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Resumen

CATALÁN Y RICO

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Vengo de Jaca, de asisitir a un muy interesante curso sobre novela española del siglo XXI organizado por la Universidad de Zaragoza y en el que han participado escritores, críticos, editores y agentes literarios que han debatido y analizado la situación actual de la narrativa y del mundillo literario españoles. No voy a dejar constancia de todo lo que se ha dicho, aunque seguro que daría para animar más de un debate en este garito electrónico, pero he salido con la sensación de que vivimos un momento complicado, con unas coordenadas confusas y una creciente incapacidad para diferenciar entre literatura y mercado editorial literario. En fin, que como diría alguna fandanguera -en plata, para desengrasar un poco el empacho de altos vuelos dialécticos que me he metido para el cuerpo este fin de semana-, que "no tengo el chocho pa farolillos" y me veo incapaz de escribir con sensatez sobre el tema. Quizá vayan saliendo pinceladas en próximos días.

Hoy sólo quiero recoger por escrito, antes de que se las lleve el viento, un par de perlas lanzadas por Constantino Bértolo, uno de los editores por cuyos favores suspiran (¿suspiramos?) los aprendices de escribidor de este país con cierta querencia por la exquisitez (qué cursi me ha quedado eso, pero no pienso borrarlo).

La ponencia de Bértolo se titulaba "El editor atento. El descubrimiento de nuevos valores", y en ella contó un poco por encima en qué consiste su labor dentro del entramado del mundillo y cómo pueden acceder al mercado nuevos nombres que no busquen pegar un pelotazo con una novela histórica o con cuentos de piratas en los mares del sur. Cito los momentos estelares de su brillante -y descarnadamente ilustrador- discurso. Los reproduzco sin miedo porque fueron pronunciados en una tribuna y con micrófono, así que entiendo que son completamente públicos y publicables:

"Cuando me preguntan qué hace falta para ser un buen editor independiente en este país yo siempre respondo que hay que ser catalán y rico. Porque, el editor atento, primero tiene que serlo en el sentido antiguo del término, de 'qué atento es este caballero', y si tienes un chalet en Pedralbes con un salón amplio y un buen jardín, puedes ser muy atento con el director general de turno, el crítico del suplemento literario que corresponda y el editor francés que interese en ese momento. Si tienes un piso, no te cabe tanta gente ni puedes ofrecer una cena en condiciones".

"Luego hay gente que se sorprende de que un autor se ponga de moda simultáneamente en cuatro países. Y yo les digo: 'Coño, pues haber estado en la cena en la que se habló'".

"Las cartas de presentación que acompañan los manuscritos que llegan a una editorial son el género literario más difícil al que se enfrenta un escritor. Habría que publicar una antología. Muchas vienen con frases del tipo 'a Vila-Matas le ha gustado mucho y cree que te va a interesar'. Coño, pues si le ha gustado tanto, ¿por qué no se la recomienda a su editor en vez de enviármela a mí?".

"Muchas veces, las recomendaciones sirven para descartar, según quién las haga. También es verdad que si un escritor del que te fías te recomienda un manuscrito, lo pones por delante en el orden de lectura, aunque eso no garantice nada. No es cierto que no sirvan de nada. Si un autor que vende 300.000 ejemplares va a su editorial con el libro de su amigo, la novela sale al día siguiente, y sin necesidad de que nadie la lea. Claro que, escritores así, hay pocos en este país".

"Cuando trabajaba en Debate (donde dirigía la colección Punto de Partida en los años 90, cantera de jóvenes talentos que empiezan a dejar de serlo. A dejar de ser jóvenes, digo) tenía un buen equipo de lectores profesionales a mi cargo. Yo hacía una primera criba, que a veces se hace sin abrir el manuscrito, con el simple título, o con la presentación, si viene muy desastrado o lleva una errata en la primera línea... O incluso con las dedicatorias. Los autores no se dan cuenta de que las dedicatorias también son texto, y si tú abres un manuscrito que empieza diciendo 'A mi novia, que tanto se ha sacrificado por mí y esas cosas', no dan ganas de seguir leyendo. Por no hablar de las citas: una cita dice mucho del autor que la selecciona. Bueno, cuando hacía esa criba, los que la superaban, más o menos la mitad, pasaban a los lectores, que me los devolvían con un informe. El informe consistía en una descripción del argumento y una valoración literaria. En realidad, lo de la valoración literaria lo ponía para que los lectores pudiesen demostrar su oficio crítico y quedarse tranquilos, pero lo que a mí de verdad me interesaba era saber cómo habían resumido la trama, pues en esas frases es donde dejaban caer los juicios de valor reales. Y no siempre un mal informe descalificaba un manuscrito. Si a un lector le había parecido una novela 'horrible' o 'irritante'... En fin, una novela que tiene la capacidad de irritar merece un vistazo".

"Si tu manuscrito ha pasado por todas las editoriales y ha sido rechazado en todas, cámbiale el título y vuelve a hacer la ronda. Probablemente va a caer en lectores diferentes y es posible que encuentres uno que le guste y lo recomiende".

He aquí toda una guía práctica sobre el mundo editorial, en seis párrafos.

Foto: un extraño retrato de la escritora Belén Gopegui, pareja de Constantino Bértolo, que ha paseado también su melena gris por las calles de Jaca este fin de semana.

02/09/2007 21:21 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Literatura Hay 3 comentarios.

INFORMARON FUENTES MUNICIPALES DEL PP

Un teletipo de la agencia EFE que podría ser incluido en un apéndice de Celtiberia Show por su última frase:

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TABUENCA (ZARAGOZA) CELEBRA EL JUEVES II CONCURSO DE COMEDORES DE ALBÓNDICAS

Zaragoza, 3 sep (EFE).- La localidad zaragozana de Tabuenca acogerá el próximo jueves, día 6, el II Concurso Oficial de Comedores de albóndigas, en el que los participantes deberán ingerir albóndigas con un peso unitario de 25 gramos, que se servirán en tandas de diez.

Las albóndigas estarán elaboradas con panceta, carne de vacuno, fécula de maíz, harina de arroz, sal y perejil, informaron fuentes municipales del PP.

¿Quizá el PSOE sustituiría la fécula por miga de pan?

03/09/2007 19:36 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Noticias Hay 6 comentarios.

UNA RECOMENDACIÓN

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Por pura casualidad, una casualidad rayuelesca, he tropezado con el blog de Edgar Quinet y Pauline , al que ya estoy enganchado. Por motivos estilísticos, de empatía literaria, y por motivos mucho más personales, porque me trae aromas agradables de momentos de descubrimiento; recuerdos de personas que cambiaron para siempre mi forma de vivir y de sentir. Con permiso del autor -aunque sin pedírselo-, dejadme que copie aquí uno de sus posts. Se titula Un ojo izquierdo llamado Danilo T. Brown 4 (256), y dice así:

Mi ojo izquierdo, llamado Danilo T. Brown, percibe la realidad (o lo que sea) en una escala de 256 tonos de gris. Es incapaz de distinguir el magenta del verde pistacho o del burdeos. Para él todo es blanco o negro o gris (gris claro, gris oscuro, gris oscuro casi negro, etc).
Al principio puede resultar extraño, pero enseguida te acostumbras. El gris es un color muy sufrido y hace juego con todo. Un traje gris (gris marengo, por ejemplo) te lo puedes poner en la boda de tu hermana, en el entierro de tu abuela o en la primera comunión de tu sobrino. También sirve para ir al teatro o para sentarte ocho horas diarias frente al ordenador de la oficina e introducir números en una tabla de Excel.
Al verlo todo gris, además, te cambia el humor y la motilidad del aparato digestivo. Ya casi no sonríes (a qué, a quién) y adelgazas sin parar, aunque no quieras. Dejas de comer verduras y filetes de pollo (una lechuga gris no es comestible, un filete gris hay que tirarlo a la basura antes de que empiece a oler). Sólo puedes ingerir alimentos enlatados, algún pescado poco hecho y pan integral. El único hábitat tolerado por tu ojo izquierdo es la gran ciudad, las calles sin árboles, los edificios de más de 12 plantas, el movimiento rectilíneo de los transeúntes mirando al suelo y con las manos llenas de bolsas de Zara y Pans&Company. No puedes salir de casa sin paraguas. Ya no existe el cielo azul. Diga lo que diga el hombre del tiempo el cielo siempre es gris y amenazante igual que la ceniza de un cigarrillo o las escaleras mecánicas de los centros comerciales.
Está claro. No es lo mismo mirar el mundo con un ojo derecho cualquiera que con un ojo izquierdo llamado Danilo T. Brown que percibe la realidad (o lo que sea) en una escala de 256 tonos de gris. Gracias a mi ojo izquierdo todo lo que miro me parece intelectual y trascendente (además de gris). Una caca de perro es un dilema ontológico, un coche aparcado en batería da para un libro de poemas, una mosca que pasa mientras cago con la puerta abierta da para un post de 335 palabras. Sin el gris nada merece la pena. El gris es el color literario por excelencia, es el color del suspense y del cine de culto (toda la sección de cine de autor de la Fnac está llena de películas en blanco y negro. Y gris). En el gris está el origen y la esencia. Todo lo demás (el magenta, el verde pistacho, el burdeos) son adornos y metáforas baratas. Pirotecnia
.

No sé quién se esconde tras este blog, pero me gustaría leer algún libro suyo pronto.  

Imagen: el verdadero Edgar Quinet, amiguísimo de Victor Hugo. 

04/09/2007 01:58 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Literatura No hay comentarios. Comentar.

LOS PEORES ANUNCIOS DE LA TELE

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Aun a riesgo de hacer el juego a los publicistas que han diseñado las campañas (que hablen de uno, aunque sea mal, y esas cosas), no se me ocurre mejor forma de inaugurar la temporada televisiva que haciendo un Top-5 de los anuncios más irritantes que actualmente emite mi idolatrada caja tonta. Pero es que me enervan, transmutan el buen rollo que las series y las pelis me transmiten en odio hacia la humanidad, y por eso he de reseñarlos, para no sentirme tan solo y comprobar si a vosotros también os alteran el sistema nervioso central. Renovaré periódicamente esta lista de odios. De momento, la cosa queda así, de menos a más:

On number five...

  • Carefree. "No importa las braguitas que lleves, te sentirás bien en cualquier momento". Menos cuando veas ese anuncio. Los contoneos de esa pija -por más que su anatomía casi al descubierto me inspire otras emociones que no vienen al caso- merecen el cadalso. No por lúbricos, sino por estúpidos. Su risa idiota del final me provoca pensamientos de anciano: "Ay, hija mía, tú lo que necesitas es haber pasado una guerra para enterarte de lo que es estar bien de verdad".

On number four...

  • Kangoo. Unas toallitas para que los niños se limpien el culo. Sale un grupo de querubines haciendo una coreografía y cantando una canción sobre las bondades de limpiarte el culo tú solito. Ya sabéis, el rollo freudiano de que si te mola tu caca eres una persona creativa. Nada que objetar ni a la mierda infantil ni a la debida higiene, pero la mascota del anuncio es una especie de rana bípeda que enseña sin rubor cómo usar las toallitas de papel. Sin embargo, en la demostración, la ranita en cuestión se introduce una toallita por el culo y hace un gesto de "qué guay". Yo creía que la estimulación anal se practicaba a otras edades, y tampoco entiendo esa filia erótica por la celulosa.

On number three...

  • Micralax. Seguimos con lo escatológico. En un arranque presuntamente cómico, se nos presenta a una pobre y atolondrada chica inmersa en un viaje organizado en autobús. Un enano que hace de guía dice: "Cinco minutos para la visita", y a ella se la ve agobiada y pisoteada por mil turistas estresados. Al final, el grupo llega al hotel, ella entra en la habitación y saca del neceser un paquete de Micralax, "edemas higiénicos contra el estreñimiento ocasional". Suena una cadena de WC derramando su beatífica cascada y ella dice -con el intestino ligero, se supone-: "Con Micralax, estoy tranquila". Pos bueno, pos fale, pos malegro. Pero, ¿qué tienen que ver los viajes organizados con el estreñimiento ocasional? ¿Que en ambos casos se acumula mierda? Me habría gustado asistir a la brain storming de este anuncio y ver en qué punto se asociaba no cagar con ir en un autobús a ver Florencia.

On number two...

  • Polaris World. Si no tuvimos suficiente con Anne Igartiburu y Marina d'Or, este año ha llegado Camacho con Polaris World en Murcia. Como son murcianos, han hecho un anuncio ad hoc (quizá este comentario hiera a muchos, pero un amigo mío decía que Murcia es a España lo que Texas a Estados Unidos, y que si nos empeñáramos el resto de españoles, conseguiríamos desgajar la región y empujarla hasta que se uniera con Argelia, y que les aguantaran ellos. Pero yo no suscribo tales dislates, o lo hago sólo en parte). Después quitaron a Camacho paseando por la playa, porque quizá vieron que como reclamo glamouroso no pegaba, y metieron a un blasillo que dice ser presidente de Polaris World, cuando a todas luces es un hombre de paja de la mafia rusa. Quizá para reírse de él, el guionista le hace decir: "Pague por su vivienda un precio justo en el que probablemente sea el mejor resort de Europa". La gracia está en que el blasillo es incapaz de pronunciar "probablemente" y le sale algo etílico y parecido a "pmmnte". Por lo demás, y no sólo como residente en Aragón, sino como habitante de la aldea global, me irrita mucho tragarme las bondades de unos campos de golf construidos en el desierto. Pero eso quizá sea otra historia.

And the winner is...

  • Noolor. Sí, lo siento, los anuncios de productos de higiene ganan por goleada (cuatro de cinco), pero la realidad es así de dura. Los anuncios de Evax se caracterizan por su elevadísimo nivel de irritabilidad, que aumenta cuando sabes que la firma de Isabel Coixet está detrás de muchos de ellos. Te acercarías al plató y abofetearías uno por uno a todos los miembros el equipo. Pero los abofetearías, nada de golpearles con dignidad para que se cuadren y se defiendan. Abofetearles como a colegialas ñoñas. En este caso, "Evax te invita al mundo noolor". Y siguen: "Noolog a música, noolog a nieve y noolog a inosensia". Esta última, con piruleta gigante de regalo. Oh, qué fantástico. Y se quedan tan anchos. Doscientos años de dolorida lucha feminista, con miles de mujeres que lo han sacrificado todo en el combate contra el machismo, y llegan los de Evax con su noolog y mandan a todas a la mierda. Ay, pobre Mary Woollstonecraft, pobre Virginia Woolf y pobre, pobre, pobre Sylvia Plath. También pobre Margarita Nelken -por poner una española, que haberlas, haylas- y pobre Simone Weil y la otra Simone, la de Beauvoir. Espero que vuestros fantasmas atormenten a Isabel Coixet con pesadillas llenas de mugre y de Homers Simpsons. ¿Prevendrá la asignatura de Educación para la Ciudadanía contra los anuncios de compresas? Señorita Coixet: la menstruación es un proceso fisiológico asumido con normalidad por la inmensa mayoría de las mujeres de la humanidad. Tenga la bondad de ahorrarnos la metafísica, que todos sabemos lo que es una compresa manchada.
Hasta aquí mis fobias publicitarias.
06/09/2007 00:43 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión Hay 17 comentarios.

GUÍA PARA LECTORES SOFRONIZADOS (1)

Aviso para los susceptibles que por la blogosfera abundan: lo que sigue es un texto subjetivo, hiperbólico, paródico y lleno de clichés. No persigue ninguna verdad filosófica u ontológica –si así fuera, se publicaría en Revista de Occidente o en Qué me dices-, ni quiere influir o condicionar la mirada o el pensamiento de ninguno de sus incautos lectores. Cualquier parecido con un artículo académico es pura coincidencia. Además, y para ser mínimamente honesto –que tampoco tendría por qué-, su iletrado e incapaz autor aclara que se ha inspirado en el último capítulo de Manual de literatura para caníbales, de Rafael Reig, un escritor que le place mucho y cuyo sentido del humor parece de difícil digestión para algunos.

Un escritor amigo dice que, por más que se empeña en ser pop y posmoderno, cuando se pone a escribir le sale el ser humano que lleva dentro y no hay manera de tirar monte arriba. A mí me pasa un poco lo mismo, pero como lector. De vez en cuando, me sobrepongo y me empeño en ponerme al día. Me digo: “Sergio, por dios, ¿qué haces leyendo libros de hace 40 años como si fueran nuevos? Es más, aparta de ti esa antigualla decimonónica que apesta a naftalina. Y si coges algo del tipo Decamerón, por lo menos ten la dignidad de hacerle una lectura transversal e imaginar que estás viendo la última de Calixto Bieitio. Sé moderno, por dios. Qué digo moderno: sé posmoderno, imbécil”.

Así que hojeo unas cuantas revistas y suplementos como si fueran el Marie Claire, para enterarme de qué se lleva esta temporada, y acudo a la librería:

-Buenas, vengo a renovar mi fondo de lecturas, a ver si actualizo un poco mi look, que me estoy quedando desfasado en las charlas de sobremesa.

-Ah, estupendo, porque lleva usted unas pintas “post-boom” que cantan la Traviata. ¿Qué talla de inteligencia usa?

-Normalita, tirando a adocenada pequeño-burguesa, pero sin pasarse.

-Pues nos acaban de traer unas imitaciones de Paul Auster con ribetes de plácida senectud que le irán muy bien.

-Ya, bueno, ¿pero no me quedarán un poco ajustadas? Busco algo más juvenil y desenfadado.

-Entonces, pruébese esta reinvención neopornográfica. En Barcelona se lleva un montón y quedará muy desinhibido cuando salga con sus amigos homosexuales.

-Venga, me llevaré siete de esos, que las revistas lo ponen muy bien, pero mejor sáqueme el modelo en rojo, que me siento comprometido. ¿Qué más me ofrece?

-Como restos de la temporada pasada, todavía gustan mucho estas relecturas de la Guerra Civil.

-Uy, no, que me compré un montón el año pasado y apenas me las he puesto.

-Ajá, ya veo que usted quiere ponerse más atrevido... Aquí tengo un relato fragmentado y polifónico que se desarrolla simultáneamente en un retrete de gasolinera de Arizona y en las fiestas de la Virgen de Agosto de Bollullos del Condado. El protagonista es prostituto de lujo, padre de una china y crítico literario full-time.

-Ah, sí, ése, ése. El que salía en la portada de The Cosmopolitan Review of Books.

-Ya sabía yo que usted estaba en la onda.... Hoy en día, si no lo has leído, no eres nadie. Apresúrese, porque hay un profesor de la Universidad de Providence que pronto lo refutará.

-Ya mismito me lo leo, y después correré a internet para dejar constancia en mi blog.

Salgo de la librería con unos cuantos bolsones y me enfrasco con buen ánimo en la lectura de todo-lo-que-no-puede-dejar-de-leer-para-ser-un-lector-posmoderno -y-actualizado. Al cabo de un mes, estoy razonablemente al día, pero mortalmente aburrido. Entonces, por casualidad y ánimo de refresco, tropiezo con una querencia olvidada y polvorienta. Pongamos que hablo de Sábato, por un suponer. Me digo: venga, hagamos un descanso en el programa intensivo de lecturas actualizadoras. Y para cuando me quiero dar cuenta, me veo remoloneando por mis queridos y obsoletos vejestorios latinoamericanos hasta que compruebo que me he vuelto a quedar fuera de la moda. De repente, lo que yo creía rabiosa actualidad se ha quedado desfasado y tengo que volver a empezar. Así que, la temporada siguiente, repito la operación y me reciclo en la librería.

Hasta ahora, era un sufrimiento cíclico, pero creo que he encontrado la fórmula para ahorrármelo. He trazado un mapa personal del panorama literario patrio y, por extensión, occidental. Es una plantilla sencilla y muy simplificada, pero muy útil también. Con ella, puedo situar las novedades en una región cualquiera con tan solo hojearlas y, por supuesto, sin hacer caso a lo que digan los críticos y reseñistas à la mode. Basta con comprender que la literatura es una zona de guerra. Una guerra que no importa a nadie o a casi nadie, pero guerra al fin y al cabo. Conociendo los bandos y el estado de las batallas, se puede saber casi todo lo que hay que saber. En el siguiente capítulo contaré los secretos de mi plantilla.

10/09/2007 13:34 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Literatura Hay 6 comentarios.

GUÍA PARA LECTORES SOFRONIZADOS (2)

Como ya he dicho en el anterior post, la guerra literaria no le interesa a nadie. Interesaría algo si llegaran a oídos del vulgo los dispendios en pompa y boato (subvenciones, cargos, trapicheo, qué hay de lo mío...) que se dilapidan en estas batallas y que salen mayormente de sus impuestos, pero como de eso no se habla y los interesados no hacen más que lamentar su falta de recursos, la guerra es un teatrillo sin público, bastante ridículo, la verdad. A este respecto, al vulgo -especialmente, al vulgo juvenil, el más bombardeado por los anuncios del gobierno- sólo le llegan dos mensajes del Estado: no se drogue y lea mucho. Cuando todo el mundo sabe que, ante ciertos libros, la alternativa de la heroína se erige en la más cabal de todas. Pero eso es un debate para otro día. (Nota: da hasta asquito escribir "vulgo", aunque sólo sea por hacer la coña).

Para no perderse en el océano de novedades y aprender a leer entre líneas los aplausos y los desdenes de los reseñistas à la mode, hay que acudir a los partes de guerra. En este momento, hay dos bandos en combate, con situaciones muy distintas, pero que vienen a resumir la eterna disyuntiva entre forma y fondo. Sí, parece mentira que a estas alturas de la película andemos como en el siglo XVII, con unos diciendo que lo importante es lo que se dice, y los de enfrente, que la clave está en cómo se dice. Las ciencias avanzan, los homosexuales dejan de ser lapidados y hasta los caciques de los pueblos compran arte abstracto, pero en literatura, el debate parece que sigue igual.

Ahora mismo, quienes tienen la sartén por el mango son los que defienden la primacía de lo narrado sobre la narración. No tienen un líder claro y se dividen asimismo en facciones irreconciliables, aunque quizá Almudena Grandes and her husband por un lado -el veterano- y el joven Cercas por otro -el de la bisoñez- sean quienes mantienen alta la moral de las tropas. Hay un sector de advenedizos, muy poderosos, que trata de incorporarse a esta facción, aportando al ejército caballeros templarios y catedrales del mar a troche y moche, pero los intelectuales "legítimos", bien situados, se resisten a concederles la categoría de aliados. Pueden cederles algún espacio en un suplemento dominical, para no tenerles descontentos -al fin y al cabo, venden muchos libros-. Incluso les arrojan de cuando en cuando un sillón de la Academia con olor a anciano perfumado recién fallecido, para que se entretengan creyéndose dotados de dignidad senatorial, pero los ministerios, las cátedras universitarias, las secretarías generales, los premios Planeta y los programas de TVE no los ceden a nadie.

No es para menos, pues las ganaron en buena lid en los años 80, cuando todavía no estaba muy claro de qué lado se inclinaría la balanza. Las tomaron al asalto con ayuda de unos políticos que les dejaron hacer a cambio de que difundieran la buena nueva de que España era un país guay y se había limpiado de fachas. Algunos lo hicieron, y otros sólo se apuntaron al carro, pero todos juntos crearon una red de fortificaciones inexpugnables y arrojaron a sus enemigos lejos, bien lejos.

¿Qué enemigos? Pues quiénes van a ser: los de siempre, los aguafiestas, los del monólogo interior y las novelas en verso. En los años 60, ambos bandos mantuvieron conatos de enfrentamiento seguidos de treguas de cordialidad. Para cuando el Tío Paco murió, los dos estaban prácticamente en igualdad de condiciones de acceder al poder, y entonces se presentó la gran batalla. En un hábil golpe de mano, se quedaron fuera del pastel: ganaron los contadores de historias neogaldosianos. Muchos de los derrotados tomaron el camino del exilio, aglutinándose en torno a un coronel melancólico que encontró reposo a sus cuitas en un zoco marroquí. Allí, poco a poco, el coronel Goytilsolo fue recomponiendo su corte, y recibió numerosas adhesiones de los exiliados interiores, que le contaban cómo las editoriales grandes estaban tomadas por el enemigo y ellos tenían que resignarse a una vida de semiclandestinidad y a ser vilipendiados en los suplementos culturales. "Maestro, nos acusan de hacer experimentalismo vacuo, ¿se lo puede creer?". "Coronel Goytisolo: siguen empeñados en contar historias sin romper el contínuo espacio-tiempo. ¡Están adocenando al público, le están acostumbrando a leer cositas fáciles y no nos dejan hueco!". El coronel Goytisolo, sin embargo, no tenía tiempo para plañideros. Sin caer en el desaliento, y aprovechando el prestigio que se había ganado no solo entre sus soldados, sino en parte del Estado Mayor enemigo, plantea una guerra de guerrillas que le proporciona algún que otro éxito táctico. Como estratega, por desgracia, hace aguas. Mantiene algunos infiltrados en las universidades y de vez en cuando consigue los favores de un editor descontento con el trato del bando contrario, pero sabe que su guerra está perdida.

Perdidos, pero no rendidos y, ni mucho menos, desarmados. El conflicto se puede quedar enquistado otros treinta años y los adeptos al artificio formal no van a permanecer quietos ni van a dejar de poner bombas verbales. Todavía reciben el aplauso de muchos. Algunos, incluso siguen creyendo que escribiendo así abrirán los ojos a los adocenados lectores y provocarán un cambio social imparable, como si André Breton no se hubiese muerto y los fondos de Moscú siguieran financiando las rondas de gin-tonic. Los de enfrente, por su parte, seguirán despreciando a estos "formalistas", aunque copien muchas de sus técnicas para hacer creer a los incautos que han evolucionado desde Galdós, cuando en realidad siguen haciendo la misma literatura y con las mismas armas. Entendiendo esto se pueden leer con tranquilidad los suplementos culturales de este país. Forma versus contenido. Así de simple.

El día que se supere el debate, a lo mejor podemos dejar de hablar de guerras absurdas y sentarnos a charlar de literatura en serio.

11/09/2007 03:18 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Literatura Hay 6 comentarios.

TANIA RAYMONDE

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Nueva incorporación a la galería erótico-fílmica de este blog. Es una actriz muy joven (19 imponentes añitos), pero destila un morbazo poderosísimo. Su carrera está empezando ahora en el cine: dentro de poco se estrenarán dos pelis indies que coprotagoniza y le auguro un porvenir brillante si la dejan crecer profesionalmente.

En realidad la descubrí hace unos años, cuando fue Cynthia, la seudonovieta de Malcolm en unos pocos capítulos de Malcolm in the middle. Tendría entonces 14 o 15 años. Sí, sí, ya sé lo que pensáis: pederasta, pervertido y esas cosas, pero os puedo asegurar que no. El personaje de Cynthia era el de una niña cómica, y como tal lo leí, por más que Cris repitiera a mi lado que esa niña apuntaba maneras y que iba a ser una mujer impresionante (como a la vista está). Ahí se quedó, como una niña actriz con una gran vis cómica y talento para dejarse querer por la cámara.

Sin embargo, ayer, en el segundo capítulo de la tercera temporada de Perdidos, apareció fugazmente, ya convertida en este bellezón, y no me lo pude creer. Corrí al IMDB para cerciorarme de que era la misma actriz y, efectivamente, lo es. Un aliciente más para ver la serie de los naúfragos aéreos. En esta temporada, interpreta a Alexandra Rousseau, que todavía no ha desvelado su función en la trama, pero que se vaticina importante. Su papel en Perdidos ya le ha generado una pequeña corte de seguidores a la que me añado desde hoy. Espero que sus pelis se puedan ver en España. Así que recordad este nombre: Tania Raymonde. 

12/09/2007 02:43 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión Hay 7 comentarios.

THE SONG REMAINS THE SAME?

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¡Vuelven Led Zeppelin (sin Bonzo, claro)! Ayer se hicieron públicos al fin todos los detalles: un único concierto en Londres con aforo para 20.000 personas, el próximo 26 de noviembre. Lógicamente, iba a haber algo más que sopapos para hacerse con una entrada, pero yo soy un muchachote grandote y no me importaba repartir algo de leña a unos cuantos ingleses blandurrios para conseguir una. Pero no va a ser tan fácil. A los Led Zeppelin les ha dado por ser justos con sus fans, y quieren dar a todo el mundo las mismas oportunidades de conseguir una entrada, así que han ideado un sistema de reservas por sorteo: te tienes que inscribir en una página web y el 1 de octubre te dirán si tu solicitud ha sido agraciada con una de las 20.000 entradas o no. Ayer me pasé toda la tarde intentando entrar en la dichosa página, que estaba colapsada por millones de visitantes. Mi única esperanza es que, al igual que yo, ninguno más pudiera entrar a inscribirse. Al final, de madrugada, conseguí entrar y dejar mis datos. Ya estoy en el sorteo, y si tengo la inmensa suerte (seguro que a estas alturas ya hay más de un millón de solicitantes, no me cabe duda) de que me caiga en gracia una entrada, previo apoquinamiento de las 125 libracas que cuesta, que no son dos duros precisamente, volaré a Londres (bendito Ryanair) a disfrutar cual enano adicto a las setas de colores. ¿Lo conseguiré? La respuesta, el próximo 1 de octubre. De hecho, hasta ese día no pienso postear nada sobre mi pasión ledzeppelinera, para no hacerme muchas ilusiones y luego llevarme un chasco.

13/09/2007 13:37 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Música Hay 1 comentario.

LA FÓRMULA OMEGA

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A Rafael Reig le gusta desconcertar, rizándole el rizo a los jugueteos cortazarianos, que eran mucho más serios de lo que decían ser. ¿Qué es La fórmula Omega? ¿El delirio de un ingenioso farsante con la suficiente técnica de trilero literario como para vendernos gato por liebre? ¿O quizá lo que propone su subtítulo, "una de pensar"? Creo que, sencillamente, es una muy divertida novela. Y ojo, que lo digo desde mi más profunda admiración y en agradecimiento a las carcajadas que me ha provocado. Porque en este país de cachondos imitadores de Chiquito, si un libro no te pone cara de estreñido rodiniano, procede mirarlo con condescendencia. Parece mentira que un pueblo que dice llevar tan a gala su vocación lúdica como hecho diferencial frente a los estirados del norte de los Pirineos relegue el humor al inframundo de la subcultura. Incluso yo, que hago muchos esfuerzos por no caer en esa concepción grave y ridícula, no puedo evitar clasificar inconscientemente obras como la de Rafael Reig en la estantería de "literatura menor". Qué estupidos somos a veces.

La fórmula Omega es muy graciosa. Carcajeante a ratos, aunque seguro que habrá por ahí gente que no le verá la gracia por ningún lado, pero es el riesgo que tiene el humor: sabemos con qué tenemos que llorar o quedarnos con cara de circunstancias, pero con las travesuras no sabemos a qué carta quedarnos, y las comunidades de vecinos están llenas de amargados.

Sin desvelar nada sustancial de la trama, diré que La fórmula Omega cuenta el exilio de los actores principales de un culebrón de Venezolandia (sic) que deben huir ante una rebelión leninista de personajes secundarios. La nobleza del culebrón acaba exiliada en Madrid, donde tropieza con un taxista obeso obsesionado por el ajedrez y por San Bobby Fischer. Y hasta ahí puedo leer. Es fácil adivinar que Reig busca un poco el "efecto Quijote": superar cierta seudoliteratura adocenada a través de la parodia y el absurdo. En fin, el tan traido y llevado lema cortazariano que dice: "Sólo viviendo absurdamente se podrá deshacer algún día este absurdo infinito". Pero sin trascendencias, sin aforismos de baratillo encajonados en las páginas. Simplemente, predicando con el ejemplo y liberando toxinas a través de la risa.

Y china-chano, sin darnos cuenta, Reig nos la mete doblada al volver la página y nos sacude mazazos como este:

"Claro, Mari, por supuesto. Malasaña ya no era Malasaña, la movida no era la movida, la izquierda no era la izquierda, los viajes no eran como aquellos viajes, porque Marruecos tampoco era Marruecos y ni siquiera las constelaciones seguían en la misma posición, lo que sin duda iba a complicar la astronomía. Oquéis, Maribel, recibido. Cambio y corto.

Sus amigos, unos años mayores, habían llegado a todo justo a tiempo (cuando las cosas eran todavía las cosas) y ahora disfrutaban la merecida recompensa a la puntualidad. Se habían hecho parlamentarios, subsecretarios, publicitarios, empresarios y hasta comisarios de la policía, como Torrecilla, quién lo iba a decir. Los amigos de Antonio, en cambio, estaban dando clases de recuperación en academias, empleados en ferreterías, viviendo en casa de sus padres y subrayando oportunidades de ganar un mínimo de 250.000 pesetas (superables) tricotando en su propio domicilio (paterno)".

En honor a la verdad, la resolución de la historia no está a la altura del planteamiento, e incluso huele a chapucilla improvisada de autor que se desespera pensando "dios mío, a ver cómo vuelvo a liar la madeja que he desliado", y acaba haciendo un nudo cualquiera antes de enviarlo al editor. Una pena. En el haber, sin embargo, tiene la valentía de ir a por todas con un humorismo sin complejos y, en mi balance personal, apuntaré el placer de recorrer con la mirada de Reig las calles de Chamberí, donde se desarrolla buena parte de la trama, y de encontrar cada capítulo sembrado de pequeños guiños que sólo entenderán quienes alguna vez hayan vivido y amado este Madrid. Los demás, tendrán que conformarse con las risas.

PS en forma de batallita del abuelo: recuerdo a Bernardo, que tiene un bar en Bravo Murillo donde nos poníamos tibios de buena cerveza. Él no se proclamaba madrileño, sino habitante de la República Independiente de Chamberí, y era amigo de un francés que apenas hablaba castellano y a quien amenzaba con enviarle al alcalde de Móstoles si se ponía tonto. "En Francia no os enseñan quién fue el alcalde de Móstoles, ¿verdad? Pues un tío que le dio dos buenas hostias a Napoleón". En fin, porque Santiago Segura no frecuentaba ese bar, que si no, acababa la mitad de su parroquia en Torrente IV.

15/09/2007 03:50 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Literatura Hay 3 comentarios.

RELAJACIÓN

Es agotador dar cenas en casa. Antes hacía fiestas sin comida. En todas las casas en las que he vivido he organizado fiestas. Algunas, con su correspondiente policía municipal pidiéndonos los DNI en la puerta a las cuatro de la mañana y todo ese folclore clásico que acompaña a las celebraciones hogareñas, sin omitir cómicas deposiciones que nadie quiere limpiar ni romances etílicos de desastrosas consecuencias que nadie quiere asumir. Me encantan, y montaría una fiesta cada semana si pudiera chasquear los dedos al día siguiente y dejar la casa como estaba, pero he escarmentado. No sólo envejezco y me hago comodón, sino que me he pasado demasiadas resacas (horribles, horribles resacas) intentando devolver cierto orden a la entropía absoluta, que a veces no sólo incluye objetos tirados y suciedad, sino individuos que amanecen en tu sofá sin que nadie sepa quiénes son ni cómo llegaron allí, pero que siempre acaban quedándose a comer los típicos espaguetis post-fiesta. Así que he cerrado las puertas a esos desmadres y ya sólo damos cenas civilizadas, y muy de cuando en cuando, que somos más de calle y restaurante.

Pero cuando las damos, las damos bien, y acabamos reventados, claro. Este sábado invitamos a unos muy buenos amigos y nos pusimos el traje de perfectos anfitriones. Un papel agotador. Satisfactorio, porque estás preocupándote por hacer disfrutar a la gente que quieres, pero hacer la compra y meterte entre fogones para currarte un menú que impresione un poco a los gourmets morro-puta de tus colegas resulta casi más estresante que una jornada laboral tensa. Menos mal que luego abres el vino, la conversación empieza a rodar y sientes que ha merecido todo la pena. En eso pensaba, en lo bien que me sentía después de la currada, cuando surgió en la charla el tema de la relajación. Sorprendentemente, ninguno de los que estábamos en la mesa sabíamos relajarnos. Yo pensaba que el relax era precisamente lo que estábamos haciendo: bromear, disfrutar de cosas buenas en la mesa y hablar con la suficiente confianza, franqueza e intimidad como para no pensar casi lo que dices.

Pues resulta que no. O sí con un pero. Porque estamos activos, tratamos de que la conversación sea estimulante, y al estimularla y estimularnos, nos calentamos, nos ponemos alerta. Si surge algún tema polémico, discutimos, y si no, nos esforzamos por encontrar el mejor chiste. No hay relajación alguna. Ponemos nuestros cinco sentidos. Y llegamos a la conclusión de que envidiábamos a quienes sí saben relajarse. A quienes saben darse un baño y no pensar en hacer planes. A quienes se amodorran perdiendo la conciencia. A quienes saben dejar fuera las preocupaciones de verdad. Lo nuestro -salir, beber, el rollo de siempre- es un sucedáneo del relax.

¿Cómo se alcanza ese estado, ese nirvana? ¿Qué hay que hacer? Envidio a los que saben meditar y a los que aprenden yoga y dicen que les sirve. Me gustaría saber algún día qué se siente al estar relajado de verdad. Yo no sé estar sin hacer nada. Y es una pena, ciertamente, porque no sé aburrirme. Me desespero en la inactividad y necesito estímulos: un libro, música, una conversación, una peli, un videojuego, garabatear un cuentecillo o una entrada del blog, en fin, algo que no me haga sentirme vegetal. En fin, supongo que nunca seré un filósofo.

PS: Hablando de conversaciones, una vieja amiga siempre decía que una buena conversación resulta tan interesante y estimulante como un buen libro. Yo añadiría que, cuando el libro y la conversación son malas, el primero tiene una ventaja sobre el segundo, y es que puedes dejar de leer, mientras que de una conversación con un plasta inane es difícil huir. Pero, básicamente, estoy de acuerdo, y he tenido la suerte de rodearme siempre de amigos muy brillantes en su conversación, que me han regalado y me regalan horas y horas de auténtico placer dialéctico, incluso cuando los cubatas les hacen nudos en la lengua. Y esa gente no abunda precisamente, así que creo que me he quedado con más cupo del que me corresponde. Afortunado que es uno.

THE FAMILY IS BACK

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Por fin estoy viendo la sexta y última temporada de Los Soprano. Se suponía que iba a salir en DVD en junio, pero no ha aparecido hasta este mes, cuando precisamente acaba de ganar el Emy a la mejor serie dramática, aunque mi amado James Gandolfini se ha ido a casa sin premio. Podéis leer tranquilos, que no voy a reventar nada de las tramas.

Sólo diré que los cameos son tremendos en esta temporada (Lauren Bacall, la gran Lauren Bacall asoma la nariz haciendo de sí misma en un capítulo), y Steve Buscemi se aviene a dirigir un episodio. Nuestra querida familia se enfrenta a situaciones bastante jodidas, no ya por el acoso del FBI sino por su necesidad de adaptarse al siglo XXI. Menos mal que Tony mantiene las cosas en su sitio y sabe evitar que cuestionen su liderazgo.

Una idea que no sé si he propuesto ya en este blog: habría que hacer un libro de recetas con los platos que salen en la serie. A lo mejor, incluso daba para dos tomos. Qué barbaridad, qué manera de comer, y qué gusto. De hecho, esta idea existe con la mafia real: el ex mafioso neoyorquino Joseph Iannuzzi, que dejó el crimen a cambio de integrarse en el programa de protección de testigos del FBI, publicó en 1993 un best seller: The Mafia Cookbook, donde explica cuáles eran las recetas favoritas de los capos, cómo les gustaba comerlas y, lo más morboso, qué les apetecía comer antes o después de un ajuste de cuentas. Iannuzzi era su cocinero.

Mi libro de Los Soprano sería más light. Al fin y al cabo, es ficción. Estaría el pollo a la marsala que prepara Carmela y los escalopines de Artie Bucco. Me encantaría cenar un día en el Vesuvio y que Artie Bucco me agasajara con su plato del día. En fin, os dejo, que me está entrando hambre.

18/09/2007 02:15 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión Hay 2 comentarios.

TRAGADERAS PERIODÍSTICAS

Andaba estos días un poco de bajón (mucho trabajar y no beber hacen de Jack un aburrido y esas cosas), pero hoy me ha venido un leve subidón. En realidad, debería sentirme mala persona porque el subidón me lo ha causado la desgracia ajena, pero qué le vamos a hacer si mi temperamento se pone así de tonto.

Estaba viendo adormilado Sé lo que hicisteis..., en La Sexta, cuando uno de los vídeos me ha sacado del sopor. Patricia Conde y Ángel Martín se estaban riendo de una reportera de Está pasando (Tele 5, antes El buscador), y resulta que esa reportera obligada a hacer ridiculeces era una de mis más estiradas y repelentes compañeras de clase en la facultad. Quién te ha visto y quién te ve, jamía, pensé. Con lo que le gustaba a la chica ir a la ópera y dárselas de diva marisabidilla y ahí está, correteando en torno a famosetes de medio pelo con una alcachofa en la mano. Así que me he dicho: Sergio, no tienes derecho a quejarte, que hay gente mucho más jodida que tú en esta sórdida profesión que hemos elegido. Por debajo de mí en la escala de sufrimiento están los refugiados de Darfur y mi antigua compi de facultad (de la que, por cierto, no he podido dejar de notar que ha suprimido por completo de su dicción cualquier rastro del marcado acento de su tierra de origen). Por tanto, brindo por mi desordenada mesita del periódico y por mi discreto y decimonónico cuadernito de notas, y espero no verme nunca trotando con mis kilos de más en pos de una tonadillera cualquiera.

Y como el torrente de pensamientos cuando te despiertan con sobresaltos de la siesta ya es imparable, he pensado que quizá ella no se vea en absoluto indigna. Ni ella ni ninguno de los que desfilan cada día por Sé lo que hicisteis... representando su propia parodia. Y me ha parecido triste. Claro que hay que ganarse las habichuelas, compañeros, pero, ¿cuánto es lícito tragar? ¿Dónde está el punto de no retorno? Esta tarde, una de nuestras becarias de este verano que se acaba me ha comentado que le sorprende el grado de desencanto que percibe a su alrededor, y eso que los compis de mi sección del periódico estamos bastante bien avenidos y siempre andamos de guasa. Espero que nuestro cinismo -a veces, un poco sobrado- no la agoste, porque la chica tiene madera y arrojo y apunta maneras de gran profesional: es rigurosa, tiene iniciativa, poso cultural y no le tiene miedo al lenguaje. Claro que, ¿podrá ser algún día la periodista que por su talento puede llegar a ser? ¿Hasta qué punto depende de nosotros y de nuestra capacidad de trabajo ser o intentar ser grandes profesionales tal y como están las cosas ahora?

En fin, no me hagáis caso, porque está feo que haga estas reflexiones en público. Son generalidades que no llevan a ningún sitio.

Por cierto, y hablando de buena prensa: el viernes vuelve el suplemento Muévete a Heraldo y, dado que don Pablo Ferrer, con quien me alterno en la columna de opinión Del revés, está cubriendo la gira de Héroes del Silencio por Latinoamérica (aquí está el blog que va escribiendo. En la foto sale muy macarra y parece un Latin King o algo así, pero os juro que si os lo encontráis en un bar es un tipo de lo más amigable y socarrón. Como alguien dijo de mí una vez: "Más inofensivo que el osito de Mimosín"), y a estas horas debe estar poniéndose tibio de empanadas y Quilmes en cualquier tasca de Buenos Aires, de momento, abro yo fuego con el primer Del revés de la temporada. Perdonen las molestias.

VIAJES SOÑADOS Y CONTADOS

Ya ha terminado el verano de verdad, y no me he dado cuenta por el cielo de plomo de esta mañana de sábado ni por el aroma de calle mojada que tanto me gusta y me despierta, sino porque se empiezan a acumular los relatos de viajes ajenos, y me dan todos mucha envidia, aunque yo no me haya quedado en casa este verano precisamente. Pero siento que me falta mucho tiempo (y dinero) para estar en todos los lugares en los que quiero estar.

Anoche, entre copazos desengrasantes, J. nos puso los dientes largos contando batallitas de su viaje a Vietnam, que ha recorrido de sur a norte. Este año, a muchos les ha dado por Asia, pues M. descubrió el agotador caos de China y tanto U. como P. volvieron alucinando de su visita a Japón. C. nos recomienda su ruta por el mágico Perú, terremotos al margen, y E. nos afea a Cris y a mi el hecho de que crucemos el Charco tan a menudo para ir a América y que todavía no conozcamos Galicia (la única comunidad española que no he visitado aún. Avergüénzome). Ella ha estado por aquellos bosques de meigas y se ha puesto tibia de beber oporto en la ciudad de ídem, en ese Portugal tan cercano y tan distante del que me enamoré el verano pasado. M. y C. nos trajeron recuerdos asturianos (que yo me llevé en forma de algún kilo de más) y mi madre y M., como cada verano, volvieron fugazmente a un País del Loira que yo hace años que no visito y que se me empieza a desdibujar. Maternidades y obligaciones varias dejaron en casa a V. y a J., y no sé si Ch. ha podido hacer su mil veces soñado viaje a la India, aunque me da a mí que este verano tampoco ha podido ser.

Escucho sus historias y me reconcome la envidia. Anoto mentalmente todos los detalles y ya me veo en un avión volando hacia todos esos sitios. ¿Me dará tiempo? De momento, y tras escuchar las historias de todos, toca enfrascarse en la vida que dejamos pendiente en junio, cuando parecía que el verano iba a ser eterno y nunca tendríamos que volver a remangarnos y laburar como braceros. Soñaremos con las próximas vacaciones en nuestras madrigueras. Feliz otoño a todos.

DECEPCIONES

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Leo en elmundo.es (perversiones que tiene uno): "Paul Auster decepciona a la crítica en San Sebastián con su nueva película". No sabía yo que los críticos de cine, esos cínicos bon vivants, eran tan ingenuos. Para que algo te decepcione, primero tiene que crearte expectativas. Vamos, que si una noche me ligo a Natalie Portman (por un suponer plausible) y, cuando se desnuda, descubro que tiene más vello en el pecho que yo, está claro que me llevaré una decepción. Sin embargo, si me ligo a un interventor de hacienda, no habrá lugar a decepción alguna, pues es bien sabido que tener una buena mata de pelo en el pecho es requisito indispensable para entrar en el cuerpo de interventores de hacienda. ¿Qué les pasa a estos críticos, pues? ¿Que se han llevado a la cama a un interventor de Hacienda creyendo que era Natalie Portman? Pues que se gradúen la vista, reduzcan su dosis diaria de White Label o dejen de leer El País. O las tres cosas a la vez. Menos mal que estoy convencido de que los críticos no son (tan) lerdos y que ese titular es fruto de la pereza dominical del redactor de guardia, que ha apañado la crónica de la agencia Efe con la primera frase que le ha venido a las meninges, sin parar mientes en el significado del verbo "decepcionar".

Porque, ¿alguien pensaba que, visto lo visto (y por visto me refiero básicamente a Lulu on the Bridge, que sé que tiene sus buenos fans, entre los que no me cuento) la película de Paul Auster podía ser algo distinto a un bodrio? Siempre podía dar el campanazo, claro, pero lo esperable (y no la he visto, igual luego me tengo que introducir mis palabras por el orto) es que sea una miasma de celuloide. ¿Por qué si no la iba a estrenar en San Sebastián? Lo que pasa es que al tito Paul ya se le queda un poco pequeño su estudio de Brooklyn y ha descubierto un país europeo con buen clima donde le dejan barra libre y le dan premios a troche y moche. Así que nada, a presidir jurados y a presentar defecaciones fílmicas en las que el reparto lo encabeza su hija (cuyo talento actoral a duras penas llega para un anuncio de teletienda de las cuatro de la mañana). Así que nada, a pasar unos días en Donosti, que dicen que hacen unos pinchos muy ricos y se puede decir al camarero que apunte el txacolí en la cuenta al Ministerio de Cultura. Aprenden pronto estos yanquis: se ve que los intelectuales españoles que viven en su país les enseñan cómo se pilla cacho en el solar ibérico.

Y lo dice un lector que te admira y que disfruta con tus libros, Pablito, pero que también dice sin rubor que tanto Auster ya carga un pelín. ¿No hay más países europeos en los que chupar del bote? ¿O es que salir en la portada de Le Monde des Livres sale más caro que en la de Babelia? En fin, a mí sí que me está decepcionando Paul Auster, pero no por sus pelis, sino porque soy un ingenuo enamoradizo.

Así que voy a desausterizarme por un tiempo y me voy a sumergir en la recomendación que Mariano García hacía este viernes a los lectores del Muévete, de Heraldo: Cormac McArthy. A ver si llego a sus novelas antes de que a Bardem le den el Óscar por No Country For Olf Men. Os mantendré informados.

24/09/2007 00:29 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Literatura Hay 8 comentarios.

MANUSCRITO HALLADO EN UN E-MAIL

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Tengo que renovar dos libros porque están hechos un asco de tanto sobarlos. Vuelvo a ellos cada vez que necesito un chute de algo bueno, como cuando me meto al cuerpo una buena sacudida eléctrica guitarrera que me ponga las pilas. Una sesión de sucio rock sureño me pone a tono, y un paseo por las páginas de uno de esos dos libros me devuelve un poco el equilibrio, como a José Coronado los yogures esos que anuncia. Mañana, que he programado un meticuloso y egoísta día de holganza dedicado exclusivamente a mí, me pasaré por una librería a renovarlos y a pertrecharme de más material.

Son los dos clasicones tomos de los cuentos completos de Poe traducidos por Julio Cortázar. Me gustan por Poe y me gustan por el traductor, que los puso en castellano en Italia, mientras le daba al vino que pagaba Francisco Ayala (quien le había encargado la traducción a cuenta de la Universidad de Puerto Rico, y tal). Me gusta mucho el relato de Brian Wilson y su aterrador y desconcertante doble, y me encanta cuando los dos se encuentran en la partida de cartas de aquel siniestro college, pero todavía disfruto más cuando me leo seguidos dos cuentos hermanos: Manuscrito hallado en una botella y Manuscrito hallado en un bolsillo. El primero es de Poe y el segundo, de Cortázar.

El primero es lo que dice su título: el relato de un náufrago rescatado por un extraño barco pirata en el que nada parece ser lo que es. El narrador ha arrojado la botella al mar con la esperanza de que alguien le rescate de ese infierno flotante en el que está preso. El segundo pertenece a la última época de Cortázar -la menos interesante: a don Julio le pasa como a los croissants, que los cuernos del principio y el final son desechables y lo sabroso de su obra está en los años centrales de su vida- y salió publicado en Octaedro. Allí trata de darle una vuelta de tuerca más a su versión geométrica del azar, a cómo el destino puede unir a dos personas, tal y como hacían la Maga y Oliveira en Rayuela, trazando itinerarios absurdos en el plano de París y esperando encontrarse en una esquina por puro azar. Son cosas que tienen que ver con las obsesiones hindúes de Cortázar, con los mandalas que tanto le gustaban y que le descubrió Octavio Paz. En Manuscrito hallado en un bolsillo, el prota-narrador es un obsesivo y ambiguo tipo que espera cazar a una mujer en el metro de París. Él entra en el metro pensando un itinerario cualquiera, con sus trasbordos correspondientes y, en un momento dado, se fija en una mujer que le llama la atención. En ese momento, empieza a perseguirla, pero con una norma: sólo la seguirá si ella hace el mismo itinerario que él lleva en la cabeza. No contaré más, porque la historia se complica.

Lo importante es que ambos cuentos (el de Cortázar es un juego-homenaje sobre el de Poe) hablan de la angustia de la predestinación, de la obsesión por encontrar una salida, una explicación o un simple consuelo al camino que inexorablemente seguimos, dado que estamos vivos y no elegimos estarlo y esas cosas. Hablan de lo mismo sin parecerse en nada: ni en estilo ni en tema ni en forma. Eso es literatura, saber plantear las preguntas y enfocar las mil posibles respuestas de forma que estén ancladas en el tiempo en el que se plantea. Por eso tienen razón los que dicen que ya se han escrito todas las historias. Claro que sí: las escribió Homero hace 26 siglos. Nada nuevo se ha planteado desde entonces. Donde se equivocan es en que es inútil seguir escribiendo si ya está todo dicho, por la sencilla razón de que lo han dicho otros y no nosotros, y cada generación, por pura supervivencia, tiene que construir sus mitos y contarse a sí misma. Por eso, a mí, la literatura contemporánea me interesa en la medida en que traduce a mi tiempo los universales que conforman nuestra condición humana. Lo demás -moderneces pijas, polifonías, tonterías varias-, me la resopla. Ése es el verdadero espíritu del Quijote. Quizá a otros les interese leer por otros motivos, para tirarse el pisto de eruditos o para mejorar su vocabulario, como hacía Homer Simpson. Para mí, la literatura sólo sirve para anclarnos a nuestro tiempo. Y ahora necesitamos manuscritos hallados en un e-mail, aunque sean materialmente imposibles.

Foto: sí, Poe tenía cara de amargado estreñido, pero qué quereis, si no le publicaba nadie, tenía el hígado reventado por el alcohol y, encima, estaba casado con una prima retrasada mental. Su panorama vital no era como para sonreirle al pajarito.

27/09/2007 01:51 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Literatura Hay 6 comentarios.

CARROÑEROS CON LEVITA

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Hoy, merecido día de asueto, me he pasado por Los Portadores de Sueños, una de las pocas librerías de verdad (iba a decir "auténticas", qué horror) que van quedando en la ciudad que a veces tengo el placer de habitar. Es un lujo para Zaragoza tener a unos libreros jóvenes, entusiastas e irreductibles como sus dueños. Eva Cosculluela y Félix González, que hace poco salieron retratados en El País, tumbados en el sofá que tienen en el escaparate, están al quite de todo lo nuevo y la verdad es que con ellos te gastas los cuartos bien a gusto. Los dos son lectores finos y una compañía agradable, pero Eva destaca además como crítica puntillosa, tanto en prensa como en radio (recomienda un par de novedades una vez a la semana en la Cadena Ser). Además, tienen un blog bien molón que podéis leer pinchando aquí . Lo dicho: un lujo de librería para Zaragoza, justo cuando creíamos que la Fnac y La Casa del Libro habían devorado para siempre este tipo de locales. Portadores y Cálamo, en la plaza de San Francisco, son las dos grandes librerías zaragozanas (no en tamaño, pero sí en dedicación y mimo), y el día que desaparezcan, esta ciudad será bastante más inhóspita.

Pero ya está bien de halagos, que me tomo un par de cervezas y me sale la vena tierna, y yo quería hablar de crímenes y de gente sin piedad ni corazón. Me he llevado todo lo que me faltaba de Bolaño, lo que me faltaba de Banville y le he encargado a Félix que me traiga lo que me falta de Rafael Reig. Y, para amenizar la espera, me he llevado El crimen de la calle de Fuencarral, de Galdós, editado por el propio Rafael Reig (que, por cierto, es el jefe de opinión del recién estrenado Público). Son las crónicas que Galdós envió a un diario de Buenos Aires contando el follón que se estaba montando en España con el crimen: una viuda acaudalada que aparece apuñalada y quemada con petróleo en su casa de Fuencarral, 109. Año 1888. Madrid y España entera se revolucionaron un montón, porque el crimen devino escándalo y acabó salpicando a unos cuantos peces gordos. Un culebrón negro de aúpa, vaya.

Así que he abierto unas cervecillas, he colgado el cartel de no molestar y me he dispuesto a disfrutar de esa extraña paz de los días de fiesta de entre semana. Pero no he podido desconectar, porque enredadas en la entrañable prosa galdosiana me he encontrado dos apostillas que bien podían haberse escrito ayer mismo aludiendo al caso de Madelaine o de cualquier otro embrollo parecido. Estas son:

"Esto de que la prensa dé cabida en sus columnas a insustanciales charlas de café, presentándolas con la autoridad de cosa juzgada, nos parece deplorable".

"El auxilio de la prensa será eficacísimo si se contrae a allegar datos y elementos varios para el descubrimiento de la verdad. Pero me parece deplorable la campaña de algunos periódicos que han hecho una reconstitución arbitraria del crimen, y a ella se atienen, no admitiendo nada desfavorable a sus tesis".

También criticaba Galdós que los periodistas acosaran al juez, que lo siguieran a todas partes y que hicieran conjeturas de la buena o mala marcha de las investigaciones interpretando sus sonrisas o sus gestos apesadumbrados. No sabía que hace 120 años ya echaban Aquí hay tomate. Pero, lo más importante: ¿es que no puedo pasar un día de fiesta sin que me hablen de periódicos y periodistas? Voy a buscar un buen terapeuta.

28/09/2007 01:28 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Literatura Hay 4 comentarios.

¡ES UN FARSANTE!

La identidad, qué cosa tan curiosa. Nos pasamos media vida construyendo una identidad, generalmente a la contra: no queremos ser como nuestros padres o como el vecino de la camiseta de tirantes. Muy pocos quieren ser lo que son, y esos pocos sólo quieren ser los que son a ratos: el resto del tiempo ven pelis o leen novelas y se imaginan siendo otros. También están los que llevan dobles vidas, que no necesariamente tienen por qué ser adúlteros. Pensad en el madero que abofetea por la tarde a un chaval en los sótanos de la comisaría y por la noche acaricia el pubis de su esposa con esa misma mano. ¿Es la misma persona o son dos identidades distintas conviviendo en un cuerpo? ¿Tendré yo algo que ver con el Sergio del Molino que firma reportajes en Heraldo o somos dos personas distintas, como Jeckyll y Mr. Hyde?

Hoy he leído que la presidenta de una asociación de víctimas del 11-S es una farsante. Se lo inventó todo: no es una superviviente, no estuvo en las torres ese día, nunca tuvo el novio que dijo tener y que murió en los atentados y nunca se encontró en las escaleras con el héroe bombero que pereció salvando gente. Y, sin embargo, se ha volcado con las víctimas, les ha dejado su casa, ha invertido todo su tiempo en ayudarlas en todo lo que ha podido, haciéndolas sentir que estaban con alguien que las entendía porque había pasado por lo mismo. Todo mentira. De hecho, su vida anterior al 11-S es un misterio. Se ha fabricado un currículum y una biografía falsas, se ha creado un personaje y lo ha interpretado con brillantez. Quizá con demasiada brillantez, porque lo que levantó las primeras sospechas fue que daba demasiados detalles, y los testimonios de las víctimas suelen ser más parcos, reconcentrados y difusos. Recordaréis que hace dos años pasó lo mismo con el presidente de la Amical de Mauthausen. Son dos casos casi idénticos. Emparentado con ellos, aunque no sé todavía cómo clasificarlo, está la vida de Gunter Grass y su confesión del año pasado sobre su pertenencia a las SS.

John Banville tiene un libro buenísimo titulado Imposturas, donde cuenta una historia muy parecida. Un profesor, una eminencia filosófica que vive retirada en la soleada California recibe un inquietante mensaje desde Europa: "Sé quién eres". Efectivamente, el profesor no es quien dice ser: al terminar la Segunda Guerra Mundial, llegó a Estados Unidos y, sin necesidad alguna, empezó a hacerse pasar por un amigo judío muerto en los campos de concentración. Se construyó una vida nueva, con un pasado terrible a manos de los nazis, con los que en realidad había mantenido otro tipo de relación. Poco a poco, se abrió camino en Estados Unidos y alcanzó la gloria académica, convirtiéndose en un filósofo respetado y admirado. Pero siempre vivió con el miedo de que alguien averiguara su secreto. Por supuesto, los libros eran suyos, aunque su nombre real no fuera el que figuraba en la cubierta, y había alcanzado la gloria por méritos propios, pero todo se derrumbaría si se descubría que no era un judío superviviente. Y ya no cuento más, que la espiral se enreda mucho después en la novela.

El tema de la identidad y la impostura es una constante en la literatura, desde el Quijote a Cortázar, pasando por el Frankenstein de Mary Shelley, el Doctor Jeckyill y Mister Hyde de Stevenson o el mismo Shakespeare. Hitchcock lo llevó al terreno de la intriga más sublime en La sombra de una duda y en Vértigo, y también es uno de los leit motiv de las obras de Roberto Bolaño y de Ernesto Sábato. Son sólo unos cuantos ejemplos que se me ocurren ahora. En fin, es un tema que todos los grandes han tratado alguna vez, aunque sea de refilón, y no me extraña, porque apunta directamente al epicentro de nuestro yo, a ese punto débil (¿ese aleph?) que buscamos y rehuimos al tiempo, porque puede abrir puertas que quizá están mejor cerradas. Una zona gris de nosotros mismos que la buena literatura y el buen cine se empeñan en bordear, acariciar y espiar. Incluso Los Simpson lo tratan: recordad el capítulo en el que se descubre que el director Skinner es en realidad el soldado Armin Tarzanian, que le robó la identidad a su sargento, que creía muerto en Vietnam.

Es normal que nos apasionen estos personajes, porque emanan una contradicción que los hace irresistiblemente atractivos. Y eso es así porque se presentan como un gánster. Dicen los guionistas del cine de mafiosos, Mario Puzo entre ellos, que la clave para construir a un buen gánster es que sea lo suficientemente humano como para generar una fuerte empatía y lo suficientemente cruel como para generar repulsión, de tal forma que el espectador no sepa a qué carta quedarse: el gánster cae bien, porque es como nosotros, pero no debería caernos bien y, de hecho, no nos cae bien. ¿O sí? El actor que mejor entendió esto fue James Cagney, especialmente en Los violentos años 20 y en Al rojo vivo (se me ponen los pelos de punta cuando recuerdo esa frase final: "¡Lo conseguí, ma, la cima del mundo!"). Luego vinieron Marlon Brando y Al Pacino y cortaron por lo sano con la humanidad gansteril, pero Los Soprano la han recuperado.

Con los impostores sucede un poco lo mismo: no sabemos a qué carta quedarnos. Por supuesto, los abanderados de la más inflexible moral, los que nunca han roto un plato ni se han acostado con la mujer de su amigo, saltarán indignados, con la sentencia en una mano y las llaves del calabozo en la otra. Sí, claro, cómo no. Al cielo los buenos y al infierno los malos. Blanco y negro y todo el mundo a callar. Pero los que no somos tan puros de corazón y nos hemos tropezado con alguno de los bordes espinosos de la vida -es decir, la mayoría de nosotros- no nos atrevemos a juzgar tan a la ligera. Yo, personalmente, no sé qué pensar de ellos. Sólo me fascinan. Y me he propuesto escribir algo sobre uno de estos personajes, a ver si metiéndome en su piel alcanzo a entenderle un poquito. De momento, es una obsesión vana. Vengo dándole muchas vueltas, acumulando datos e ideas sin que me venga el destello adecuado que arranque el relato, pero quizá sea ya el momento de sentarme y sacar algo en claro. Sí, quizá lo haga mañana.

PS: La Vanguardia ha desvelado la identidad de la farsante del 11-S. Se llama Alicia Esteve y es de Barcelona, de una familia bien de la burguesía catalana. Aquí está la historia . Lo dicho: fascinante. 

ME OFREZCO COMO NEGRO

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Supongo que a estas alturas ya lo sabréis, pero Sánchez Dragó dice que está muy ocupado para escribir sus propios libros y que se los tiene que hacer un "colaborador". Al egregio soriano le han hecho un hijo de madera en su propio Diario de la noche de Telemadrid. Durante la publicidad, alguien del control grabó la conversación privada que mantenía con su invitada, Ana Botella, a la que, además de pelotear de la forma más reptiliana posible, confiesa que su último libro, "muy extravagante y liberal", no lo ha escrito él porque no tiene tiempo. La ex primera dama se muestra comprensiva: "Claro, es que no te puede quedar tiempo para nada". Y el otro dice: "Sí, además, los viernes me voy al pueblo y ahí sí que aprovecho para escribir conferencias". Lo podéis ver aquí.

Qué malo es no tener tiempo, la verdad, pero no se preocupe, don Fernando, que seguro que podemos hacer algo para incrementar su productividad. Yo soy un chaval joven y bien dispuesto, tecleo rápido y estoy acostumbrado a currar mucho. En serio, pida referencias, no se corte. Por una módica suma, yo le escribo a usted un librito al mes y así podrá aumentar los royalties, que seguro que reformar la casa del pueblo le sale por un ojo de la cara. Eso sí, me tiene usted que buscar otro "colaborador" que me haga los reportajes de Heraldo y de las revistas en las que colaboro, así como del resto de bolos que me salen de cuando en cuando, que estoy muy liado y apenas puedo atenderlos. Estoy seguro de que llegaremos a un acuerdo beneficioso para ambos. Y eso sólo será el principio. Después, podemos plantearnos fundar la "factoría Sánchez Dragó". Tengo unos cuantos amigos que escriben muy bien y que aceptarían gustosos un puesto en su negrería literaria si ello les soluciona la hipoteca. Alquilamos una oficinita en una calle discreta de Chamberí (preferentemente, que esté encima de un bar, para mojar la inspiración, ya sabe usted) y escribimos por turnos las 24 horas del día. De lo que usted quiera. Se me ocurren los primeros títulos: Los sueños calientes de Ana Botella, Memorias de un horticultor vanidoso, Ende que te di el primer zurriagazo (Elogio del ruralismo soriano liberal), Robespierre era un mamón, Mis veladas con los Aznar, Nueva novísima filosofía en el tocador, Al norte de los Pirineos sólo hay merde de vache y Así se forja un pensador independiente. Creo que en un añito podrían estar escritos todos y listos para la imprenta, pero antes arreglemos el asunto de la pasta, don Fernando. Ya me dará un toque, ¿eh? Y póngame a los liberales pies de su señora.

30/09/2007 14:28 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Literatura Hay 3 comentarios.