casi al margen del control del Estado británico, paraísos fiscales donde tienen su sede las más turbias empresas del mundo. Están gobernados por auténticos señores feudales, tienen una democracia muy sui generis y casi todos sus habitantes son nobles (aunque no tengan una libra).
Una compañera de trabajo estuvo hace un tiempo en Kaliningrado, un quiste de la Guerra Fría, un jirón de Rusia en medio de la UE, entre Polonia y Lituania. Dice que es un lugar horrible y que tuvieron que sobornar con 50 euros al guardia fronterizo para pasar sin problemas. Un enclave deprimente de deprimente y alcoholizada estética soviética. Tengo que ir algún día.
Otro sitio fantástico es Saint-Pierre et Miquelon, junto a Terranova, en Canadá. Es un territorio francés con todas las letras, aunque no forme un departamento. Unos 6.000 enfants de la patrie en la indómita América del Norte, con su Lycée (pero sin université), su Hôtel de Ville y su boulangerie como está mandao. Envían un diputado a la Asamblea Nacional, pero no tienen mucho trato con la metrópoli: ni siquiera hay vuelo directo desde París. Aunque es territorio de la UE, para viajar allí hay que pasar por Canadá y se exige un visado. Desde Europa, lo mejor es viajar con Air France a Montréal y, desde allí, coger un avión (de hélices) de Air Saint-Pierre hasta Saint-Pierre.
Hay muchos más sitios absurdos que me gustaría conocer, pero creo que por hoy ya está bien. Otro día, cuento más.
Ah, y me olvidaba de nuestro (o suyo, o de ellos) Gibraltar. La próxima vez que baje a Al-Andalus prometo hacer una visita.
LA MUGRE DE LA HISTORIA

Hablando de geografías, colonialismos residuales y tonterías varias, me encontré ayer con la columna tumbada de Maruja Torres en El País (que, en un alarde de genio singular, tituló "Ano-polis": guau, Maruja, qué hallazgo culero). La columna me importó más bien poco, pero, como a Mafalda, me dio por pensar en Israel y Palestina y en otras muchas poblemáticas nacionales.
Creo que muchos nacionalismos de corte clásico generan una paradoja: quieren restituir la historia ignorando la propia historia. Identifican un punto de quiebra -la ocupación de su civilización por parte de otra- y quieren volver a la situación anterior en la que la cultura impuesta no existía. Sin embargo, eliminar esa cultura dominante implica en buena medida falsear y transformar la realidad actual, pues esa cultura -impuesta o no- se ha asimilado y asentado en el lugar. Vamos, que se podrá pensar lo que se quiera de la fundación del Estado de Israel y de su actuación posterior, pero lo cierto es que existe y que ya hay varias generaciones de israelíes nacidas allí, y esa tierra es tan suya como de los palestinos, por lo que la solución debe incluirles: echarles al mar sería tan injusto como los campamentos de refugiados palestinos de ahora.
Acercándonos más a nuestra realidad, podemos lamentar todo lo que queramos la casi desaparición de la lengua aragonesa y la castellanización de Aragón, pero la historia es la que es y hay que vivir con ella. La única estrategia inteligente, incluso desde un punto de vista nacionalista, es concluir que una sociedad es el resultado de su historia, de toda su historia, y que el único futuro que no tiene visos de convertirse en pesadilla es el que se construye teniendo en cuenta ese crisol, asimilando incluso lo que fue impuesto a sangre y fuego, pero que está ahí y no se puede borrar.
Los argentinos, siempre preocupados por estos temas, llevan unos años inmersos en una ebullición cultural tremenda, de la que seguro que se hablará en el futuro como una edad de oro de la creación. El corralito de 2001 ha supuesto un punto de inflexión brutal que les ha obligado a remirarse su obligo porteño. Ahí están escritores como Rodrigo Fresán o Carlos Gamerro, que han despuntado ahora, pero sobre todo está el tango, que ha sido redescubierto por una juventud perdida. Los músicos argentinos más jóvenes e inquietos han buceado en su herencia, la han asimilado sin prejuicios y se han empapado de toda la suciedad de su historia. No se trata del falso mestizaje ni de un criollismo rancio, sino de la búsqueda de lo que uno es como ser social. Han cogido el tango, asumiéndolo como fruto de una historia concreta -no como esencia inmutable de nada- y lo han tomado como base para construir su propia historia. La del presente y la del futuro que quieren.
Eso hace Bajofondo Tangoclub, que acaba de sacar nuevo disco, Mar Dulce: no es una reinvención del tango, sino la música que necesita una generación desquiciada. Quizá este segundo álbum sea mucho más flojo que el primero (lo es: a mí me ha decepcionado un poco), que me impresionó mucho. Les vi en Buenos Aires y me impactaron un montón, pero me impactó mucho más la conexión que tenían con su público. Bajofondo ha tocado algo muy hondo del alma argentina, si es que los pueblos tienen alma, y creo que es porque han sabido asimilar su cultura sin mitos ni utopías, con toda la mugre que trae la historia, que es mucha. Quizá sería una buena forma de empezar a debatir sobre la memoria y de hablar en serio sobre algunas cosas serias.

