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COMENTARIOS DE 2008

Acaba el año, amiguitos. De entre los comentarios que ha recibido este blog en estos doce meses he escogido una brevísima y mínima selección de algunos de los que más cariño hacia mi persona destilaban, aunque otros los he elegido porque me han parecido tiernos, graciosos o, directamente, porque no he entendido una sola palabra de lo que me decían (el LSD fluye a gusto por la blogosfera, queridos). De estos últimos, mi favorito es el que firma Kabilio Cubilio. Puede que a Poe le diera buen resultado escribir beodo, pero por lo general, escritura y alcohol no hacen buenas migas. Téngalo en cuenta, señor Cubilio. Unos pocos comentarios son de los habituales (no os menciono para no dejarme ninguno: gracias mil por animar este lugar con vuestra chispa casi diaria), pero la mayoría son de gente que no suele estar al quite en cada entrada y que ha aparecido esporádicamente. Feliz 2009 a todos y cuidado con las uvas.

El nick va en negrita y sigue el comentario cortipegado tal cual, sin retoques. Para reclamaciones sobre ortografía, gramática o dislexia, diríjanse a los interesados.

Oye tu cabrón

AQUI COMO SIEMPRE, TODOS INTENTANDO NINGUNEAR A LOS HEROES DEL SILENCIO!!! BUNBURY ES DIOS Y LOS DEMAS UNA PUTA MIERDA!!!! 

Disconforme

Estimado Sergio: No querría pecar de insistente, pero comentarios como los tuyos son los que me reafirman en la convicción de que muchos ciudadanos de este país que se identifican con posiciones políticas de izquierdas merecerían sufrir permanentemente un gobierno de derechas, dada la simplicidad e ingenuidad de sus posiciones políticas. Me asombra que, tras vivir los ocho años terribles de gobierno de Aznar, todavía consideres que no hay diferencias reales entre PSOE y PP. Y todavía más que afirmes que, aunque Zapatero sacó las tropas españolas de Iraq (la decisión difícil y comprometida), no está del todo claro que no las hubiera llevado allí si hubiera estado en el poder (la decisión fácil y sencilla, como hicieron por ejemplo Francia y Alemania). Y también me asombra que olvides que en el último año de Aznar se trató de instaurar la asignatura de Religión como valorable para el currículo escolar (el gran deseo de la Iglesia y una manera de perpetuar su poder educativo), y que fue el gobierno de Zapatero quien anuló esta disposición y creo la Educación para la Ciudadanía (que no soluciona los problemas de la educación en España –aunque detesto usar la palabra “solución”– pero que al menos pone un granito de arena, ofreciendo un conjunto de herramientas para el razonamiento y análisis con las que los alumnos puedan formarse sus opiniones morales y cívicas, que no es poco). Y, para colmo, dices que, a lo mejor en otro momento, el Gobierno del PP sí hubiera aprobado la ley de matrimonio homosexual... Bueno, esto mejor no comentarlo, se descalifica por sí solo. Yo, por el contrario, me voy a ceñir a hechos concretos. Por ejemplo: ha sido el PSOE quien ha aprobado la Ley de Igualdad, no el PP (quien, por cierto, la impugnó ante el Tribunal Constitucional, no se nos olvide); ha sido el PSOE quien ha aprobado la Ley de la Memoria Histórica, no el PP (que también se opuso con virulencia); ha sido el PSOE quien ha aprobado la Ley de Dependencia, no el PP; ha sido el PSOE quien ha derogado el trasvase del Ebro, no el PP (que sigue amenazando con retomarlo), y así hasta un largo etcétera, por no hablar de las maneras y los modos ejercidos por los líderes de ambos partidos durante estos 4 años, incluyendo el apoyo de varios miembros del PP a la paranoica Teoría de la Conspiración, que pone a las claras la catadura moral de estos (y su caradura, añado también). Y por si faltaran más pruebas de las diferencias entre ambos partidos, tomemos por ejemplo la última propuesta de Rajoy sobre el llamado “contrato para inmigrantes”: no me digas que no es para echarse a temblar. Y, de postre, otro pequeño ejemplo de con quien nos la estamos jugando; te pongo a continuación, por si las desconocías, las declaraciones de Filip Dewinter, líder del Vlaams Belang, partido de ultraderecha belga: "Hoy no hay verdaderos partidos de derechas en Europa. La mayoría se están convirtiendo en socialdemócratas que abusan de la corrección política y no hablan de las preocupaciones reales de la gente como la inmigración. Tal vez la excepción sea el Partido Popular español, un verdadero partido de derechas, pero los demás...". Creo que con esto está todo dicho. 
 
Cuando Labordeta dijo que Zapatero era el primer presidente de izquierdas de la democracia no lo decía por hacer una gracia. Y me sabe muy mal la ingratitud de algunos ciudadanos de izquierdas (me refiero a la izquierda democrática, no estalinista, que conste) que ahora quieren volverle la espalda a un buen presidente de gobierno que no ha dudado en apostar por políticas sociales de fuerte impacto y cierto riesgo. Eso es lo que personalmente más me duele. 
 
Saludos.

 

Cerdito

Qué fácil es apelar a Extremoduro para enternecer a los adoslescentes noventeros, ahora mileuristas. Qué recurso más fácil, que pocas ganas de escribir del presente en todo este blog. 
Quítate las gafas de ciego y mira de verdad cuando salgas a la calle y dime qué ves. Porque si ves a rockeros trasnochados, drogatos metasídicos y peludos sin fronteras es que no vives en 2008, sino en la caverna de Platón.
 
 

Kabilio Cubilio 

La MaRSELLESA ES DE UN GERMANO EN CONCRETO LOREDANO ASLACIANO 
Pero esa bandera sabras que la diseño un uhp que el rojo por la rev. el blanco por la monarquia y el azul por francia ytambien por...
 

 

Dado de alta 

un musico analfabeto de esta roma de los siglos 21,que vive entre sus poesias y muere entre sus preguntas improbisando con palabras sin destino o se podria desir sin la cara del receptor pregunta...¿como puedo luchar por lo que quiero,si soy un pobre loco que labura dia y noche y no tiene nada ni tiempo para escribir un miserable renglon?...¿como puedo soñar sin siquiera dormir en paz?...¿como un ser de barrio como vos pensando que su realesa nacio de la umildad se miente asi mismo?...¿como yo por momentos paso ambre por la realidad que me toco y no tengo posibilidad de nada?...¿por que tengo el presentimiento de que ni siquiera vas a cansar tu mirada con estas perdidas palabras?...en fin es la primera ves que visito esta pagina soy de uruguay mdeo tengo 21 años y nada dejo mi telefono por si algun buen humano tiene una propuesta venenosa... 

 

Sor Presainthenight

Un día amanecieron pintadas todas las papeleras de mi querido barrio rural. Unas mejor y otras peor. Pero todas pintadas. Un color bonito de fondo y decoradas como buzones, filas de hormigas, otras como si llevaran corbata... El efecto fue el deseado: sorpresa. El que todos los vecin@s al día siguiente, cuando fueran a trabajar o a comprar el pan, se tropezaran con algo nuevo. "El cacharro verde ese... hostia..." Supongo que alguien pensaría eso. Las papeleras parecían decir: "Eh, mírame... estoy guapa, ¿no?. Pues méteme tu mierda hasta el fondo..." 
 
La cosa es que, como suele pasar en los núcleos pequeños, durante varios días hubo tema de conversación en la panadería y la peluquería. Había quien decía que habían sido los niños de la ludoteca... Otros que unos gamberros de Fuentes de Ebro (no sé por qué de Fuentes). Había a quien le gustaban y había a quien le daba igual. Pero para la alcaldía era un acto vandálico inadmisible. Aun más, hizo público un escrito donde decía que la "reparación de los daños" (que en realidad es volverlas a pintar de verde) alcanza la cifra de 6.000€. Así se criminalizó esa sorpresa. Tras el repintado, hubo quejas de algun@s vecin@s a los que les habían gustado las papeleras de colores. 
Pero la cosa no acaba aquí. Mes y medio o dos meses después del crimen de las papeleras, el Ayto. de Zaragoza emprende la genial campaña de decorar sus papeleras con pegatinas y lemas. Más sosas que para qué. Pero bueno, se buscada el recordar a la gente con algo nuevo el uso de esas tristes papeleras que nos ven llegar a casa borrach@s por las noches o mañañas y nunca dicen nada. Lo de mi barrio, papeleras coloreadas por la gente, fue algo muy malo que hace la gente mala. Lo de Zaragoza, las pegatinas esas del Ayto. fue una idea genial y sorprendente. Pues eso. 
Todo esto es para acabar diciendo que parece ser que el derecho de sorpresa está en manos de las autoridades.
 

 

Marmota

Hace años, mi exnovio guardaba un cartón de leche en el que, si no recuerdo mal, aparecía una vaca vestida de Supermán. Creo que se llamaba "Supervaca", o algo así (o igual lo pienso porque sería lo más lógico). Todo un mundo por descubrir.  
 
Sólo me queda añadir que no esperaba esa frase final de un periodista tan fino como usted...  
 
:)
 
 

 

ACRey

Puede que sea humor lo que has escrito o puede que no. Es posible que sea crítica sin matiz hacia la creación del "manifiesto" en defensa del Castellano o puede que en realidad no alcance al concepto de crítica. Pero algo parece ser cierto: no es humor crítico ni crítica humorística. No porque lo diga yo, sino porque no dices qué tiene exactamente de bueno las patatas bravas. ¿Mayonesa? 

 

María

Idolatrado Sergio: 
 
He dejado pasar un tiempo para ver si entrabas en razón, pero ya veo que no. Tú andas por ahí emborrachándote con los comunes y a mí me dejas los especiales: sabes que tienes un hijo  
y ni el apellido le vienes a dar. Llorando junto a la cuna me dan las claras del día, mi niño no tiene padre, qué pena la suerte mia. 
 
Así no podemos seguir, amor mío. Reconoce a tu Sergito, dale tu apellido, para que pueda ir por el mundo con la frente bien alta. 
 
Si no te avienes, soy capaz de cometer una locura. Que lo sepas. 
 
Eternamente tuya, 
 
María
 
 
 

A la manera de Pérez Reverte (por alusiones)

El señor Del Molino patina. No se trata de una serie de televisión, sino de épica, con dos cojones: Gerona, Bailén o Zaragoza; incluidos otros lugares donde los franceses, pese a su motivación patriótica indiscutible y a su brillante cultura nacional anterior al siglo XX, se llevaron una enorme mano de hostias. Y en lo que a glorificación se refiere, precisemos que en las historias de Alatriste no se trata de eso, sino de todo lo contrario. A lo mejor es que el artista habla de oídas, pues lo desafío a demostrar que su España es más sórdida o descarnada que la que ven los ojos de Diego Alatriste. La palabra gloria no cuadra a esta nación, no por antigua menos infeliz, ingrata y miserable, ni a tanta bandera manipulada por tenderos sin escrúpulos e historiadores a sueldo. Sólo un imbécil puede confundir glorificación pomposa o patriotería barata con el acto de narrar desde la Historia y la memoria, como si en las bibliotecas españolas sólo figurase la colección del Guerrero del Antifaz. El señor Del Molino no es un imbécil, pero vive en España –él diría en el Estado español– de dar coba a los que sí lo son. Por eso no huele a honrado el pan que come. Decir que España que no sejugó su existencia el 2 de mayo de 1808 (tengo un libro al respecto) y que no existe como nación secular ni como cultura nacional es imitar a Jacques de Thou, quien el mismo año en que se publicaba la segunda parte delQuijote, negaba que en España hubiese cultura, fuera de Nebrija y el Pinciano. Así, negar lo innegable es ignorar, por la cara, la Ispania de Estrabón, la Spania de Artemidoro y la Hispania de Tito Livio; y más allá del simple –o no tanto– concepto geográfico, también es negar la monarquía hispano-visigoda, el concilio de Toledo, el «Yo són I chomte d’Espanya que apela hom lo chomte de Barcelona» de la Crónica de Bernat Desclot, los «Quatre reis que ell nomená d’Espanya, qui son una carn e una sang» de Ramón Muntaner, los privilegios otorgados a «la nación española» en Brujas, la Pragmática de Guadalupe, las referencias a España en los textos hostiles de Guicciardini y Maquiavelo, el Salón de Reinos del Buen Retiro de Madrid, la pugna del tomismo con el luteranismo, el padre Mariana, la Pepa del año 12, los cuernos del toro de Osborne y cuanto colguemos en ellos por delante y por detrás.  
 
Otra cosa es que España sea un putiferio lleno de envidia, incompetencia y mala fe, donde en vez de Estado tenemos un infame bebedero de patos. Pero eso lo sabemos de sobra. No hace falta que nos lo diga un pendolista mil leches, instalado bajo ubérrima sombra mientras sus agradecidos patrocinadores le trastean con entusiasmo la entrepierna. Y viceversa.
 
 

 

Luis

Disculpe Sergio, pero de la misma manera que, según usted, se malinterpreta la palabra inhóspito (que por cierto, el resto de seres humanos de este planeta en seguida entendió a qué se refería el reportaje con lo de "inhóspito"), usted está malinterpretando al Madrileño. Que me acusen de paleto por ser de Madrid es lo que me faltaba por oir. Y si de lo que se trata es de corregir a los de Televisión Española, resulta ridículo hacerlo con tamañas barbaridades.  
 

Javivi

Javier Rodrigo? Me suena ese nombre

ITALIA EN PROHIBIDO FIJAR CARTELES

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No le hago apenas caso, pero por petición popular he añadido diez nuevas pintadas y carteles a la colección de Prohibido fijar carteles, el blog paralelo donde, muy de cuando en cuando, cuelgo una selección de mi colección de chorreces. Quizá vosotros, en vuestros viajes, hacéis fotos del acueducto de Segovia, de la estatua de la Libertad y del Big Ben. Yo, sin embargo, me fijo en las paredes y retrato los carteles y los grafitis que me hacen gracia. Un vicio como otro cualquiera.

En esta nueva tanda he colgado pintadas y carteles vistos en Argentina, Italia y Francia. El especial dedicado al amor en las paredes de las ciudades italianas ha sido posible gracias a la colaboración de A. y S., que me han pasado algunas fotos de su último viaje romano. Aprovecho para decir que Prohibido fijar carteles admite colaboraciones espontáneas. Las podéis mandar al mail que aparece en la barra de la derecha. Todas serán bien recibidas.

PROHIBIDO FIJAR CARTELES

FELICES FIESTAS

Aquí os dejo el mejor villancico de mi repertorio para estos días entrañables. Que lo disfrutéis y cuidado con los polvorones.

 

23/12/2008 22:56 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Intrascendencias No hay comentarios. Comentar.

MELILLA

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Hace unas semanas vi un Callejeros dedicado a la gente que trapichea en la frontera de Melilla con Marruecos, y esta mañana he leído un post en el blog de David Torres donde cuenta un paseo por los alrededores de Melilla. Las dos cosas me han recordado los días que pasé allí en 2005. En el momento no fui consciente, ha tenido que pasar el tiempo, pero ahora estoy convencido de que me afectaron muy hondamente, y esta noche de niebla y hielo me apetece escribir sobre ellos.

Muchos lo recordaréis: en el otoño de 2005 se produjeron varios asaltos de inmigrantes a la verja de Melilla que colapsaron la ciudad. La gendarmería marroquí abrió fuego varias veces y hubo muertos, pero por lo visto la Guardia Civil no se quedó corta, y una cámara grabó una paliza a un chaval en la misma verja. Para controlar la crisis, el Gobierno desplegó a la Legión en toda la línea de la frontera y mandó destacamentos de la Guardia Civil desde la Península. Una fotógrafa y yo viajamos allí para hacer una serie de reportajes. De esos días intensos en los que apenas dormí un par de horas seguidas quiero hablar.

Aterrizamos en Melilla a primera hora de la tarde, con la cabeza zumbona porque viajamos en un pequeño avión de hélices que hacía un ruido espantoso. En el aeropuerto nos esperaba Pepe Marqués, nuestro contacto en la ciudad, que nos ayudó muchísimo a movernos y a manejarnos por el terreno. Nos presentó a gente que nos facilitó el trabajo y nos ayudó a cambiar euros por dirhams en una tienducha del barrio del Real.

Tras un encontronazo con un guardia civil en la verja, que quería requisarnos la tarjeta de la cámara de fotos, fui a protestar a la Delegación del Gobierno, donde me atendió un jefe de prensa desbordado, que en su vida había tenido que tratar con tanto periodista y que intentaba disuadirnos de acercarnos a la verja. Nos denegaba los permisos para hacer cualquier cosa. No querían que viéramos el CETI por dentro (Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes, un pequeño campo de concentración donde se retenía y se hacinaban los inmigrantes que alcanzaban la ciudad), no podíamos cruzar la frontera, no podíamos acercarnos a la verja... Así que nos saltamos a la torera todas las proscripciones y echamos a andar. Melilla me pareció una ciudad antipática, hostil y miserable, y mi opinión no cambió en toda la estancia.

De entre todas las sensaciones de aquellos días, pasar a Marruecos fue lo más intenso, y de ese día en concreto quiero escribir.

Sin apenas dormir, para aprovechar el día, nos plantamos al punto de la mañana en el puesto fronterizo de Beni Enzar, para vehículos y peatones. En teoría, para informar desde Marruecos necesitábamos un visado temporal de periodista, pero el gobernador de Nador los denegaba todos, así que decidimos pasar como turistas, confiando en que el equipo de fotos profesional no despertase sospechas.

El paso de Beni Enzar es repugnante. Centenares de personas se apelotonan junto a la garita de la Guardia Civil cargados con mantas, petates y paquetes, a pie y en bici. En el lado español no hacen muchas preguntas a quien sale, y menos si eres español, así que enfilamos con nuestros pasaportes al puesto marroquí. Mientras andábamos por ese callejón lleno de mugre y polvo, un gendarme detuvo a un chaval que iba en bici a mi lado. Le empezó a gritar en árabe, muy violento, y el chaval se bajó de la bici y se protegió la cara con las manos. El gendarme le dio un par de guantazos y unas patadas en la cadera mientras seguía gritándole. Nadie se sobresaltó, a nadie le llamó la atención. Yo temía por la cámara de María, que se haría añicos con un par de zurriagazos como esos.

Aturdidos, llegamos a la ventanilla de la aduana marroquí, rellenamos los impresos, respondimos en francés a cuatro preguntas de protocolo y obtuvimos el permiso para entrar. Todavía quedaban unos 50 metros de pasadizo por delante, y los pasamos presurosos, sin mirar atrás.

Estábamos en la parte marroquí de Melilla: un barrio separado por la verja, con las calles sin asfaltar, sin aceras, sin luz. Un foco de miseria con unos locales miserables donde se trapicheaba con el contrabando de la frontera, la principal fuente de ingresos de la gente de esta zona del Rif. Andábamos a la búsqueda de campamentos de negros que esperaban a la noche para asaltar la verja. El ejército marroquí se había desplegado por los alrededores y había dispersado a la mayoría, pero nos habían dicho de buena tinta que en el Gurugú encontraríamos algunos.

El Gurugú es una montaña que se alza a los pies de Melilla. En los años 20, las tropas rebeldes de Abd el Krim instalaron allí una modesta artillería y bombardearon con ella la ciudad. A los españoles les costó mucho desalojarlas, y después de conocerlo entiendo muy bien por qué: el Gurugú tiene mil recovecos y desfiladeros. Es muy fácil esconderse y disparar sin ser visto contra todo aquel que venga a por tí. Los inmigrantes lo descubrieron enseguida también, y lo utilizaron como refugio. Creo que todavía lo hacen. Además, desde él se ve toda Melilla y se puede estudiar cómo bajar hasta ella y alcanzarla por el lado más seguro.

A las puertas de Beni Enzar había una hilera de taxis esperando. Pactamos un precio con el que parecía el jefe y le dijimos que queríamos ir al Gurugú. Se rascó la cabeza: "¡En Gurugú sólo negros, no hay nada!". Al final, le convencimos. Supongo que nos estafó a base de bien, pero le pagamos los dirhams que nos pidió y nos montamos en el taxi de un conductor suicida que enfiló a toda leche la carretera a Nador... hasta llegar al centro de Nador, muy lejos de donde queríamos ir.

El chófer no sabía hablar castellano ni francés -esto último indicaba que no había ido a la escuela y que probablemente era analfabeto-, y nosotros no sabíamos árabe, así que no podíamos hacerle entender que queríamos subir al monte. Perdimos mucho tiempo hasta que encontramos en la medina de Nador a un hombre que chapurreaba español y le explicó lo que queríamos. El chófer empezó a jurar en árabe, supongo que maldiciendo nuestra excentricidad: ¿para qué cojones queríamos ir a ese sitio dejado de la mano de Alá, si en Nador había de todo? Por unos dirhams más entró en razón y nos dejó junto a un campamento del ejército marroquí, casi en lo más alto del Gurugú.

Allí nos quedamos. Efectivamente, en medio de la nada. Nuestro plan era pasear sin rumbo y, si teníamos suerte, toparnos con uno de esos campamentos. O con sus restos, al menos. La suerte se nos alió.

Después de andar unos metros carretera abajo, se paró otro taxi junto a nosotros y bajó una chica con una cámara de fotos al hombro. Se acercó sonriente y nos dijo en inglés que nos había visto en el hotel de Melilla, que ella también era periodista y que andaba buscando lo mismo que nosotros. Pero jugaba con ventaja, porque ella sabía un poco de árabe. Era una chica francesa encantadora que trabajaba en Tánger como corresponsal freelance de varios periódicos. Nos caímos bien y echamos a andar los tres. Si no encontrábamos nada, por lo menos charlaríamos unas horas en agradable compañía.

Al rato, la chica francesa nos llamó la atención y señaló a un grupo de pinos ladera abajo. Nos acercamos en silencio y, efectivamente, vimos lo que parecía la manga de un chándal. Al otro lado del tronco había un chaval negro sudoroso y muy asustado. Estaba solo, hambriento y hecho mierda. Por señas, le dijimos que no hiciera ruido, que el ejército marroquí estaba acampado dos curvas más abajo y que si le veían le arrestarían y le enviarían a Oujda, en la frontera con Argelia, o al desierto, donde estaban abandonando a algunos grupos. Le llevamos ladera abajo y allí charlamos e hicimos fotos, cruzando los dedos por que ningún soldado de patrulla nos pillara.

Nos contó su historia en un francés atropellado, pero con ese acento africano que se entiende tan bien. Era la de tantos, pero escuchada allí me impresionó mucho más. Creo que era mecánico y había llegado andando desde Mali. Ya no le quedaba dinero y llevaba unos días sin comer. La última vez que se había llevado algo a la boca fue por la caridad de un tendero en un pueblo (aunque los marroquíes tenían fama de ser muy cabrones con los afrikans, como los llamaban, de estafarlos, extorsionarlos y torturarlos, también descubrí que muchos rifeños más pobres que las ratas, conmovidos ante el drama de los inmigrantes, les daban lo poco que tenían sin pedir nada a cambio). Se señalaba las zapatillas deportivas destrozadas y decía que había ido a pie con ellas desde su casa. Llevaba una gorra roja muy llamativa y no hacía nada por esconderse. Viajaba en un grupo del que se había descolgado y parecía muy desvalido. Era milagroso que ni los gendarmes ni los militares le hubiesen echado el guante, y no tenía ni idea de cómo entrar en Melilla.

Mientras hablábamos se acercó un niño pastor con su rebaño de cabras y tuvimos que esconder a nuestro amigo, llevándonoslo unos metros pinar adentro. Le dimos un poco de dinero para que comprara comida cuando pudiera y le señalamos con el dedo dónde estaba el campamento de Médicos sin Fronteras instalado a este lado de la frontera. Allí le atenderían y podría descansar, pero no le dimos muchas esperanzas para cruzar la valla, pues hacía dos noches que nadie conseguía saltarla. Le deseamos suerte y nos separamos. Espero de corazón que le fuera bien y que ahora esté trabajando en algún lugar de Europa, llevando una vida tranquila.

Con las fotos y la charla que tuvimos escribí un reportaje que titulé El último del Gurugú, que fue bastante bien acogido. No lo presenté a ningún premio, aunque me insistieron en ello. De hecho, en su momento no le di mucha importancia, casi me pareció un trabajo más. Pero hoy sé que aquel día significó mucho para mí.

He querido escribir algún cuento sobre Melilla, sobre el último del Gurugú y sobre la harira y el té con menta que tomábamos en los bares morunos cuando terminábamos el trabajo del día. He querido fabular sobre la noche que pasamos en vela junto a la verja, helados de frío, acosados por patrullas de la Guardia Civil que expulsaban a todo el que se acercaba por allí y sobrecogidos por el canto de los muecines de las mezquitas de uno y otro lado de la frontera cuando llamaron a la primera oración del día. He intentado inspirarme en las sombras que acechaban en los pinares de Rostrogordo a la espera de saltar la verja, y en las caras resignadas que hacían cola en la puerta de la comisaría. He querido construir personajes tan mezquinos y racistas como muchos de los melillenses que tuve el disgusto de tratar. Pero nada. No hay forma. Quizá la experiencia no ha sedimentado todavía. Quizá aún necesite sacarla de forma explícita y lineal para terminar de desbastarla.

PA TAPAR AGUJEROS

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Si por lo menos me hubiera tocado algo, llevaría con humor el monstruoso desfile de gente borracha a las 12 del mediodía empapando a su pueblo de champán barato (estírense con un Moët & Chandon, que se note que le ha tocado el gordo, coño), pero como sigo siendo tan pobre como ayer, me toca las narices tanta felicidad lotera ajena y suburbana. Así que si queréis tapar agujeros, empezad por este de la foto.

¿ES UN PÁJARO? ¿ES UN AVIÓN? ¡NO, SOY YO MISMO!

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Maite Fernández andaba haciendo fotos a Supercoco esta mañana, porque se estrena en el Príncipe Felipe el show de Barrio Sésamo. He pasado por ahí y me ha gritado, con su entusiasmo habitual: "¡Venga, coño, Sergio, ven aquí, que te hago una foto con Supercoco!". ¿Quién podría resistirse? Ha sido el momento cumbre del día.

Gracias, Maite.

Y gracias, Supercoco.

TELE ANDALÚ

Quería hacer una fiesta para celebrar el cumpleaños del blog, pero como tenía miedo de que la cosa fuera un poco muermo, Los Giraos me recomendaron que contratara los servicios de Tele Andalú. En este anuncio podéis ver en qué consiste este negoción (y sí, uno de los desustanciados que actúan en el vídeo es mi hermano, pero no diré quién es, que bastante nos avergonzamos ya de él en la familia).

 

TRES AÑOS

Alzo un vasito de grappa -de la botella que S. y A. me han traído de su último viaje a Roma- y me lo bebo a la salud de este blog, que hoy cumple tres años de vida.

Nunca pensé que fuera a dar tanto de sí. Empezó como un divertimento y, en buena medida, sigue siendo sólo eso, pero me ha aportado mucho más que un pasatiempo.

He escrito una barbaridad de textos, casi compulsivamente, y he convertido en una rutina tan inexcusable como cepillarme los dientes o leer novelas el hecho de sentarme casi a diario al ordenador a escribir el post del día, casi siempre con la noche bien oscura y la avenida en silencio, interrumpido tan sólo por algún coche despistado que se para junto al semáforo fantasmal que regula el no tránsito.

Claro que es un ejercicio puramente onanista. Claro que persisto en él por puro placer privado, porque me divierte y me satisface. Pero no es menos cierto que lo hubiera dejado de actualizar hace mucho si no hubiera tenido respuesta del otro lado, si el contador de visitas nunca hubiera marcado una cifra superior a diez personas y si nunca hubiera recibido un comentario en ninguna entrada. Inexplicablemente, este blog tiene lectores, muchísimos más de diez, muchísimos más de los que cabrían en un bar y muchísimos más de los que van a los conciertos de la Oasis (lo de este sábado con los New York Dolls fue deprimente: no habría ni 200 personas).

Unos pocos de ellos comentan -incluso casi a diario- las tontadas que segrega mi cansado y torrefacto cerebro. Vosotros habéis retroalimentado este blog y lo habéis mantenido vivo y coleando. Vuestra persistencia es más vigorosa que la mía, así que este trago de grappa va por vosotros, parroquianos. A algunos os puedo llamar, sin exageración ni retórica, amigos, pues hemos ido más allá de este garito virtual y hemos bebido cerveza juntos.

Esta experiencia me ha aportado mucho. Ha puesto a prueba mi agilidad y me ha curtido en el duelo que todo juntaletras libra con ese enemigo artero y tan difícil de domar llamado lenguaje. Es una gimnasia que me fortalece, una disciplina que me obliga a estar despierto. Creo que soy mejor juntaletras desde que hago el blog. Creo que soy más exigente y autocrítico. Me lo noto. Me noto en forma, preparado para enfrentarme a los libros y reportajes por venir sin miedo escénico.

Empieza ahora un cuarto año de blogueo que va a estar lleno de retos muy ilusionantes que espero seguir compartiendo cada día con vosotros. En 2009 habrá cambios, probablemente cambios muy importantes en mi vida, y la publicación de Malas influencias va a ser sólo el primer mojón. Espero que las ilusiones no se frustren y pueda seguir contando aquí todos esos cambios (a mejor) que me esperan a la vuelta de pocos meses.

Gracias por leer (y por comentar).

¿HAY ALGUIEN AHÍ?

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A pesar de la crisis, me da la sensación de que todo quisqui anda de puente. Desde luego, muchos visitantes de este blog se han ido. Lo sé, que llevo la cuenta, y estos días echo a faltar unos cuantos cientos.

Salimos de vermú y nos encontramos a un montón de turistas, también de puente. ¿Zaragoza sigue de moda?, nos preguntamos con un vermú con sifón y unas anchoas en Casa Paricio, en ese barrio de la Magdalena donde viví tiempos de inconsciencia y tontunez.

FIESTA GOFRERA

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Este verano escribí un post hablando de mi vicio gofrero, y la casualidad internetera quiso que Alex Patternotre, hijo del belga que fundó los gofres Manneken Pis, lo leyera y se quedara encantado con mi desmedida declaración de amor hacia los bollos que él fabrica. Es una familia de gofreros, y el puesto de la estación de Sol del que hablaba lo fundó su hermana. Hoy he recibido, cortesía de Patternotre, una caja de gofres empaquetados que no sé cómo voy a conservar, porque casi no me caben (igual me los tengo que comer de una sentada, para que no se estropeen). Son los auténticos Manneken Pis, con la receta de la felicidad. Es una caja de las que distribuye para los puestos gofreros, y ahora está en mi casa. Me siento como si Isabel Gemio me hubiera dado una sorpresa, sorpresa.

Para testimoniar mi felicidad y agradecimiento, he hecho esta foto con algunos de los monstruos que decoran nuestro humilde hogar. El robot Bender está presidiendo, y al lado tiene a dos Bad Taste Bears, el que bebe lejía y el Elvis cagón. Los tres están encantados en la fiesta gofrera que les he montado.

DON NICOLÁS

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Nicolás Salmerón no tiene calle en Zaragoza. Ni en Barcelona, ni en Bilbao, ni en Valencia, ni en Sevilla ni en ninguna de las principales ciudades de España. En Madrid sí que hay una calle suburbial al lado de la M-40, al sur de San Blas, que lleva su nombre. No es una calle céntrica ni una avenida con árboles. Ni siquiera una glorieta. Por supuesto, tiene un paseo en su pueblo natal, Alhama de Almería, y en la capital de su provincia natal, Almería, tiene calle y parque. El tributo normal de la patria chica a su hijo, aunque sea bastardo. En el callejero del resto de España, silencio.

Es una ausencia normal: Roma no paga a traidores, y Nicolás Salmerón fue un traidor. No merece ver su nombre honrado en placas.

El 18 de julio de 1873, Nicolás Salmerón fue elegido presidente de la República de España. Ocupó el cargo hasta el 7 de septiembre. Ese día, presentó su dimisión. Aquella mañana le habían puesto en la mesa del despacho varias sentencias de muerte, y él se negó a firmarlas, pues era un republicano humanista contrario a la pena capital. En consecuencia, dimitió, que era la única forma de negarse a ser verdugo. Le horrorizaba poner su nombre al pie de una sentencia de muerte. Su caso es único en la historia de España, una historia de personajillos patéticos dispuestos a vender a su madre troceada con tal de seguir en el poder. Los mandamases españoles han sido siempre expulsados del poder, nunca se han ido por propia voluntad. A lo sumo, han corrido a ponerse a salvo antes de que empezasen a llover chuzos de punta sobre su cabeza, como hizo Alfonso XIII cuando escuchó cómo empezaban a afilar la guillotina en la Puerta del Sol.

Nadie entendió el gesto de Salmerón. Nadie entendió sus remilgos y nadie se lo perdonó. Después de la Primera República, trató de volver a dar clases en su cátedra de Metafísica en la Universidad Central de Madrid, pero era ya un apestado y no estaban dispuestos a dejarle vivir tranquilo, así que tuvo que coger el camino del exilio en París. Murió muy cerquita de Aragón, en Pau, en 1908. Por supuesto, nadie le había quitado la cátedra universitaria, que sólo quedó vacante tras su muerte. Salió a oposición y la ganó un joven portento llamado José Ortega y Gasset. Sucesor más que digno. Qué menos.

Pienso en Nicolás Salmerón, en ese burgués que siempre quiso hacer lo que creía correcto y que dio su mejor lección fuera de la universidad, y creo que sus huesos estarán retorciéndose de asco al ver como todo un señor feudal, el Gran Duque de Luxemburgo, echa para atrás una ley aprobada por un parlamento en esta Europa tan democrática y buenrollera. También por remilgos morales, pero qué distintos, ¿verdad? Y qué distinta la dignidad de un presidente democrático -con muchos peros, pues el sufragio de la Primera República no era universal- y la de un botarate que dirige un Estado por tradición de endogamia monárquica.

Pienso en Nicolás Salmerón y en su ausencia del callejero. Y también en su ausencia en las escuelas. ¿Cuántos chavales de hoy sabrían quién fue y por qué dimitió? Lo dicho: Roma no paga a traidores. Pero no se apuren, que al Gran Duque de Luxemburgo no le faltará de nada.

HETEROFOBIA

La madrileñitis de ayer tiene un reverso para el que no se me ocurre nombre, pero que estaría compuesto por todos esos prejuicios e infundios que muchos españoles tienen sobre Madrid. Hay quien la considera un nido de facciosos y quien la ve como una pestilente bacanal progre. El mito de Babel, la decadencia de la civilización, el aleph donde se arremolina con fuerza de huracán todo lo que repugna del mundo. Tanto en la madrileñitis como en su reverso el sentimiento que domina es el de la heterofobia, neologismo que significa "miedo al otro" y que Javier Rodrigo utiliza profusamente para explicar el germen de la violencia fascista en su intensísimo libro -para ser de historia, claro- Hasta la raíz.

Ocurre constantemente: construimos un mundo de referencias que oponemos a un exterior mítico y simple y así asentamos nuestra vida. El paletismo viene del miedo a descubrir al otro y de la pereza por conocerlo. Cuando la heterofobia se mantiene en niveles bajos, se puede vivir en un país. No es más que un ruido molesto de fondo, son muestras de ignorancia que, a su vez, se pueden ignorar. Pero cuando la heterofobia se organiza, crece y grita, arrastra a todo el mundo y termina a bombazo limpio. Cuando el otro, además de una amenaza temida, es una masa deshumanizada, se abre la puerta al exterminio. Podemos fingir que no escuchamos los comentarios del taxista facha, pero no podemos ignorar Auschwitz. Eso sí, conviene que tengamos presente que Auschwitz, en el fondo, no es más que los comentarios del taxista facha llevados hasta sus últimas consecuencias y al pie de la letra. Cuando escuchen a alguien decir "habría que matarlos a todos", recuerden que nuestros abuelos ya intentaron matarlos a todos de verdad. Y casi lo consiguieron.

La teoría económica dice que mediante la propiedad privada los humanos poseemos cosas. Es mentira. El anhelo de todo humano es justamente el contrario: ser poseído por otra cosa. Pertenecer a algo: una tribu, un dios o un club de bádminton. O una casa. Algunos buscan ese refugio con desesperación, y muy pocos escogen la intemperie y el vaivén del vagabundo. Una pena, porque el anhelo de pertenencia es destructor y peligroso.

Una parte de mi familia se exilió a Venezuela después de la guerra. Toda la familia de mi abuela menos mi abuela, que se quedó en Madrid. Habían combatido por la República. La primera hija de mi abuela, que nació cuando aún humeaban las bombas, se marchó a Caracas de jovencita, buscando en América una vida que mis abuelos no le podían ofrecer en España. No tendría ni 18 años cuando partió. Mi tía ha vivido en Venezuela toda su vida, y siempre la ha vivido como española, agarrándose desesperadamente a sus orígenes y rechazando integrarse en un país que se empeñó en no ver como el suyo. Cuando viene a España le pido que me haga sancocho, arepas y platos tropicales, pero siempre se hace la loca, alegando que aquí no encuentra los ingredientes. Hasta que mi prima (su hija) me desveló el verdadero motivo de su negativa: "¡Pero si mi mamá nunca hace platos criollos! No le gusta la cocina venezolana, siempre hace guisos españoles".

Qué queréis que os diga, me dio un vuelco el corazón. Mi tía ha llevado su españolismo hasta el delirio: se ha negado a solicitar la nacionalidad venezolana pese a que puede tenerla sin renunciar a la española, y se empeña en mantener la identidad española de su familia contra viento y marea. Una vez, jugando con uno de mis sobrinos segundos, un chavalín de madre venezolana y padre colombiano, le espeté: "¡Pero baila con más gracia, que se note que eres caribeño!". Mi tía, que estaba delante, me recriminó solemnemente: "No es caribeño, es español".

Mi tía tiene mucho acento venezolano para un oído español y mucho acento español para un oído venezolano. Ha llegado al tramo final de su vida metida en un limbo: se sigue aferrando a su españolidad, pero cuando viene a España apenas se maneja en un país absolutamente extraño para ella. Y en Venezuela tampoco se siente una verdadera venezolana -ni la tienen por tal, pues se ha pasado toda su vida negando la mayor-.

El doloroso desarraigo que siente hoy es consecuencia de la heterofobia, de no querer conocer y amar a los otros, de oponer nuestra mismedad a una otredad que consideramos hostil a priori, por si acaso.

El único remedio consiste en dejarse fluir e influir, en disfrutar del viaje y en no enrocarse en nada. En mirar por la ventanilla, en probar los platos que nos ponen delante, en besar los labios que se ofrecen a nuestra boca y en romper el impermeable y la capucha con los que caminamos por la vida.

Para mi tía es muy tarde ya, pero los demás podemos romper el círculo vicioso de la heterofobia y hacerle un corte de mangas al que nos quiera enrolar en su cruzada de estulticia. Mézclense, que en todas partes hay buena simiente, y aparten la molesta paja a un lado.

EN LA ESPAÑA INHÓSPITA

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"Visitamos los lugares más inhóspitos de la Península", dice el reclamo de Comando Actualidad (el solo nombrecito ya estomaga, suena a dejà vu regurgitado, a periodismo viejuno, rancio y apolillado), un programa de reportajes de esa TVE que hiede un poco más cada día. "Los lugares más inhóspitos de la Península". Como lugares inhóspitos de la Península pienso en un sótano donde se hagan apuestas chinas ilegales, en una herriko taberna en la que entre una andaluza de faralaes cantando Suspiros de España, en el metro de Madrid un lunes a las ocho de la mañana, en unas jornadas de convivencia neocatecumenales o en la mesa de trabajo de un becario de Jiménez Losantos. Pero parece que los osados reporteros de Comando Actualidad y yo disentimos en nuestro concepto de lo inhóspito, porque el reportaje va de pueblitos pequeños y apartados donde nieva y hace mucho frío.

Fíjense si eran inhóspitos esos lugares que un un pueblo gallego que visitaron se encontraron a más gente que en un concierto de La Oreja de Van Gogh. Estaba en el Camino de Santiago, y en un ratito al reportero le pasaron por los morros varios italianos, algunos alemanes y hasta algún señor de La Rioja. Vamos, igualito que el desierto de Arabia. Por supuesto, en todos esos sitios inhóspitos, al reportero le recibieron con los brazos abiertos, y en un pueblo de Teruel le pusieron delante un plato de judías con morro que tenía una pinta estupenda y nada inhóspita.

Se pueden comentar muchas cosas de ese despropósito de reportaje, pero yo prefiero interpretarlo como una muestra mostrenca de un mal que aflige a muchos conciudadanos nuestros y que ya va siendo hora de que salga a la luz: la madrileñitis.

La madrileñitis tiene resabios medievales. Los cartógrafos de la Edad Media ponían una raya delante de Finisterre y escribían la leyenda "a partir de aquí, monstruos". Los afectados de madrileñitis se mueven por la vida con un mapa parecido, pero del metro de Madrid. Todo lo que queda en el blanco de ese esquema de colorines y rayitas entra dentro de la categoría de inhóspito. De ahí que cuando a un reportero de Comando Actualidad le dicen que se tiene que ir a Teruel, se rasque la cabeza, consulte en un atlas dónde cojones se encuentra eso y, asustado por los terribles relatos de bucaneros que ha oído en su infancia, diga: "¡Pero eso es muy inhóspito!".

Los afectados por madrileñitis se sienten más o menos seguros en la más inmediata meseta, pues las viejas leyendas cuentan que sus antepasados se arrastraron desde esos eriales hasta la capital, pero les gusta pasar de largo por ella. Fuera de Madrid, el único sitio donde se encuentran a gusto es en "Levante", territorio mitológico situado al final de "la carretera de Valencia", donde crecen los apartamentos turísticos de una y dos habitaciones y los establecimientos de la cadena Spar donde se puede llenar la nevera portátil de cerveza Mahou.

En su visión de "la piel de Toro" (así la llaman los cretinos) identifican con meridiana claridad el "problema catalán" y el "problema vasco", que ellos arreglarían "en dos patás". Del resto de la ignota Península saben algo de unas mantas de Zamora, una virgen mañica, un pulpo a la gallega y una feria en Sevilla. Jacobinamente -pero no les hablen de los jacobinos, que los confundirán con los sanjacobos-, aglutinan todo ese magma informe peninsular que no es Madrid bajo el genérico "provincias". Según su visión, en esas "provincias" no hay atascos, ni prisas, ni madrugones. La gente va andando a trabajar y vive en una arcadia feliz y preindustrial donde se alimentan de guisos tradicionales preparados por la abuela de fabada Litoral. Envidian a los moradores de esa arcadia, pero hasta cierto punto, porque también saben que en "provincias" falta lo elemental: no hay musicales de la Gran Vía ni domingos en el Bernabéu. Por no hablar de que en "provincias" carecen también de calefacción, agua corriente, sanidad y escuela pública, de ahí que sus habitantes sean de frente chata y entrecejo matojil. Lo decía Buñuel en un documental muy famoso que no han visto, pero que alguien les ha contado.

La madrileñitis es una dolencia difícil de extirpar, una lacra que nos jode especialmente a los que amamos esa ciudad demasiado poblada de cretinos. Pero no sufran por nosotros: los que vivimos en la España inhóspita estamos curtidos ante la adversidad.

¿A QUIÉN LE IMPORTA?

Mis columnas de opinión del suplemento MVT son chorizos. Ana Usieto, la coordinadora del suplemento -y, sin embargo, amiga mía del alma, del corazón y de todas mis vísceras-, me suele gritar en medio de la redacción a mitad de semana: "Sergio, ¿me haces un chorizo?". Y yo, fino y delicado, le respondo también a grito: "Venga, ¿y dónde te lo meto?". Los no iniciados se asustan un poco y no saben si hablamos de excrementos o de sexo, pero la mayoría de la gente ya sabe que nos referimos a mis columnitas de opinión. Esta la publiqué ayer, viernes:

Madrid se ha quedado sin La Riviera. La capital de la octava potencia mundial se ha quedado sin sitio para dar conciertos de mediano aforo -los que permiten mantener una programación de espectáculos durante toda la temporada, porque los estadios y las plazas de toros se llenan una vez al año, con suerte-. En otras palabras: que se acabó la música en directo en Madrid. Se pueden venir a Zaragoza, donde todavía tenemos algunas salas donde programar esos conciertos. Cuando el frío arrecia, se agradece la masa humana apretujada.

Algunos popes se han rasgado las vestiduras por el cierre de La Riviera, pero no hay que tomarlos en serio: interpretan su papel, son plañideros contratados para la ocasión. A ellos, como a la mayoría de la gente, todo esto se la trae al fresco. Esto no es el capricho de un Gallardón que se saca de la manga abstrusas normativas -leyes que los garitos nocturnos deben cumplir como cualquier otro negocio: lo que no entiendo es cómo funcionaba sin tener los papeles en regla-, ni una ofensiva neopuritana. Esto solo es un nuevo episodio de una agonía que dura más de veinte años. Si de verdad hubiera un público concernido, las normativas municipales se adaptarían a él, y no al revés. Las salas desaparecen porque nadie las quiere, porque su afición se compone de cuatro gatos. Como cuatro gatos somos los que compramos libros que no haya escrito Ruiz Zafón o los que intentamos ver pelis en versión original. No somos un país tan grande como para que los que hormigueamos fuera del 'mainstream' resultemos rentables. En Estados Unidos, una minoría suma fácilmente veinte millones de consumidores. En España, apenas llenamos la plaza de un pueblo.

La pregunta es: ¿por qué países con un peso demográfico parecido o muy inferior al de España tienen cientos de salas como La Riviera a reventar, circuitos editoriales 'indies' muy activos y cines que ponen pelis 'raras' a tope de espectadores? Quizá la Logse tenga algo que ver. Y quizá también ese modelo de ciudad hecho de centros comerciales y arrabales inmensos y deprimentes que solo invitan a la reclusión hogareña. La cultura solo crece en el foro público, esa plaza que hemos dejado desierta.

JUGUETES FP

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Acaba de pasar su cumpleaños y ahora vienen las navidades (vienen ya, ¿verdad? No habré vuelto a confundirme de setas, voy puesto de amanita muscaria y por eso veo tantas lucecitas por la calle antes de tiempo). Le debemos unos cuantos juguetes a nuestra sobrina, y los cabrones que compran a tiempo ya se nos han adelantado. ¿No estábamos en que había crisis? Joder, pues qué poco se nota: todos los juguetes que nos molan o los ha comprado ya algún bisabuelo o están agotadísimos (la dependienta nos mira pensando que somos unos panolis, que hay que espabilar y comprar las cosas antes). Parece que los regalan, pero luego miras las etiquetas y ves que no, que la fabricación de juguetes sigue siendo un negocio con futuro.

-¿Y un kit de herramientas de juguete como las de su padre? -sugiere Cris.

Su padre pertenece a esa estirpe de semidioses gremiales llamados fontaneros. No es mala idea, pero la madre de la criatura se niega fieramente: no quiere tener la casa llena de tuberías de juguete.

-No tendrías que habérselo consultado: hechos consumados, Cris, hechos consumados -le recrimino-. Los tíos han de actuar como saboteadores revolucionarios: dejamos el paquete y salimos huyendo, y que luego vayan los padres a recoger los cachivaches.

En esas estamos cuando leo en la novela En lugar seguro, de Wallace Stegner, un sugerente pasaje sobre el matriarcado de Massachusetts. Según Stegner, los anglosajones pobres descendientes de la colonia emigraron al oeste y fueron sustituidos por emigrantes italianos e irlandeses. De los anglos sólo quedaron cuatro ricos, recluidos en Harvard y en las universidades de la Ivy League. Desaparecieron los que trabajaban con las manos y se quedaron los intelectuales, y esos no sirven de referencia para los niños, por eso las mujeres asumieron todo el liderazgo del clan. Los intelectuales de las universidades no servían de nada a los niños porque su actividad no puede ser imitada por ellos. Se puede jugar a ser un leñador como papá, un albañil como papá, un alfarero como papá o un agricultor como papá, pero no se puede jugar a comentar la Eneida como papá. Así que se rompió el vínculo padres-hijos. O se pospuso hasta que los hijos tuvieran edad para comentar la Eneida.

Pienso en eso y envidio un poco a mi sobrina, que tiene un padre a quien imitar. Para mi hijo, cuando lo tenga, seré un tipo que hace cosas incomprensibles que no se pueden ver. No le podré comprar un ordenador para que escriba como su padre.

Es la vida que he elegido, pero a veces me da rabia esta inutilidad. Me dan envidia los que son útiles a su entorno, los que pueden echar una mano a su familia y a sus amigos. Mi cuñado el fontanero nos puede arreglar un grifo en una urgencia, mi hermano puede resolver un montón de problemas ingenieriles, Michel sabe arreglar cualquier cosa que lleve un motor y mi cuñada te mira la tensión y te practica los primeros auxilios si te atragantas en una competición de comer polvorones. Conmigo no se puede contar para nada. Antes, aún podía escribir cartas de amor por encargo, pero creo que ahora nadie encargaría sms de amor. Nadie necesita a un juntaletras, por eso ningún niño quiere ser juntaletras de mayor, porque lo que mola es echar un cable a los demás, sentirse necesitado. 

He elegido una vida inútil, absolutamente egoísta. Escribir sólo me satisface a mí, no soluciono nada práctico. Ni siquiera puedo aportar falsos consuelos, como los psicólogos.

¿Qué, os he engañado? Que no, que estoy contentísimo. Con lo tranquilo que yo vivo sabiendo que cuando me llama mi gente nunca es para pedirme un favor. Su amor es genuino y desinteresado porque saben que no les puedo aportar nada, que nunca les voy a cambiar un enchufe ni a reparar una caldera, así que me tienen que querer porque sí.

Pero hay días en que me da rabia que haya gente que tenga juguetes de sus profesiones para comprar la admiración de sus hijos. Qué cabrones.

PS: en mis tiempos de instituto, unos colegas montaron un grupete y compusieron un greatest hit neopunk que cantábamos todos. Se titulaba Centro FP, y decía así:

Fracasaste en los estudios
en aquel colegio de habas
y por eso terminaste
en un centro de FP.

¡Centro FP, centro FP!
¡Centro FP, centro FP!

Venderás tripis y porros
a los críos de primero.
Te llenarás los bolsillos
con su jodido dinero.

¡Centro FP, centro FP!
¡Centro FP, centro FP!

Ya veis, la poesía de los Chichos y la sensibilidad de un Syd Vicious con parálisis cerebral. Una pena que no triunfaran.

PULSIÓN ESCÓPICA

Un pedante semiólogo -una de las subespecies más insufribles de la especie pedante: dicen que surgió en París y, tras desovar en Roma, se extendió por toda Europa y parte de Estados Unidos. Hoy está en riesgo de extinción, pero sigue parasitando varias cátedras en varias prestigiosas universidades- que tuve de profesor decía que la razón de ser del porno es la pulsión escópica. Es la típica expresión que no se atrevería a decir en un bar de Chamberí mientras en la tele ponen un Madrid-Atleti, pero que en la universidad, delante de un grupo de estudiantes adormilados, se permitía el lujo de pronunciar con suficiencia y altivez ("queridos parroquianos: vuestro interés por el fútbol responde a una pulsión escópica". "Escópica tu puta madre, chaval, que a mi nadie me llama eso", le responderían).

Escópico: helenismo referido a la mirada. La pulsión de mirar, que llevamos inscrita en nuestro ADN, el impulso irrefrenable a no apartar la mirada, a ver cuanto más, mejor, y cuanto más detalle y profundidad, mejor. Es la que activa los mecanismos del deseo y del morbo. Y el porno, es verdad, se diferencia de cualquier otro cine en que todos sus recursos están orientados a alimentar esa pulsión escópica sin trabas ni distracciones: por eso los planos tienen que ser primerísimos y cerrados, y la luz, diáfana, sin sombras artísticas. Que se vea todo bien claro, que no haya trampa ni sutilezas ni elipsis.

¿Dónde creen ustedes que he encontrado la mejor reflexión sobre la pulsión escópica? ¿En Umberto Eco, en Roland Barthes, en Jean Baudrillard? Ya quisieran esos pelagatos. La mejor reflexión está en YouTube.

Muchos ya conoceréis el fenómeno 2 girls 1 cup, que lleva unos meses causando sensación en internet, y que ya ha sido parodiado hasta por Padre de familia. Os lo resumo. Hay por ahí un trailer de un minuto de una peli llamada Hungry Bitches (literalmente, Zorrones hambrientos). No sé cómo es porque hay que ser buscador de nivel avanzado para encontrarla, y yo he estado a punto de darme de morros con algún virus en más de un intento, así que he desistido. Según las descripciones, la cosa es que dos señoritas se despelotan, una de ellas pone el culo en pompa junto a una gran copa o ensaladera y da a luz un señor ñordo. Cogen el recipiente y empiezan a papearse ese estiercol a medio hacer, poniéndose la cara perdidita de mierda. Para culminarlo todo, en una apoteosis bulímica, se vomitan la una en el cuerpo de la otra.

La cuestión es que a alguien se le ocurrió grabar con una webcam la cara de un amigo mientras veía ese vídeo, y colgó la reacción en YouTube. La moda se convirtió rápidamente en planetaria, y hay miles de vídeos de gente poniendo cara de asco y con arcadas mientras sus colegas se ríen por detrás:

Hay nietos que torturan a su abuela para reírse de ella:

Gente que lo parodia y lo retransmite como si fuera un partido de fútbol:

Personajes de Barrio Sésamo:

Y, por supuesto, Stewie Griffin:

Bien, amiguitos, acabáis de asistir a una reflexión de una gran hondura filosófica, y no lo digo de coña. A través de esta broma global de Internet, hemos dejado a la altura del betún a los semiólogos del mundo, que nunca pensaron que la inteligencia y el sentido del humor del común de los mortales que no han hecho un doctorado en la Sorbona pudiera alcanzar una sofisticación tan brillante.

Alfred Hitchcock estaría orgulloso de todos estos internautas, pues han aplicado una de las máximas de su manera de entender el cine: lo que importa no es el suceso ni el misterio en sí, sino cómo se comportan los personajes ante ese misterio. Por eso él construía toda la trama en torno a un elemento indeterminado que carecía de importancia y al que llamaba McGuffin. El McGuffin podía ser un microchip, un cuchillo, la herencia de un asesinado o una casa entera, como en el caso de Rebeca. Da lo mismo, porque a lo que va a dedicar sus esfuerzos de contador de historias es a poner la cámara delante de las caras de los personajes cuyas vidas están afectadas por ese McGuffin, y lo que a nosotros, espectadores indefensos, nos cautivará, no es el McGuffin, sino las reacciones y las emociones de esos personajes.

El vídeo de la coprofagia nos importa una mierda, nunca mejor dicho. Por mucho que nos quieran hacer ver lo contrario, estamos ya curados de espanto. El Marqués de Sade, en el siglo XVIII, ya incluyó en Las 120 jornadas de Sodoma un cuento coprófago que seguro que es mil veces más repugnante que el vídeo de 2 girls 1 cup. Era un relato tan explícito que hasta se detallaba la dieta que seguía la protagonista para obtener los bollitos que más le gustaban al coprófago, que aplicaba su boca sobre el esfínter de la chica y le daba palmaditas en las nalgas para indicarle que fuera soltando lastre. No, no nos escandaliza la depravación en sí: queremos aprovechar sus mecanismos para crear otra cosa, y este proceso de creación colectiva habla de un público muy sofisticado y cachondo, nada que ver con la pasividad semianalfabeta que los informes Pisa nos quieren hacer ver. Este fenómeno, al volver la cámara hacia el espectador, está haciendo lo que ni Bertolt Brecht ni los teóricos de la demolición de la cuarta pared ni los fanáticos de la postmodernidad se atrevieron a hacer: le está diciendo a los gurús de la comunicación que no somos gilipollas, que la butaca rígida no es nuestro sitio y que, sin mesianismos ni ideologías, estamos en disposición de dejar de ser un público pasivo.

El fenómeno de 2 girls 1 cup es un mensaje para políticos, periodistas, cineastas y gerentes de la SGAE: o se lo curran más (pero mucho más) o están perdidos, amigos. Apliquémonos el cuento.

PS: Gracias por los mensajes de ánimo. La borrasca ya se aleja por el horizonte. Que tenga ganas de escribir sobre estas cosas es un síntoma de que todo vuelve a su sitio.

BLOG SEMIABANDONADO

Hace bastantes días que no actualizo este blog, y no es porque siga enfrascado en la redacción de esa historia (de la que tendréis noticias próximamente, si todo va bien), sino porque Cris y yo hemos sufrido un episodio triste que no viene a cuento, pero que ha implicado hospitales, quirófanos y angustias varias. Todo está en orden ahora. O al menos, la locomotora se ha encarrilado y vuelve a coger la velocidad de la vida cotidiana. Espero retomar mis hábitos blogueros en unos días. Gracias a los que os habéis seguido pasando por aquí y habéis dejado comentarios en artículos viejos aunque yo estuviera desaparecido.

Aprovecho esta escueta nota para anunciaros que la semana pasada -antes del follón mencionado- ya se confirmó que Malas influencias estará en las librerías antes de lo previsto. Será allá por febrero. Habrá presentaciones en Madrid y Zaragoza, y probablemente en Bilbao y algún otro sitio más. Iré dando detalles conforme la cosa avance más.

Abrazos y no preocuparsen, que estamos todos estupendamente, sólo un poco tristes.

CENAS, MONARCAS Y SARAH PALIN

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Empiezo vacaciones, pero sin viaje. Me he comprometido a terminar una cosa antes de fin de año y eso me obliga a encerrarme en mi despachito a darle furiosamente a la tecla. Es posible que no actualice mucho el blog estos días, porque pienso meterme unas sesiones de trabajo estajanovistas, pero lo miraré con frecuencia y estaré al quite de los comentarios. Así que aquí ofrezco un post comprimido con tres pequeños apuntes.

EL ESPÍRITU DEL VINO

En la foto estoy con mis compis José Luis Solanilla y Paula Figols. La autora del retrato es Rebeca Cartagena, todos ellos grandísimos periodistas ante los que me inclino con humildad honrosa y con los que tengo el inmenso gusto de trabajar desde hace varios años. Ayer, los que veis en la placa y unos cuantos más nos fuimos de cena por un motivo que no se puede decir, porque nadie lo va a entender. Grandes risas y mucha diversión. Fue lo que se dice una velada perfecta, y hasta presencié algo que nunca había visto: que nos cambiaran una botella de vino que ya habían abierto. José Luis decía que tenía corcho. Yo llevaba media copa bebida y me estaba sabiendo divinamente. Igual es que el corcho me gusta. O a lo mejor es que el corcho está en mis papilas gustativas. En cualquier caso, ahora que no me oyen mis compis aprovecho para decirles que la vida laboral se haría muy pero que muy cuesta arriba sin su compañía y sin su humor. Es una crueldad que yo esté de vacaciones y vosotros no (o quizá sea la restitución del orden cósmico: que yo holgazanee mientras el mundo curra), pero eso no quiere decir que os quiera menos.

MONARCADAS

No he comentado lo de la reina y su parloteo entrevistil. Ayer El País nos regalaba unas dobles páginas con meteduras de pata de la realeza europea. Mi favorita es cuando el Duque de Edimburgo le dijo al director de una autoescuela escocesa: "¿Cómo consiguen que los alumnos estén el suficiente tiempo sin emborracharse para aprobar el examen?". Yo no creo que sean meteduras de pata. Es más, si unos cuantos países europeos tenemos que resignarnos a sufrir las monarquías, puestos a elegir, yo prefiero una como la británica, con sus escándalos sexuales, sus ansias de ser Tampax de mujeres feas, su desprecio decadente y sublime hacia el populacho, su racismo nunca disimulado y su flema. En otras palabras: ya que están ahí, por lo menos que den espectáculo. Coño, que hagan algo aparte de besar manos y sonreir. Ya iba siendo hora de que se animase el cotarro. A ver si los Froilanes crecen pronto para que les pillen haciendo el ganso en una discoteca de Ibiza. A ver si por fin tenemos ya una monarquía borgiana (de los Borgia, no de Borges) como dios manda.

YES, WE CAN

Pues qué quieren que les diga. A mi me apena el pobre McCain, tan viejuno y desamparado, pero sobre todo me apena Sarah Palin. ¿Qué va a ser de esta aspirante a novia de América que se quedó en simple felatriz de aparcamiento de América? ¿Dónde van a recolocarla? Recordemos que de Palin se habían hecho ya soberbias imitaciones y pelis porno. ¿Todo ese material se va a quedar obsoleto? Por Dios, Obama, a ver si es verdad que quieres recomponer un país dividido y le buscas un hueco a esta pobre mujer, que no se merece pudrirse en los hielos árticos. Ten consideración y dale argo.

DEMOCRACIA MUNICIPAL

Charlo con Ferran Gallego, ilustre historiador barcelonés que acaba de publicar El mito de la Transición (Crítica), y me hace una observación tremendamente acertada: "Uno de los mayores beneficios de la democracia ha sido la democratización de los ayuntamientos. Así como las autonomías han generado muchos neocaciquismos, los ayuntamientos democráticos le han cambiado la cara a España. Antes, los alcaldes estaban de adorno, sólo tenían que esperar a que el gobernador civil los ratificase o los cesase, no tenían que rendirle cuentas a nadie. En consecuencia, no hacían nada. La democracia les ha obligado a ser creativos para aspirar a la reelección, les ha obligado a hacer muchos proyectos para no ser castigados en las urnas, y eso le ha dado un cambio brutal a muchas ciudades españolas. Tú no sabes lo que era pasar hace treinta años por Zaragoza, por Bilbao o por Valencia. Eran sitios espantosos, donde daban ganas de pasar de largo. Ahora, hasta sitios tan alejados de los centros culturales del país, como Zamora, Gerona, León, Jaén o hasta Soria, son ciudades muy agradables, con mucha oferta de ocio y cultural, con mucha vida. Ahora sí que da gusto viajar por España, y se lo debemos en buena parte a esos ayuntamientos que se han visto obligados a currárselo".

Es cierto. Aunque a veces lo consigan tirando de sueños faraónicos y aunque muchas veces acaben convertidos en covachas de corruptelas urbanísticas, la política de base de los ayuntamientos le ha dado un lavado de cara impresionante al país. Hablamos mucho del milagro económico español, de estos años de crecimiento casi a lo bestia, pero es cierto que -con notorias excepciones-, los ayuntamientos han sabido gestionar muy bien esa bonanza y construir unas ciudades dignas de ser vividas. La verdadera descentralización de España no ha venido por las autonomías, sino por unos ayuntamientos que han sabido crear focos culturales alternativos a Madrid y Barcelona. Y si no alternativos, al menos con el suficiente empuje como para que no echemos de menos demasiadas cosas que se encuentran en Madrid y Barcelona. Cierto que a Zaragoza le queda mucho pelo de dehesa por desbrozarse. Muchísimo. Pero cuando miro lo que era esta ciudad hace diez años y lo que es ahora veo dos ciudades distintas. Y la que veo ahora, le pese a quien le pese, me gusta mucho más.

Y la verdad es que me jode que los ayuntamientos salgan tan mal parados en las noticias y en la imagen pública del ciudadano. Es el nivel más bajo de la administración, el que más contacto directo tiene con los administrados, y por eso es lógico que sea objeto de más cabreos y odios. Pero os puedo asegurar -y hablo con mucho conocimiento de causa- que el verdadero mamoneo, la verdadera corrupción, la buena-buena de verdad, la que recuerda a los manejos caciquiles de otros siglos, está en las autonomías. No digo que los ayuntamientos estén libres de sarna, pero lo de algunas autonomías es el cachondeo padre. Aunque pase desapercibido. Los ayuntamientos, siempre que no estén en una costa turística y gobernados por constructores, son bastante limpios, porque sus actuaciones están mucho más vigiladas por los ciudadanos.

31/10/2008 02:03 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Intrascendencias No hay comentarios. Comentar.

UN OCHO CUBANO

No me pregunten por qué ni cómo, pero hoy he visto un espectáculo de acrobacias aéreas. Estábamos en Jaca, pasando el fin de semana con unos amigos, e íbamos a Hecho a darnos un homenaje gastronómico en Casa Blasquico. Al pasar por Santa Cilia, alguien recordó que en el aeródromo había un espectáculo, así que nos desviamos y nos pusimos a verlo.

Qué frikez, queridos míos. Yo creía que esas cosas sólo existían en las series americanas, pero resulta que no, que hay gente que se las toma muy en serio. Se montan en una avionetita minúscula y empiezan a dar giros en el aire. "Como curiosidad les diré que tras unos cuantos giros los pilotos deben estabilizar el avión dos segundos para que los fluídos del cerebro dejen de dar vueltas", decía el speaker que todo evento hortera ha de tener. Y yo casi en ayunas, ahí, imaginándome el bamboleo de los sesos del piloto. Qué ascazo.

Había muchísimo público. Al menos, bastante para celebrarse en un lugar tan relativamente apartado, y el speaker pretendía ser didáctico con ellos: "Esa figura que acaba de ejecutar se llama una imperial. Dos imperiales seguidas forman un ocho cubano", dijo. Y se quedó tan ancho. Como somos así de infantiles, lo del ocho cubano nos hizo mucha gracia y nos deshuevamos allí mismo. El público, claro, no entendía de qué nos reíamos. Nosotros tampoco. De la situación, supongo. De vernos allí, en medio del Pirineo, observando avioncicos haciendo chuminadas.

Lo del ocho cubano ha marcado la cumbre cómica del día. Yo me imagino que es algo parecido a esto, ya que por fuerza tiene que tener connotación erótico-festiva (si no, sería un ocho portugués o un ocho palentino):

 

 

El ocho cubano ha eclipsado otros grandes instantes de humor de sexto de EGB de este fin de semana, como cuando nos hemos tropezado con la Pizzería MacVerdi o con el concesionario Auto-Felar. Si es cierto eso de la autofelación, yo le compro un coche sólo por ver cómo se lo monta.

Así que ya veis. Ha sido un fin de semana de intenso ejercicio intelectual. Un no parar de reflexiones y debates. Menos mal que comimos bien, que si no...

ESPECULACIONES LASCIVAS

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Lo pasamos bien ayer en Alagón y en las Zaragozas con Isaac Rosa hablando de todos sus (exitosos) libros. Se ha terminado de rodar la peli sobre El vano ayer, que supongo que se estrenará en 2009, y El país del miedo ya va por la segunda edición. Para que luego digan que no se lee en España. En la foto, como se puede ver, parezco dormitar cual diputado en sesión plenaria, pero eso es cosa del fotógrafo, que me cogió a traición. La cosa estuvo entretenida, de verdad.

A los asistentes a Alagón les solté un rollo seudopoético sobre la fragilidad de las palabras y sobre la capacidad de la literatura de trascender el discurso explícito de los historiadores. Creo que me salí de madre un poco. Meé fuera de tiesto y dejé el suelo pringado, porque la gente de la sala estaba por cosas concretas, por el auto de Garzón y concreciones prosaicas varias.

-Me parece que mis chorreces han estado fuera de lugar -le dije a Javier Rodrigo cuando volvíamos a Zaragoza.
-¡Qué va! Para eso te he traído al congreso. A mi cuando más me gustas es cuando te pones especulativo -me respondió.

A mi eso me sonó a lascivia arrabalera, la verdad. Como si me quisieran mordisquear los pezones. Seguro que a Hegel sus amantes le decían lo mismo: "¡Oh, sí, Hegelín, me gusta cuando trasciendes la dialéctica clásica, cómo me pones!".

"¡No te pongas estupendo, Latino!", le decía Max Estrella a Latino en Luces de bohemia (¿o se lo decía Latino a Max?). A mi hay que decirme que no me ponga especulativo. Porque tengo una tendencia espantosa a ello. Lo concreto se me escurre entre las manos. No me pidas que ponga una lavadora: pídeme que especule sobre si es mejor lavar a mano o a máquina. Será por eso que de los viajes me gusta mucho el trayecto, las carreteras secundarias y los rincones discretos donde no se amontona el gentío. También me gusta proyectar libros, artículos y cuentos, pero escribirlos me da más pereza.

Y quizá por eso también soy despreocupado y feliciano. La última novela de Isaac Rosa, El país del miedo, habla de eso, del miedo. Habla de la clase media suburbana, obsesionada con la seguridad, atrincherada en sus residencias, en lo mullido de sus salones y temerosa de todo lo que queda más allá del portal. Gente miedosa que reacciona con miedo y acaba desencadenando desastres. En el libro hay un catálogo completísimo de miedos cotidianos que me consta que angustian a mucha gente, pero en los que yo no encuentro ninguna empatía. "Isaac -le dije-, de lo que me he dado cuenta leyendo tu libro es de que soy un tipo sumamente inconsciente, que va por la calle sin temor a ser atracado, que duerme sin pensar en asaltadores nocturnos, que se mete en las multitudes sin miedo a ser aplastado por ellas, que se monta en un avión y duerme cual marmota feliz... Igual tengo atrofiada la glándula del miedo, pero no siento ninguna amenaza". "Afortunado tú", me respondió, creo que sin creerme del todo.

En Cálamo volví a ponerme especulativo, para gozo perruno de Javier Rodrigo, e improvisé una milonga sobre El Mago de Oz, que es una peli que me gusta mucho y que ligué con el libro de Isaac, ya que la ilustración de portada es una foto de la bruja mala del Este. El Mago de Oz es una fantástica fábula sobre el miedo. Sobre el miedo que nos da lo que no conocemos, lo que está más allá de la cerca de madera de nuestra granja de mierda de Kansas. Dorothy prefiere volver a Kansas antes que quedarse en un mundo maravilloso que le exige un esfuerzo de comprensión y una capacidad de asombro. Yo me quedaría en Oz sin dudarlo, siempre pensé que Dorothy es una pánfila que merece pudrirse en su granja de mierda de Kansas. Pero el mundo está lleno de Dorothys. Dorothys que no viajan por miedo a lo extraño, que no se van de Erasmus por miedo a los idiomas, que no ligan con desconocidos por miedo a los desconocidos, que no dejarán a su mujer por la niñera adolescente de grandes pechos aunque nada deseen más en el mundo que fugarse con ella, que nunca harán nada que merezca la pena por miedo a hacer cosas que merezcan la pena. Porque las cosas que merecen la pena generalmente están más allá de la puerta de tu casa. El Mago de Oz, como Las uvas de la ira, es un producto cultural de la Gran Depresión, de los ingratos años 30, cuando Estados Unidos pensaba que el mundo llegaba a su fin. Las crisis siempre traen grandes relatos sobre el miedo.

En el encuentro de Alagón estaba también el Drogas, de Barricada, que está preparando un disco conceptual sobre la Guerra Civil. Sí, sí, va en serio. Se ha documentado una barbaridad y la cosa promete. Por supuesto, le confesé mi más rendida admiración, que escucho su música desde que era un piojo que no sabía casi ni andar, que habré estado en 15 o 20 conciertos suyos y que me parece de lo más grande, honesto y personal que ha dado el rock en castellano. No era peloterismo, lo pienso de verdad, y tengo pendiente escribir un post al respecto. Además, Barricada va a tener la suerte que en su día tuvieron Hitchcock y Ford: que van a ser reivindicados por la generación de intelectuales posterior a ellos. Hitchcock y Ford eran unos apestosos para la cinefilia de su época, pero la gente de Cahiers du Cinéma, que había crecido con sus pelis, se esforzó por demostrar que eran de lo más grande que le había pasado al cine, que su vocación popular no estaba reñida con su hondura artística. Con Barricada va a pasar lo mismo: me he encontrado con muchos intelectualillos o seudointelectualillos de mi edad con los que comparto muchas cosas, y todos coincidimos en que la música de Barricada ha sido fundamental para nuestra generación. Así que no os extrañéis si dentro de poco empiezan a aparecer ensayos y novelas donde las canciones de Pasión por el ruido (dios, ese título ya es por sí solo un monumento y una declaración de intenciones, casi un manifiesto ruidista), de Rojo, de No sé qué hacer contigo y de Por instinto adquieran una nueva dimensión. Al tiempo.

El Drogas, que hace mucho que no toma ningún tipo de droga y que hasta rechazó el vinito que se sirvió en la presentación, es un tipo estupendo. Timidísimo, humilde, buen conversador, campechano y cordial, con el que se puede hablar de cualquier cosa. Nada de rockero autodestructivo: su máxima preocupación era que su hija había sacado un 3,5 en matemáticas, y eso le llevaba por la calle de la amargura. Para él, el rock es su oficio, un oficio pasional y vocacional, pero que se toma muy en serio: ensayan a diario con horarios fijos y tienen una disciplina casi espartana. Se nota en sus discos y en sus directos. Nunca les he visto dar un mal paso en un concierto, siempre han estado al 100%, muy profesionales y renovando cada año su espectáculo, con nuevas versiones de temas clásicos y cuidando al milímetro su sobria puesta en escena. Fue un placer charlar con él, la verdad.

¿Qué queréis saber, si Javier Rodrigo se puso tan cachondo con mis especulaciones como para llevarme a la cama? Pues no lo confesaré, que soy un caballero, y lo que pasa en la alcoba de un caballero, entre las sábanas se queda.

PUNTA UMBRÍA

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He estado escribiéndome estos días con mi amigo Ángel, a quien años ha que no contactaba, y hemos recordado alguna batallita de nuestras correrías, de cuando éramos parte del Colectivo Casandra y nos tomábamos el mundo un poco más en serio. En uno de los mails le he dicho: "Tengo que escribir de Punta Umbría". Y a ello me pongo hoy, que a toro pasado, nueve años después, seguro que nadie se molesta. Y si se molestan, que ajos coman.

Corría el año 1999 y un grupo de desubicados sacábamos en Madrid una revista llamada Derraiz, cuya colección conservo con mucho cariño en algún sitio de mi desordenadísima biblioteca. Las reuniones de redacción empezaban a las dos de la tarde con una comida hogareña y terminaban a las tres de la mañana con unas botellas de ron vacías. Desde fuera, éramos un arcano, pero entre nosotros formábamos una piña muy compacta, con un humor privado inexportable que nos hacía caernos de las sillas y unos planteamientos vitales que poca gente podía compartir, como se demostró con el tiempo.

El caso es que nuestra revista llamó la atención de unos tipos inquietos de Punta Umbría y una mañana nos encontramos en el apartado de correos con una invitación para asistir como ponentes al I Congreso de Editores Españoles Independientes. En realidad, editores ibéricos, pues había unos cuantos portugueses. La idea era juntar a todos los pirados que nos movíamos al margen del mogollón mediático, a todos los que tratábamos de plantear otra cultura, de abrir otros debates, de pensar otras vidas. Cuando llegó la invitación, acabábamos de sacar el Manifiesto 99.00. Un nuevo arte para una nueva época (la modestia no era nuestro rollo), aprovechando el cambio de milenio, y pensamos que Punta Umbría podía ser un foro estupendo para darlo a conocer. Así que llenamos tres o cuatro cajas hasta arriba de manifiestos y cogimos otra caja atiborrada de varios números de Derraiz, muchas pegatinas y muchas tarjetas. Lo cargamos todo en tres coches, nos juntamos en el parking de la estación de Chamartín y enfilamos hacia el sur. Hacía buen tiempo. Creo que hasta llevábamos los bañadores, por si acaso.

Llegamos, nos instalamos, damos un paseo por la playa, nos ponemos hasta las cejas de pescaíto frito y acudimos al bareto donde se celebra la fiesta de bienvenida. Y empieza el asombro.

Nos bastaron dos sorbos a la primera copa para corroborar que estábamos completamente fuera de lugar. A aquella gente no le interesaba nada de lo que pudiéramos decir. La noche empezó con una performance sobre las mujeres maltratadas. Una reflexión sobre el silencio en el que viven millones y millones de seres humanos, anunció un tiparraco. Acto seguido, se sienta, coge un micrófono con una mano y un rollo de cinta aislante con la otra y empieza a enrollar el micro con la cinta. El ruido es infame, destrozatímpanos. Los huesecillos del oído se descoyuntan, los pabellones auditivos empiezan a chorrear sangre. Cuando se le acaba el rollo de cinta al tío, se hace el silencio de nuevo. Entonces pienso: "Bien, ahora es cuando nos lanzamos sobre él, lo despedazamos y arrojamos los trozos de su cadáver al mar, pues es lo único que merece". Pero no. Los ya sordos miembros del Colectivo Casandra nos miramos comprobando que solo nosotros tenemos ganas de asesinar al artista, porque los demás aplauden a rabiar. La entrega es absoluta, la performance les ha llegado al alma.

-Macho, esto va a ser muy largo -me dice Ángel cuando va a pedir más bebida a la barra.

Y lo fue. A partir de ahí, el I Congreso de Editores Independientes fue un no parar de agudas reflexiones y originales aportaciones.

Ángel y yo nos atrincheramos en la última fila del auditorio donde se celebraba, y tapándonos las caras con el programa del congreso, no paramos de descojonarnos. Como dos niños traviesos. Nos contagiábamos la risa mutuamente y no sabíamos parar. El resto del Colectivo Casandra trataba de taparnos para que no se notara la cosa demasiado, pero aun así se daban cuenta. Por el estrado fueron desfilando uno tras otro tipos desquiciados, caraduras, pillasubvenciones, aspirantes a pillasubvenciones, un señor calvo que decía que hacía una revista para acercarse a los chavales de 14 años, que era con los que se sentía bien (no dijo nada de sus culitos tiernos, pero ya se veía qué era lo que le hacía sentir tan bien), unos revolucionarios panchovillescos, artistas visuales, disléxicos, más artistas visuales, trotskistas adictos a la letra prieta y a reeditar actas de la IV Internacional sin traducir y seguidores del tecnofado. Cada cual subía y soltaba su rollo en un carnaval sin sentido. ¿Para qué nos habían juntado con esa gente? Es más, ¿por qué se había juntado esa gente? ¿Era un experimento psiquiátrico?

Cuando llegó nuestra ponencia nos planteamos una puesta en escena agresiva. Quisimos salir con pasamontañas, dos sentados y dos de pie con los brazos cruzados, y leer nuestro rollo de forma categórica y estalinista, como en un comunicado etarra, pero nos pareció que nadie iba a entender la gracia, así que Joaquín y yo nos sentamos y confesamos abiertamente que no sabíamos qué cojones hacíamos allí, que nosotros teníamos un proyecto y un manifiesto y que quien se quisiera unir al debate sería bienvenido. Fuimos faltones. Empezamos diciendo: "No estamos aquí para hablar de grapas ni de gramajes de papel", en alusión a las preocupaciones de buena parte de los editores independientes. Dijimos que para debatir de cuestiones logísticas ya están los medios tradicionales, que creiamos que eso iba a ser un foro de debate sobre alternativas, sobre capacidad de generar espacios de discusión al margen de los establecidos por los grandes medios, que habíamos ido a encontrarnos con gente que creíamos que compartía nuestras inquietudes, pero que por lo visto sólo estaba preocupada por pillar cacho subvencional o ahorrar costes de impresión.

No nos volvieron a llamar. Una pena, porque la playa de Punta Umbría es cojonuda, y el pescaíto del puerto está que te mueres.

Cuánto ha cambiado todo desde entonces. Qué lejos queda aquel despreocupado zagal que era en el Colectivo Casandra. Ahora estoy cerrando la maleta porque me voy a otro sarao, pero un sarao muy distinto. Concretamente, el sarao radicalmente opuesto al congreso indie de Punta Umbría: el Premio Planeta. Me voy unos días a Barcelona a todo trapo a cubrir la feria de las vanidades, a ver de cerca cómo funciona la podrida corrupción de la cumbre literaria. Escribiré algunas cosillas para el Heraldo. Y lo que no me dejen contar allí, os lo susurraré en este blog. Estén atentos, amiguitos.

QUÉ DESILUSIÓN

Ya os confesé mi vicio gofrero y lo feliz que me hacían las delicias de Haagen Dazs, así que comprenderéis mi dicha y mi temor cuando vi que, al comenzar las fiestas del Pilar, unos tiparracos habían montado un puestecillo casi en la puerta misma del periódico donde ejerzo mis labores llamado "La casita de los gofres". Mis papilas se retorcieron como vestales ante la verga enhiesta de un legionario recién llegado de las Galias, y mis arterias se contrajeron asustadas, en un espasmo horroroso, estrangulando los músculos, buscando esconderse de esa marabunta de colesterol que veían venir en plan tsunami.

Mi perdición, amigos. No llego vivo al fin de las fiestas. Mis arterias explotarán y lo pondrán todo perdido de masa de gofre a medio masticar.

Eso pensé. Pero no temáis. Por suerte, los de "La casita de los gofres" son tan pérfidos como la bruja de la casita de chocolate de Hansel y Graetel, y sirven un infecto mazacote cementero a medio cocer que osan llamar gofre sin ningún fundamento. Me lo comí por educación, pero debería habérselo estampado en la cara. Es más, debería haber prendido fuego a esa casita mentirosa que vende trozos de hormigón con forma de gofres a tres euros la unidad.

Vaya guarrada, de verdad. No vayáis, vuestro estómago lo agradecerá.

La casita de los gofres... ¡Y una mierda! Al niño meón de Maneken Pis le están saliendo piedras en la orina de ver cómo mancillan el buen nombre del bello bollo belga.

Así que aquí adjunto mi agradecimiento a los señores de "La casita de los gofres" por permitirme vivir unos meses más sin reventar de obstrucción arterial. El dietista que no tengo, pero que algún día tendré, también se lo agradece.

Suyo afectísimo,

Un amante de los gofres de verdad.

EMPIEZA LA TEMPORADA DE GRANDES COCIDOS DE OTOÑO-INVIERNO

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Para muchos, el otoño es depresión, encierro, ansiedad, exámenes, fatigas laborales, divorcios, botas de agua, incordios y reuniones de la comunidad de vecinos. Para otros, perder de vista en el cole a unos hijos que no soportan, o perder de vista en el curro a un cónyuge que no soportan. Para mí, el otoño y el frío sólo significa que puedo volver a preparar mis world famous cocidos.

Hoy hemos estrenado una temporada de cocidos de otoño-invierno que se prevé espléndida. Nos hemos comido el primero del curso, y la valoración de la crítica ha sido de 11 sobre 10. La siesta ha sido también gloriosa, a la altura del guiso.

Cualquier programador sabe que el arranque y el final de las temporadas son fundamentales para que estas sean brillantes, y que en medio hay que ir alternando picos y valles hasta el desenlace. Así que para este arranque me he esmerado, pero caminando sobre seguro. Nunca hay que experimentar en un estreno: los golpes de efecto hay que colarlos en medio, para minimizar los efectos de su posible fracaso.

Por tanto, he confiado en lo que sé que funciona bien: a lo largo de mi vida como apasionado cocidero me he abastecido en varias carnicerías y mercados de Zaragoza y de Madrid, y aunque nada supera en variedad y calidad al Mercado de Maravillas de Madrid, puedo decir que la sección de bandejas preparadas de El Corte Inglés nunca defrauda. Algo carilla, pero merece la pena. Calidad obliga. Así que allí nos hemos pertrechado para todo lo necesario.

Las carnes, variadas y, siempre que sea posible, ibéricas. Apunten, aficionadillos: chorizo y morcilla ibéricos, una pieza de ternera melosa, una cuña de tocino ibérico y un hueso de jamón. Para completar, un esqueleto de gallina con algo de carne. A veces uso pollo, pero la verdad es que no hay comparación posible: la gallina deja un caldo untuoso y potente y el pollo tiende a clarear y necesita el auxilio de otras carnes. Para las verduras: medio repollo, varias zanahorias, un puerro generoso, varias ramitas de apio, una cabeza de ajos, un par de chirivías y, siempre añadidas al final de la cocción, las imprescindibles y blancas patatas gallegas.

Faltan los garbanzos, claro. No crean que es fácil el tema de los garbanzos. Los hay de muchas clases, sabores y tamaños, y su buena o mala elección puede aportar la nota de distinción, ese je-ne-sais-quoi que puede hacer que un cocido sea un éxito o un fracaso. Para este primer reto he querido ser minimalista, y he escogido unos pequeños y finísimos grabanzos pedrosillanos, crecidos en la dehesa de Salamanca, en honor a nuestro comentarista Severiano. Han resultado magníficos: mantecosos, tiernos y sólidos al tiempo, aguantando tersos y sin descomponerse en la dura cocción.

Toda la cocción empieza en agua fría. Del grifo, mismamente, pero si quieren ponerse estupendos pueden usar un agua de mineralización débil. Manotazo de sal fina, delicado toque de pimienta y leve sonrosado de pimentón. Para la ocasión hemos abierto un Laus de 2004 del Somontano -tinto, of course: mis cocidos no admiten otra coloración en las copas-, bajo cuyos efectos etílicos escribo todavía esta reseña.

Qué gran comilona, señores. Estoy convencido de que la heroína y el crack son más saludables que esta sinfonía de grasas, pero no tan satisfactorias.

El cocido es un monumento cultural sin el cual nos sería imposible entendernos. En su borboteo hirviente se resumen siglos de civilización y encuentros entre seres humanos de sitios distintos. Por supuesto, representa a los pueblos peninsulares en su conjunto, pues todas las regiones tienen su versión particular, desde la carn d’olla catalana hasta el pote gallego, pasando por el puchero meridional. De él se han alimentado las clases populares, cogiendo los nutrientes necesarios para descabezar a los reyes, y es además inspirador y espoleador de otros platos: del cocido salen la ropavieja y las croquetas, por ejemplo.

Pero es que, además, el cocido es transcultural. El que hoy conocemos y disfrutamos es la versión cristiana del cuscús, es su hijo. ¿Que no? Añadan cerdo a un cuscús y tendrán un cocido. A través de la península, el cuscús y los potages del norte de los Pirineos se dan la mano, y también se tiende un puente al otro lado del Atlántico: el sancocho es la versión criollo-caribeña del cocido, preparado con verduras tropicales (yuca, plátano...) y degustado en tórridas jaranas de las Antillas (mayores y menores), de Venezuela y del norte de Colombia. Seguro que algún plato de la cocina cajún tiene su origen en el cocido, como la jambalaya tiene su origen en la paella.

En fin, que por muy denostado que esté en estos tiempos de remilgos culinarios, yo amo al cocido, y proclamo mi amor dedicándole una gloriosa temporada que espero que dure hasta bien entrado abril. Experimentaré a veces, pero ya les advierto que a mí me va lo clásico. Y si gustan probar, díganmelo con tiempo y les hago sitio en la mesa, que en casa siempre sobra.

Foto: El virtuoso Sergei Molinovich, a punto de concluir la ejecución de su Cocido Madrileñensis en regüeldo menor, Op. 52.

IDENTIDAD

En 2001 yo no existía.

Google, en otra de sus divertidas y frikis tontadas, ha "reeditado" su buscador de 2001. Es decir, un Google en el que sólo puedes buscar cosas que existían en internet en 2001. Me he buscado y no aparezco. Y como lo que no está en Google no existe, en 2001 yo no existía. Y eso que ahora que lo pienso, por aquel entonces yo ya tenía algunos reportajillos publicados, y no me extrañaría que ya estuvieran colgados en algún sitio. Pero Google me dice que no, que me olvide, que me lo estoy inventando. Yo no era nada entonces.

¿Existiría entonces mi doble? Hace unos meses me escribió un correo un chaval argentino que dice llamarse como yo y tiene mi misma edad. Fue a buscarse en Google y se encontró conmigo, y le jodió ver