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Resumen

MOULIN AU LAIT CRU

Cenamos unos amigos la otra noche en un restaurante de la Inmortal. Todos periodistas, y pese a ello, con cierta entereza mental. El vino corre, la conversación se anima y alguien suelta:

"¿Vistéis el programa ese de Cuatro de 21 días, lo de la tía que quería ser anoréxica?"

Catacrac. Lluvia de improperios. Se calienta la charla, a ver quién la suelta más gorda. Entre las opiniones (publicables) que recuerdo:

-¿Pero de qué va esta tía y los de Cuatro?

-Estoy hasta las glándulas mamarias de este falso reporterismo-ficción de chichinabo.

-Vale, tía, no comes, ¿y qué?

-¿Alguien sabe de qué iba el programa?

-Pues yo la enviaba a Darfur.

En su primera entrega, cuando se hizo pasar por indigente, pensé que el "experimento" perdía todo su valor desde el momento en el que la tipa llevaba a un cámara y a un técnico a la chepa. Al margen de lo interesante o fatuo que pueda resultar el asunto, está claro que la presunta espontaneidad de los testimonios es más farsa que la farsa monea. ¿O vosotros conocéis a alguien que actúe con naturalidad cuando le enfoca una cámara? Pasa algo parecido con Callejeros, que la gente ya se ha acostumbrado a la fórmula y, en cuanto ven al reportero, actúan al estilo Callejeros.

Pero lo de la anorexia va más allá y se adentra sin rubor en el cenagoso mundo de la vergüenza ajena. Me da pampurrias ver a esa niñita pija diciendo "o sea" y "joder" (o "jopetas", ya no recuerdo) mientras cuenta: "Pues yo es que pensaba que iba a dolerme la tripa, o sea, ¿no? Y, o sea, pues como que no, es más una sensación como de buen rollo, ¿sabes?". Un discurso incisivo, concreto, descriptivo y, a la vez, elegante. ¿Cómo se puede fingir una enfermedad? Que no, tía, que no, que es ridículo.

Meterse en la piel de alguien no es eso. Si quieren que sintamos el drama de la anorexia o de vivir en la calle, el periodismo profesional tiene sobradas herramientas narrativas para transmitirnos las emociones, sentimientos, opiniones y rutinas de las personas que lo sufren. Se llama hacer un reportaje. Y si lo haces bien -y es difícil, ojo, hacen falta talento y oficio, dos cosas que no siempre van unidas-, el espectador empatiza y comprende a los personajes retratados. Desde luego, con quien no empatizo es con una niñata tontita que hace pucheritos mirando a cámara en la versión CEAC de un ejercicio del Actors Studio.

En esas estábamos en la cena, coincidiendo en estos argumentos y entonando un alegato romántico por ese viejo periodismo que usurpan las niñas pijas callejeras, cuando se hizo un breve silencio y nos llegó un ramalazo de la conversación de la mesa de al lado. Decían:

-¿Y vistéis cuando lleva ya tres días sin comer, lo mal que lo pasaba?
-Es que dicen que te puedes volver anoréxica de pasar sólo una semana sin comer.
-Jo, ya, y hay gente que hace páginas web para que haya más anoréxicas, con trucos y eso.
-¡Qué vergüenza!
-A mí, el programa me impactó mucho.
-Muchísimo, fue brutal. Qué bueno. Qué valor el de esta chica.

Nos quedamos callados. De repente, nos sentimos viejos, apesadumbrados y fuera del tiempo. Sentimos que no había lugar para nosotros en la galaxia, que nos habían arrollado para siempre, que no entendíamos una mierda del mundo que nos rodea.

Ya lo saben, amigos, mil millones de moscas no pueden estar equivocadas. Nosotros, desde luego, sí. Dan ganas de hacer mutis y retirarse a un caserío a hacer queso. El otro día vi en la televisión catalana una serie de la BBC titulada El mundo del queso, y creo que no se me daría mal cuajar una buena leche de vaca, diseñar un envoltorio rústico e ir de pueblo en pueblo por el Béarn vendiendo mis Moulin au lait cru (ya tengo el nombre y todo). No lo descarto.

Porque si el futuro es esto, el periodismo que yo hago está acabado:

 

01/03/2009 23:28 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión Hay 5 comentarios.

UNA LECTURA DE MALAS INFLUENCIAS

Alberto de Frutos, redactor-jefe de la revista Historia de Iberia Vieja, antiguo compi de andanzas matritenses y, por encima de todo, lector fino, esmerado y puntillosísimo, me ha enviado su pormenorizada valoración de Malas influencias. Le he pedido permiso para colgarla aquí, porque creo que puede ayudar mucho a orientarse a lectores indecisos, ya que repasa los relatos uno por uno. Es una crítica técnica y serena, de la que me fío.

Antes de cederle la palabra a Alberto, he de aclarar que la persona de lógica ilógica de la que habla cuando comenta el cuento titulado Calle Velarde es una antigua amiga nuestra. He creado un trasunto de ella para ese relato. Alberto la conoció tan bien como yo, y me alegra que reconozca su voz en el texto. Eso es que no lo he hecho del todo mal. Ahí va:

Es un libro para recomendar, y estoy convencido de que hay en él historias que durarán, aunque eso sea lo menos.

Me ha parecido atrevido y chispeante. Sostienes los cuentos con una pirotecnia invisible y gustosa, que se despliega sobre todo en el relato final, el más juguetón y adolescente. Los diálogos son creíbles, las situaciones posibles o, en algunos casos, reales, y el estilo terso y contenido.

Me gustan los anzuelos con que atrapas al lector y los finales sin urgencia, el cosmopolitismo de los escenarios, y que la vida sea como un juego.

También la alternancia entre relatos cortos y largos, que haya niños y abuelos, hombres malos y solos, y mujeres desesperadas (por distintas razones).

Con cierta premura, te comento lo siguiente de cada cuento:

1. ¿Puedo ir al servicio? Es un buen relato para abrir. Me ha interesado mucho la cantidad de preguntas que hay, que definen la perversión del protagonista, el hecho de que el mal sea algo tan próximo y emplee un disfraz tan respetable, y, cómo no, las referencias al “libro”.

2. Aurora. Una narración escueta, a la que no le falta ni le sobra nada, sobre el paso del tiempo (un tema sobre el que abundas en otras historias), y lo que sigue quedando de nosotros cuando ni siquiera el espejo nos llama ya por nuestro nombre.

3. Las putas feas. Buen cuento, un ejercicio de estilo brillante por la edad del narrador, con un final sorprendente, a lo “Leviátán” de Auster.

4. Malas influencias. El más cinematográfico de los relatos, en el sentido de que… ¿a qué están esperando para adaptarlo? Stephen Daldry haría virguerías con esa relación, ya que el Billy Wilder de “Sunset Boulevard” y “Fedora” ya no está por la labor. El mejor relato del libro. Una idea magnífica y unos personajes inolvidables, sobre los que puedes volver cuando quieras, y seguir contando más cosas. Funciona todo, incluso la amplia digresión literaria que te permites al principio acerca de las diferencias entre las corazas anglosajonas y el pecho al descubierto mediterráneo.

5. Valle, Arizona. Como “Perros de Pavlov”, una broma íntima. Los seguidores de tu blog disfrutamos mucho con tu “dietario voluble” por tierras americanas, y es agradable volver sobre tus pasos y disfrutar con la fuerza de esas carreteras desoladas y esos bares que frecuentaste.

6. Calle Velarde. Por razones sentimentales, me ha gustado mucho. El otro día, la leí en la “Revista de la Unión de Actores” y, a menudo, me topo con su fantasía en “Leer”. Espero que su lógica ilógica no haya cambiado. Quizá prefiera no saberlo, por si acaso. Hay que ser un escritor enorme para atreverse a plasmar esa dulce y devastadora explosión.

7. Huellas digitales. Un relato simpático, que demuestra la variedad de tu registro. Tienes un personaje y un lugar, y les sacas todo su provecho.

8. Ideales. Impactante el párrafo: “Pero yo conozco el secreto de su cicatriz. Yo sé por qué no quería hablar de ella…”. Es un buen relato sobre la Guerra Civil. Una historia entre muchas, llevada con respeto, y escrita con la precisión acostumbrada.

9. El doctor Chase. Uno de los relatos más complejos por su protagonismo coral y por la variedad de temas que toca. Quizá por ello yo le habría dado más páginas, aunque manteniendo las impetuosas revelaciones finales: “¿Sabía Raquel que…?”; y la riqueza de ese personaje exhausto, que cometió el error de confiar en “la bondad de los desconocidos”.

10. Perros de Pavlov. Un apunte del natural gracioso. El más “bloguiano” de los relatos. Ten cuidado, Sergio.

11. El emperador de Buenos Aires. Interesante historia y muy sorprendente (pardiez). Nunca la eutanasia fue más compasiva. Aquí, fíjate, le habría dado menos cancha a la conversación inicial entre el exiliado y la criada, y quizá más a describir al juez y el cambio que se opera en él, por ejemplo. En todo caso, muy bueno, con piruetas amables y un aire de madura bisoñez.

Un breve apunte de orden burocrático: sois muchos los que me decís que habéis ido a preguntar por el libro y no os dan razón de él en algunas cadenas de librerías. Bien, la distribución acaba de empezar, y los ejemplares se van colocando poco a poco. Al parecer, en el Ministerio de Cultura llevan un atasco enorme para terminar el trámite del ISBN, fundamental para que encuentren el libro las pequeñas tiendas en las bases de datos. Un poco de paciencia, que todo se irá normalizando en las próximas semanas, cuando empiecen a aparecer las reseñas en los medios de comunicación y los libreros hagan sus pedidos. Está ya disponible en la Fnac. Si no lo tienen en la sucursal de esa cadena de vuestra ciudad, pedidlo, que os lo servirán. En Zaragoza, que es donde yo controlo el asunto, el libro se vende ahora mismo en la Fnac (está bien a la vista en la mesa de novedades), en Librería París, Cálamo, Portadores de Sueños y Antígona. Todos esos establecimientos lo tienen en sus estantes, no tenéis más que ir y cogerlo (y pasar por caja, claro, que os veo venir). Gracias por el interés, pero tranquilidad, que el libro irá llegando a todas partes a su debido tiempo. En cuanto se pueda comprar online, avisaré.

La presentación en Madrid será en abril, y el Día del Libro estaré en las casetas del paseo de la Independencia de Zaragoza para firmar ejemplares, charlar con quien pase por allí o ser vituperado por lectores decepcionados.

03/03/2009 23:42 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Mi libro Hay 4 comentarios.

EL TEMPLO DEL SABER

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Hace unos días me invitaron a dar una charleta a unos alumnos de Periodismo en la universidad (la pública, ojo). Iba en calidad de "experto bloguero", ya que hago una sección semanal al respecto en Heraldo. "Pero si sabrán de blogs mucho más que yo, ¿qué les voy a contar?", objeté. "Algo sencillito -me respondieron-, unas nociones muy básicas, explicarles cómo funciona esa herramienta y qué posibilidades periodísticas tiene".

Ingenuo de mí, no hice caso de la advertencia y me preparé una charleta ambiciosa, convencido de que los chavales se me iban a merendar. Así que repasé mis viejas lecturas de Jürgen Habermas, me remonté hasta Max Horkheimer y Theodor Adorno y me curré un rollo con ínfulas filosóficas sobre en qué medida la eclosión de los blogs y la internet 2.0 ha modificado la cuestión de la credibilidad, y hasta qué punto la credibilidad es la piedra de toque, la clave fundamental que debe guiar a un periodista en estos tiempos de participación ciudadana y blogueo irrefrenable. A partir de ahí, intentaría plantear un debate, que participaran y llegáramos a algún sitio.

Iluso.

Qué iluso.

El alma se me cayó a los pies cuando pregunté a la muchachada y resultó que sólo uno en toda la clase tenía un blog. El resto, no es que no los hiciera, es que ni los leían. Casi ni sabían lo que era eso. No iban más allá de Facebook. Como para hablarles de veracidad y credibilidad en la cultura de masas. Como para sacar a relucir a la Escuela de Fráncfort.

Expliqué algo muy técnico y sencillito, guardé el libro de Habermas en la cartera sin ni siquiera llegar a mencionarlo y salí de allí apesadumbrado. No es que no lean libros ni periódicos, es que ya no leen ni en Internet. Bueno, a lo mejor, después de la charleta, alguno está leyendo esto. Que no se dé por aludido en ese caso, ya que ha llegado hasta aquí.

Antes de empezar a estudiar Periodismo yo ya había hecho radio y me había metido en más de un lío multicopiando fanzines, y estos pobres no sabían ni lo que era un blog. Vale que igual lo mío era demasiado raro, pero entre lo mío y lo de ellos habrá mil dignos términos medios, digo yo.

Me sentí pedante, pretencioso, vacuo. Lo que soy, vaya. Pero es que yo pensaba que si había un sitio en el mundo donde se podía ser pedante, pretencioso y vacuo con todas las de la ley era la universidad, antiguamente conocida como templo del saber. Nunca pensé que tendría que rebajar el nivel en un aula. El mundo al revés: mi discurso elevado se lo llevan mis amigos cuando salgo con ellos a emborracharme, y las simplezas más tontas van para la universidad.

Lo dicho: soy un iluso. Todavía me creo eso del gusto por saber y el afán por debatir y ampliar los horizontes. Soy un antiguo que no hace más que darse leñazos con la terca realidad.

¿No lo crees?

Foto: Jürgen Habermas, en desagravio.

ENTREVISTA EN LA CADENA SER

He colgado la entrevista que me hizo Miguel Mena el 22 de febrero en formato podcast en el blog promocional de Malas influencias. Puedes escucharla pinchando aquí.

05/03/2009 13:52 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Mi libro Hay 3 comentarios.

COMPRA ONLINE

Aunque las grandes cadenas de librerías todavía se hacen las remolonas, ya empieza a haber tiendas que sirven Malas influencias online. En el blog promocional he colgado el enlace directo para adquirirlo a través de la librería Cálamo. Te lo mandan por correo a cualquier rincón de España. Hay que registrarse para comprar, pero es un trámite que piden casi todos. Conforme me vaya enterando de más librerías y cadenas, lo iré colgando, para que haya variedad.

Por supuesto, si eres librero, estás leyendo esto y tienes el libro disponible en tu catálogo online, mándame un mail con el enlace para que pueda incluirte en la nómina.

07/03/2009 13:16 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Mi libro No hay comentarios. Comentar.

DE LA CUNA A LA SEPULTURA

El hombre más viejo le va a dar la brasa a una recién nacida. Los barandas de Coca-Cola, quizá afectados por los gases que desprende su fórmula química, llevan años y años refinando sus técnicas de gurú nepalí. No se conforman con que bebamos por litros su agua carbonatada dulce de suave regusto a jarabe para la tos, quieren que seamos felices. ¡Felices!

Para conseguir su objetivo, podrían tirar por el camino de en medio y completar su fórmula secreta con un poquito de ácido lisérgico o unos gramitos de la primera parte de su nombre. Así harían felices a niños y abuelas. A los primeros, por el obvio colocón, y a las segundas, porque confirmarían su secular advertencia: "¡Vigila tu refresco o te echarán droga en él!". Y bien sabemos todos que la mayor causa de felicidad es llevar razón. La cara de orgasmo de alguien que suelta un "ya te lo decía yo" es impagable.

Ahora, con su cursilería trascendente habitual, sacan a un señor de 102 años de su casa, le montan en un avión y le llevan a una maternidad de Madrid donde ha nacido una niña para que le dé la brasa a la criatura. Parece una peli de Isabel Coixet, pero es un anuncio de Coca-Cola.

Yo tenía entendido que la Ley del Menor española es de las más severas y restrictivas del mundo. Tanto, que muchos periodistas nos hacemos cacotas cada vez que tenemos que sacar a niños en un reportaje. Pero no lo debe de ser tanto, cuando ese bebé está completamente desprotegido de las campañas de Coca-Cola.

Nacer es algo muy chungo. Hace unos meses fuimos a ver al hospital a unos amigos que acababan de ser padres y nos encontramos con un recién nacido con el ceño fruncido, cabreado, francamente jodido. Le habían sacado del acogedor útero, le habían vestido con ropas que seguro que picaban y estaba en un sitio donde hacía frío y había luces que deslumbraban y señores que hablaban a gritos. Nosotros estamos muy acostumbrados a él, pero para alguien que se estrena, el mundo está lleno de cosas incómodas. Hay que acostumbrarse a ese molesto nuevo mundo.

Pues a esa niña de Madrid, además de todas las mierdas hospitalarias que tiene que aguantar, le llevan a un vejete para que le explique el secreto de la felicidad. Jódete. Éramos pocos y vino el centenario soltando una chapa de viejo.

Pobre niña. Bastante tiene con el proceso de coordinación psicomotriz. Bastante tiene con no descoyuntarse el cuello en brazos de un tío torpe, como para que encima venga ese señor más arrugado que una pasa a soltarle un rollo de autoayuda. Qué mala pata, hija.

En venganza, y como parece que al señor este le queda cuerda para rato (debe de ser la sobrasada de Mallorca, que tiene antioxidantes), le recomendaría una cosa a esta niña -pobre, todo el mundo, incluido yo, se cree con derecho a recomendarle cosas, santa paciencia-: cuando, en tres o cuatro añitos tengas ya capacidad para tocar los cojones al personal, devuélvele la visita a la residencia a este buen hombre y demuéstrale lo feliz y lo vital que eres cargándote dos o tres jarrones, pisándole los juanetes con garbo y recortando en trocitos pequeños los álbumes de sus recuerdos centenarios más preciados. Que vea que has seguido sus consejos. Y que se entere de lo que jode que, estando indefenso y desarmado, vengan a darte la brasa con chorradas publicitarias.

¿Es que Coca-Cola no nos da tregua ni recién nacidos? Coño, sosiéguense, que los bebés no pueden consumir.

NOSTALGIA DEL CAPITALISMO SALVAJE

Incidiendo un poco en lo dicho en el anterior post, ¿no estáis un poco hartos de este capitalismo compasivo que nos ha tocado vivir? Añoro los tiempos del capitalismo salvaje, anterior al advenimiento de Al Gore, en el que los capitalistas te sodomizaban y te dejaban tirado en la cuneta sin preocuparse por tu suerte. Todo estaba claro, como en la cárcel: la parte sodomizante y la sodomizada comprendían su rol a la perfección y cada cual cumplía su parte en la farsa.

En el capitalismo compasivo, te sodomizan igual, pero cuando terminan, el sodomizador se enciende un pitillo, se recuesta, te besa en la boca y te pregunta si te ha gustado. ¡Y espera que sonrías complacido! Te compran flores, bombones y te dejan una notita cariñosa en la nevera. Qué asco. Personalmente, prefería los tiempos en los que me echaban a la calle a patadas. Prefería los tiempos en los que a Coca-Cola no le preocupaban mi felicidad ni mis arterias y en los que a Endesa se la sudaba si los hijos de mis hijos nacían sanotes o con cuatro brazos chernobilianos.

Señores capitalistas compasivos: ya nos damos por jodidos, no hace falta que monten teatrillos, que somos todos muy mayorcitos.

En descargo por esta bilis, y como todavía es el Día de la Mujer, aquí os dejo la columna que escribí esta semana en el MVT:

Albóndigas a la Nina

Este verano, paseando por lo que fue el Berlín oriental, acabamos cenando en un pequeño restaurante que se vendía como "el favorito de Nina Hagen en los 80". Esperé que la carta tuviera platos dignos del delirio post punk de Nina Hagen: lacasitos con virutas de serrín, tartaletas de mahonesa a la reducción de calimocho o litrona de cerveza helada al aroma opiáceo. Por supuesto, los camareros tenían que ser yonquis, y la limpieza del local... Pues eso, imaginaos.

Nada más lejos de mis prejuicios sobre el restaurante favorito del icono punk de la Alemania dividida. El local se llama Honig Mond, y es íntimo, delicado y elegante. Unas cuantas velas iluminan los veladores de mármol, varios espejos art-decó reflejan la penumbra y en una pared descansa un piano que seguro que animó muchas veladas décadas atrás. El Honig Mond es una institución berlinesa que se remonta a los felices años 20.

Pedimos la especialidad de la casa, la que tantas noches degustó la desquiciada dama punk: la 'Königsberger Klopse', unas albóndigas contundentes, grandes como puños, bañadas en salsa de alcaparras. Demoledora y deliciosa cocina tradicional centroeuropea. Difícil imaginar un plato menos apropiado para una artista punk.

No muy lejos de ese restaurante está la casa en la que Bertolt Brecht pasó los últimos años de su vida con su pareja, la actriz Helene Weigel, que atajaba el estrés cocinando grandes guisos pantagruélicos de su Austria natal. Su colección de utensilios de cocina todavía se conserva.

Nina Hagen y Helene Weigel fueron (bueno, Hagen todavía es, aunque nos cueste reconocerla) dos mujeres muy distintas con algo en común: su feminismo y su obsesión por estar siempre a la vanguardia y romper los corsés de la tradición. Y, sin embargo, cuando se echaba el telón, lo que más les reconfortaba era arrimarse a una humeante y tradicional marmita. Ellas celebrarían este Día de la Mujer en torno a una cazuela de 'Königsberger Klopse', y yo me sentaría a la mesa con ellas gustoso, sin importarme si esos vicios gastronómicos contradicen o confirman su imagen de mujeres modernas. Solo les diría: que aproveche.

CURSOS, BLOGS Y VIAJES

Tengo este chiringuito algo desatendido, pero entenderéis que son días complicados. No sólo por todo lo que rodea al libro, sino porque estoy en vísperas de irme de vacaciones y tengo mil flecos que apurar en el periódico. A mis días les faltan horas. En cualquier caso, dentro de nada estaré montado en un avión rumbo a Nueva York, en una revisita a la Gran Manzana, esta vez en tiempos de Obama I el Grande. Mandaré algunas croniquillas desde allí, si el wifi del hotel me deja. Lo siguiente que cuelgue aquí lo escribiré allá. Será curioso, porque tengo previsto hacer un intercambio de libros con un dominicano-neoyorquino que es profesor de instituto allí y escribe cuentos en spanglish (los he leído y son muy sugerentes). Espero poder contarlo.

Mientras aterrizo al otro lado del charco, un par de apuntes publicitarios:

Cursos. El 28 de marzo empiezo a dar un taller de escritura periodística de tres meses de duración en la Escuela de Escritores de Zaragoza. La matrícula está abierta. Serán dos horas semanales todos los sábados y está pensado para gente que quiera iniciarse o perfeccionar las técnicas del reportaje y del articulismo. Tenéis todos los detalles en este link, incluido el formulario de inscripción. Corred la voz, que a lo mejor a alguien le interesa.

Nuevo blog. El jueves arranca una nueva aventura bloguera. Estreno De reojo, en la plataforma de blogs de heraldo.es. No os pongo el link porque todavía no está activo, pero estad atentos el jueves a la versión en papel y la digital de Heraldo, que allí se informará de todo. Aunque yo esté de viaje, estos días saldrán algunos posts que he dejado previamente escritos (pero no se lo digáis a nadie, que mis jefes se creerán que los escribo en el momento). Os pego la presentación que he preparado, para que os vayáis haciendo una idea de por dónde irán los tiros:

Si los amigos no se dan consejos, tampoco deberían recomendarse libros. Por eso aquí no se recomienda nada. Solo se lee, compulsivamente, con bulimia, con atragantamiento, y se comenta a vuelapluma lo que se lee. Esto es un cuaderno de lecturas que abre trecho en la espesura de las novedades editoriales. Un blog para lectores que buscan de reojo sin saber lo que buscan y que acaban encontrando lo que no se esperaban. Sin protocolos ni academicismos. Pasen sin llamar.

En cuanto al libro, este jueves sale una reseña en el suplemento Artes y Letras de Heraldo, y el jueves que viene, 19 de marzo, se emitirá una entrevista que me han grabado para el programa Borradores, de Aragón Televisión. Yo estaré en Nueva York y no podré verla, ya me diréis si he salido más feo de lo normal.

Y ya está bien de autobombo. Lo siento, pero están saliendo demasiadas cosas y creo que debo anunciarlas en esta ventanita, no tengo ánimo de aburriros. Prometo que desconectaré mucho en el viaje (mi cerebro me lanza advertencias: necesita descomprimir desesperadamente). En las próximas crónicas me limitaré a contar cómo veo la maravillosa ciudad de Nueva York, cuatro años después de mi última visita. Pasaré el día de San Patricio en ella, así que me pondré algo verde y brindaré por vosotros con una buena pinta de Guinness en algún pub lleno de borrachuzos con ganas de bronca.

Ah, y se me olvidaba. Carmen Santos, autora del blog-libro (o libro-blog, ya no sé qué fue primero) Días de menta y canela comparte conmigo los premios Dardo y Blog de Oro. Un honor grandísimo que seguramente no merezco. Gracias mil.

DESDE EL HOTEL PENNSYLVANIA

Una brevisima y apresurada nota sin acentos (teclado anglosajon obliga, lo siento) para avisar de que no voy a poder postear mucho desde la Gran Manzana. Estoy en el Hotel Pennsylvania, el de Glenn Miller. Un megahotelazo vintage y popular lleno de rednecks que van a ver partidos al Madison Square Garden. Caotico, decadente y tumultuoso. Pero tiene una red de wifi de mierda, por lo que no puedo conectarme con el portatil. Me da rabia, porque tenia una historieta de Coney Island que me gustaria contar y un par de apuntes de viaje muy majos que hubiera querido compartir en vivo y en directo. Sera a la vuelta. Nos marchamos a Washington en nada, a lo mejor desde alli puedo escribir algo y colgar alguna foto.

Para los que os habeis pasado por el blog de heraldo.es De reojo: los comentarios tardan varios dias en aparecer porque tengo que validarlos y apenas he podido conectarme estos dias, asi que a lo mejor tardan tres o cuatro dias. Es una putada y un paron enorme para un blog que acaba de empezar, pero mis vacaciones son una de las pocas cosas sagradas en mi vida. En cualquier caso, el lunes habra un post nuevo.

En fin, guys, que me voy a seguir disfrutando de esta ciudad. Esta esplendida, no la veo en crisis: bulliciosa, pretenciosa y tan fascinante como siempre. Lo dicho, ya os contare. Solo queria mandar un saludito desde el centro de Manhattan, aunque sea sin tildes.

JALEO EN WASHINGTON, D. C.

Bueno, al fin puedo sentarme a gusto en la habitación del hotel, con mi viejo amigo el portátil zarrapastroso, a teclear cuatro tonterías para el blog. En el hotel de Nueva York no había wifi en la habitación, había que bajar al vestíbulo y hacer el pino-puente para encontrar una señal decente. Y yo no estoy ni para pino-puentes ni para colarme en tiendas Apple para postear desde los ordenadores que tienen en exposición (y allí la gente no se corta un pelo).

Pero ahora estamos en Washington, y no sé si será el influjo benefactor de San Obama de Assís o los efluvios libertadores que emana el monumento a Lincoln, pero la conexión va como un tiro. Lástima que haya estrenado cámara nueva y no tenga instalado el programita para descargar las afotos, porque hace nada hemos pasado por delante de Jaleo, el restaurante de José Andrés en Washington. De hecho, antes de ver el letrero, hemos visto a través de la cristalera cómo dos propios se encajaban una señora paella. Nos miramos y pensamos: "Ya están estos pobres e ilusos yankis siendo intoxicados por el paellador de turno, con arroz brillante y cabezas de gamba cuyo cuerpo nunca aparece (por eso a esa paella-guiri se la conoce como ’arroz con ojos’)". El caso es que, en un segundo vistazo, aquella paella no tenía mala pinta. Daba algo más que el pego. Incluso parecía apetitosa: con su capita fina de arroz, su marisco bien dispuesto, su amarillo sanote y azafranado... Y entonces hemos visto el nombre del restaurante: Jaleo. Y el cabezón sonriente de José Andrés dando la bienvenida en un letrero ad hoc.

Por cómo se hablaba del extrañamente mediático José Andrés en España, yo creía que su restaurante en Washington era una cosa fina y exclusiva, llena de senadores mangantes, de millonarios judíos que pasan maletines a congresistas bien dispuestos y de señoras pechugonas que organizan galas benéficas a favor del Salvation Army. Pues no. Jaleo no es El Bulli, señores. Aquello es una tasca apañada, pero informal, sin manteles en las mesas, donde los curritos federales que trabajan en los edificios aledaños van a empapuzarse de callos a la madrileña, croquetas de bacalao y calamares en su tinta (bien regado todo con sangría de esa que les mola). Los precios, razonables tirando a populares (para la media de Estados Unidos, que siempre es algo más cara que en España), y el ambiente no podía estar más alejado de la alta cocina.

Qué decepción. Yo me imaginaba a José Andrés escribiendo unas memorias en las que desvelaba cómo Obama dijo de Hilary Clinton que "a esa pequeña zorra blanca hay que bajarle los humos", mientras engullía unos espárragos deconstruidos de la Ribera navarra. O cómo George W. Bush, despanzurrándose en la butaca y soltándose el botón del pantalón, le confesaba, satisfecho: "José Andrés, estas farias tuyas son mejores que mis puros cubanos de contrabando". Y resulta que ni Obama, ni congresistas, ni starlettes de medio pelo han pasado por su casa. Qué desilusión. Me esperaba más de usted, señor José Andrés. Por contra, he de decir que su tasca me resulta amable y acogedora, y se nota que el público local le hace aprecio. Nosotros, para llevar la contraria, hemos comido en un japonés bastante pijo donde me han servido el mejor sushi que he probado en mi vida. Delicioso.

Por lo demás, Washington resulta agotadora. Poco turismo extranjero y mucho redneck con furor por venerar a los padres de su patria y por poner cara compungida en el Memorial de Vietnam. Turistear por esta ciudad monumental tomada por cochazos negros del FBI (ves tantos que ya pierde su gracia: te cansas de hacer fotos de tipos trajeados y seriotes en todoterrenos brillantes y rugientes) es demoledor para los pies. Aunque es pequeña y accesible, la parte monumental es un despropósito faraónico que altera las leyes de la perspectiva y donde lo que parece que está lejos, en realidad está muy lejos. Mañana nos tomaremos las cosas con más calma, acorde con el ritmo de una ciudad que no parece vivir el frenesí de la serie El Ala Oeste de la Casa Blanca. Es una ciudad funcionarial y cosmopolita, lo que le da un aire interesante y reposado al mismo tiempo. Parece un buen sitio para vivir, pero yo me quedo con Nueva York. Por mil motivos más que obvios, no me hagáis enumerarlos.

De Nueva York, si me permitís, hablaré otro día, desde casa.

Antes de irme a recorrer Washington by night, dos breves recordatorios: el jueves 19 por la noche, a eso de las 0.30 (creo, no estoy nada seguro), me entrevistan en el programa cultural de Aragón Televisión, Borradores. Me invitaron a leer a cámara un pasaje del libro y, al terminar de hacerlo, me di cuenta de que estaba lleno de palabras como follar, semen y no sé qué más cerdadas que no se pueden decir por la tele. No sé si lo emitirán o le meterán la debida tijera (y la recomendación de lavarme la boca con jabón). Comenta Gilgamesh que Malas influencias se puede comprar ya por internet en Agapea, y acabo de comprobar que también está en la web de La Casa del Libro. Cuando vuelva a Zaragoza colgaré los enlaces en el blog promocional. Y acabo de leer un mail de mi bienhallado editor instándome a cerrar la fecha de la presentación en Madrid. Será, con toda seguridad, entre el 30 de marzo y el 8 de abril (os diré el día concreto en cuanto lo cierre la editorial) en la librería Tres Rosas Amarillas de Malasaña (calle San Vicente Ferrer, metro Tribunal). Habrá vinito.

Y ya, que estoy de vacaciones y me han prohibido ocuparme mucho de estas cosas.

19/03/2009 02:11 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Viajes Hay 3 comentarios.

SABOR DE SOLEDAD

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Aunque detesto dar y recibir consejos y recomendaciones, aquí van un par, para predicar con el ejemplo. Una: si no has viajado a Estados Unidos, hazlo cuando tengas oportunidad. Descubrirás un país complejo -y un raro espejo donde los europeos nos miramos- que gana con cada visita, donde los tópicos y sus refutaciones se dan de tortas en cada esquina, donde los prejuicios se confirman y se desmienten de forma cambiante cada cinco minutos. Y dos: cuando lo visitéis, no importa dónde, no os marchéis sin antes dedicarle un rato a uno de los puntales de su cultura popular, la tele. Darse un garbeo por el enmarañado mundo del cable, de la CNN a los canales latinos en español pasando por los delirios locales, puede ser más ilustrativo y ejemplar que una clase sobre antrolpología cultural americana en Harvard.

No soy objetivo. Me encanta la tele. Ya sé que como presunto intelectualillo letraherido debería adoptar una pose altanera, pero es que no me sale llamarla caja tonta. También es cierto que no me trago lo que me echen, que apenas veo la tele en abierto y que en los últimos tiempos veo más televisión en el ordenador, siguiendo mis series favoritas un día después de que las echen en Estados Unidos, que en el aparato del salón. Pero aun siendo un espectador atípico que no termina de encajar en ningún target de los que manejan los anunciantes, hago testimonio público de mi fe catódica.

Y como acto litúrgico de esa fe, acudí en peregrinación a una de las mecas de mi religión: el Rockefeller Center de Nueva York, entre las calles 48 y 51 y la Quinta y Sexta avenidas de Manhattan. Allí, entre otras muchas cosas, tiene su sede la NBC, el canal major que inventó y llevó a la gloria el género de la sitcom (de sus estudios han salido Friends y Seinfeld) y que domina como nadie la comedia urbana, gamberra e irreverente. Allí se hace desde 1975 Saturday Night Live, la mayor cantera de cómicos del país, que empieza siempre con un skech protagonizado por el invitado que se remata con la frase que abre el programa a grito pelado: "Live from New York City, this is Saturday Night!".

Esos tíos dominan como maestros la liturgia del show business. Desde los tiempos de los gladiadores, no se habían visto espectáculos de masas tan prodigiosos e hipnotizantes como los que ha dado la industria televisiva americana. La cosa ha llegado a unos niveles de delirio y sofisticación tales que ahora triunfan por doquier parodias del propio invento. Discursos metatelevisivos, tele dentro de la tele, la tele como tema y objeto. Se lo cuentan a Jacques Derrida y se vuelve a morir del susto.

30 Rock es la sitcom de la NBC que parodia el mundo de la tele. Y no lo hace en un hipotético canal de un hipotético país para evitar herir susceptibilidades. Lo hace ambientando la acción en los mismos estudios de la NBC en Rockefeller Center, contando el día a día del equipo de un late night sospechosamente parecido a Saturday Night Live (de donde procede su artífice, guionista, productora y protagonista: Tina Fey). En España la emiten en La Sexta a las dos de la mañana. Es decir, que para el caso da lo mismo si no la emiten, porque es evidente que no la ve nadie.

En mi peregrinación catódica ritual, recalé (por segunda vez en mi vida, lo mío es de psiquiatra) en la tienda de la NBC, donde se puede encontrar merchandising de lo más ingenioso. No se limitan a vender camisetas y gorras con el logo de las series, sino que se curran unas bromas muy ocurrentes sobre momentos y situaciones que sólo pueden entender los fans. Por supuesto, le di caña a la visa y me llevé unas cuantas para mi colección de camisetas, pero mi favorita es una que reproduce una bolsa de gusanitos mexicanos Sabor de Soledad ("¡Muy crujientes y afectados!"), que hace alusión a una de las bromas más crueles de la serie.

En 30 Rock Tina Fey es Liz Lemon, directora del late night y cómica friki e inadaptada. Tiene 38 años, vive sola en un apartamento de mierda y por su vida van pasando hombres a cual más desastroso y miserable. No lleva nada bien ni envejecer ni su deriva sentimental, y de cuando en cuando le asoman unas ganas de ser madre que no puede satisfacer. Para colmo, tiende a engancharse a la comida basura, y se pasa un capítulo entero comiendo unos gusanitos mexicanos llamados Sabor de Soledad. La cosa coincide con un retraso de su regla, así que se hace una prueba de embarazo que da positivo.

La trama del capítulo muestra cómo crecen las ilusiones de Liz, cómo se imagina ya siendo madre, cómo va a organizar su caótica vida y cómo ve que las cosas empiezan a salirle bien, aunque crea que el padre es un ex noviete gañán del que no termina de despedirse. Pero, al final del capítulo, a Liz le viene la regla. Resulta que los gusanitos mexicanos (llamados, insisto, Sabor de Soledad) están hechos con semen de toro, y en el paquete se especifica que su consumo puede provocar falsos positivos en pruebas de embarazo.

Con su mezcla de humor burdo y cruel y de tragedia sentimental, este episodio me parece más que brillante. Especialmente porque sirve como ejemplo del valor del punto de vista de la narración. La vida de Liz Lemon se cuenta como una comedia, pero bien podría ser un drama. Tina Fey escoge contarla desde el lado cómico. Isabel Coixet, probablemente, le pondría banda sonora de Antony And The Johnsons y subrayaría con largos planos-secuencia la angustia que experimenta Liz Lemon en su acongojado corazón. Y podría hacerlo sin alterar un ápice la trama. Sólo hay que cambiar el punto de vista.

Los dramas o las comedias no están en las historias, sino en la voz de quien las cuenta. Es el narrador quien decide si algo es gracioso o triste, y un mismo episodio puede ser ambas cosas. Se puede jugar también con la ambivalencia, dando más profundidad al relato. Nada es dramático o cómico per se. Depende de nuestra mirada y de nuestra forma de verlo y de volver a construirlo.

Por eso la comedia es más arriesgada y requiere de más inteligencia, talento y técnica: porque estamos  más acostumbrados a dramatizar que a reirnos. Ante una historia como la de Liz Lemon, la mayoría de los narradores escogerían tratarla como una peli de Isabel Coixet. Hay que tenerlos muy bien puestos y tener un sentido narrativo muy desarrollado para escoger el lado ácido y contarla como una comedia. Ojo, digo una comedia, no una caricatura: el personaje de Liz Lemon tiene una talla humana y una fuerza empática innegables. No es un monigote. El narrador no le pierde nunca el respeto, y eso es importante para que el asunto no derive en una farsa.

Por eso me gusta 30 Rock. Y por eso me he comprado la camiseta de Sabor de Soledad.

Otro rato cuento algo más interesante del viaje.

22/03/2009 18:26 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión Hay 3 comentarios.

CAMBIO DE VIDA

Antes de contar un par de cosillas más de mi última escapada americana, permitidme un breve receso. Esta semana dejo atrás siete años de mi vida. Seis de ellos vividos en Zaragoza y uno en Castellón, pero todos ellos como reportero dominical, como pergeñador de suplementos dominicales. Siete años contando historias semana tras semana, siete años creciendo, aprendiendo, rastreando entre la actualidad, sufriendo y apurando el maldito cierre. Sabéis poco de esa vida mía porque en realidad forma parte de mi intravida, pero aunque no me haya explayado mucho relatando sus pormenores y miserias, mi trabajo en el suplemento dominical ha condicionado y marcado demasiado mi forma de vivir.

A partir de hoy, cambio de responsabilidades y comienzo una nueva etapa en mi vida profesional como periodista, aunque sin cambiar de empresa. Me apeo parcialmente del papel y me incorporo al proyecto de renovación de internet. Dejo el siglo XIX y me meto de lleno en el XXI. Los horizontes están abiertos y, cuando termine la fase de rodaje, aprendizaje y adaptación a las nuevas circunstancias, espero aportar mucho a una web periodística potente y dinámica.

No abandono del todo el papel. Mantengo mi columna de los viernes en el suplemento MVT y prosigo con mi sección de libros los miércoles en las páginas de Cultura. 

En esta nueva etapa le voy a dar mucha marcha al recién estrenado blog literario De reojo (hoy hay nueva entrada), y seguiré practicando el reporterismo, pero aprovechando las posibilidades de Internet, yendo más allá del texto mondo y lirondo.

Me apetece mucho empezar esta nueva etapa. Hace tiempo que pinchaba a mis jefes para que me dieran cuartelillo, suplicándoles un cambio de aires. En mi nueva responsabilidad voy a tener horarios (¡horarios! No me acordaba de lo que era tenerlos, vivía tomándome al pie de la letra lo de full-time), lo que me va a dejar más tiempo y tranquilidad para mis negocios literarios, y eso es algo que ansiaba con desesperación. Sin embargo, ahora que ha llegado, siento un poco de nostalgia por lo que dejo atrás. Al mudarme a mi nuevo puesto en el periódico he aprovechado para hacer una limpieza a fondo de mis papelotes y de esas cajoneras que con mucha presunción me atrevo a llamar archivo. En el proceso han reaparecido de la bruma del olvido decenas y decenas de reportajes de los que no guardaba ninguna memoria, y me he dado cuenta de que, a pesar de todos los pesares, he hecho cosas majas, que dejo una buena herencia.

Han merecido la pena las noches hasta la una de la mañana, los madrugones para subir a un coche y llegar a un sitio olvidado del extensísimo y desconocido Aragón para encontrar una mano robusta, unas palabras emocionadas y unos paisajes acongojantes que un día después, tras macerar en mis agotadas neuronas, salían regurgitados en forma de reportaje. He recorrido Aragón entero contando historias, he conocido todas las comarcas de esta tierra trabajando, y no creo que haya una calle de Zaragoza que no haya visitado alguna vez para contar algún relato ensombrecido en ella. He maldecido muchas veces, me he cabreado, me he dejado llevar por la rabia, la he cagado más de diez y más de veinte veces, he tenido mil disgustos y he perdido pelo, pero creo que ha merecido la pena. Estoy convencido de ello. Entre la morralla, me quedo con un ramillete denso y aromático de historias que ya forman parte de mí, que me han hecho ser como soy, sin las cuales no sabría explicarme. Y unos cuantos amigos de propina.

Todo eso queda atrás ahora. Empiezo una nueva vida en este año 2009 que parece que me va a cambiar en muchos sentidos. No solo por el arranque, con Malas influencias, de lo que espero que se convierta en una carrera literaria y con estos cambios profesionales, sino con otros vaivenes personales intensos. Son meses frenéticos, y todavía van a ponerse más fieros. El horizonte pinta bonito, y espero poder contarlo aquí.

PRESENTACIÓN DE MALAS INFLUENCIAS EN MADRID

Amigos del Madrid de mis entretelas: por fin tenemos fecha para la puesta de largo del libro en la capi.

Será el viernes 3 de abril a las 20.00 en la librería (en el templo del cuento español, más bien) Tres Rosas Amarillas (c/ San Vicente Ferrer, 34. Metro Tribunal, líneas 1 y 10).

Sincronizad vuestras agendas y no me falléis. Espero que sirva como excusa para el reencuentro con los amigos (para eso se montan estos saraos, aunque la editorial diga que son para vender libros). Brindaremos con un vinito del Somontano y luego, quien quiera, que se venga a seguir la juerga a ese antro maravilloso llamado Manuela, en la misma calle.

Por cierto, José Giménez Corbatón escribió en el Artes & Letras una reseña que me ha puesto la cara roja. La he colgado en el blog promocional y podéis leerla pinchando aquí.

23/03/2009 22:44 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Mi libro No hay comentarios. Comentar.

CONEY ISLAND

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Parece que el desbarajuste de estos días se va calmando un poco. Hoy puedo escribir un poquito del viaje. Me apetece.

Los que no hayáis estado por esos lares probablemente no sepáis que Nueva York son varias ciudades en una. No solo metafóricamente, sino sobre el papel. El monstruo conocido como New York City está compuesto por cinco distritos que tienen una autonomía administrativa enorme -y un callejero repetido: hay varias Quintas avenidas y varios Broadways-. Solo uno de ellos está en el continente, el resto son islas de un hiperurbanizado archipiélago.

Manhattan, con su forma alargada, es el corazón, lo que todos asociamos a Nueva York, con su Central Park en el centro -para eso es Central-, su negro Harlem al norte y su Downtown de rascacielos en la punta sur. En la isla oriental están Brooklyn y Queens, dos extensísimos y pobladísimos distritos. Brooklyn es industrial y rudo, con una fuerte personalidad, una fábrica de cervezas famosa en todo Estados Unidos y un acento peculiar. Es la patria chica de Frank Sinatra y de Woody Allen. Queens es residencial y tranquilo, con grandes bolsas de población irlandesa y judía (el doctor Fleischman, de Doctor en Alaska, es de Flushing, un barrio del norte de Queens). Al norte, en la única porción continental de Nueva York, queda el Bronx, con su pasado oscuro de violencia y represión policial. Al sur, sin conexión con puentes, Staten Island, una isla anodina, residencial y conservadora a la que solo se puede llegar en ferry.

Los visitantes apenas salimos de Manhattan. ¿Para qué, si en Manhattan está todo? Pero nosotros habíamos oído y leído los sugerentes y rudos encantos urbanos de Brooklyn, y como lo de subir al Empire e ir a la Estatua de la Libertad ya lo habíamos hecho en otro viaje, decidimos centrar nuestros pasos y miradas al otro lado del East River.

Efectivamente, Brooklyn merece un viaje por sí solo. Y de todo lo que hemos visto, Coney Island es de lo más alucinante.

Coney Island no es una isla en realidad, aunque tiene una playa, Brighton Beach, y un parque de atracciones vintage que cierra en invierno, pero por el que se puede pasear igualmente. En Coney Island vivió Woody Guthrie, el icono folk que fascinó a Bob Dylan y que tocaba una guitarra bautizada como "Máquina para matar fascistas". Su casa estaba en Mermaid Avenue, y cuando Billy Bragg musicó las letras póstumas de Guthrie, el disco resultante se tituló precisamente Mermaid Avenue.

El viaje en metro desde Manhattan a Coney Island dura algo más de una hora y se hace en gran parte descubierto. Por las ventanillas van desfilando viejas fábricas abandonadas y extensiones sin fin de apartamentos ruinosos y gasolineras con coches oxidados. Justo cuanto nos hartamos de tanta decadencia urbana, el tren llega al final de la línea. Bajamos despistados y amodorrados, y lo primero que vemos al salir de la estación es el letrero de la calle en la que estamos: Mermaid Avenue. Me viene a la cabeza la canción Ingrid Bergman, de Guthrie:

Ingrid Bergman, Ingrid Bergman,
Let's got make a picture
On the island of Stromboli, Ingrid Bergman.

Bueno, no estamos en la isla de Stromboli, pero estamos en Coney Island y yo tengo una cámara. Así que, let's go make some pictures!

Supongo que en verano, con miles de bañistas comiendo helados y la montaña rusa subiendo y bajando, el paisaje cambiará muchísimo, pero seguro que conserva algo de esa pátina marchita y fantasmal. Un largo paseo de madera junto a una playa inmensa. Las tablas crujen al pisarlas y la humedad del mar se mete entre la ropa. Te cruzas con muchas familias rusas que hablan en ruso, porque Brighton Beach es también Little Russia-by-the-sea, que se dan un garbeo por el lugar después de comer unos blinis con caviar en alguno de esos pequeños restaurantes donde la carta está escrita solo en ruso.

Hierros, óxido, perritos calientes y algodón de azúcar. Parece la cabeza de un niño triste el primer día de cole, cuando la playa cierra. Hay algo inquietante y terriblemente atractivo en Coney Island. La atracción de lo que fue, la pasión por lo roto.

En los letreros, apellidos italianos de otros tiempos. Emigrantes de otros siglos que se bañaban en esa playa sabiendo que ese mismo agua, si las mareas y corrientes eran propicias, podía haber bañado antes las playas de Calabria o de Sicilia. Apellidos italianos y alemanes e irlandeses y rusos. E hispanos. Advertencias en español de "prohibido bañarse". Silenciosas abuelas rusas sentadas con sus nietos. Letreros y más letreros de se vende y se alquila.

Emocionado, le hice esta foto a un callejón junto al parque de atracciones. "Dispara al monstruo", dice. Yo disparo con mi cámara al monstruo, pero el monstruo de hierro y madera está dormido, oxidado, agrietado y mustio. No hay que afinar mucho la puntería. Vuelvo a imaginarme a Woody Guthrie sentado en su ventana, triste y solo, escribiendo:

At my window, sad and lonely
Stand and look across the sea
And I sad and lonely wonder,
Do you ever think of me?

26/03/2009 01:34 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Viajes Hay 3 comentarios.

CURSOS Y VERA DE MONCAYO

Dos breves brevísimos apuntes de autopromoción:

Mañana sábado 28 empiezo a impartir el taller de periodismo en la Escuela de Escritores. Todavía hay margen para inscribirse, y no pasa nada por hacerlo con el curso empezado (se puede hacer en esta web). Va a ser muy práctico, no voy a soltar rollos. Se trata de escribir mucho y de debatir al detalle sobre la técnica de escritura y los géneros a través de los textos que vayáis escribiendo, centrándonos especialmente en el reportaje.

Igualmente, mañana sábado se inaugura en Vera del Moncayo el Centro de Interpretación del Yacimiento Celtibérico de La Oruña. Diréis: ¿y a mí, qué? Pues es verdad, pero resulta que la visita al centro se estructura con un audiovisual de dibujos animados, y da la casualidad de que quien firma el guión de esa peliculita es un servidor. Al texto le ha puesto voz mi colega de la Cadena Ser y de Aragón Televisión David Marqueta. En cualquier caso, al margen de mis incursiones dibujoanimadas, Vera de Moncayo y la comarca bien merecen una escapada findesemanera. Es mejor ir en otoño, cuando eclosionan las setas, pero ahora se puede ver el Monasterio de Veruela (sin duda, uno de mis rincones aragoneses favoritos, no me cansaría de recorrerlo), pasar al yacimiento de La Oruña, que es una ciudad celtibérica muy chula, y rematar la visita comiendo un buen asado en alguno de los grandiosos y maravillosos restaurantes del lugar. Para bajar la comida, un paseo por las faldas del Moncayo o unos licores digestivos en algún café de la moruna, judaica y retorcida Tarazona (donde también son aficionados a la tapa y al buen yantar). ¿No me diréis que no os propongo planes chulos?

27/03/2009 18:18 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Intrascendencias No hay comentarios. Comentar.

ELOGIO DE BABEL

En los años 20, el entonces periodista conservador -más tarde, periodista nazi- Wilhelm Stapel se despachaba a gusto contra la decadente y apestosamente cosmopolita ciudad de Berlín:

La cuestión esencial que hoy se le plantea a la cultura alemana reside en si las gentes del campo están dispuestas a tolerar las alocadas pretensiones de la intelectualidad berlinesa.

El espíritu del pueblo alemán se alza contra la forma de ver la vida que predomina en Berlín. Lo que está reclamando nuestra época es la rebelión de la Alemania rural contra Berlín.

El verano pasado tuve la suerte de disfrutar en el Museo de Pérgamo de Berlín de la exposición Babilonia: mito y realidad. Creo que se ha expuesto también en el Museo Británico (ojalá siga rulando por más capitales europeas y llegue a Madrid). Es una de las expos más interesantes que he visitado en los últimos años, y muy reveladora.

Una parte de la exposición hablaba del mito -o de los mitos- de Babilonia. Cómo han nacido y crecido, desde la Biblia hasta hoy, y cómo la cultura y el arte occidentales han interpretado y reinterpretado ese mito. La segunda parte era un recorrido por la realidad, por lo que, arqueología e investigación científica mediante, sabemos hoy de lo que fueron Babilonia, sus gobernantes y sus gentes.

Era interesante ver cómo el mito de Babilonia (dios castiga la soberbia de Nabucodonosor por construir una torre gigantesca creando muchas lenguas distintas para que nadie en Babel pueda entenderse, primer paso de la destrucción de Babilonia entera: ya sabéis cómo se las gasta el dios de la Biblia y lo mucho que le mola cargarse países y ciudades enteros) va evolucionando, desde el Renacimiento hasta aquí, en una crítica moral hacia la ciudad moderna. Conforme las ciudades crecen y se desarrollan en Europa -y, más tarde, en América-, surgen más y más voces que las equiparan con la bíblica Babel.

La Babel real, según la exposición, no se pareció en nada a la bíblica, y Nabucodonosor, para la media de tiranos babilónicos, hasta debió de ser un tipo ilustrado que se preocupó por construir caminos y canales de riego. Pero lo interesante para mí no es lo lejos que los mitos están de la realidad. Para eso son mitos. Lo molón es identificar esos mitos como sustento de argumentos ideológicos más que inquietantes a lo largo de la historia.

Las palabras del nazi Stapel son una muestra de la metrópolis moderna vista como Babel. La ciudad como origen y foco de todos los males, como nido de perversiones, de impurezas, de porquería, de mezcla. La ciudad como principio y fin de todo lo execrable, de la deshumanización absoluta, de la anulación de la persona. La ciudad corruptora, tentadora, vil, inmoral. La ciudad como ejemplo de la soberbia humana.

Religiosos o no, los sentimientos de despecho hacia la gran ciudad están muy arraigados en todas las sociedades occidentales. ¿Qué tienen en común un nazi, un hippie neorrural y un monje? Que los tres comparten la visión de la ciudad como Babel.

En los años 70, Mario Gaviria y Enrique Grilló publicaron un ensayo titulado Zaragoza contra Aragón. Tuvo muchísima influencia y todavía hoy se repiten sus argumentos en cientos de artículos y de debates. Básicamente, venían a decir que, dado el enorme desequilibrio demográfico de Aragón (con el 60% de la población concentrada en Zaragoza y su área metropolitana), la capital era un lastre para el desarrollo de la región. El monstruo urbano fagocitaba al débil y disperso agro. Es un discurso que se sigue oyendo por doquier, incluso desde dentro del propio gobierno autonómico, algunos de cuyos miembros parecen sentir una aversión profunda por la capital.

Tanto es así, que el primer Estatuto de Autonomía de Aragón, aprobado en 1982, establecía en su artículo 25.1:

La sede de la Diputación General de Aragón estará en Zaragoza.

Lo normal, para eso es la capital, ¿no? Pues no, porque acto seguido venía el artículo 25.2, con el siguiente matiz:

Por Ley de Cortes de Aragón podrá modificarse la sede de la Diputación General.

Ese "modificarse" no se refería a cambiar las alfombras o a poner azulejos en los baños, sino a dejar bien abierta la posibilidad, exigida por ciertas corrientes tanto de izquierda como conservadoras, de que la capital de Aragón se desplazase a otro sitio, lejos de la católica, fea y sentimental -e industrial- Zaragoza.

En la redacción del estatuto actual se ha eliminado esa ridícula salvedad (seamos serios: ¿dónde cojones querían montar la capital? ¿En Jaca, por haber sido la primera corte del reino medieval? ¿En Caspe, por lo del Compromiso? ¿En Barbastro, por Torreciudad, para que el poder político esté más cerca del poder real? Amos, anda). Sin embargo, persiste el sentimiento de agravio. Frente al Aragón puro, al de verdad, al que no ha reblado ante Franco ni ante los militares ni ante nadie, se alza una ciudad fea, enorme y traicionera, que engulle y anula todo lo que hace que Aragón sea Aragón.

Son muchos los que siguen buscando el alma de Aragón en los senderos de Ansó, en el claustro de San Juan de la Peña, en las callejas de la judería de Tarazona, en los llaguts de Mequinenza, en los ciervos de Beceite o en las masías del Maestrazgo. También la buscan en la plaza del Torico de Teruel y en San Pedro el Viejo de Huesca. Hacen muchos kilómetros en busca de un alma que, sin que ellos la escuchen, late fuerte en su ciudad, en la ciudad de Zaragoza. Todo lo que Aragón ha sido y es está en Zaragoza. Y lejos de engullirlo, lejos de tragárselo, Zaragoza ha conservado intacto el legado de cientos de generaciones de aragoneses. ¿Cómo lo ha hecho? De la única forma posible: siendo una gran ciudad, desproporcionada y gigantesca en comparación con su región rural.

Sin Zaragoza, Aragón no sobreviviría. Sin una sociedad urbana y moderna, capaz de absorber e integrar a los aragoneses, Aragón se habría disuelto en el éxodo rural. ¿Quién se hubiera preocupado de estudiar y conservar las tradiciones aragonesas si no existiera una ciudad como Zaragoza, con la universidad y el capital humano necesarios para ello?

Sin grandes ciudades, nuestro mundo no existiría. Sin la eclosión de esos monstruos tan denostados, sin las Torres de Babel no habría nada de lo que nos hace felices. Me parece estupendo que haya quien busque la comunión con la naturaleza en una Arcadia rural, pero decir que la ciudad nos deshumaniza, nos corrompe e hipoteca el futuro del mundo rural es una enorme chorrada. La ciudad es nuestro hábitat, donde la especie mejora al ampliarse infinitamente las posibilidades de intercambio genético. En la ciudad la vida no se estrangula, se expande, y su efecto se irradia al hinterland.

No vivimos en un mundo de países ni de naciones: vivimos en un mundo de ciudades. Vivimos en Babel, y ojalá nuestra Babel sea mil veces más sucia, depravada, cosmopolita y heterogénea que la bíblica.

DOS TONTAS MUY TONTAS (O MUY LISTAS)

Iba a escribir un comentario, pero creo que nada de lo que se me ocurra puede superar la noticia en sí. Ni el Joaquín Reyes más inspirado habría podido escribir un gag tan burdo. Daría risa si no fuera tan repugnante. Ahí dejo este teletipo. Yo no sé añadir nada más:

 

EEUU-GUANTÁNAMO Miss Universo y Miss EEUU visitaron Guantánamo y su prisión

 

Washington, 31 mar (EFE).- Miss Universo 2008, Dayana Mendoza, de Venezuela, y Miss EEUU, Crystle Stewart, han hecho una visita a la base naval estadounidense y su campo para la detención de supuestos terroristas en Guantánamo, y la encontraron "interesante".

En su página de internet, Mendoza explicó que ambas reinas de la belleza habían llegado a la base, en Bahía de Guantánamo (Cuba) el viernes 20 de marzo con el propósito de saludar y entretener al personal militar allí destacado.

"Fue una experiencia increíble", señaló la venezolana. "Todos (en Guantánamo) sabían que Crystle y yo veníamos de visita y lo primero que hicimos fue asistir a un enorme almuerzo, y luego visitamos uno de los bares que tienen allí".

Desde comienzos de 2002 Estados Unidos ha recluido en Guantánamo a cientos de hombres capturados en diferentes partes del mundo como supuestos terroristas, y los ha mantenido presos sin juicio ni apelación. Muchos de ellos han sido sometidos a torturas, según las denuncias de las organizaciones defensoras de los derechos humanos.

Mendoza dijo que ella y su acompañante conversaron con el personal de Guantánamo "acerca de la base y cómo es la vida allí, y los próximos días lo pasamos maravilloso, en un viaje realmente memorable".

El personal de la base naval llevó a las dos mujeres a una visita a un "barco", no identificado por Mendoza, y a un recorrido por tierra que "fue muy, muy divertida".

"También vimos los perros militares y nos hicieron una demostración muy linda de sus destrezas", agregó Mendoza. "Toda la gente del Ejército se portó muy bien con nosotras".

"Visitamos los campos de detenidos y vimos las cárceles, dónde se bañan, cómo se entretienen con películas, clases de arte, libros", agregó. "Fue muy interesante".

La joven venezolana añadió que "el agua de la Bahía de Guantánamo es taaan hermosa. Fue increíble y pudimos disfrutarla por lo menos por una hora".

Pero ya el miércoles Mendoza estaba de vuelta en Nueva York, y el viernes voló "a Miami para pasar el fin de semana porque había una sesión de fotos para la revista People en Español". EFE