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Resumen

IDENTIDAD

En 2001 yo no existía.

Google, en otra de sus divertidas y frikis tontadas, ha "reeditado" su buscador de 2001. Es decir, un Google en el que sólo puedes buscar cosas que existían en internet en 2001. Me he buscado y no aparezco. Y como lo que no está en Google no existe, en 2001 yo no existía. Y eso que ahora que lo pienso, por aquel entonces yo ya tenía algunos reportajillos publicados, y no me extrañaría que ya estuvieran colgados en algún sitio. Pero Google me dice que no, que me olvide, que me lo estoy inventando. Yo no era nada entonces.

¿Existiría entonces mi doble? Hace unos meses me escribió un correo un chaval argentino que dice llamarse como yo y tiene mi misma edad. Fue a buscarse en Google y se encontró conmigo, y le jodió verse convertido en un barbado barrigón, él que seguro que come ensaladas y va al gimnasio (si es mi doble, ha de hacer todo lo que yo no hago, para completarnos y tal). No tenemos un nombre común, no es como si dos José María García se encuentran. ¿Cuántos Sergio del Molino habrá? En una de las empresas del Grupo Heraldo, en el mismo edificio donde trabajo, hay un Sergio Molino, sin el "del", y al pobre le llegan por mail muchas broncas que me corresponden a mí. Es curioso, pero si ha recibido alguna carta de amor que iba dirigida a mí, no me la ha reenviado. Sólo me rebota los malos rollos, pero igual me roba los ligues. Habrá que investigarlo.

Hace unas semanas, a las dos de la mañana, le sonó el móvil a Cris. Estábamos en casa, tranquilamente, y nos dimos el razonable susto que uno se lleva cuando suena el teléfono a esas horas. Era un número desconocido. Lo cogió y una chica le dijo: "Ese es mi móvil". "¿Perdón?". "Que ese es mi móvil", insistió la chica. "Me lo acaban de robar y ese es mi móvil". Se despachó el asunto, se había equivocado en alguna cifra o no se sabía su número. Chispún.

Pero luego pensé: no se ha equivocado, la chica tiene razón. Probablemente, le dije a Cris, la chica seas tú en el futuro, una noche en la que te roban el móvil y te llamas esperando encontrar al ladrón, pero te encuentras con tu yo del pasado. Debe ser cosa del acelerador de partículas de Ginebra. Estamos empezando a notar sus efectos.

¿Que no? Para empezar, yo en 2001 no existía, lo dice Google. Y lo que Google dice, va a misa. Todos nos empezamos a descomponer, nuestra identidad y nuestro yo se van a la mierda sin remedio. Pronto los calendarios se quedarán obsoletos, nadie mirará los relojes porque ninguno acertará con la hora exacta y veremos a los hijos que no hemos tenido ya ancianos jugando a la petanca en el parque.

Por cierto, me tengo que renovar el DNI. A ver qué dice la Policía de toda esta confusión de identidades. Lo mismo no consto en sus ficheros. Lo mismo me desvanezco mientras espero turno.

EMPIEZA LA TEMPORADA DE GRANDES COCIDOS DE OTOÑO-INVIERNO

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Para muchos, el otoño es depresión, encierro, ansiedad, exámenes, fatigas laborales, divorcios, botas de agua, incordios y reuniones de la comunidad de vecinos. Para otros, perder de vista en el cole a unos hijos que no soportan, o perder de vista en el curro a un cónyuge que no soportan. Para mí, el otoño y el frío sólo significa que puedo volver a preparar mis world famous cocidos.

Hoy hemos estrenado una temporada de cocidos de otoño-invierno que se prevé espléndida. Nos hemos comido el primero del curso, y la valoración de la crítica ha sido de 11 sobre 10. La siesta ha sido también gloriosa, a la altura del guiso.

Cualquier programador sabe que el arranque y el final de las temporadas son fundamentales para que estas sean brillantes, y que en medio hay que ir alternando picos y valles hasta el desenlace. Así que para este arranque me he esmerado, pero caminando sobre seguro. Nunca hay que experimentar en un estreno: los golpes de efecto hay que colarlos en medio, para minimizar los efectos de su posible fracaso.

Por tanto, he confiado en lo que sé que funciona bien: a lo largo de mi vida como apasionado cocidero me he abastecido en varias carnicerías y mercados de Zaragoza y de Madrid, y aunque nada supera en variedad y calidad al Mercado de Maravillas de Madrid, puedo decir que la sección de bandejas preparadas de El Corte Inglés nunca defrauda. Algo carilla, pero merece la pena. Calidad obliga. Así que allí nos hemos pertrechado para todo lo necesario.

Las carnes, variadas y, siempre que sea posible, ibéricas. Apunten, aficionadillos: chorizo y morcilla ibéricos, una pieza de ternera melosa, una cuña de tocino ibérico y un hueso de jamón. Para completar, un esqueleto de gallina con algo de carne. A veces uso pollo, pero la verdad es que no hay comparación posible: la gallina deja un caldo untuoso y potente y el pollo tiende a clarear y necesita el auxilio de otras carnes. Para las verduras: medio repollo, varias zanahorias, un puerro generoso, varias ramitas de apio, una cabeza de ajos, un par de chirivías y, siempre añadidas al final de la cocción, las imprescindibles y blancas patatas gallegas.

Faltan los garbanzos, claro. No crean que es fácil el tema de los garbanzos. Los hay de muchas clases, sabores y tamaños, y su buena o mala elección puede aportar la nota de distinción, ese je-ne-sais-quoi que puede hacer que un cocido sea un éxito o un fracaso. Para este primer reto he querido ser minimalista, y he escogido unos pequeños y finísimos grabanzos pedrosillanos, crecidos en la dehesa de Salamanca, en honor a nuestro comentarista Severiano. Han resultado magníficos: mantecosos, tiernos y sólidos al tiempo, aguantando tersos y sin descomponerse en la dura cocción.

Toda la cocción empieza en agua fría. Del grifo, mismamente, pero si quieren ponerse estupendos pueden usar un agua de mineralización débil. Manotazo de sal fina, delicado toque de pimienta y leve sonrosado de pimentón. Para la ocasión hemos abierto un Laus de 2004 del Somontano -tinto, of course: mis cocidos no admiten otra coloración en las copas-, bajo cuyos efectos etílicos escribo todavía esta reseña.

Qué gran comilona, señores. Estoy convencido de que la heroína y el crack son más saludables que esta sinfonía de grasas, pero no tan satisfactorias.

El cocido es un monumento cultural sin el cual nos sería imposible entendernos. En su borboteo hirviente se resumen siglos de civilización y encuentros entre seres humanos de sitios distintos. Por supuesto, representa a los pueblos peninsulares en su conjunto, pues todas las regiones tienen su versión particular, desde la carn d’olla catalana hasta el pote gallego, pasando por el puchero meridional. De él se han alimentado las clases populares, cogiendo los nutrientes necesarios para descabezar a los reyes, y es además inspirador y espoleador de otros platos: del cocido salen la ropavieja y las croquetas, por ejemplo.

Pero es que, además, el cocido es transcultural. El que hoy conocemos y disfrutamos es la versión cristiana del cuscús, es su hijo. ¿Que no? Añadan cerdo a un cuscús y tendrán un cocido. A través de la península, el cuscús y los potages del norte de los Pirineos se dan la mano, y también se tiende un puente al otro lado del Atlántico: el sancocho es la versión criollo-caribeña del cocido, preparado con verduras tropicales (yuca, plátano...) y degustado en tórridas jaranas de las Antillas (mayores y menores), de Venezuela y del norte de Colombia. Seguro que algún plato de la cocina cajún tiene su origen en el cocido, como la jambalaya tiene su origen en la paella.

En fin, que por muy denostado que esté en estos tiempos de remilgos culinarios, yo amo al cocido, y proclamo mi amor dedicándole una gloriosa temporada que espero que dure hasta bien entrado abril. Experimentaré a veces, pero ya les advierto que a mí me va lo clásico. Y si gustan probar, díganmelo con tiempo y les hago sitio en la mesa, que en casa siempre sobra.

Foto: El virtuoso Sergei Molinovich, a punto de concluir la ejecución de su Cocido Madrileñensis en regüeldo menor, Op. 52.

POSTUMADAS

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Se publica la primera postumada de Guillermo Cabrera Infante, La ninfa inconstante. La ha rescatado su viuda, y como todas las viudas, lo ha hecho desde la convicción de que ha sido fiel a la memoria y voluntad del finado.

Dice Miriam Gómez (en adelante, la viuda) que Cabrera Infante daba instrucciones muy precisas a los correctores de la editorial para que no le tocasen las comas ni los gerundios, que era algo que le irritaba sobremanera. Dice la viuda que, fiel al espíritu quisquilloso de Cabrera Infante, no ha consentido que nadie mueva una coma de sitio, ya que los textos de su difunto eran de precisión relojera suiza, cada letra tenía una razón de ser y un espacio ajustado cuya alteración podía provocar el derrumbe de la obra entera. Qué digo de la obra: del mundo tal y como lo conocemos. Así que la viuda se ha colocado en posición "en guardia", y ha desarmado uno por uno a todos los correctores y editores que la acechaban enarbolando comas, puntos y comas, peninsulizadores de americanismos, panhispanadas diccionáricas y haches y bes. "¡No son erratas, malandrines: es la voluntad de mi esposo!", clamaba la viuda, rodeada de signos de exclamación y puntos suspensivos que los correctores no lograron colocar y que yacían desarmados en el suelo del despacho.

"Sólo una cosa he añadido", dice la viuda. "He añadido una palabra que no me gusta, pero que había que poner para que se sepa de qué época está hablando el texto. La palabra es (redoble de tambor) Batista. Es que si no se dice no queda claro del todo que se está hablando de la Cuba anterior a la Revolución".

Acabáramos.

Ahora sí que la hemos hecho buena.

Resulta que Cabrera Infante, el que medía sus textos con precisión nanotecnológica, se había olvidado de mencionar a Batista. Qué descuido. Habría fumado muchos puros don Guillermo aquella noche y olvidó situar fechas y nombres. Lo normal. Menos mal que la viuda acude al rescate para dejar las cosas claras.

No he leído La ninfa inconstante y hablo por simples y gratuitas ganas de incordiar, pero vamos, digo yo que si Cabrera Infante era tan detallista y minucioso como se dice que era, a lo mejor omitió deliberadamente el nombre de Fulgencio Batista. A lo mejor, digo yo, desde mi más profunda ignorancia, don Guillermo quiso jugar con la ambigüedad. A lo mejor no quiso aclarar a sus lectores si hablaba de la Cuba de ayer o de la de hoy.

Vamos, digo yo.

Habrá que leer la postumada para saber si era así. Pero si la omisión fue deliberada, se ha lucido usted, señora Viuda. Con tres sílabas se ha cargado todos los esfuerzos sutiles de su marido. Se habrá quedado a gusto.

En cualquier caso, yo creo que los escritores, en vez de desperdiciar su último aliento buscando una frase memorable del rollo de "Luz, más luz" o diciéndole a su gente lo mucho que les quieren, deberían gastar esas últimas fuerzas en destruir sus cajones y formatear los discos duros de sus ordenadores. Que nada inédito quede por ahí, al alcance de los herederos. Porque ya se sabe que los herederos todo lo publican, tienen esa manía los jodíos. No importa lo mucho que el autor se avergonzara en vida de esa aberración, que seguro que saldrá a la luz, para satisfacer el gusto necrófilo del mercado editorial.

Pero vuelvo a decir yo: si un escritor X dejó encerrados en un cajón unos textos Y que nunca llevó a ningún editor ni habló de ellos con nadie, ¿no cabría alguna posibilidad de que el hombre -o la mujer- no quisiera verlos publicados ni en su peor pesadilla?

En la música hay ejemplos brutales: Jimi Hendrix sólo publicó en vida tres discos, en una cortísima carrera artística que duró tres años escasos. Su discografía oficial, hoy por hoy, suma ya veinte álbumes. Y creciendo. Creo que han editado hasta un vídeo en súper ocho de unas vacaciones infantiles en La Manga del Mar Menor.

La viuda de Cortázar, Aurora Bernárdez, quiso sacar también material escondido en los cajones, pero no encontró gran cosa inédita y tuvo que conformarse con sacar dos tochos con toda su correspondencia. Bastante aburrida y protocolaria, por cierto.

Caso distinto es el de Bolaño, que sabía que se iba a morir y dejó póstuma su última novela, ya preparadita para que su viuda pudiera vivir de ella cuando él faltara. Ahí empezó su leyenda.

Caso distinto fue también el de John Kennedy Toole, que vio cómo todos los editores rechazaron en vida La conjura de los necios y, tras su suicidio, su madre se empeñó en que lo publicaran. Se dice que los editores dijeron: "¡No joda que está fiambre! ¿Suicidado, dice? ¡Mejor que mejor! Déme esos papelotes de mier..., digo, la excelsa obra de su vástago, que nos vamos a forrar el riñón con ella".

De cualquier forma, menos mal que las viudas, guardianas de los deseos y saberes de sus difuntos, saben poner el Batista donde ellos se lo dejaron. "Ay, Guillermín -pensaría la viuda-, siempre tan despistado. Lo mismo te dejabas las gafas en el bar que te olvidabas de poner el nombre del dictador en la novela. Si no fuera por mí...".

Si me muero mañana, incinérenme con mi ordenador, por favor.

05/10/2008 13:26 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Literatura Hay 2 comentarios.

QUÉ DESILUSIÓN

Ya os confesé mi vicio gofrero y lo feliz que me hacían las delicias de Haagen Dazs, así que comprenderéis mi dicha y mi temor cuando vi que, al comenzar las fiestas del Pilar, unos tiparracos habían montado un puestecillo casi en la puerta misma del periódico donde ejerzo mis labores llamado "La casita de los gofres". Mis papilas se retorcieron como vestales ante la verga enhiesta de un legionario recién llegado de las Galias, y mis arterias se contrajeron asustadas, en un espasmo horroroso, estrangulando los músculos, buscando esconderse de esa marabunta de colesterol que veían venir en plan tsunami.

Mi perdición, amigos. No llego vivo al fin de las fiestas. Mis arterias explotarán y lo pondrán todo perdido de masa de gofre a medio masticar.

Eso pensé. Pero no temáis. Por suerte, los de "La casita de los gofres" son tan pérfidos como la bruja de la casita de chocolate de Hansel y Graetel, y sirven un infecto mazacote cementero a medio cocer que osan llamar gofre sin ningún fundamento. Me lo comí por educación, pero debería habérselo estampado en la cara. Es más, debería haber prendido fuego a esa casita mentirosa que vende trozos de hormigón con forma de gofres a tres euros la unidad.

Vaya guarrada, de verdad. No vayáis, vuestro estómago lo agradecerá.

La casita de los gofres... ¡Y una mierda! Al niño meón de Maneken Pis le están saliendo piedras en la orina de ver cómo mancillan el buen nombre del bello bollo belga.

Así que aquí adjunto mi agradecimiento a los señores de "La casita de los gofres" por permitirme vivir unos meses más sin reventar de obstrucción arterial. El dietista que no tengo, pero que algún día tendré, también se lo agradece.

Suyo afectísimo,

Un amante de los gofres de verdad.

ZARAGOZA QUISO SER LATINA

Mis jefes me han pedido un pequeño artículito de opinión que ha salido publicado hoy en Heraldo. Al final, se ha quedado incluso más pequeñito, tras cambiar su ubicación original, pero creo que queda claro el mensaje. Aquí os lo dejo:

Hace unos años, a unos argentinos enraizados en Zaragoza se les ocurrió desempolvar el vetusto emblema de la "Hispanidad" y aprovechar el día de la ídem para convertir la capital aragonesa en un nodo donde se entrecruzaran las culturas de ambos lados del Atlántico. La ocasión la pintaban parda: los nombres de Zaragoza y el Pilar evocan poderosas emociones en toda América Latina y, bien jugada, la apuesta podía animar mucho la escena cultural local. Así nació Zaragoza Latina, un ciclo dedicado cada año a un país del otro continente, con muchos intercambios artísticos y un gran concierto en las fiestas del Pilar.

Así fue hasta hoy. No busquen en el programa de festejos de este año, que por Zaragoza Latina no viene nada. En esta post-Expo no hay parné para zarandajas.

Sin embargo, si se acercan a Madrid, podrán disfrutar estos días del festival Vivamérica, que se celebra también (simultáneamente) en Tenerife y Bogotá, aprovechando la potencia evocadora del 12 de octubre. ¿Y saben quiénes participan en ese festival? Pues los compañeros de viaje de esos argentinos, los músicos y artistas aragoneses que orbitan en torno a la revista "Zona de obras". ¿Por qué no están en Zaragoza? ¿Por qué el Ayuntamiento consiente que otras ciudades aprovechen proyectos que ya funcionaban aquí? Otra ilusión que se va. Nos quedaremos con nuestro cierzo, mientras otros disfrutan de las brisas del Caribe.

08/10/2008 19:49 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Actualidad Hay 6 comentarios.

PUNTA UMBRÍA

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He estado escribiéndome estos días con mi amigo Ángel, a quien años ha que no contactaba, y hemos recordado alguna batallita de nuestras correrías, de cuando éramos parte del Colectivo Casandra y nos tomábamos el mundo un poco más en serio. En uno de los mails le he dicho: "Tengo que escribir de Punta Umbría". Y a ello me pongo hoy, que a toro pasado, nueve años después, seguro que nadie se molesta. Y si se molestan, que ajos coman.

Corría el año 1999 y un grupo de desubicados sacábamos en Madrid una revista llamada Derraiz, cuya colección conservo con mucho cariño en algún sitio de mi desordenadísima biblioteca. Las reuniones de redacción empezaban a las dos de la tarde con una comida hogareña y terminaban a las tres de la mañana con unas botellas de ron vacías. Desde fuera, éramos un arcano, pero entre nosotros formábamos una piña muy compacta, con un humor privado inexportable que nos hacía caernos de las sillas y unos planteamientos vitales que poca gente podía compartir, como se demostró con el tiempo.

El caso es que nuestra revista llamó la atención de unos tipos inquietos de Punta Umbría y una mañana nos encontramos en el apartado de correos con una invitación para asistir como ponentes al I Congreso de Editores Españoles Independientes. En realidad, editores ibéricos, pues había unos cuantos portugueses. La idea era juntar a todos los pirados que nos movíamos al margen del mogollón mediático, a todos los que tratábamos de plantear otra cultura, de abrir otros debates, de pensar otras vidas. Cuando llegó la invitación, acabábamos de sacar el Manifiesto 99.00. Un nuevo arte para una nueva época (la modestia no era nuestro rollo), aprovechando el cambio de milenio, y pensamos que Punta Umbría podía ser un foro estupendo para darlo a conocer. Así que llenamos tres o cuatro cajas hasta arriba de manifiestos y cogimos otra caja atiborrada de varios números de Derraiz, muchas pegatinas y muchas tarjetas. Lo cargamos todo en tres coches, nos juntamos en el parking de la estación de Chamartín y enfilamos hacia el sur. Hacía buen tiempo. Creo que hasta llevábamos los bañadores, por si acaso.

Llegamos, nos instalamos, damos un paseo por la playa, nos ponemos hasta las cejas de pescaíto frito y acudimos al bareto donde se celebra la fiesta de bienvenida. Y empieza el asombro.

Nos bastaron dos sorbos a la primera copa para corroborar que estábamos completamente fuera de lugar. A aquella gente no le interesaba nada de lo que pudiéramos decir. La noche empezó con una performance sobre las mujeres maltratadas. Una reflexión sobre el silencio en el que viven millones y millones de seres humanos, anunció un tiparraco. Acto seguido, se sienta, coge un micrófono con una mano y un rollo de cinta aislante con la otra y empieza a enrollar el micro con la cinta. El ruido es infame, destrozatímpanos. Los huesecillos del oído se descoyuntan, los pabellones auditivos empiezan a chorrear sangre. Cuando se le acaba el rollo de cinta al tío, se hace el silencio de nuevo. Entonces pienso: "Bien, ahora es cuando nos lanzamos sobre él, lo despedazamos y arrojamos los trozos de su cadáver al mar, pues es lo único que merece". Pero no. Los ya sordos miembros del Colectivo Casandra nos miramos comprobando que solo nosotros tenemos ganas de asesinar al artista, porque los demás aplauden a rabiar. La entrega es absoluta, la performance les ha llegado al alma.

-Macho, esto va a ser muy largo -me dice Ángel cuando va a pedir más bebida a la barra.

Y lo fue. A partir de ahí, el I Congreso de Editores Independientes fue un no parar de agudas reflexiones y originales aportaciones.

Ángel y yo nos atrincheramos en la última fila del auditorio donde se celebraba, y tapándonos las caras con el programa del congreso, no paramos de descojonarnos. Como dos niños traviesos. Nos contagiábamos la risa mutuamente y no sabíamos parar. El resto del Colectivo Casandra trataba de taparnos para que no se notara la cosa demasiado, pero aun así se daban cuenta. Por el estrado fueron desfilando uno tras otro tipos desquiciados, caraduras, pillasubvenciones, aspirantes a pillasubvenciones, un señor calvo que decía que hacía una revista para acercarse a los chavales de 14 años, que era con los que se sentía bien (no dijo nada de sus culitos tiernos, pero ya se veía qué era lo que le hacía sentir tan bien), unos revolucionarios panchovillescos, artistas visuales, disléxicos, más artistas visuales, trotskistas adictos a la letra prieta y a reeditar actas de la IV Internacional sin traducir y seguidores del tecnofado. Cada cual subía y soltaba su rollo en un carnaval sin sentido. ¿Para qué nos habían juntado con esa gente? Es más, ¿por qué se había juntado esa gente? ¿Era un experimento psiquiátrico?

Cuando llegó nuestra ponencia nos planteamos una puesta en escena agresiva. Quisimos salir con pasamontañas, dos sentados y dos de pie con los brazos cruzados, y leer nuestro rollo de forma categórica y estalinista, como en un comunicado etarra, pero nos pareció que nadie iba a entender la gracia, así que Joaquín y yo nos sentamos y confesamos abiertamente que no sabíamos qué cojones hacíamos allí, que nosotros teníamos un proyecto y un manifiesto y que quien se quisiera unir al debate sería bienvenido. Fuimos faltones. Empezamos diciendo: "No estamos aquí para hablar de grapas ni de gramajes de papel", en alusión a las preocupaciones de buena parte de los editores independientes. Dijimos que para debatir de cuestiones logísticas ya están los medios tradicionales, que creiamos que eso iba a ser un foro de debate sobre alternativas, sobre capacidad de generar espacios de discusión al margen de los establecidos por los grandes medios, que habíamos ido a encontrarnos con gente que creíamos que compartía nuestras inquietudes, pero que por lo visto sólo estaba preocupada por pillar cacho subvencional o ahorrar costes de impresión.

No nos volvieron a llamar. Una pena, porque la playa de Punta Umbría es cojonuda, y el pescaíto del puerto está que te mueres.

Cuánto ha cambiado todo desde entonces. Qué lejos queda aquel despreocupado zagal que era en el Colectivo Casandra. Ahora estoy cerrando la maleta porque me voy a otro sarao, pero un sarao muy distinto. Concretamente, el sarao radicalmente opuesto al congreso indie de Punta Umbría: el Premio Planeta. Me voy unos días a Barcelona a todo trapo a cubrir la feria de las vanidades, a ver de cerca cómo funciona la podrida corrupción de la cumbre literaria. Escribiré algunas cosillas para el Heraldo. Y lo que no me dejen contar allí, os lo susurraré en este blog. Estén atentos, amiguitos.

GENTE DE OTRO PLANETA (1)

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Ya he vuelto del glamour y del fariseísmo barcelonés. Ya puedo sacar tripa, despanzurrarme en el sofá en gayumbos, comer bocatas de chorizo de Pamplona y decir "coño", "joder", "mierda" y "puta" otra vez. Qué alivio, amigos. La americana-de-las-bodas-y-de-las-cosas-de-gala-y-lujosas ya cuelga tranquila en el armario y los zapatos lustrosos de las noches de bienquedar duermen en su caja. Espero que por mucho tiempo.

Ha merecido la pena conocer de cerca este sarao, con tanto adulto haciendo un paripé de niños, con tanta gente supuestamente importante haciendo como que se traga la pantomima, con unos escritores fingiendo sorpresa cuando anuncian su premio. Os aseguro que antes de sentarnos a cenar, en el cóctel de bienvenida a la gala, todos los periodistas sabíamos ya los nombres del ganador y de la finalista. De hecho, un compañero de una agencia de noticias se acercó a Vallvey y le dio la enhorabuena, y ella lo agradeció con toda normalidad. Faltaban casi tres horas para que se hiciera público el fallo, y el jurado, supuestamente, vota minutos antes de anunciarlo.

Wonderful, my friends. Una cosa digna de ver. Podían ahorrarse el paripé, podían ahorrarse que esos pobres jurados paseen la poca dignidad que les queda, atiborrados de jamón ibérico, vino y ginebra. El señor Lara podría salir diciendo: "Este año gana Fulano, porque me sale de ahí, porque es un tipo que mola y vende mogollón". No cambiaría nada, la gente se lo pasaría igual de bien y el Planeta vendería exactamente los mismos ejemplares. Pero no es suficiente: Lara tiene que montar esta orgía decadente que tanto le gustaba al difunto Terenci Moix y llevar de aquí para allá a un Bryce Echenique que apenas se tiene en pie, a un Pere Gimferrer que pasa de todo (pero con un pasotismo reconcentrado), a una Rosa Regàs que nunca le hace ascos a una buena comilona y a una Carmen Posadas que, si pudiera, se enrollaría consigo misma de lo mucho que se adora. Lara nos hace creer que son ellos quienes eligen al premio Planeta y nosotros nos lo creemos. Mientras nos saque jamón del bueno y vino del Penedés, yo de Lara me creo lo que haga falta.

Al acabar la rueda de prensa donde Savater y Vallvey recibieron los aplausos de una prensa encantada de tutearse con la crema literaria, corrí al baño a evacuar todo el Penedés y el cava que llevaba dentro, y allí coincidí con un miembro del jurado, no diré cual. Cuando dos caballeros se encuentran subiéndose la bragueta surge espontáneamente un sentimiento de camaradería. No sé por qué, pero es así: la gente es franca cuando mea, tiene ganas de contar confidencias. Cuántas exclusivas se habrán arrancado junto a la cisterna de un Roca. Así que este buen señor, sordo como una tapia y con el etilismo algo subido de tono, me dijo, literalmente: "La novela que era buena de verdad es la que ha quedado tercera, que no se lleva ningún premio. No era buena, era cojonuda, excelente, soberbia. Pero claro, la ha escrito un chaval colombiano al que no conoce ni dios (¿chico colombiano? ¿No se supone que el jurado no conoce la identidad de los autores?), y esta gente se juega muchos millones. Supongo que la acabarán publicando en alguna colección pequeñita, porque para el gran público, pues no. Hala, sin duda era la mejor de todas, con mucha diferencia".

¿Les queda claro? Pues eso.

Por lo demás, viva el grupo Planeta, oiga. He pasado tres días en Barcelona a todo trapo y sin gastar un duro, en hotelazo y en restaurantes fetén. También he tenido mucho tiempo para mi, he paseado un montón por mis rincones favoritos de la ciudad, he bebido té en una tetería marroquí de la calle Avinyó, he husmeado viejas ediciones de Pla en librerías polvorientas y un tipo de TV3 me asaltó micro en mano haciendo una encuesta sobre barbas, y forcé mi acento catalán para hacerlo más "normativo" (porque yo lo hablo con deje valenciano) y creo que el tipo no notó que no soy catalán, así que me fui satisfecho, como un estafador que ha dado un buen golpe. También conocí a colegas periodistas de muchas partes del país, y constatamos que la profesión está igual de jodida en todas ellas, intercambiamos tópicos quejosos y le dimos al vino con alegría.

Pero ya de regreso me he puesto un punto melancólico, por motivos personales que no tienen nada que ver con la farándula literaria. Por eso esta crónica lleva el número 1, porque escribiré una segunda que también podría titular Los orígenes de mi misantropía.

PS: preguntábais en el post anterior sobre el contenido del Manifiesto 99.00. Creo que Severiano ha respondido acertadamente, pero quedándose corto, porque nosotros íbamos más allá, no nos conformábamos con cambiar el arte radicalmente, sino el mundo en su globalidad redonda. No recuerdo nada de lo que ponía ese manifiesto, supongo que muchas tonterías y alguna que otra barbaridad para escandalizar a algún bienpensante. Nos planteamos repartirlo a las puertas de ARCO, pero luego pensamos que nuestras convicciones militantes no eran tan poderosas como para aguantar que los seguratas de IFEMA nos calentasen los morros. Ya sabéis como tituló don Pío el primer tomo de sus memorias, ¿verdad?: Juventud, egolatría. Los años que llevamos de siglo XXI me han hecho mucho más irresponsable, disperso y estúpido. Por suerte.

16/10/2008 20:57 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Literatura Hay 15 comentarios.

GENTE DE OTRO PLANETA (2)

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Mis años de estudiante en la Complu me dieron pocas alegrías pedagógicas, pero las pocas que tuve fueron muy gratificantes e intensas. Me acordé de una de ellas durante la cena de entrega del Planeta, entre plato y plato. A través de unas pantallas gigantes, se proyectaban frases de todos los libros ganadores desde 1952 hasta aquí, y en una de ellas, un nombre familiar me asaltó la retina: Marta Portal, premio Planeta 1966.

¡Marta Portal! Es cierto, fue premio Planeta, recordé, aunque ese dato lo descubrimos nosotros, ya que ella no lo mencionaba nunca. No por inmodestia, sino porque no tocaba. Marta Portal fue mi profesora de Literatura Hispanoamericana en la Complutense y sus clases afianzaron en mi una latente misantropía que he aprendido a llevar con humor. No fue ella, por supuesto, sino sus alumnos, los que me hicieron misántropo.

Sé que lo habitual es comentar estas cosas cuando el personaje referido muere, y Marta Portal, hasta donde yo sé, sigue viva, así que si lee esto espero que no lo sienta como una prenecrológica ni nada parecido. Sería tristísimo.

Cuando me dio clases, Marta Portal era una mujer ya muy mayor, que había rebasado la edad de jubilación y seguía en la docencia por puro placer y vocación. A los cinco minutos de escucharla te dabas cuenta de que era una sabia, una asturiana ilustrada, cultísima, que había vivido varios años en Colombia y lo sabía todo sobre la literatura de aquel país. Le gustaba hablar de obras concretas, más que de autores o tendencias, y peroraba con una erudición de maestra antigua. No de profesora rígida de la lista de los reyes godos, sino con la antigüedad clásica que yo me imaginaba que tenía la Institución Libre de Ensañanza o las representaciones de La Barraca de Lorca. Era muy placentero, y yo, que era de pisar poco la facultad, no me perdía una clase.

Descubrí que había ganado el Planeta en 1966 con una novela olvidadísima titulada A tientas y a ciegas. La leí en un par de tardes en la biblioteca y recuerdo que me gustó. Tenía el aire opresor y desesperante del realismo franquista, sonaba a Laforet, a claustrofobia, a las hermanas Brontë, a soledad. Era una novela sobre una mujer sola, joven, desquiciada, rota por dentro e incapaz de recomponerse. Era triste. Me gustó, pero quiero volver a leerla porque no recuerdo si era buena de verdad o eran mis ojos. La compraré en Iberlibro y os comentaré qué tal la experiencia de la relectura.

Seguí yendo a sus clases y disfrutándolas, pero cada nueva sesión tenía más ganas de asesinar. Marta Portal había perdido mucha audición y varios problemas graves de salud le habían afectado al habla. Nada que le impidiera ejercer la docencia. Con guardar silencio y prestar atención se entendía perfectamente todo su discurso. Pero una panda creciente de desustanciados no lo veía así, y se descojonaban como críos. Eran tipos y tipas hechos y derechos, universitarios veinteañeros a los que nadie obligaba a estar allí, pero que se comportaban como escolares de Amarcord. No se cortaban un pelo, imitaban los defectos de su habla, se partían la caja torácica cuando pronunciaba mal o con dificultad el nombre de algún autor, armaban unos pollos infames. Yo intentaba fulminarles con la mirada, pero las miradas no tienen capacidad de fulminar. Ni se daban cuenta. Para esos tipos, quién sabe si futuros ministros de Cultura de este país o jefes de informativos de TVE, aquellas tardes eran una juerga, una oportunidad para reírse de la vieja pelleja. Les hubiera matado. Como decía mi amigo Ángel: "Te los cargas, y esa noche duermes en Carabanchel, pero a gusto, descansado".

De verdad que por más vueltas que le daba no entendía lo de aquellos zotes. Yo consideraba un privilegio poder aprender algo de Marta Portal, y le estaba agradecido a los esfuerzos que hacía cada tarde hablándonos de literatura hispanoamericana, de esos libros y de esos autores que ella conocía mejor que a sí misma, pero debíamos ser muy pocos en aquel aula los que pensábamos así. La tónica era la del botellón, y yo sentía mucha vergüenza. Vergüenza por ellos, por Marta Portal y por mí, por ser asimilado a esos trogloditas piojosos, por que la sociedad me confundiera con ellos y yo apenas pudiera excusarme. Qué asco más grande.

No sé si Marta Portal se daba cuenta o no. Supongo que hacía esfuerzos por ignorarlo. Quiero creer que era lo bastante fuerte como para seguir hablando para los que queríamos escucharla. Y nunca se lo agradeceré lo bastante.

Me hubiera gustado poder decírselo, poder agradecérselo de viva voz, pero se puso muy enferma poco antes de finalizar el curso y ya no volví a saber de ella. Lo digo ahora, varios años después, y a través de este blog. Muchas gracias, Marta.

Y así es como conocí a la ganadora del premio Planeta de 1966.

Foto: Marta Portal en los años 60, cuando ganó el Planeta.

18/10/2008 12:18 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Literatura Hay 4 comentarios.

DOS DE MAYO DE GARRAFÓN

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Vergüenza ajena. Intensa, de dejar de mirar la pantalla. Ese es el sentimiento que provoca 2 de mayo. La libertad de una nación, la serie dramática con la que Telemadrid celebra a su manera el bicentenariazo, y que Aragón Televisión, en un inexplicable acto de mal gusto, emite también los domingos.

Para la creciente audiencia latinoamericana y neptuniana de este blog aclararé que Telemadrid era hasta hace unos años, como su nombre indica, la televisión pública de la Comunidad Autónoma de Madrid. Ahora es un refugio de pseudoperiodistas y calientasillas vociferantes de extrema derecha con vocación agit-prop, pero sin llegar a ser agit-prop, porque para eso necesitas una audiencia a la que agitar y dar propaganda, y Telemadrid perdió a su audiencia hace mucho. Y es desde esa nueva categoría de instrumento del poder ultra para dar un sueldo a sus estómagos agradecidos y corifeos varios desde la que hay que entender la ridícula y vergonzante serie 2 de mayo. La libertad de una nación.

Receta: contrátese a una productora cualquiera; ponga a una reata de becarios analfabetos funcionales y lectores de Pérez Reverte a escribir unos guiones castizos, con mucha "señá", "doña Cata" y "nos han jeringao"; recorra los asilos de la beneficencia y las pensiones más pulgosas de la calle Atocha, saque de esos cuchitriles a un puñado de viejas momias más o menos populares que quieran asegurar unos euros de pensión en sus años de vejez y haga con ellos un casting de actores -coja, por ejemplo, a la neurótica pintora de Verano azul (María Garralón), al Romerales de Farmacia de Guardia (Cesáreo Estébanez), a la hija tontita de Rocío Durcal (Carmen Morales), al abogado gay de Aquí no hay quien viva (Nando González) y al que se desdoblaba en Amanece que no es poco (Miguel Rellán)-; vístales con lo que sobró de la última verbena de San Isidro (no hace falta lavar las prendas, que los lamparones de vinazo dan más realismo), y por último, métales en los decorados de la función escolar del instituto de Alpedrete. Añada luz plana y unos tipos vestidos de soldaditos de plomo que se pasean como temibles oficiales napoleónicos que dicen ser asaltados por "bandolegos" (en francés de Chamberí) y tendrá usted su propia superproducción de Telemadrid. El coste de todo, catering de actores incluido (se conformarán con un castizo bocata boquerones y medio cartón de Don Simón rosado), no debería superar los 30 euros por capítulo. Eso sí, no se olvide de insertar una voz en off que ponga en contexto la historia y hable del heroico levantamiento español contra el francés, y bájese de Internet unos acordes así como históricos, como de tachán-tachán bélico. Así alcanzará al tiempo sus objetivos pedagógicos e ideológicos.

Quién nos iba a decir que la tele patria iba a hacer buena a Curro Jiménez. Qué digo buena, ¡excelsa! Comparada con el intragable bodrio de Telemadrid, las frases de Algarrobo son cumbres shakespearianas, cimas del ingenio humano. Ya quisiera el aborto de Telemadrid secundado por la autonómica aragonesa tener las cabalgadas contra el poniente de Curro Jiménez. Ya quisiera tener sus atardeceres de Ronda y su aire polvoriento de western crepuscular. Hasta los sobreactuadísimos e insoporteibols Estudio 1 le dan mil vueltas a 2 de mayo. La libertad de una nación (sí, otro día hablamos de Estudio 1, por si acaso usted es de los que piensa que esos pasotes histriónicos y planos le hicieron algún bien a la tele o al teatro).

Yo soy de los que creen que siempre hay un fondo, y que cuando se toca sólo se puede remontar por la pura inercia del agua. Pero esta serie me hace recapacitar: puede que haya pozos sin fondo. Porque, ¿dónde está el fondo de Telemadrid? Lo quisimos ver en Curri Valenzuela, y entonces vino Ernesto Sáenz de Buruaga. Lo quisimos ver en Sánchez Dragó y entonces vino el filofascista de Hermann Tertsch. Lo quisimos ver en las series de Toni Cantó en la Forta y entonces llegó 2 de mayo. La libertad de una nación. ¿Qué será lo próximo? Yo apuesto por un remake de Raza con María Garralón y Sánchez Dragó en su debut actoral. O por una serie de homilías de Rouco Varela en prime time.

Les pego un trocito de la sinopsis que se lee en la web del ente madrileño:

La historia de "DOS DE MAYO, LA LIBERTAD DE UNA NACIÓN" arranca con el entierro de la joven modistilla Manuela Malasaña en Mayo de 1808. Allí, en torno a la tumba de los héroes del levantamiento contra los franceses, se reúnen las modistillas del taller donde trabajaba la joven, comandadas por la rebelde y contestataria Pepita García, una de las heroínas de la serie. Allí comienza a forjarse el espíritu de rebelión y resistencia que acompañará a nuestros protagonistas cuando en diciembre de ese mismo año, la ciudad de Madrid se rinda y se convierta en una ciudad tomada. En ella nuestros protagonistas van a tener que luchar día a día por sobrevivir con escasez, de alimentos, frío y la opresión que ejerce sobre ellos la presencia constante en sus calles del enemigo invasor. El espíritu de los españoles, y en este caso concreto, de los madrileños no decaerá. Pasarán un invierno de un frío insoportable, pasarán la escasez de la falta de provisiones, vivirán la visita del Emperador Napoleón Bonaparte con su correspondiente toque de queda, la primera navidad en guerra, etc…

No añaden que todo se presenta con un brutal realismo en un plató muy parecido al del viejo Barrio Sésamo. De hecho, si el actor que lo interpretaba no hubiera muerto hace poco, parecería que Chema iba a salir de su panadería a hacerle unos requiebros a María Garralón, que sigue haciendo el mismo papel de señora mayor con graves desequilibrios emocionales que pinta acuarelas espantosas, aunque aquí, en lugar de pintar, cose ropas espantosas. No quiero aguarles la sorpresa, pero me han dicho que Espinete hace de Napoleón, y a Don Pimpón le ofrecieron el papel de Goya, pero estaba en juicios porque unos padres le habían denunciado por llevar a sus hijos al bosque y juguetear entre los árboles y, al final, el rol de Don Francisco se lo llevó la viuda de Paco Rabal, que es lo más cercano a Rabal que encontraron.

Pues eso, que da gusto ver que nuestros impuestos están en buenas manos.

Foto: y por si fuera poco, por el mismo precio te meten en el reparto a Andoni Ferreño como acaudalado noble. ¿Cómo pueden perderse esta serie? Yo espero con ansia los extras de los DVD, con el cameo nunca emitido de Bigote Arroced como Carlos IV. En la imagen, Ferreño se muestra en su característico y demandado registro "estreñido con patillas".

20/10/2008 02:46 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión Hay 13 comentarios.

DANIEL MOYANO

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Soy un tipo suertudo. Tengo en mis manos un tesoro: las novelas y cuentos sin reeditar de Daniel Moyano, que su hijo Ricardo me ha enviado por e-mail. Unas joyas casi inencontrables. Le he dado a imprimir, he fundido un paquetón de 500 folios y me dispongo a disfrutar las próximas semanas con calma morosa. He escrito un reportaje sobre Daniel Moyano en Heraldo. Aquí os lo pego, por si os apetece leerlo:

Julio Cortázar dijo de uno de sus libros: "Es la novela que me habría gustado escribir a mi"; el poeta Juan Gelman proclamó que su obra era "música escrita con palabras", y Augusto Roa Bastos celebró su estilo como el más pulcro y medido de la lengua española. Fue querido y admirado por los más grandes escritores de la generación del 'boom' latinoamericano, pero murió sin pena ni gloria en Madrid, en un exilio de su Argentina natal (prolongado voluntariamente), muy lejos de los fastos de la farándula literaria. Hoy, sus agotadísimas novelas y cuentos son rarezas, objetos de deseo de cuatro impenitentes y apasionados lectores.

Daniel Moyano (Buenos Aires, 1930-Madrid, 1992), nombre de culto arrumbado en los desvanes de la historia literaria, pronto dejará atrás su ingrato olvido. La editorial aragonesa Tropo reeditará en noviembre uno de los libros más queridos por su menguada corte de fanáticos, "El trino del diablo", con prólogo de Mario Benedetti, y un congreso de hispanistas que se celebrará a partir del 21 de octubre en la ciudad francesa de Poitiers pondrá al día todo lo que se sabe sobre su vida y su obra en un homenaje que conmemora los cuarenta años de la edición de una de sus novelas mayores, "El oscuro".

En realidad, esa obra no debería haberse llamado "El oscuro". El título original era "El coronel oscuro", y como tal presentó el manuscrito al primer premio de la editorial Sudamericana, convocado en 1968. Y así lo ganó. Pero uno de los miembros del jurado, de nombre Gabriel García Márquez, puso una condición inexcusable para otorgar el premio a Moyano: que quitara la palabra "coronel" del título.

Entre bromas y veras

Así lo recuerda hoy su hijo, el músico Ricardo Moyano: "El jurado estaba compuesto por Augusto Roa Bastos, Leopoldo Marechal y Gabriel García Márquez. Roa Bastos se inhibió en la votación porque ya conocía a mi padre y reconoció su estilo, pero sus dos compañeros coincidieron con él en que era la mejor novela de todas las presentadas, y le dieron el premio. Sin embargo, cuando mi padre fue a Buenos Aires a recogerlo, una noche, entre bromas y veras, García Márquez le dijo que tenía que quitar la palabra 'coronel', porque los coroneles literarios eran propiedad suya (por 'El coronel no tiene quien le escriba'). Entonces, Gabo todavía no era el gran Gabo, pero ya imponía, y mi padre le hizo caso. Hubo presión, pero la verdad es que, estéticamente, 'El oscuro' es un título mucho mejor. En realidad, le hizo un favor".

A Ricardo todavía le tiembla la voz cuando evoca a su padre, y la rabia asoma cuando ahonda en el olvido injusto que vive su obra: "Mirá vos si es normal que 'El trino del diablo' se pueda leer en turco, en francés y en inglés, pero sea inencontrable en español, la lengua en que fue escrito". Así era hasta ahora, cuando está a punto de ver la luz en una cuidada edición zaragozana con portada del prestigioso ilustrador Óscar Sanmartín.

Por edad, Moyano podría haberse integrado en la parte más joven de la llamada generación del 'boom' latinoamericano, comandada por Vargas Llosa, García Márquez, Cortázar, Fuentes y otros. De hecho, fue leído y admirado por casi todos ellos, cuyas casas frecuentó en Buenos Aires, Madrid y París, pero todo se le puso en contra.

Con "El oscuro", en 1968, parecía que su carrera literaria echaba a andar al fin por sendas internacionales, después de ocho años de publicar cuentos y de labrarse un discreto nombre en los cenáculos argentinos. Se instaló en Buenos Aires y obtuvo cierto reconocimiento con sus obras posteriores, "El estuche del cocodrilo" y la que ahora se reedita, "El trino del diablo". Esta última, aparecida por primera vez en 1974, tiene cierto aire de presagio de lo que estaba a punto de pasar en el Cono Sur, con el golpe de Estado que se produciría en Argentina en 1976.

Recomendaciones


La dictadura militar le lanzó al exilio, justo cuando empezaba a afianzar su carrera y accedía a una cierta seguridad económica. "Ernesto Sábato le escribió una carta de recomendación para los editores españoles -recuerda su hijo-, y Cortázar le mandó otra desde París. Pero de nada sirvieron".

Perdido en el Madrid posfranquista de 1976, sin apenas dinero y con una familia que alimentar, Moyano se convirtió en uno más de los muchos intelectuales argentinos que malvivían su exilio en la capital de España, intentando sin éxito retomar su vida donde la dejaron. Algunos, como los actores Héctor Alterio y Cristina Rota o el cineasta Rodolfo Aristarain, acabaron triunfando en su nueva patria. Moyano, no.

"Los amigos de mi padre en España eran escritores que estaban fuera de los círculos comerciales, nombres de culto y minoritarios, como Rosa Chacel. Nunca le gustó frecuentar los ambientes de la farándula ni se hacía el simpático con gente que no le caía bien. Estaba convencido de que si el trabajo de uno valía la pena, tenía que ser apreciado por sí mismo, sin maquillajes ni hipocresías sociales. Por lo visto, se equivocaba", lamenta Ricardo.

Sus originales fueron rechazados una y otra vez en España, mientras se acumulaban las traducciones de su obra al francés y al inglés. De hecho, el grueso de sus fans está en Francia, donde algunas de sus novelas han figurado en el plan de lecturas obligatorias de varias universidades. La muerte le alcanzó en 1992, dejando inédito un relato revelador, amargo y autobiográfico titulado "El sudaca en la corte". Con el congreso de Poitiers y el trabajo de la editorial aragonesa Tropo, sus incondicionales quieren que Moyano ocupe al fin el lugar que merece.

21/10/2008 01:01 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Literatura No hay comentarios. Comentar.

DE CHARLETA CON ISAAC ROSA

No soy muy amigo de usar el blog como tablón de anuncios, pero aquí os pego este de la agenda de la librería Cálamo de Zaragoza:

Miércoles, 22 de octubre, 20.00 h. Presentación de la última novela de Isaac Rosa

Presentación de la última novela de Isaac Rosa, El país del miedo, editada por Seix barral.

El historiador Javier Rodrigo y el periodista Sergio del Molino ejercerán de maestros de ceremonias.

Desde la publicación de su novela El vano ayer (Premio Internacional de Narrativa Rómulo Gallegos 2005), Isaac Rosa es un referente esencial de la nueva narrativa española. Y uno de nuestros escritores favoritos.

Antes, a las 18.30, estaré también con Isaac Rosa moderando un coloquio sobre sus dos anteriores libros, El vano ayer y ¡Otra maldita novela sobre la Guerra Civil!. Será en Alagón, en la primera jornada del II Encuentro de Historia Contemporánea Villa de Alagón, que aunque es de historia no se limita a invitar a historiadores. De hecho, este año también está Enrique Villarreal, "El Drogas" de Barricada. Así que hago doblete. De Isaac Rosa he hablado en este blog aquí y aquí. Por la noche supongo que nos haremos pasar por el hígado unas cuantas copas y hablaremos de cosas más serias. Lo que se pueda contar lo contaré aquí. También haremos algunas fotos, para que cuando yo me vea en la ruina e Isaac Rosa gane el Nobel, pueda venderlas en eBay y sacarme unas pelillas.

Corrección post encuentro: no ha habido copas, que Isaac, como padre responsable de familia que es, se ha cogido el último AVE a Madrid para atender a su creciente prole. No importa, porque nos lo hemos pasado estupendísimamente y ahora me voy a cenar con los amigos noctámbulos que nunca me fallan, así que ya os contaré otro rato.

21/10/2008 22:47 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Literatura Hay 1 comentario.

ESPECULACIONES LASCIVAS

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Lo pasamos bien ayer en Alagón y en las Zaragozas con Isaac Rosa hablando de todos sus (exitosos) libros. Se ha terminado de rodar la peli sobre El vano ayer, que supongo que se estrenará en 2009, y El país del miedo ya va por la segunda edición. Para que luego digan que no se lee en España. En la foto, como se puede ver, parezco dormitar cual diputado en sesión plenaria, pero eso es cosa del fotógrafo, que me cogió a traición. La cosa estuvo entretenida, de verdad.

A los asistentes a Alagón les solté un rollo seudopoético sobre la fragilidad de las palabras y sobre la capacidad de la literatura de trascender el discurso explícito de los historiadores. Creo que me salí de madre un poco. Meé fuera de tiesto y dejé el suelo pringado, porque la gente de la sala estaba por cosas concretas, por el auto de Garzón y concreciones prosaicas varias.

-Me parece que mis chorreces han estado fuera de lugar -le dije a Javier Rodrigo cuando volvíamos a Zaragoza.
-¡Qué va! Para eso te he traído al congreso. A mi cuando más me gustas es cuando te pones especulativo -me respondió.

A mi eso me sonó a lascivia arrabalera, la verdad. Como si me quisieran mordisquear los pezones. Seguro que a Hegel sus amantes le decían lo mismo: "¡Oh, sí, Hegelín, me gusta cuando trasciendes la dialéctica clásica, cómo me pones!".

"¡No te pongas estupendo, Latino!", le decía Max Estrella a Latino en Luces de bohemia (¿o se lo decía Latino a Max?). A mi hay que decirme que no me ponga especulativo. Porque tengo una tendencia espantosa a ello. Lo concreto se me escurre entre las manos. No me pidas que ponga una lavadora: pídeme que especule sobre si es mejor lavar a mano o a máquina. Será por eso que de los viajes me gusta mucho el trayecto, las carreteras secundarias y los rincones discretos donde no se amontona el gentío. También me gusta proyectar libros, artículos y cuentos, pero escribirlos me da más pereza.

Y quizá por eso también soy despreocupado y feliciano. La última novela de Isaac Rosa, El país del miedo, habla de eso, del miedo. Habla de la clase media suburbana, obsesionada con la seguridad, atrincherada en sus residencias, en lo mullido de sus salones y temerosa de todo lo que queda más allá del portal. Gente miedosa que reacciona con miedo y acaba desencadenando desastres. En el libro hay un catálogo completísimo de miedos cotidianos que me consta que angustian a mucha gente, pero en los que yo no encuentro ninguna empatía. "Isaac -le dije-, de lo que me he dado cuenta leyendo tu libro es de que soy un tipo sumamente inconsciente, que va por la calle sin temor a ser atracado, que duerme sin pensar en asaltadores nocturnos, que se mete en las multitudes sin miedo a ser aplastado por ellas, que se monta en un avión y duerme cual marmota feliz... Igual tengo atrofiada la glándula del miedo, pero no siento ninguna amenaza". "Afortunado tú", me respondió, creo que sin creerme del todo.

En Cálamo volví a ponerme especulativo, para gozo perruno de Javier Rodrigo, e improvisé una milonga sobre El Mago de Oz, que es una peli que me gusta mucho y que ligué con el libro de Isaac, ya que la ilustración de portada es una foto de la bruja mala del Este. El Mago de Oz es una fantástica fábula sobre el miedo. Sobre el miedo que nos da lo que no conocemos, lo que está más allá de la cerca de madera de nuestra granja de mierda de Kansas. Dorothy prefiere volver a Kansas antes que quedarse en un mundo maravilloso que le exige un esfuerzo de comprensión y una capacidad de asombro. Yo me quedaría en Oz sin dudarlo, siempre pensé que Dorothy es una pánfila que merece pudrirse en su granja de mierda de Kansas. Pero el mundo está lleno de Dorothys. Dorothys que no viajan por miedo a lo extraño, que no se van de Erasmus por miedo a los idiomas, que no ligan con desconocidos por miedo a los desconocidos, que no dejarán a su mujer por la niñera adolescente de grandes pechos aunque nada deseen más en el mundo que fugarse con ella, que nunca harán nada que merezca la pena por miedo a hacer cosas que merezcan la pena. Porque las cosas que merecen la pena generalmente están más allá de la puerta de tu casa. El Mago de Oz, como Las uvas de la ira, es un producto cultural de la Gran Depresión, de los ingratos años 30, cuando Estados Unidos pensaba que el mundo llegaba a su fin. Las crisis siempre traen grandes relatos sobre el miedo.

En el encuentro de Alagón estaba también el Drogas, de Barricada, que está preparando un disco conceptual sobre la Guerra Civil. Sí, sí, va en serio. Se ha documentado una barbaridad y la cosa promete. Por supuesto, le confesé mi más rendida admiración, que escucho su música desde que era un piojo que no sabía casi ni andar, que habré estado en 15 o 20 conciertos suyos y que me parece de lo más grande, honesto y personal que ha dado el rock en castellano. No era peloterismo, lo pienso de verdad, y tengo pendiente escribir un post al respecto. Además, Barricada va a tener la suerte que en su día tuvieron Hitchcock y Ford: que van a ser reivindicados por la generación de intelectuales posterior a ellos. Hitchcock y Ford eran unos apestosos para la cinefilia de su época, pero la gente de Cahiers du Cinéma, que había crecido con sus pelis, se esforzó por demostrar que eran de lo más grande que le había pasado al cine, que su vocación popular no estaba reñida con su hondura artística. Con Barricada va a pasar lo mismo: me he encontrado con muchos intelectualillos o seudointelectualillos de mi edad con los que comparto muchas cosas, y todos coincidimos en que la música de Barricada ha sido fundamental para nuestra generación. Así que no os extrañéis si dentro de poco empiezan a aparecer ensayos y novelas donde las canciones de Pasión por el ruido (dios, ese título ya es por sí solo un monumento y una declaración de intenciones, casi un manifiesto ruidista), de Rojo, de No sé qué hacer contigo y de Por instinto adquieran una nueva dimensión. Al tiempo.

El Drogas, que hace mucho que no toma ningún tipo de droga y que hasta rechazó el vinito que se sirvió en la presentación, es un tipo estupendo. Timidísimo, humilde, buen conversador, campechano y cordial, con el que se puede hablar de cualquier cosa. Nada de rockero autodestructivo: su máxima preocupación era que su hija había sacado un 3,5 en matemáticas, y eso le llevaba por la calle de la amargura. Para él, el rock es su oficio, un oficio pasional y vocacional, pero que se toma muy en serio: ensayan a diario con horarios fijos y tienen una disciplina casi espartana. Se nota en sus discos y en sus directos. Nunca les he visto dar un mal paso en un concierto, siempre han estado al 100%, muy profesionales y renovando cada año su espectáculo, con nuevas versiones de temas clásicos y cuidando al milímetro su sobria puesta en escena. Fue un placer charlar con él, la verdad.

¿Qué queréis saber, si Javier Rodrigo se puso tan cachondo con mis especulaciones como para llevarme a la cama? Pues no lo confesaré, que soy un caballero, y lo que pasa en la alcoba de un caballero, entre las sábanas se queda.

UN OCHO CUBANO

No me pregunten por qué ni cómo, pero hoy he visto un espectáculo de acrobacias aéreas. Estábamos en Jaca, pasando el fin de semana con unos amigos, e íbamos a Hecho a darnos un homenaje gastronómico en Casa Blasquico. Al pasar por Santa Cilia, alguien recordó que en el aeródromo había un espectáculo, así que nos desviamos y nos pusimos a verlo.

Qué frikez, queridos míos. Yo creía que esas cosas sólo existían en las series americanas, pero resulta que no, que hay gente que se las toma muy en serio. Se montan en una avionetita minúscula y empiezan a dar giros en el aire. "Como curiosidad les diré que tras unos cuantos giros los pilotos deben estabilizar el avión dos segundos para que los fluídos del cerebro dejen de dar vueltas", decía el speaker que todo evento hortera ha de tener. Y yo casi en ayunas, ahí, imaginándome el bamboleo de los sesos del piloto. Qué ascazo.

Había muchísimo público. Al menos, bastante para celebrarse en un lugar tan relativamente apartado, y el speaker pretendía ser didáctico con ellos: "Esa figura que acaba de ejecutar se llama una imperial. Dos imperiales seguidas forman un ocho cubano", dijo. Y se quedó tan ancho. Como somos así de infantiles, lo del ocho cubano nos hizo mucha gracia y nos deshuevamos allí mismo. El público, claro, no entendía de qué nos reíamos. Nosotros tampoco. De la situación, supongo. De vernos allí, en medio del Pirineo, observando avioncicos haciendo chuminadas.

Lo del ocho cubano ha marcado la cumbre cómica del día. Yo me imagino que es algo parecido a esto, ya que por fuerza tiene que tener connotación erótico-festiva (si no, sería un ocho portugués o un ocho palentino):

 

 

El ocho cubano ha eclipsado otros grandes instantes de humor de sexto de EGB de este fin de semana, como cuando nos hemos tropezado con la Pizzería MacVerdi o con el concesionario Auto-Felar. Si es cierto eso de la autofelación, yo le compro un coche sólo por ver cómo se lo monta.

Así que ya veis. Ha sido un fin de semana de intenso ejercicio intelectual. Un no parar de reflexiones y debates. Menos mal que comimos bien, que si no...

MATRIMONIADAS

Iker Seisdedos entrevista en EPS a Bruce Labruce, un actor y director de porno gay que dice cosas muy sensatas. Dice, por ejemplo, que está en contra del matrimonio gay, porque no se puede estar a favor de ningún tipo de matrimonio. ¡Al fin!, exclamé con gozo, y mi voz retumbó en los azulejos del baño, que es donde suelo leer yo el EPS (pero no se lo digas a los del EPS, que ellos se creen muy modernos y no conciben que su revista cool se lea en los retretes, que es donde se lee la prensa dominical, incluidos mis reportajes).

¡Al fin!, volví a exclamar en el pasillo. Al fin alguien que piensa como yo. Y un gay medio famoso y underground nada menos.

Es una cosa que nunca he podido decir muy alto, y aunque a alguna amiga gay se lo he comentado -que para eso están los amigos-, suelo callarme la opinión en foros que no sean estrictamente íntimos y de mucha confianza. Pero ahora que Bruce Labruce la ha puesto negro sobre blanco, me siento libre para perorar.

Ahora ya no hay remedio ni marcha atrás, pero la cerrazón de unos pocos nos ha privado a todos de la posibilidad de abrir un debate profundo sobre la aberración monstruosa del matrimonio. Podíamos haber sentado las bases de un movimiento que disolviera esa institución medieval y retrógrada, pero en lugar de eso, la hemos reforzado. Por los siglos de los siglos. Otra batalla perdida.

Creo que la reivindicación del matrimonio gay se basa en un malentendido. En nombre de la igualdad, se consagran la desigualdad y el privilegio. No se sulfuren todavía. Antes de llamarme homófobo, falangista o carcamal, sigan leyendo, por favor.

La Ilustración y la Revolución Francesa que sentaron las bases de la democracia (llámenla formal, burguesa o lo que quieran, pero democracia al fin y al cabo) consagraron la igualdad y el imperio de la ley como valores irrenunciables de una sociedad que aspire a convivir en libertad. Lo de la fraternidad podemos dejarlo para otro rato, que yo no quiero sentirme ’frater’ de según qué individuos. Igualdad quiere decir eso, que todos somos formalmente iguales ante la ley. Es decir, ante el Estado. Para el Estado, todos contamos lo mismo. Para nuestros padres podemos ser los más listos y para nuestra empresa podemos estar mejor pagados que otros, pero el Estado no distingue entre los individuos que lo forman.

Sin embargo, esa igualdad (todo lo formal que quieran) se resquebraja en el momento en el que ese mismo Estado encargado de garantizarla reconoce la institución del matrimonio. No la rompería si el matrimonio fuera una impostura, un rito sin valor jurídico, pero no es así, porque tiene unas enormes consecuencias legales. Los que pasan por él se convierten en ciudadanos de otro rango, ya no mantienen una relación singular con el Estado, sino en tándem, y eso implica una serie de ventajas, fundamentalmente fiscales, que los ciudadanos que no se han casado no disfrutan. El matrimonio genera una casta de privilegiados, que tienen un trato de favor con el Estado. Por detrás de ellos están los solteros, que pagan más impuestos y, en el caso de que tengan hijos, se enfrentan a un considerable lío burocrático para según que cosas. Lío del que podrían prescindir si estuvieran casados.

¿Cómo solucionar esta desigualdad lacerante e intolerable en un Estado que se dice democrático? Obviamente, eliminando esa insitución o dejándola sin efectos jurídicos, regulando mucho mejor y más racionalmente las sucesiones y las herencias para compensar las lagunas que su desaparición pueda dejar. Si somos ciudadanos, lo somos con todas las consecuencias. La relación de pareja, el amor y esas zarandajas caen del lado de la esfera íntima de la persona. Allá cada cual con quién vive y con quién folla. El Estado no pinta nada ahí.

Claro que la injusticia retrógrada del matrimonio iba más allá, porque encima premiaba sólo a las parejas heterosexuales. Ahí los gays tenían mucho qué decir. Efectivamente, ¿por qué ellos no? Enarbolando la bandera de la igualdad, se lanzaron a reclamar ese privilegio para ellos también. Y lo lograron.

Pero, ¿de verdad es éste un triunfo? ¿Es éste un avance de las libertades? No, simplemente, se ha generalizado una injusticia. Socializar la desigualdad no genera igualdad. Al contrario, consolida una situación de agravio, la hace extensible a todos.

Es como si los revolucionarios franceses de 1789, en lugar de liquidar a reyes y nobles y fulminar privilegios, hubiesen luchado por la extensión de esos privilegios. Como si hubiesen reclamado el derecho de todos a tener sirvientes o títulos nobiliarios o la democratización del derecho de pernada, en lugar de proclamar su supresión. El movimiento gay podría haber generado este debate, pero se quedó en una cosa pacata y cortísima de miras. Quizá entonces la lucha habría salido de los muros del estricto movimiento gay y muchos ciudadanos nos habríamos unido a ella con entusiasmo. No habría sido una reivindicación de una minoría o colectivo, sino un movimiento que implicaría a la sociedad entera, a todos y cada uno de nosotros. Enhorabuena a los premiados, espero que les tiren mucho arroz en las bodas y que desgraven muchos euros a Hacienda.

Qué oportunidad perdida para avanzar en la verdadera igualdad. Los solteros que no creemos en el matrimonio y vivimos tan ricamente con nuestras parejas sin dar explicaciones a nadie de cómo y por qué vivimos como vivimos seguiremos siendo ciudadanos de segunda división. O tendremos que pasar por el aro para ahorrarnos algún dolor de cabeza en las ventanillas del Registro Civil o para asegurarnos de que nuestra familia no deja en la calle a nuestra pareja si nos atropella un camión (circunstancia que podría solucionarse con un sencillo trámite notarial sin anillos ni padrinos). 

Pero claro, ya sé que hablo de cosas que no interesan a nadie. Entiendo que el movimiento pro matrimonio gay habla de tul ilusión, de la despedida de soltero con sus pollas de goma y de las lágrimas de una madre en mitad de la ceremonia. Eso es lo que cuenta. ¿A quién le importa la igualdad teniendo un viaje de novios a Punta Cana o pudiendo echar en navidades el partidillo de fútbol entre casados y solteros?

27/10/2008 22:27 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Hay 6 comentarios.

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Los Judas Priest vuelven a pasar por Zaragoza en su gira mundial. Y por la plaza de toros, como ya hicieron en 2005. Entonces escribí una previa en el suplemento MVT de Heraldo que me costó varias amenazas de muerte. No gustó a los heavies, y me encorrieron a gorrazos. Con la excusa la recupero, para que puedan reeditar ellos también las amenazas filoeterras con las que me agraciaron la otra vez:

Los Judas Priest entran a matar

Qué mejor escenario que la plaza de toros de Zaragoza para que Judas Priest desplieguen su cuero, sus tachuelas y sus decibelios. Al fin y al cabo, desde una perspectiva ‘kitsch’, poco tiene que envidiarle el traje de luces de un torero a la indumentaria que se marcaba el bueno de Rob Halford en sus tiempos de icono sadomasoquista.

Los Judas (pronúnciese con jota, a la española, o ningún heavy sabrá de qué grupo habla) visitarán el coso taurino de la capital aragonesa el próximo 16 de abril. Zaragoza será una de las cuatro etapas confirmadas de su gira española, que pasará también por La Coruña, Madrid y Barcelona. Parece que se afianza la voluntad municipal de integrar a la ciudad en los circuitos internacionales.

La banda que veremos en abril es toda una leyenda del heavy metal que siempre se ha movido en esa finísima línea que separa lo épico de lo grotesco. Su estética excesiva y su sonido afilado e irritante, que acentúa los agudos hasta el borde de la ruptura de tímpano, marcaron, para bien o para mal, una época del rock mundial.

Actualmente, son más bien un ejemplo de supervivencia y de cómo una buena estrategia de márketing puede levantar un grupo que se había hundido en sus propias miasmas. Judas Priest nacieron a mediados de los 70 en la Inglaterra pre-tatcheriana poblada por una juventud fascinada por el punk. Y precisamente su éxito en aquellos años se lo deben a que supieron aunar en su sonido la rabia y la visceralidad de los Sex Pistols con las estructuras hard-rockeras más convencionales. Puede decirse que ellos fundaron eso que se llama heavy metal. La histriónica agresividad del cantante Rob Halford, inimitable en los agudos, terminó por encumbrarles en el imperio del rock más duro.

Pero, en plena cresta de la ola, a mediados de los 90, después de editar el que para muchos es su mejor disco, “Painkiller”, Rob Halford anunció su marcha, aduciendo cansancio y desmotivación. El cataclismo en el mundo metalero fue inenarrable. ¿Cómo iban a seguir los Judas sin Halford? Pero siguieron. Tras un ‘cásting’, contrataron en 2000 a un fan anónimo imitador de Rob, un tal Ripper Owens, y sacaron cuatro álbumes que decepcionaron a la parroquia. A Halford, que aprovechó la nueva etapa para proclamar su homosexualidad, tampoco le fue nada bien con sus discos en solitario. Así que, pasado un tiempo, y como la pela es la pela, Halford volvió al redil y sus fieles, ya creciditos y con hipoteca, lo celebraron desempolvando la chupa de cuero. En primavera, saltarán al ruedo zaragozano con su tralla de siempre (que, por cierto, ha sido reciente y lujosamente reeditada en cedé).

No se publicó casi ninguna de las indignadas cartas que provocó mi sobradete artículo. Unas porque sólo eran una retahíla de insultos, otras porque constituían directamente un delito de amenazas y las demás, porque transgredían en tres frases todas las normas de ortografía y gramática vigentes en la lengua castellana, si era esa la lengua en la que se suponía que estaban redactadas. Aquí os pego una de las que se publicaron, y está corregida por los redactores de Opinión del periódico:

El viernes 28 de enero, HERALDO publicó una información, a mi entender bastante parcial y excesivamente crítica, sobre el grupo musical Judas Priest. Me sentí ofendido por ciertas alusiones como “desde una perspectiva ‘kitsch’, poco tiene que envidiarle el traje de luces de un torero a la indumentaria que se marcaba el bueno de Rob Halford en sus tiempos...”, “Los judas (pronúnciese con jota, a la española, o ningún heavy sabrá de que grupo habla)”, “Su estética excesiva y su sonido afilado e irritante...”.

Todas esas frases nos hacen parecer a sus seguidores como unos zoquetes, y difiero de tal opinión, porque no me considero idiota por oír heavy. También me gusta Mozart, y no me siento superior por oír música clásica. El suplemento cultural “Muévete”, que publican los viernes, me gusta, pero me irritó este artículo.

Desde el heavy mozo que fui, puedo decir que siempre me ha fascinado que los heavies saquen siempre a pasear su pasión por Mozart, Bach y Beethoven cuando se sienten injuriados, cosa que suele suceder muy a menudo. Aquí va un fragmento de una peli de culto, This is Spinal Tap?, la gran parodia del mundo heavy:

 

Por cierto, este viernes retomo la costumbre de publicar columnas de opinión en el suplemento MVT, pero no sé por cuánto tiempo. Quizá esta sea la primera y la última de la temporada. Seguiremos informando.

29/10/2008 00:57 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Música Hay 2 comentarios.

TELEVISIÓN PÚBLICA, FILLOY Y ARRABAL

 

Me sumerjo en las miasmas inexploradas de la tele por cable y me detengo con crapulencia en Libertad Digital y en Intereconomía. En este último canal veo un debate vocinglero y berreador llamado El gato al agua, moderado por un tipo que más que moderar, azuza a los contertulios más ultras contra los tibios, contra los que intentan elaborar opiniones razonadas, contra los que se atreven a porfiar anatemas zapateristas. En la parte baja de la pantalla va pasando la típica ristra de sms, y uno de ellos dice: "A la cumbre de Washington que vayan V. Manuel y A. Belén y que les empitonen bien, abre la muralla". Bárbaro, sublime. Como dirían los argentinos: herrrrrrrmoso. Yo gozo cual cerdo en cochiquera, casi siento los perdigonazos salivosos de la carcundia iracunda. Qué placer verles encenderse como hogueritas de San Juan.

Llega el bloque de anuncios. Cinco anuncios. De ellos, dos son de la Comunidad de Madrid, otro del Metro de Madrid y un cuarto de Caja Madrid. El quinto es de Caja Castilla La Mancha. ¿Quién paga esa televisión, pues? ¿Realmente es una tele privada? Pues si lo es, está muy bien montada, porque la pagan los madrileños casi en su totalidad. Para eso, podría adscribirse como segundo canal autonómico de Madrid y se ahorraban la impostura. Bravo, Aguirre, cólera de Dios.

(¿Por cierto, alguien se fijó, en las últimas elecciones, de lo épico y americanista que resultó que los dos primeros en la lista por Madrid del PP se llamasen Aguirre y Pizarro? ¿Dónde estaba Cortés, yaciendo con la Malinche?)

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Para limpiarme la inmundicia de Intereconomía leo a Juan Filloy. Don Juan de las Siete Letras, pues siete letras tenían los títulos de todos sus libros, la mayoría todavía inéditos o en proceso de recuperación en esa Argentina querida mía. Del último viaje a Buenos Aires me traje todos los que están editados hasta la fecha. Entre ellos, Periplo, escrito en 1930 pero publicado por primera vez en 2007. Son apuntes de un viaje por Europa y el Mediterráneo, y uno tomado en París dice así:

Fui a la Bastilla. Estaban patentes en mi imaginación los cuadros de Chamfort y los frescos animados de Abel Gance. Absolutamente nada. Nada más que un grupo de saltimbanquis alzando pesas. ¡Manes de Saint Just y Fouquet Tinville: mirad a lo que ha llegado el sport de antaño, que alzaba picas con cabezas nobiliarias!

Lo leo en voz alta mirando a la televisión encendida, pero en Intereconomía no se dan por aludidos y siguen a lo suyo.

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Llamo a Óscar Sipán. Por la voz noto que anda con la cabeza dolorida o resacosa. Normal: la noche anterior fue de pánico. De pánico arrabalero. No, no vivió una escena de terror en un barrio periférico o arrabal, sino que se enfrentó a Fernando Arrabal, que fue a Huesca presuntamente a hablar de su amigo Roland Topor, cuyo libro, La cocina caníbal, reedita Tropo con el buen gusto y elegancia que caracteriza a la editorial (y que espero que mantengan/superen cuando metan mano a mis Malas influencias, cuya salida está prevista para febrero-marzo). Fernando Arrabal la lió al estilo del milienariiiiiismoooooo, y el pobre Sipán sufrió las consecuencias. Siniestro total por colisión de ego de divo en senectud. Aquí tenéis la crónica que hizo otro Óscar, de apellido Senar y compi mío en Heraldo. Él también anda dolorido después de ser arrollado por Arrabal. Y aquí, ese monumento televisivo que se ha reeditado esta semana en el festival Periferias:

30/10/2008 00:28 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Literatura Hay 3 comentarios.

DEMOCRACIA MUNICIPAL

Charlo con Ferran Gallego, ilustre historiador barcelonés que acaba de publicar El mito de la Transición (Crítica), y me hace una observación tremendamente acertada: "Uno de los mayores beneficios de la democracia ha sido la democratización de los ayuntamientos. Así como las autonomías han generado muchos neocaciquismos, los ayuntamientos democráticos le han cambiado la cara a España. Antes, los alcaldes estaban de adorno, sólo tenían que esperar a que el gobernador civil los ratificase o los cesase, no tenían que rendirle cuentas a nadie. En consecuencia, no hacían nada. La democracia les ha obligado a ser creativos para aspirar a la reelección, les ha obligado a hacer muchos proyectos para no ser castigados en las urnas, y eso le ha dado un cambio brutal a muchas ciudades españolas. Tú no sabes lo que era pasar hace treinta años por Zaragoza, por Bilbao o por Valencia. Eran sitios espantosos, donde daban ganas de pasar de largo. Ahora, hasta sitios tan alejados de los centros culturales del país, como Zamora, Gerona, León, Jaén o hasta Soria, son ciudades muy agradables, con mucha oferta de ocio y cultural, con mucha vida. Ahora sí que da gusto viajar por España, y se lo debemos en buena parte a esos ayuntamientos que se han visto obligados a currárselo".

Es cierto. Aunque a veces lo consigan tirando de sueños faraónicos y aunque muchas veces acaben convertidos en covachas de corruptelas urbanísticas, la política de base de los ayuntamientos le ha dado un lavado de cara impresionante al país. Hablamos mucho del milagro económico español, de estos años de crecimiento casi a lo bestia, pero es cierto que -con notorias excepciones-, los ayuntamientos han sabido gestionar muy bien esa bonanza y construir unas ciudades dignas de ser vividas. La verdadera descentralización de España no ha venido por las autonomías, sino por unos ayuntamientos que han sabido crear focos culturales alternativos a Madrid y Barcelona. Y si no alternativos, al menos con el suficiente empuje como para que no echemos de menos demasiadas cosas que se encuentran en Madrid y Barcelona. Cierto que a Zaragoza le queda mucho pelo de dehesa por desbrozarse. Muchísimo. Pero cuando miro lo que era esta ciudad hace diez años y lo que es ahora veo dos ciudades distintas. Y la que veo ahora, le pese a quien le pese, me gusta mucho más.

Y la verdad es que me jode que los ayuntamientos salgan tan mal parados en las noticias y en la imagen pública del ciudadano. Es el nivel más bajo de la administración, el que más contacto directo tiene con los administrados, y por eso es lógico que sea objeto de más cabreos y odios. Pero os puedo asegurar -y hablo con mucho conocimiento de causa- que el verdadero mamoneo, la verdadera corrupción, la buena-buena de verdad, la que recuerda a los manejos caciquiles de otros siglos, está en las autonomías. No digo que los ayuntamientos estén libres de sarna, pero lo de algunas autonomías es el cachondeo padre. Aunque pase desapercibido. Los ayuntamientos, siempre que no estén en una costa turística y gobernados por constructores, son bastante limpios, porque sus actuaciones están mucho más vigiladas por los ciudadanos.

31/10/2008 02:03 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Intrascendencias No hay comentarios. Comentar.